Respetados colegas:
Ha llegado el momento de relataros, en pocos y someros textos, todo lo que no se ve en las fotos de mi álbum web sobre mi apasionante viaje a Tailandia.
Eran muchas las voces críticas que afirmaban en diversos medios de comunicación que este viaje no podía salir bien, que estaba condenado al fracaso, que yo no debería estar allí, que nos iba a llover todo el rato, que hacía demasiado tiempo que Qatar Airways no tenía un accidente, etcétera. Sin embargo, yo estaba decidido a demostrar a esos agoreros cuan equivocados estaban y hacerles tragar su veneno al servicio de los oscuros intereses que guían sus plataformas de expresión. Es por ello que, en esta ocasión, no tuve más remedio que echar el resto y dejar de lado mis comportamientos habituales, renunciando por ende a todo tipo de escándalos, robos con violencia, malas palabras, pollos, extorsiones, deterioros y extravagancias. O sea: tuve que portarme bien y ser agradable.
De mi cuidado y artificial comportamiento, madurado durante meses en la barrica qatarí, salió un viaje equilibrado, con cuerpo, recio al paladar, que enardeció nuestros sentidos con una sucesión infinita de aromas y colores que ahora debo compartir con todos vosotros.
Por supuesto las voces críticas enseguida regresaron al lugar de donde nunca deberían haber salido: al barro.
Vamos pues sin más preámbulo al relato de este maravilloso ejemplo de buen rollo y sana convivencia que, en resonancia con el sinérgico ambiente del budismo, nos permitió a Patri y al que escribe conocer Bangkok y Chiang Mai.
Armas y Bagaje.
Debo reconocer que, a pesar de todos los preparativos previos, nuestro bagaje para enfrentar un viaje tan peligroso y cargado de misterios no era el más adecuado. Nuestra arma más poderosa era una guía de Lonely Planet fechada en 2006 y aportada por Patri, amén de algunos textos impresos desde Internet que no iban más allá de unas pocas páginas.
Aspecto en plena acción de los playeros con raya azul que me permitieron afrontar este viaje con confianza. Las sandalias de Patri también rindieron de una forma excelente.
La guía de Lonely Planet, en concreto, no me merecía la más mínima confianza, pues no se me olvidaba que en su día juré que jamás compraría una. Eso fue durante mi viaje a Berlín, cuando descubrí que la que nos había prestado Miguel hacía juicios de valor explícitos sobre la extinta RDA, por supuesto en el sentido de desprestigiar a aquel gran país. Evidentemente una guía turística jamás es neutral, ya que con sus recomendaciones exalta unas u otras características, pero nunca antes había tenido en mis manos una que se hubiera atrevido a desprestigiar expresamente con frases negativas a un Estado (por supuesto socialista). Es por ello que desde entonces renuncié a Lonely Planet como fuente válida de información. Sin embargo, dado que en esta ocasión la guía provenía de la Biblioteca Pública de Gijón, hice la vista gorda, sin bien al final como era de esperar nos dio más problemas que otra cosa.
Otras armas imprescindibles para afrontar una travesía por Tailandia son:
En todo caso yo había añadido un arma secreta que me hacía afrontar el viaje con mucha más confianza: unos playeros blancos con una raya azul eléctrica en el medio, de esos que se ponen los pandilleros para jugar al fútbol, comprados en el Carrefour de Doha por solo 15 euros la semana anterior. Por fuerza tendrían que aguantar lo que les echases, como así fue.
Aterrizaje.
Para un español la visa de entrada a Tailandia por turismo se consigue a la llegada en el aeropuerto de Suvarnabhumi y es gratis, pudiendo extenderse la visita por el plazo de un mes.
La moneda tailandesa es el Bath, y por lo que pudimos ver no hay mucha diferencia entre cambiar en una oficina bancaria de la ciudad y el aeropuerto, siendo la relación entre monedas muy sencilla: 1 euro = 50 Bath.
Nuestra llegada se produjo a las seis de la tarde, hora a la cual anochece en Bangkok. Como corresponde a una ciudad situada entre el Trópico de Cáncer y el Ecuador, la hora del crepúsculo es muy parecida durante todo el año y los tiempos de penumbra son de corta duración, así que en cuanto el sol se pone enseguida se cierra la noche.
Para moverse hasta el hotel el taxi es casi la única opción, ya que no hay metro o tren que lleguen al aeropuerto. A la salida se distribuyen unos mostradores de las diversas compañías y algunas afanosas azafatas te asaltarán tratando de que contrates con su empresa. Hay que dirigirse al mostrador del "public taxi", pues el resto son compañías privadas con coches muy lujosos pero que intentarán cobrarte entre 1.000 y 1.500 Bath. Con el "public taxi" hay que pagar 50 Bath en concepto de tasa de salida del aeropuerto más lo que marque el taxímetro y los peajes de la autopista. Al final nos salió por uno 400 Bath.
Durante nuestro desplazamiento por la autopista observamos un centro de Bangkok abundante en rascacielos, aunque no plagado. Si bien había algunos que sobresalían especialmente, la mayoría alcanzaban una altura moderada.
También nos cruzamos con el interminable viaducto del sky train, una línea de ferrocarril que recorre Bangkok a bastantes metros sobre el suelo. El sky train se complementa con una única línea de metro a la hora de trasladar viajeros de un lado a otro de la capital tailandesa, cruzándose ambas líneas en un único punto. Como podéis imaginar dos únicas líneas de ferrocarril para una ciudad con más de 8.000.000 de habitantes resulta insuficiente; como además no pasan por las zonas turísticas es improbable que resulten útiles al visitante vacacional. Sin embargo, si tienes tiempo suficiente es recomendable montarse en el sky train en un viaje de ida y vuelta hacia cualquier destino con el fin de poder sumergirse en el ambiente rutinario de los tailandeses y contemplar la ciudad desde la altura. A mí no me dio tiempo.
Nuestro Hotel.
Nuestro alojamiento estaba situado en una calle paralela a Khaosan Road, uno de los centros neurálgicos del turismo en Bangkok y de la cual hablaré enseguida.
Como anécdota puedo comentar que una de las recepcionistas nocturnas era en realidad un travesti. En Tailandia existe gran permisividad con el travestismo y la homosexualidad.
La habitación era estupenda. Incluía baño completo, televisión, una cama de 1,50 y aire acondicionado. La verdad es que si además hubiera tenido ventana hubiera sido la hostia. Es más: si la ducha no hubiera sido modelo Irán, con el agua cayendo directamente en el suelo al lado de la taza del váter, habría sido la repera. Y hombre, ya puestos a pedir, si hubiera tenido un armario suficientemente grande como para meter algo dentro, un poco de espacio en el baño para colocar algún frasco, un aparato de aire acondicionado que no pareciese una moto de cross y unas chancletas con borlas de pelo de conejo para calzar los pies ya hubiese sido el colmo. Pero bueno, no habíamos venido a Bangkok para participar en un concurso de remilgos, así que como ya dije, el lugar estaba estupendamente.
El precio por noche era ridículo: 300 Bath. Además, nos regalaron 15 minutos de masaje en el spa del establecimiento.
Sin perder más tiempo que el necesario para abrir las maletas salimos a inspeccionar los alrededores.
Khaosan Road.
Básicamente el área de Khaosan comprende la calle del mismo nombre y algunas aledañas hacia el río, más las callejuelas laterales que de ellas salen o las comunican entre sí. Algunas son peatonales o semi-peatonales. En esta área se concentran montones de restaurantes, bares y pubs alternados con tiendas y puestos de ropa, de souvenirs, de música y de todo tipo de productos atractivos para el turista.
La verdad es que Khaosan misma me recordó La Rambla, ya que los únicos nativos que te encuentras son los que aquí trabajan. No exagero nada si digo que el 85% de los clientes son turistas, siendo el 15% restante tailandeses integrados en grupos de turistas. Buena parte de estos turistas responden a la tipología del jipi de postal, ataviados con las marcas jipis más cool y más caras del momento recién compradas en las galerías Lafayette o Harrod's. Mientras paseas por la calle hay presión de relaciones públicas ofertándote descuentos y chupitos gratis en sus locales. A todo lo largo de la calle se distribuyen puestos móviles y tenderetes de ropa y comida, incluyendo larvas y saltamontes fritos. Los que más celebramos fueron los de fruta; te meten un gran pedazo de piña, mango o lo que sea dentro de una bolsita transparente, lo cortan ahí dentro usando una paleta de bordes romos y vas comiendo los pedazos desde la bolsa utilizando una banderilla. Riquísima la piña.
Tras la exploración tocó nuestra primera comida tailandesa, en concreto en un local situado en la paralela a Khaosan, mucho menos congestionada, menos tomada por el turista y con locales con mejor pinta. Sorprendentemente la comida estaba bastante buena y el precio resultó muy barato, así que en este aspecto el área de Khaosan dista mucho de La Rambla. Fue aquí donde disfruté de mi primera cerveza en una terraza desde junio.
En Tailandia la comida sigue el mismo patrón que en el resto de países del sudeste asiático: mucha soja, pasta (nudels), arroz, revueltos de verduras con carnes diversas cortadas en pequeños trozos… en general es picante (no siempre), pero si evitas los platos que en su definición llevan implícito que son rabiosos, se tolera perfectamente. Lo más original son las sopas, muy populares. Están hechas con leche de coco y en ellas flotan grandes pedazos de carne y verduras. Algunas son bastante picantes, así que hay que tener cuidado, pero en general nada que no puedas comer. Aunque hay que considerar que nunca nos salimos de las zonas más turísticas, no hay problema alguno en encontrar establecimientos con la carta en inglés o con fotografías de los platos, si bien es muy probable que el camarero no hable más que cuatro palabras indispensables de la cacofonía anglosajona.
Muchos de los locales estaban muy bien montados, con mucho diseñý, y algunos ofrecían buena música a quien quisiera sentarse en sus terrazas o en el interior, si bien ésta era muy variable y podía estropearse en cualquier momento. Muy a menudo no existe una fachada propiamente dicha y el interior del local está totalmente abierto a la calle, como continuación de la terraza. Está configuración no es arriesgada porque la temperatura por la noche en Bangkok ronda los 25º, si bien la humedad es tan intensa que siempre estás en el límite del sudor; no llegas a mojar la ropa, pero no puede decirse en ningún momento que tu piel esté seca. La variación anual de las temperaturas es muy pequeña; el periodo más "fresco" es diciembre – enero (máximas de 31 y mínimas de 21), mientras que el más caluroso es, curiosamente, abril – mayo (máximas de 35 y mínimas de 26).
Primera Retirada.
El cansancio del viaje hacía mella, así que el día no dio para más. En todo caso el tiempo se nos había echado encima y ya era medianoche.
Al llegar al hotel nos quedamos sin embargo un ratín viendo la tele, ya que estaban echando El Laberinto del Fauno en versión original subtitulada. La verdad es que me quedé sorprendido de lo bien que entendía a los actores. Se ve que mi estancia en Doha ha desarrollado mi oído para los idiomas más de lo esperado.
A pesar de los intentos del ruidoso aire acondicionado por sabotearme pronto quedé profundamente dormido. Desconectar el aparato estaba fuera de toda discusión, pues al no haber ventana en la habitación la humedad en el interior podía olerse al entrar y hacía mucho calor.
¡Hala! Hasta el próximo mantra.
Eran muchas las voces críticas que afirmaban en diversos medios de comunicación que este viaje no podía salir bien, que estaba condenado al fracaso, que yo no debería estar allí, que nos iba a llover todo el rato, que hacía demasiado tiempo que Qatar Airways no tenía un accidente, etcétera. Sin embargo, yo estaba decidido a demostrar a esos agoreros cuan equivocados estaban y hacerles tragar su veneno al servicio de los oscuros intereses que guían sus plataformas de expresión. Es por ello que, en esta ocasión, no tuve más remedio que echar el resto y dejar de lado mis comportamientos habituales, renunciando por ende a todo tipo de escándalos, robos con violencia, malas palabras, pollos, extorsiones, deterioros y extravagancias. O sea: tuve que portarme bien y ser agradable.
De mi cuidado y artificial comportamiento, madurado durante meses en la barrica qatarí, salió un viaje equilibrado, con cuerpo, recio al paladar, que enardeció nuestros sentidos con una sucesión infinita de aromas y colores que ahora debo compartir con todos vosotros.
Por supuesto las voces críticas enseguida regresaron al lugar de donde nunca deberían haber salido: al barro.
Vamos pues sin más preámbulo al relato de este maravilloso ejemplo de buen rollo y sana convivencia que, en resonancia con el sinérgico ambiente del budismo, nos permitió a Patri y al que escribe conocer Bangkok y Chiang Mai.
Armas y Bagaje.
Debo reconocer que, a pesar de todos los preparativos previos, nuestro bagaje para enfrentar un viaje tan peligroso y cargado de misterios no era el más adecuado. Nuestra arma más poderosa era una guía de Lonely Planet fechada en 2006 y aportada por Patri, amén de algunos textos impresos desde Internet que no iban más allá de unas pocas páginas.
La guía de Lonely Planet, en concreto, no me merecía la más mínima confianza, pues no se me olvidaba que en su día juré que jamás compraría una. Eso fue durante mi viaje a Berlín, cuando descubrí que la que nos había prestado Miguel hacía juicios de valor explícitos sobre la extinta RDA, por supuesto en el sentido de desprestigiar a aquel gran país. Evidentemente una guía turística jamás es neutral, ya que con sus recomendaciones exalta unas u otras características, pero nunca antes había tenido en mis manos una que se hubiera atrevido a desprestigiar expresamente con frases negativas a un Estado (por supuesto socialista). Es por ello que desde entonces renuncié a Lonely Planet como fuente válida de información. Sin embargo, dado que en esta ocasión la guía provenía de la Biblioteca Pública de Gijón, hice la vista gorda, sin bien al final como era de esperar nos dio más problemas que otra cosa.
Otras armas imprescindibles para afrontar una travesía por Tailandia son:
- Protector solar absurdo.
- Repelente para insectos.
- Matamosquitos eléctrico.
En todo caso yo había añadido un arma secreta que me hacía afrontar el viaje con mucha más confianza: unos playeros blancos con una raya azul eléctrica en el medio, de esos que se ponen los pandilleros para jugar al fútbol, comprados en el Carrefour de Doha por solo 15 euros la semana anterior. Por fuerza tendrían que aguantar lo que les echases, como así fue.
Aterrizaje.
Para un español la visa de entrada a Tailandia por turismo se consigue a la llegada en el aeropuerto de Suvarnabhumi y es gratis, pudiendo extenderse la visita por el plazo de un mes.
La moneda tailandesa es el Bath, y por lo que pudimos ver no hay mucha diferencia entre cambiar en una oficina bancaria de la ciudad y el aeropuerto, siendo la relación entre monedas muy sencilla: 1 euro = 50 Bath.
Nuestra llegada se produjo a las seis de la tarde, hora a la cual anochece en Bangkok. Como corresponde a una ciudad situada entre el Trópico de Cáncer y el Ecuador, la hora del crepúsculo es muy parecida durante todo el año y los tiempos de penumbra son de corta duración, así que en cuanto el sol se pone enseguida se cierra la noche.
Para moverse hasta el hotel el taxi es casi la única opción, ya que no hay metro o tren que lleguen al aeropuerto. A la salida se distribuyen unos mostradores de las diversas compañías y algunas afanosas azafatas te asaltarán tratando de que contrates con su empresa. Hay que dirigirse al mostrador del "public taxi", pues el resto son compañías privadas con coches muy lujosos pero que intentarán cobrarte entre 1.000 y 1.500 Bath. Con el "public taxi" hay que pagar 50 Bath en concepto de tasa de salida del aeropuerto más lo que marque el taxímetro y los peajes de la autopista. Al final nos salió por uno 400 Bath.
Durante nuestro desplazamiento por la autopista observamos un centro de Bangkok abundante en rascacielos, aunque no plagado. Si bien había algunos que sobresalían especialmente, la mayoría alcanzaban una altura moderada.
También nos cruzamos con el interminable viaducto del sky train, una línea de ferrocarril que recorre Bangkok a bastantes metros sobre el suelo. El sky train se complementa con una única línea de metro a la hora de trasladar viajeros de un lado a otro de la capital tailandesa, cruzándose ambas líneas en un único punto. Como podéis imaginar dos únicas líneas de ferrocarril para una ciudad con más de 8.000.000 de habitantes resulta insuficiente; como además no pasan por las zonas turísticas es improbable que resulten útiles al visitante vacacional. Sin embargo, si tienes tiempo suficiente es recomendable montarse en el sky train en un viaje de ida y vuelta hacia cualquier destino con el fin de poder sumergirse en el ambiente rutinario de los tailandeses y contemplar la ciudad desde la altura. A mí no me dio tiempo.
Nuestro Hotel.
Nuestro alojamiento estaba situado en una calle paralela a Khaosan Road, uno de los centros neurálgicos del turismo en Bangkok y de la cual hablaré enseguida.
Como anécdota puedo comentar que una de las recepcionistas nocturnas era en realidad un travesti. En Tailandia existe gran permisividad con el travestismo y la homosexualidad.
La habitación era estupenda. Incluía baño completo, televisión, una cama de 1,50 y aire acondicionado. La verdad es que si además hubiera tenido ventana hubiera sido la hostia. Es más: si la ducha no hubiera sido modelo Irán, con el agua cayendo directamente en el suelo al lado de la taza del váter, habría sido la repera. Y hombre, ya puestos a pedir, si hubiera tenido un armario suficientemente grande como para meter algo dentro, un poco de espacio en el baño para colocar algún frasco, un aparato de aire acondicionado que no pareciese una moto de cross y unas chancletas con borlas de pelo de conejo para calzar los pies ya hubiese sido el colmo. Pero bueno, no habíamos venido a Bangkok para participar en un concurso de remilgos, así que como ya dije, el lugar estaba estupendamente.
El precio por noche era ridículo: 300 Bath. Además, nos regalaron 15 minutos de masaje en el spa del establecimiento.
Sin perder más tiempo que el necesario para abrir las maletas salimos a inspeccionar los alrededores.
Khaosan Road.
Básicamente el área de Khaosan comprende la calle del mismo nombre y algunas aledañas hacia el río, más las callejuelas laterales que de ellas salen o las comunican entre sí. Algunas son peatonales o semi-peatonales. En esta área se concentran montones de restaurantes, bares y pubs alternados con tiendas y puestos de ropa, de souvenirs, de música y de todo tipo de productos atractivos para el turista.
La verdad es que Khaosan misma me recordó La Rambla, ya que los únicos nativos que te encuentras son los que aquí trabajan. No exagero nada si digo que el 85% de los clientes son turistas, siendo el 15% restante tailandeses integrados en grupos de turistas. Buena parte de estos turistas responden a la tipología del jipi de postal, ataviados con las marcas jipis más cool y más caras del momento recién compradas en las galerías Lafayette o Harrod's. Mientras paseas por la calle hay presión de relaciones públicas ofertándote descuentos y chupitos gratis en sus locales. A todo lo largo de la calle se distribuyen puestos móviles y tenderetes de ropa y comida, incluyendo larvas y saltamontes fritos. Los que más celebramos fueron los de fruta; te meten un gran pedazo de piña, mango o lo que sea dentro de una bolsita transparente, lo cortan ahí dentro usando una paleta de bordes romos y vas comiendo los pedazos desde la bolsa utilizando una banderilla. Riquísima la piña.
Tras la exploración tocó nuestra primera comida tailandesa, en concreto en un local situado en la paralela a Khaosan, mucho menos congestionada, menos tomada por el turista y con locales con mejor pinta. Sorprendentemente la comida estaba bastante buena y el precio resultó muy barato, así que en este aspecto el área de Khaosan dista mucho de La Rambla. Fue aquí donde disfruté de mi primera cerveza en una terraza desde junio.
En Tailandia la comida sigue el mismo patrón que en el resto de países del sudeste asiático: mucha soja, pasta (nudels), arroz, revueltos de verduras con carnes diversas cortadas en pequeños trozos… en general es picante (no siempre), pero si evitas los platos que en su definición llevan implícito que son rabiosos, se tolera perfectamente. Lo más original son las sopas, muy populares. Están hechas con leche de coco y en ellas flotan grandes pedazos de carne y verduras. Algunas son bastante picantes, así que hay que tener cuidado, pero en general nada que no puedas comer. Aunque hay que considerar que nunca nos salimos de las zonas más turísticas, no hay problema alguno en encontrar establecimientos con la carta en inglés o con fotografías de los platos, si bien es muy probable que el camarero no hable más que cuatro palabras indispensables de la cacofonía anglosajona.
Muchos de los locales estaban muy bien montados, con mucho diseñý, y algunos ofrecían buena música a quien quisiera sentarse en sus terrazas o en el interior, si bien ésta era muy variable y podía estropearse en cualquier momento. Muy a menudo no existe una fachada propiamente dicha y el interior del local está totalmente abierto a la calle, como continuación de la terraza. Está configuración no es arriesgada porque la temperatura por la noche en Bangkok ronda los 25º, si bien la humedad es tan intensa que siempre estás en el límite del sudor; no llegas a mojar la ropa, pero no puede decirse en ningún momento que tu piel esté seca. La variación anual de las temperaturas es muy pequeña; el periodo más "fresco" es diciembre – enero (máximas de 31 y mínimas de 21), mientras que el más caluroso es, curiosamente, abril – mayo (máximas de 35 y mínimas de 26).
Primera Retirada.
El cansancio del viaje hacía mella, así que el día no dio para más. En todo caso el tiempo se nos había echado encima y ya era medianoche.
Al llegar al hotel nos quedamos sin embargo un ratín viendo la tele, ya que estaban echando El Laberinto del Fauno en versión original subtitulada. La verdad es que me quedé sorprendido de lo bien que entendía a los actores. Se ve que mi estancia en Doha ha desarrollado mi oído para los idiomas más de lo esperado.
A pesar de los intentos del ruidoso aire acondicionado por sabotearme pronto quedé profundamente dormido. Desconectar el aparato estaba fuera de toda discusión, pues al no haber ventana en la habitación la humedad en el interior podía olerse al entrar y hacía mucho calor.
¡Hala! Hasta el próximo mantra.
- Hora local: 16:46.
- Temperatura: 23ºC.
- Humedad: 65%.
- Temperatura máxima: 25ºC.
- Temperatura mínima: 19ºC.
Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.
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"Dejad que los perros ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos." [Don Quijote - Orson Welles]