lunes, 1 de marzo de 2010

SOBRE LAS PENSIONES - CAPÍTULO 2 DE 5.


PROBLEMAS METODOLÓGICOS DE LOS ESTUDIOS SOBRE LAS PENSIONES.

El argumento estrella de todas las publicaciones que anticipan con denodada constancia el colapso del sistema público de pensiones es por todos conocido:
“Debido al aumento de la esperanza de vida y al descenso de la tasa de natalidad, pronto habrá tantos jubilados que los cada vez menos numerosos trabajadores no se van a bastar para pagar todas las pensiones, con lo que la diferencia entre ingresos y gastos degenerará en un monstruoso déficit imposible de enjuagar. Amén."
Vamos a demostrar que esto es mentira. Para ello vamos a dejar claro que todos estos estudios adolecen de los siguientes errores metodológicos:
  1. Parten de supuestos demográficos erróneos.
  2. Obvian el aumento del PIB con los años.
  3. Suponen que las variables que equilibran el presupuesto del sistema de pensiones permanecen constantes (o sea: que no se hace nada para solucionar el problema).
Veámoslo.

SUPUESTOS DEMOGRÁFICOS ERRÓNEOS.

Los Españoles No Vivimos Hoy 4 Años Más que en 1980.

Entre 1980 y 2005 la esperanza de vida en España subió desde los 76 a los 80 años. ¿Quiere decir esto que vivimos cuatro años más y que, por lo tanto, los jubilados cobran su pensión durante cuatro años más? La respuesta a esta pregunta es importante porque esta suposición está presente en muchos estudios cuyo objetivo es demostrar la inviabilidad del sistema público de pensiones. Pues la respuesta es: no, desgraciadamente no vivimos cuatro años más que en 1980.

Me explico. La esperanza de vida se calcula haciendo la media de las edades de las personas que mueren dentro de un determinado año. Como media que es, hay varias formas de subirla.

Supongamos dos familias a las que un mal año se lleva a dos miembros. En la primera uno muere a los 20 años en un accidente y otro a los 80 de viejo; en la segunda uno muere a los 50 por enfermedad y otro también a los 80 de viejo. Las esperanzas de vida de ambas familias serán:
  • Familia 1: (20 + 80) / 2 = 100 / 2 = 50 años.
  • Familia 2: (50 + 80) / 2 = 130 / 2 = 65 años.
Como vemos, la esperanza de vida es 15 años superior en la segunda familia, pero los viejos se han muerto a la misma edad. Lo que tira hacia arriba de la esperanza de vida de la familia 2 es que no ha muerto de joven ninguno de sus integrantes.

Con España sucede algo parecido: parte del aumento de la esperanza de vida en nuestro país se debe a que han disminuido notablemente la mortalidad infantil y demás fallecimientos prematuros. Así, en 1980 la mortalidad infantil era de 12,34 bebés por cada 1.000 nacidos vivos, reduciéndose hasta 3,54 en 2008. Podemos ver la evolución en el gráfico siguiente:
Tasa de mortalidad infantil en España desde 1997 (nota: disculpad el color verde puñeta, pero los gráficos están sacados de Eurostat y es el color por defecto).

Por lo tanto, si bien es cierto que hoy los españoles morimos más viejos que en 1980, no son cuatro años. La esperanza de vida ha subido 4 años porque morimos más tarde, pero también porque hay menos muertes prematuras tirando de la media hacia abajo. Por lo tanto, no son cuatro años más de jubilación por persona y considerarlo así para cualquier cálculo sobre la viabilidad del sistema de pensiones es erróneo.

La Longevidad No Es Homogénea.

Si hay que tener algo muy claro sobre la longevidad de las personas es que no es homogénea: las capas de población con mayores recursos viven más tiempo que las que disponen de menor renta y la diferencia es inversamente proporcional a lo igualitaria que sea la sociedad. Así, en España el 10% más pobre vive por término medio unos 10 años menos que el 10% más rico. Esta cifra es mejor que en Estados Unidos, donde la diferencia es de 15 años, pero es peor que la media de la Europa de los 15, situada en 7 años.

Por lo tanto, los años que una persona va a poder disfrutar de su jubilación antes de morir están muy relacionados con su clase social: serán más cuanto más alta. Tener esto claro es importante porque nos ayudará a valorar correctamente la equidad de las medidas propuestas desde las entidades financieras y el Gobierno para “salvar” las pensiones.

Lo que Importa Es la Población Activa, No el Número de Jóvenes.

En los repetidos estudios que dicen que pronto el envejecimiento de la sociedad se hará insostenible se hacen afirmaciones sobre el porcentaje de viejos sobre jóvenes en la sociedad o sobre la tardía incorporación de los jóvenes al mercado de trabajo (menos tiempo de cotización), cuando esto no deja de ser un fenómeno lateral a la hora de calcular la viabilidad económica de las prestaciones por jubilación.

Estas afirmaciones soslayan que en un sistema como el nuestro las pensiones las pagan mes a mes quienes reciben un sueldo y las empresas que los emplean, así que lo que importa no es el número de pensionistas sobre el número de habitantes, sino el número de personas con nómina sobre el de pensionistas y la cantidad que cotizan.

En España, a pesar del envejecimiento de la sociedad no ha parado de crecer el número de personas que cotizan a la Seguridad Social, lo cual se comprende si tenemos en cuenta dos fenómenos:
  1. La incorporación de la mujer al mundo del trabajo.
  2. La llegada de un gran número de inmigrantes en edad de trabajar.
A ambas variables les queda aún un buen recorrido al alza. Todo el mundo sabe que la inmigración continuará mientras existan los tremendos diferenciales de bienestar con las clases sociales bajas de los países emigrantes. Por otra parte, si la mujer se integrase en el mercado de trabajo al mismo nivel que en los países nórdicos europeos se añadirían al sistema unas 3.000.000 de cotizantes. Actualmente la tasa de ocupación femenina en España se sitúa en el 54,9%, por debajo del 60,4% de la Europa de los quince; en los países con mayor integración ronda o supera el 70% (ver gráfico siguiente). Esto último, además, se puede fomentar. Por poner un ejemplo: si en España el Estado crease una eficiente red de guarderías públicas y de asistencia domiciliaria gratuitas o subvencionadas, muchas mujeres se incorporarían al mercado de trabajo liberadas de sus quehaceres domésticos. Esto generaría un incremento en el número de cotizantes que harían aumentar los ingresos de la Seguridad Social. De esta forma, a partir de un aumento del gasto social hemos generado un aumento del ingreso.
Tasa de ocupación femenina en los países de la UE-15 en 2008 (nota: la línea roja es el objetivo del Tratado de Lisboa).

Por todo lo dicho, es completamente erróneo suponer como hacen los estudios sobre las pensiones que el envejecimiento de la sociedad conlleva forzosamente una disminución de la población activa y por ende de los ingresos de la Seguridad Social.

La Tasa de Natalidad No Es un Tobogán sin Fondo.

Para terminar con este apartado debemos dejar claro que suponer durante los próximos 40 años unos índices de natalidad bajísimos es un despropósito. De hecho, la tasa de natalidad en España se ha ido recuperando sostenidamente desde finales de los años 90. Así, desde el año que marcó el mínimo (1998) hasta 2008 se ha pasado de 9,19 a 11,39 nacidos por cada 1.000 habitantes; durante el mismo periodo el número medio de hijos por mujer ha subido desde 1,16 hasta 1,46 (un incremento del 25%). En el gráfico que sigue se puede ver la evolución reciente. Es de prever en todo caso que la crisis actual tenga un efecto negativo sobre estos indicadores al juntarse con la desprotección social española.
Número de nacidos por cada 1.000 habitantes (izda.) y tasa de natalidad en España (dcha.) desde 1997.

Hacer proyecciones de tasa de natalidad a más de 10 años es una osadía, como atestiguaría cualquier demógrafo. Las variables a tener en cuenta son tantas y con unas interrelaciones tan complejas que las predicciones a largo plazo caen generalmente en saco roto.

Un aumento significativo de los gastos de protección social que contribuyeran a consolidar la confianza y la seguridad en el futuro de las capas más desfavorecidas sería un buen incentivo de la natalidad.

Tampoco se puede soslayar que el porcentaje de pensionistas sobre el de jóvenes no está condenado a subir para siempre; acabará por bajar de nuevo, no es una función estrictamente creciente hasta el infinito. Las tasas de fecundidad se recuperan y, aunque no lo hicieran, la gran cantidad de futuros pensionistas herencia el baby-boom algún día fallecerán, con lo que ya a largo plazo es lógico suponer que la sociedad se reequilibrará y el porcentaje de viejos sobre activos disminuirá.

Acabado nuestro razonamiento sobre los supuestos demográficos, sigamos con los de índole económica.

NO SE PUEDE OBVIAR EL AUMENTO DEL PIB CON LOS AÑOS.

Este punto es muy importante.

Según el renombrado estudio de David Taguas y María Jesús Sáez que mencionamos en el primer capítulo, de no cambiar las cosas el gasto en pensiones supondrá un 17,1% del PIB en 2059, estimándose ello excesivo por dichos autores, si bien en ningún momento se argumenta por qué. Hoy en día el gasto en pensiones supone el 8,4% del PIB.

Vamos a admitir que la predicción (a 40 años) de estos señores se cumple.

Supongamos por otra parte que el producto interior bruto de España en 2010 es de 100 montones de dinero y que hasta 2059 crece a un ritmo anual del 1,5%, una estimación muy prudente y conservadora.

El gasto que destinaremos en 2010 a pensiones será (8,4% del PIB):
  • 100,0 x 0,084 = 8,4 montones de dinero.
Por lo que para el resto de gastos nos quedan:
  • 100,0 - 8,4 = 91,6 montones de dinero.
En 2059 nuestro PIB será (1,5% de crecimiento durante 49 años):
  • 100,0 x 1,01549 = 100,0 x 2,074 = 207,4 montones de dinero.
El gasto que destinaremos en 2059 a pensiones dicen que será (17,1% del PIB):
  • 207,4 x 0,171 = 35,47 montones de dinero.
Con lo cual para el resto de gastos nos quedarán:
  • 207,40 - 35,47 = 171,93 montones de dinero.
O sea: para el resto de gastos el dinero disponible ha aumentado un 187,7%, pasando de 91,6 a 171,9 montones de dinero. Hay más recursos tanto para pagar pensiones como para todo lo demás. Esto no es magia, sólo que el PIB se ha multiplicado por más de dos; y eso que hemos supuesto un crecimiento anual de sólo el 1,5%.

El estudio de la Comisión Europea que también citamos en el primer capítulo es más optimista: en este caso el año de la catástrofe es 2060 y el porcentaje del PIB que gastaremos en pensiones el 15,1%. Por lo tanto, si hiciésemos los cálculos para este otro estudio obtendríamos unos números que mejorarían sensiblemente lo de arriba.

Por lo tanto, decir que el aumento del porcentaje que las pensiones suponen sobre el PIB va a drenar los recursos de tal forma que no habrá dinero disponible para otros campos es totalmente erróneo. Este argumento únicamente se sustenta desde un punto de vista que suponga que el PIB va a crecer muy poco o no va a crecer, con lo cual si este panorama se diese quizá el problema no serían las pensiones, sino el modelo económico sobre el cual los autores de los estudios hacen sus modelizaciones, que por lo tanto es lo que habría que cambiar.

¿Seguro que un 17% No Es Excesivo?

Estos datos históricos nos ayudarán a corroborar lo anteriormente dicho.
  • Gasto en pensiones en España en 1960: 3,0% del PIB.
  • Gasto en pensiones en España en 2010: 8,4% del PIB.
Como vemos en 50 años el gasto en pensiones se ha multiplicado por 2,8. Sin embargo, nadie podrá negar que hoy en día tenemos muchos más recursos tanto para pensiones como para el resto de gastos, debido a la multiplicación del PIB por varios enteros desde aquellas fechas.

Para terminar de abundar en este argumento veamos los porcentajes sobre el PIB que suponen las pensiones en otros países de la europa de los quince:
Porcentaje del PIB dedicado a pensiones en los países de la UE-15 en 2007.

Como podemos comprobar la mayoría de países están a años luz de España, debido a que en nuestro país las pensiones son muy bajas para la media europea (analizaremos esto con más detalle en la quinta parte). Italia (14,6%) está pagando en este momento un porcentaje cercano al que David Taguas y María Jesús Sáez definen como insoportable para 2049 y Francia (13,3%) y Austria (13,8%) no andan muy alejadas. Si tomamos como referencia el estudio de la Comisión Europea, Italia ya está ahí. Además, el PIB actual de ambos países es ahora bastante inferior al que tendrá España en 2049, y no digamos en 2060, así que tienen menos recursos para otras cosas que los que nosotros tendremos entonces. Sin embargo, no parece que estos países estén afrontando grandes dificultades para pagar sus pensiones.

Por último también debemos tener en cuenta que, al igual que el envejecimiento de una sociedad no es una función estrictamente creciente hasta el infinito, el tanto por ciento que las pensiones suponen sobre el PIB tampoco, con lo que en algún momento este porcentaje comenzará a descender desde máximos.

Así pues, todo parece indicar que el sistema público de pensiones español no se encamina hacia catástrofe alguna y que, para colmo, el principal problema de que adolece es su escasa cuantía.

A pesar de ello, vamos a darles una oportunidad más a los agoreros y vamos a suponer que el sistema se desestabiliza y comienza a generar déficit. ¿Qué podemos hacer para arreglarlo? Según los bancos, la Comisión Europea y demás partes interesadas, nada, sólo nos queda desmantelarlo. Pues permítanme que les contradiga: se pueden hacer muchas cosas y muy variadas. Se puede actuar sobre las variables que equilibran el sistema. Analicémoslo.
  • Hora local: 20:46.
  • Temperatura: 21ºC.
  • Humedad: 57%.
  • Temperatura máxima: 26ºC.
  • Temperatura mínima: 18ºC.
  • ¡¡Y cayendo tormentaaaa!!
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.

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