domingo, 28 de febrero de 2010

SOBRE LAS PENSIONES - CAPÍTULO 1 DE 5.


ACLARACIONES PREVIAS.


EXPOSICIÓN DE MOTIVOS.

El vergonzoso asunto de las pensiones en España me ha tocado la fibra sensible, así que últimamente me he dedicado a leer un montón de artículos sobre el tema y he juntado lo más interesante de todos con el fin de compartir con mis lectores un punto de vista alternativo. Eso es de lo que van a tratar ésta y las siguientes cuatro de este blog. Sí, ya sé que hubieran sido más divertidas unas crónicas qataríes, pero esto afecta a vuestras vidas y lo otro no.

FUENTES.

Artículos publicados por Vicenç Navarro, Juan Torres López, Juan Francisco Martín Seco e Ignacio Zubiri más datos del INE y Eurostat.

¡CUIDADO, ESTO ES ECONOMÍA!

Como ya sabéis, esto de la economía es muy complicado y necesita de muchos conocimientos y lenguajes ultratécnicos para comprenderlo y expresarlo, así que no esperéis entender los razonamientos que siguen si no manejáis adecuadamente los siguientes algoritmos matemáticos:
  1. Suma
  2. Resta.
  3. Multiplicación.
  4. División.
Los que sepan manejar estos complicados operadores para licenciados en Matemáticas, pueden seguir leyendo, pues entenderán lo que está aquí escrito.

NO VOY A PROPONER LA REVOLUCIÓN.

Que nadie piense que en las páginas siguientes se van a proponer medidas que pondrían patas arriba el sistema capitalista.

Éste es un análisis muy modosito, únicamente se proponen cambios desde dentro del sistema. Los argumentos que siguen se podrían haber enunciado desde los ministerios de cualquier gobierno europeo socialdemócrata en los años 60 y 70. Lo que ocurre es que, en medio de la reacción neoliberal, dicha óptica parece hoy en día de un radicalismo tremendo.

¿DE DÓNDE SALE EL DINERO PARA LAS PENSIONES?

Antes de empezar vamos a clarificar cómo se pagan las pensiones contributivas en España, pues conocer esto es imprescindible de cara a los razonamientos que siguen.

El dinero para las pensiones sale de las cotizaciones sociales de los trabajadores y las empresas, que son un porcentaje sobre la nómina de cada asalariado. Estas cotizaciones no sólo pagan las pensiones, sino también la asistencia sanitaria o el seguro por desempleo, entre otras cosas.

El citado porcentaje se divide en dos: la primera parte es un tanto por ciento que se le descuenta al trabajador de la nómina todos los meses (cuota obrera); la segunda parte la paga directamente la empresa y el trabajador ni se entera, si bien también consiste en un porcentaje de lo que cobra (cuota patronal). La parte de la empresa es sustancialmente mayor que la del trabajador; en el caso más general (hay muchos) al trabajador se le descuenta un 6,35% de su sueldo mientras que la empresa paga aparte un 29,90% de dicho sueldo (estos porcentajes son la suma de varios conceptos: Contingencias Comunes, Desempleo, Formación y Fondo de Garantía Salarial).

Es importante comprender que el dinero recaudado no se guarda a la espera de que el trabajador llegue a viejo: con él se pagan inmediatamente las pensiones actuales. Serán los trabajadores del futuro quienes paguen la pensión del trabajador de hoy en día.

LA CREDIBILIDAD DE LOS ESTUDIOS CATASTROFISTAS SOBRE EL SISTEMA PÚBLICO DE PENSIONES.

Varias veces cada década se publica algún estudio que denuncia el próximo colapso del sistema público de pensiones. Sin embargo, basta con analizar de donde vienen estos estudios para que su imparcialidad quede en entredicho.

En su inmensa mayoría están financiados por bancos (incluyendo el de España), cajas de ahorros y compañías aseguradoras y firmados por personas que están en nómina de dichas entidades financieras. Podemos citar:
Estudios de bancos anunciando el colapso de las pensiones:
  • La Caixa – 1998.
  • BBVA – 2005 y 2007.
  • Santander – 1992 y 1999.
  • Banco de España – 1999, 2002 y 2009.
Es evidente que quienes publican estos estudios tienen grandes intereses en la caída y privatización del sistema público de pensiones, pues nada ansían más que una avalancha de gente entrando en sus oficinas o sucursales para suscribir sus planes privados. La Seguridad Social es uno de los sistemas públicos que moviliza más dinero en cualquier país, dinero que en España está, en su mayor parte, fuera del alcance del capital financiero, es decir: Bancos, Cajas y compañías de seguros privados. En resumen: quienes financian estos documentos son juez y parte. Es por lo tanto legítimo sospechar que las conclusiones a las que llegan estén redactadas antes de empezar y que todo el estudio se modele para llegar a ellas, y no al revés.

Todos estos textos no podrían publicitarse y crear opinión como lo hacen sin la colaboración activa de todas las corporaciones mediáticas, cuya propiedad está en última instancia en manos de las mismas entidades financieras y cuya rentabilidad económica se basa en que dichas entidades y las grandes empresas se anuncien en ellas. Tan pronto como estos estudios se publican, periódicos, radios y televisiones españoles hacen coro unánime a su alrededor aireándolos acríticamente en primera plana como si desvelaran verdades absolutas, dedicándoles además como refuerzo algún que otro editorial halagüeño.

Sin embargo, resulta cuanto menos curioso que se dé tanta credibilidad a unas predicciones económicas hechas a 20, 30 o incluso a 40 años cuando los mismos entes y expertos firmantes no fueron capaces de anticipar la presente crisis económica ni con un año de antelación. Baste decir que en Junio de 2007 el Gobierno anunció la inversión en bolsa del 10% de los fondos de reserva de la Seguridad Social dedicados al pago de pensiones. El motivo que se adujo fue su previsible “alta rentabilidad”, que permitiría a los fondos invertidos multiplicarse en poco tiempo. Esta iniciativa a todo el mundo económico le pareció muy acertada, pero todos sabemos lo que vino después.

Como muestra del acierto y clarividencia históricos de estos estudios, cuatro botones:
  • José Antonio Herce, reputado como uno de los mayores expertos en pensiones de este país, anunció en 1996 un déficit en la Seguridad Social del 1,8% del PIB para 2005.
  • Otro estudio publicado por Piñera y Weinstein predijo ese mismo año que el déficit para 2005 sería del 0,77%.
  • El anteriormente citado Herce, esta vez junto con José Alonso, pronosticó en un nuevo estudio publicado en 1998 que el déficit para 2005 iba a ser del 1,17%.
  • El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social había estimado en 1995 que el déficit para 2005 se situaría en el 0,40% del PIB.
¿Qué ocurrió en 2005? Pues un superávit del 1,1%. ¿Y en 2006? Pues superávit igualmente, pero un poco mayor: el 1,2% del PIB.

Este deseo de que la Seguridad Social falle no es nuevo. En los años 70 se predijo que ocurriría durante los 80, en los 80 que ocurriría durante los 90 y en los 90 que ocurriría durante la primera década del nuevo milenio. Escarmentados los agoreros por tantos y tan repetidos fracasos, han aumentado el plazo de sus “predicciones”. Veamos:

  • Miguel Ángel Fernández Ordoñez, actual Presidente del Banco de España, ha previsto la quiebra del sistema público de pensiones hacia 2025, lo cual fue noticia destacada en todos los periódicos. Sus dotes adivinatorias sin embargo están más que en entredicho desde que a lo largo de 2007 negase una y otra vez que fuera a haber ninguna crisis y pontificase que, desde luego, no se iba a producir un descenso de precios en el mercado de la vivienda, lo cual además le parecía muy positivo.
  • Un artículo firmado por David Taguas y María Jesús Sáez, citado muy a menudo por los defensores de la privatización y que mereció un editorial muy laudatorio del diario El País, previó en 2007 la quiebra del sistema alrededor de 2050, comenzando los problemas hacia 2030. Volveremos sobre este artículo a lo largo de este texto.
  • El año pasado, otro estudio de la Comisión Europea realizado sobre los mismos datos que el anterior y que también mereció editoriales de alabanza en casi todos los periódicos españoles situó el colapso en 2060. El Comisario de Asuntos Económicos, el ¿socialista? Joaquín Almunia, aprovechó para pedir el retraso de la edad de jubilación y el aumento del periodo de cálculo de la prestación.
A pesar de todos sus esfuerzos parece que estos textos y afirmaciones aún no han conseguido deformar suficientemente la opinión pública. Según la última encuesta de opinión de las poblaciones de los países miembros de la UE sobre la Seguridad Social, la gran mayoría de la población española (el 68%) está en contra del retraso de la edad de jubilación y el 76% rechaza la expansión del tiempo de cálculo de la prestación.

Sin embargo, la voluntad de la inmensa mayoría de la población no parece que merezca mucho respeto a los firmantes de los textos que nos ocupan, como demuestra este párrafo sin desperdicio encontrado en un estudio financiado por el BBVA (The Political Future Of Social Security In Aging Societies) y firmado por Vincenzo Galaso:
“Las decisiones aquí propuestas podrían facilitarse trasladando la responsabilidad de su establecimiento a la Unión Europea – y muy en especial a la Comisión Europea – lo cual sería posible por el déficit democrático existente en la U.E. Su falta de tener que dar cuentas a la ciudadanía (acountability) permitiría que fuera ésta la que impusiera tales decisiones que se tomarían en contra de los deseos de los votantes existentes hoy pero a favor de los intereses de los que todavía no han nacido.”
Por supuesto las decisiones de las que habla son las que llevarían a la privatización gradual del sistema de pensiones y la Seguridad Social. ¡Conmovedor! ¡Los grandes bancos preocupados por los derechos de los no nacidos, amenazados por la ofuscación de los vivos!

Antes de pasar a argumentos de mayor peso contra estos estudios cabría preguntarse por qué este déficit tan concreto, el de la Seguridad Social, causa tanto espanto y preocupación y es foco de tanto interés antes incluso de producirse. No recuerdo que se hayan publicado muchos estudios similares sobre déficits ya existentes en otras áreas del Estado, como pueden ser los de Defensa, Justicia, Jefatura del Estado o Seguridad Ciudadana.

Finalmente, también tenemos derecho a preguntarnos cómo es posible que después del espectáculo de rescates bancarios que hemos tenido que presenciar, para las pensiones, no haya dinero. A lo mejor ha sido por culpa de los rescates.

Pasemos sin más a desmontar los estudios de los bancos privados y centrales y de la Comisión Europea desde un punto de vista metodológico.
  • Hora local: : 19:43.
  • Temperatura: 22ºC.
  • Humedad: 52%.
  • Temperatura máxima: 26ºC.
  • Temperatura mínima: 19ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.

sábado, 30 de enero de 2010

MANTRAS TAILANDESES, ROLLO 9º: GLOBOS, BARCAS, TRENES Y DESPEDIDA.

Tenaces fieles:

Tras nuestra aventura en la selva la sensación que me embargaba era que mi viaje a Tailandia tocaba a su fin, ya que el vuelo de vuelta a Bangkok salía del aeropuerto a las dos de la tarde del día siguiente.

En todo caso todavía eran las cinco de la tarde cuando el infernal taxi nos dejó en nuestro alojamiento, así que Chiang Mai aún no había pronunciado sus últimas palabras.

Intermezzo Reparador.

Nada más llegar recuperamos nuestras maletas y enfilamos hacia nuestra habitación con un único objetivo en nuestra mente: ducharnos.

Al entrar en la nueva alcoba que nos habían asignado quedamos deslumbrados por la presencia de una fantástica cama con dosel, sábana bajera de satén y fundas de almohada del mismo tejido. También me regocijé con un cuarto de baño tan atractivo como el de nuestra anterior habitación.

Nuestro lado jipi estaba que trinaba, pero nadie estaba dispuesto a escuchar sus gritos, pues había reinado en solitario durante 36 horas consecutivas.
Aquí queda retratada para envidia general la magnífica cama que pudimos disfrutar nuestra última noche en Chiang Mai.

Tras el muy reparador interludio nos dimos una vuelta por Ratchadamnoen y bocacalles que concluyó tomando una cervecita y un tentempié en un restaurante vietnamita cerca del cruce con Praprokkaow. Allí pedimos unos rollitos de primavera vietnamitas que sorprendentemente no resultaron del gusto de Patri, pues los sirvieron envueltos en pasta cruda y los ingredientes vegetales del interior también tenían un gusto mucho más crudo que el de sus equivalentes chinos. A dichos rollitos acompañaron un bol atiborrado de hojas comestibles de diversas verduras, en su mayoría desconocidas, que dejamos a la mitad porque tampoco teníamos muy claro cómo demontres había que comer eso. Quizá a la vez que el rollito, quizá echándoles sal, quizá empapándolas con la misma salsa que el rollito, quizá crudas antes o después de la comida…

Tras el refrigerio volvimos sobre nuestros pasos y enfilamos Tha Pae rumbo al río Ping, pues según nos habían comentado hoy a su orilla podríamos disfrutar de los previos del Festival de las Luces, que comenzaba la noche siguiente.

Antes de llegar nos paramos a cenar en un restaurante en la acera izquierda de la propia Tha Pae donde como habitualmente todo estaba muy rico, a pesar de su evidente dedicación al turista. Como ya apunté en mantras anteriores la restauración en Tailandia asegura aún en lugares turísticos unos mínimos muy decentes, pues únicamente dejaron que desear las dos comidas de mediodía en la selva (no así la cena) y la que siguió a nuestra visita a Vimanmek en Bangkok (curiosamente en un lugar apartado de la ruta turística principal).

El Festival de las Luces.

Cuando por fin llegamos al río ya había bastante gente adelantándose un día a los rituales del festival de las luces y desplegando toda su parafernalia, que en aquel momento podía resumirse en tres actividades fundamentales:
  • Volar globos.
  • Botar barquillas.
  • Tirar petardos.
Decidimos que nos íbamos a sumar a la frenética actividad, en su mayor parte protagonizada por tailandeses jóvenes y turistas. Alrededor de ambas embocaduras del puente Nowarut se disponían decenas de puestos callejeros donde se vendían tanto globos como petardos como barquitos para los rituales.

Los Barquitos.

Lo primero que hicimos fue comprar dos barquillas para poder botarlas. Su tamaño era el de una tarta y desde lejos tenían ese mismo aspecto. Consisten en vistosos arreglos hechos con hojas y flores en medio de los cuales se disponen una vela y varios palitos de incienso. Son muy baratas, no sé si nos costaron 50 o como mucho 100 Bath cada una. La idea es encender la vela y los inciensos, añadir un mechón de tu pelo o unas uñas recortadas y un papelito con un deseo, preferiblemente referido a relaciones humanas. Después hay que echar el barquito al río para que se lo lleve la corriente, tras lo cual según el mito los hados favorecerán que el deseo se cumpla. En nuestro caso prescindimos del papelito y las uñas, pero tras comprar un mechero botamos las barcas, pidiendo en mi caso mentalmente el deseo de que el río se secase para el día siguiente, lo cual por supuesto no ocurrió. El de Patri creo que fue algo mucho peor.
Estas barquitas, un poco más grande que las que nosotros botamos, están preparadas para descender el río en el marco de la celebración del Festival de las Luces.

Aunque hoy no era más que un previo para espontáneos se veían numerosas lucecitas descendiendo el río, sobre todo cerca de las orillas, así que supongo que al día siguiente, cuando el festival hubiera comenzado realmente, el curso debió parecer una serpiente de fuego, atestado de velas flotando sobre su superficie.

Tras botar nuestros barcos con éxito y perderlos de vista en la oscuridad nos dirigimos a volar un globo, el cual compramos en un tenderete al otro lado del puente.

El Globo.

El globo nos costó creo recordar 60 Bath; los había de tres tamaños: pequeño, mediano y grande. Nosotros compramos el mediano. El grande creo que se quedaba en 90 Bath. Tras la compra nos dirigimos de nuevo al centro del puente con el fin de volar el artefacto, que consistía en un cilindro de papel de arroz abierto por la base al que daba forma un ligerísimo armazón de alambre. Según te lo vendían venía en forma de disco, así que había que desplegarlo. En la base que quedaba abierta dos alambres se cruzaban. Sobre esos alambres nos fijaron una ensaimada de parafina que era a lo que le íbamos a prender fuego. Ahora no había más que sujetar entre ambos el globo por el anillo inferior y esperar a que la llama calentase el aire de dentro. Así hicimos y cuando nos pareció que ya no pesaba lo soltamos, pero lo hicimos inexplicablemente justo del modo que habíamos razonado previamente que no se debía hacer: impulsándolo sobre la barandilla del puente.

Es evidente que hay una forma totalmente segura de lanzar el globo: soltarlo sin darle impulso sobre la acera para ver qué es lo que hace; si sube, asunto resuelto; si baja, lo vuelves a coger y esperas un poco más a que el aire se caliente lo suficiente. Pero no: imitamos el error de unos turistas que minutos antes habían visto como su artefacto se estrellaba contra las aguas por echarlo a volar antes de tiempo.

Lo cierto es que nuestro aerostato comenzó ascendiendo debido al impulso inicial, pero perdido éste empezó a bajar, ya totalmente fuera de nuestro alcance. Poco le faltaba para estar listo porque el descenso era lento, pero imparable. Desde el pretil del puente seguimos con gran angustia las evoluciones de nuestro artefacto, como si nuestra vida dependiera de su suerte. Llegamos a darlo por perdido, pero cuando estaba apenas a un metro sobre el agua se paró e invirtió su movimiento, comenzando a ascender al tiempo que se alejaba del puente cada vez más. Sin embargo, debieron afectarle las capas de aire más frío cerca del río, porque tras subir un par de metros volvió a descender otra vez. De nuevo estaba apenas a un metro del agua y de nuevo lo dábamos por perdido cuando volvió a remontar, esta vez con mayor decisión, de modo que en unos pocos segundos se alejó definitivamente del agua, sobrepasó la altura de nuestras cabezas y se elevó ya sin peligro hacia el infinito.
Patri perdida entre la decoración del Festival de las Luces.

¡No imagináis lo contentos que nos pusimos! Nos dimos un abrazo igual que si nos hubiese tocado la lotería o algún suceso maravilloso hubiera resuelto de repente nuestras vidas para siempre. ¡Humanos teníamos que ser!

Al mirar para arriba se veían bastantes filas de globos que ascendían desde los márgenes del Ping y otros lugares de la ciudad hasta perderse de vista, porque realmente suben hasta perderse de vista. Supongo que al día siguiente debió ser todo un espectáculo mirar hacia el cielo, plagado por una miríada de lucecitas ascendentes. Al parecer es bastante común que durante el Festival de las Luces se produzcan incendios forestales debidos a globos que por la causa que sea se caen del cielo antes de que la parafina se extinga.

Durante nuestra aventura los alrededores estuvieron en todo momento amenizados por gente tirando todo tipo de petardos y pequeños fuegos artificiales, los cuales se vendían en los tenderetes a precios de risa. El más popular era un pequeño volador dotado de vara con extremo flexible. Para lanzar este artefacto hay que cogerlo por el extremo flexible de la vara mientras lo prendes; cuando la mecha comienza a arder le das tres o cuatro vueltas rápidas sobre sí mismo aprovechando la citada flexibilidad, lo sueltas y sale disparado dejando una estela de chispas y estallando al cabo de quince o veinte metros con el ruido de mil bombas atómicas.

La Última Retirada.

A pesar de la animación que jalonaba el río el cansancio hacía mella en nosotros, así que tras nuestro contacto con algunos de los rituales del festival de las luces volvimos pateando a nuestro alojamiento.

Podría hablar ahora del ataque que sufrimos de vuelta por parte de una legión de ratas y del heroico comportamiento de Patri, gracias a cuya entereza logramos salir incólumes de una delicadísima situación, pero el relato de este episodio ocuparía tanto espacio como el de todo el resto del viaje, así que lo dejaré para otra ocasión.

Como podéis imaginar nuestra estupenda cama con dosel y sábanas de satén no quedó decepcionada con nosotros; estoy seguro de que pocos de sus usuarios habrán dormido tan plácidamente como nosotros esa noche.

La Última Mañana.

Tras levantarnos, rehacer las maletas y desayunar nos dispusimos a quitar de en medio un feo asunto que teníamos pendiente: el billete de tren de Patri a Bangkok. Para sacarlo íbamos a hacer lo que haría cualquier tailandés: plantarnos en la taquilla de la estación.

El primer punto fue coger un taxi, uno de los incomodísimos taxis de Chiang Mai. En ese momento Patri sacó sus uñas de lobezno y comenzó una dura tanda de negociaciones con los taxistas que iban pasando. El objetivo era cerrar un precio de ida y vuelta, ya que los taxis de Chiang Mai no tienen taxímetro.
Aspecto de varios taxis de Chiang Mai dispuestos en una parada de Tha Pae.

El primero no acababa de bajar todo lo que queríamos, pero a punto estábamos de aceptar su último precio, 100Bath, cuando se paró otro detrás y Patri se lanzó a intentar un precio más justo. Sin embargo, este segundo taxi resultó ser más caro que el primero, no bajaba de 150 Bath, así que no hubo acuerdo y mientras tanto el primero se largó. Al poco llegó un tercero y tras varios minutos de tira y afloja conseguimos el precio que a nuestro entender era equitativo: 80 Bath ida y vuelta. Todo el proceso duró tranquilamente 10 minutos. ¡Y todo esto por 20 Bath! En fin, había que intentar como fuera que al menos este último día nadie nos timara.

Los famosos taxis de Chiang Mai, a los que ya me he referido en otros mantras, son como podéis ver en la foto de arriba: camionetas cuya parte trasera ha sido especialmente moldeada y equipada con dos bancos corridos para llevar viajeros. Tienen capacidad hasta para diez personas sentadas y por lo que pudimos observar no es raro que el mismo taxi lleve a la vez a varios usuarios con destinos diferentes que no se conocen entre sí y que han sido recogidos en momentos distintos. Como quizá ya haya citado anteriormente, son muy incómodos, así que para un viajecito de más de una hora como el que hicimos a la selva resultan matadores. También parecen bastante inseguros; se me ponían los pelos de punta de solo pensar en tener un accidente yendo sentados allá atrás como en un transporte de tropas al frente.

El taxista nos dejó en la estación de autobuses, así que en cuanto nos dimos cuenta salimos y le aclaramos que íbamos a la de tren. Fastidiado por su error, pero sin rechistar, nos llevó a nuestro destino correcto y allí sacamos el billete. El tren de Bangkok a Chiang Mai tarda 14 horas, llega a las siete de la mañana y hay tres clases, como en España:
  • Tercera: viajas sentado en un vagón normal.
  • Segunda: como las antiguas literas de España. Cabinas donde los asientos a partir de cierta hora se hacen camas.
  • Primera: departamentos privados con dos camas y ducha.
Yo estaba tratando de convencer a Patri para que cogiese primera, pues con los precios tailandeses y 14 horas de viaje en lontananza salía indiscutiblemente a cuenta. Ya le había adormecido bastante el lado jipi cuando la realidad despejó las dudas: únicamente quedaban tres plazas en todo el tren y las tres estaban en primera. Felicitándose por no haberse tenido que quedarse un día adicional en Chiang Mai, Patri pagó los, creo recordar, 2.700 Bath que costaba el billete y el lado jipi tuvo que rumiar su disgusto en silencio. Por lo que supe después, viajó como una reina sola en el departamento y, además, el tren tardó 17 horas por culpa de un accidente con muertos que afectó al convoy que hacía el recorrido contrario; por lo tanto, no pudo menos que felicitarse por haber sacado primera.

Sin trampa ni cartón el taxi estaba esperándonos en el exterior y nos devolvió hacia nuestro alojamiento, si bien nos quedamos un poco antes, en la plaza de la puerta de Tah Pae.

Durante el tiempo que nos quedaba visitamos algunos templos más y nos tomamos una cervecita, si bien no os voy a cansar con esta parte. Únicamente destacar que la ciudad ya estaba totalmente adornada con farolillos y que por los jardines de los templos se veían a mujeres afanándose en recubrir de flores armazones que saldrían de procesión al atardecer, al inicio del Festival de las Luces (foto de la derecha).

Siempre Son Los Mejores, Los Que Se Van.

Como en el precio de nuestro alojamiento estaba incluido el transporte de vuelta al aeropuerto, volvimos y nos sentamos a comer en uno de los establecimientos de la misma calle. Sin embargo, como Murphy no descansa ni en la tranquila patria del budismo nos topamos con el restaurante más lento de todo nuestro viaje a Tailandia, o quizá de Tailandia en términos absolutos. Cuarenta minutos después de haber sentado nuestras posaderas la comida seguía sin aparecer. Habíamos entrado en el restaurante un poquito justos de tiempo, así que semejante retraso imposibilitó que pudiera comer. Ante la inminente salida del taxi hacia el aeropuerto no tuve más remedio que levantarme e irme.

Nos despedimos con un ligero ademán de la cabeza y sin más ceremonias tomé el taxi. Ahora Patri continuaría su viaje hacia las paradisíacas islas de Ko Tao con la intención de obtener el carné básico de buceo, pero esto ya es otra historia; esta parte tiene que contarla ella. Por lo que a mí respecta nuestro periplo ha quedado fidedignamente registrado por escrito a lo largo de todos estos mantras, pero es posible que el resto se pierda conforme se debilite la memoria como lágrimas en la lluvia.

Lo único que puedo añadir es que cuando por fin llegó la comida Patri se zampó muy a gusto tanto mis platos como los suyos. En cuanto a mí, no lloréis quienes penséis que pasé hambre y calamidades, pues pude comer a gusto en Suvarnabhumi un par de horas después.

No cabe hacer correr más ríos de tinta acerca de este viaje, pues nada más destacable sucedió. Para información de quienes tengan pensado emularme puedo añadir que se confirmó a la vuelta la gratuidad de la visa y que no hay ningún problema en Suvarnabhumi para cambiar los Bath que te puedan sobrar incluso dentro de la zona de embarque, donde se disponen varias casas de cambio. Parece incluso que tienen interés en que no te lleves Bath del país. Resulta que había dejado todas mis monedas de propina en el restaurante y con los billetes que me quedaban necesitaba 20 ridículos céntimos de Bath para que me pudieran devolver 20€, que de no aportarlos se quedarían en 15€. Cuando por fin pude convencer al incrédulo oficinista de que no tenía esa insignificante cantidad adicional de moneda tailandesa, me respondió que entonces lo iba a poner él y me cambió 20€ de todas maneras. Increíble. ¿Será el budismo? Porque banco, era un banco.
Este templo construido completamente de madera fue una de nuestras visitas este último día.

Una vez que llegué a Doha me encontré sobre el sofá de mi salón todo lo que Patri había perdido a lo largo del viaje y con este feliz corolario concluyó todo lo relacionado con estas agradables vacaciones.

Valoración Final.

Una forma de valorar un viaje es saber si ha cumplido sus objetivos, y a este respecto he de decir que el resultado no puede ser más descorazonador. Fijémonos únicamente por ejemplo en el objetivo de no ser timados y el resultado es como sigue:
  1. Día cero: la cosa empieza correctametne, si bien tampoco tuvieron mucho tiempo para intentar timarnos.
  2. Primer día: timados con el timo anunciado de los sitios cerrados. Gravedad: extrema. Culpabilidad: ambos.
  3. Segundo día: timados con unas cervezas al triple de precio en un canal de Bangkok. Gravedad: baja. Culpabilidad: mía.
  4. Tercer día: timados con un alojamiento y una excursión a la selva que probablemente se podían haber sacado por mucho menos dinero. Gravedad: media. Culpabilidad: ambos.
  5. Cuarto día: timados con una comida a mediodía digna de un rancho carcelario y con una ruta a pie que resultó ser apta para niñas de 12 años. Gravedad: media. Culpabilidad: ambos.
  6. Quinto día: timados con un descenso en rafting que resultó ser equivalente a un paseo en barca por el estanque del Retiro. Gravedad: alta. Culpabilidad: Patri.
  7. Último dia: bien. Nada que me haya producido la sensación de haber pagado por ello más de lo que vale, si bien sólo cuenta medio día.
Otro modo de valorar un viaje es por las nuevas experiencias en las que te has curtido. A este respecto debo decir que la valoración es muy positiva. Todas estas cosas las hice por primera vez en mi vida:
  1. Entrar en un templo budista.
  2. Descender un río en balsa.
  3. Sufrir un accidente de tráfico.
  4. Montar en elefante.
  5. Llegar a Tailandia.
  6. Pasear por Bangkok con unos playeros blancos con suela azul, un pantalón marrón de bolsos y un polo beis a juego con el pantalón.
  7. Comer sopas picantes de leche de coco.
  8. Ser bendecido por un monje budista.
  9. Dar un paseo en barca por el río.
  10. Presenciar una tormenta tropical.
  11. Salvar a Patri de una muerte segura por ratas gigantes.
  12. Pasear por Chiang Mai con unos playeros marrones, un pantalón vaquero azul y una camiseta marrón con una raya roja a juego con los playeros.
  13. Dormir en una cama con dosel y sábanas de satén.
  14. Asistir a la recitación de un mantra en directo.
  15. Dar de comer a los siluros.
  16. Compartir espacio con arañas de 10 centímetros de diámetro.
  17. Dormir en un barracón en la selva.
  18. Pasear por Chiang Mai con unos playeros blancos con suela azul, un pantalón marrón de bolsos y un polo gris con rayitas marrones horizontales a juego con el pantalón.
  19. Botar un barquito.
  20. Hacer rafting.
  21. Participar en una persecución motorizada.
  22. Echarme en la cama en una discoteca.
  23. Montar en tuk-tuk.
  24. Recibir un masaje tailandés.
  25. Volar un globo de aire caliente.
  26. Bañarme en la poza de un río.
Pues sí. ¡Todas estas cosas hice por primera vez en mi vida! ¡Cómo para no volver contento!

Así pues, todo depende del cristal con que se mire, pero con toda franqueza prefiero mirarlo a través del segundo: éxito rotundo. En cuanto al primer punto de vista… ¡te timan todos los días en tu propio país sin que te des cuenta cuando sólo te pagan parte de tu trabajo y el empresario se apropia del resto!

¿Alguien más quiere ir a algún lado? ¡Me apunto!
  • Hora local: 20:57.
  • Temperatura: 19ºC.
  • Humedad: 73%.
  • Temperatura máxima: 24ºC.
  • Temperatura mínima: 13ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.