jueves, 21 de mayo de 2009

EPÍSTOLAS PERSAS, JORNADA 1: TEHERÁN.


Muy sres. míos:

En la epístola anterior me había quedado durmiendo en el Hotel Kowsar, toda vez que no había podido acostarme hasta las siete de la madrugada debido al infernal horario del corto pero agotador viaje de ida. A las dos de la tarde nos pusimos en marcha y es cuando comienza esta epístola.

Este primer día en Irán me pareció un poco tonto. En contra de lo que la lógica dicta, en vez de viajar por la tarde a Shiraz para ya dormir allí y comenzar la visita al día siguiente a una hora razonable, en vez de eso, no teníamos el vuelo hasta el día siguiente a las nueve de la mañana. ¿A las 09:00? ¡Pero si el guía había dicho que a las 10:30…! Miro de nuevo el billete y no hay duda: el vuelo parte a las 09:00. Dado que el guía va a venir a buscarnos a las 08:00, estamos jodidos, no nos da tiempo. Nueva crisis, y encima es viernes. Pido a la guapísima (¡de verdad!) recepcionista del hotel que llame a la agencia, pero como es lógico no hay nadie, es fiesta. Busco entre la documentación del viaje y no hay un solo teléfono donde pueda llamar para desfacer el entuerto. Decidido: habrá que coger un taxi al día siguiente, pues vale más descubrir que el guía tenía razón que perder el vuelo a Shiraz.

Adicionalmente puedo comentar que en la habitación de mi madre y mi hermana al parecer había una máquina que no se podía parar y que hacía mucho ruido (ignoro qué hacía dicha máquina o si era maligna o no), así que pedí a la guapísima recepcionista del hotel que se la cambiaran. Con ello descubrimos que las habitaciones de la primera planta sí estaban reformadas y eran realmente de cuatro estrellas. La próxima vez tendré que llevar conmigo una máquina que haga mucho ruido y no se pueda apagar.
Plano del centro de Teherán, para que os vayáis orientando.

Como teníamos todo el día libre comimos pollo en un restaurante de comida rápida en la misma Avenida Valiasr y nos pusimos a pasear. Durante este kilométrico paseo por Teherán fuimos dándonos cuenta de que las cosas no parecían tan malas.

Valiasr.

La Avenida Valiasr es una de las más largas de la ciudad, la cual recorre de norte a sur. Está limpia y perfectamente urbanizada. Dado que la ciudad va subiendo ininterrumpidamente según te desplazas al norte, hacia las faldas de las montañas, la avenida es un continuo ascenso o descenso según la dirección en que la cojas. Como tantas otras calles de Teherán está flanqueada por grandes árboles de sombra en toda su longitud y, en este caso, por cauces de agua. No pude confirmar si estos cauces eran artificiales o no, pero los árboles de la avenida plantan sus raíces a medio metro por debajo del nivel de acera y calzada. La razón es que entre las aceras y la calzada existen unas trincheras de medio metro de profundidad y dos o tres de anchura perfectamente urbanizadas y pavimentadas con adoquines por donde baja raudo un pequeño río que lame los troncos de los árboles plantados en su fondo. En algunas secciones de la calle incluso se han urbanizado canales secundarios al principal por los que también corre el agua entre una segunda fila de arbolado. Dicen que es la avenida más bonita de la ciudad.

En la sección que nos había tocado Valiasr es una de las zonas comerciales más conocidas de Teherán. Como era viernes estaba inicialmente todo cerrado, pero poco a poco fueron abriendo las tiendas, pues por lo visto los viernes abren a media tarde. Todo era pequeño y mediano comercio. La verdad es que durante nuestro largo paseo apenas vimos un par de establecimientos que pudieran catalogarse como grandes superficies. La ausencia de franquicias o cadenas occidentales es total, lo cual sin duda es un punto positivo para este país. Este mérito es todavía mayor si tenemos en cuenta que las tiendas en esta zona eran en su inmensa mayoría de ropa y que estábamos en un equivalente a Fuencarral en Madrid o Corrida en Gijón.

Prêt-à-Porter.

Según iba bajando por la avenida me iba fijando en la apariencia de la gente, llegando a las conclusiones que siguen.

La ropa de hombre en Teherán me pareció a ratos de los años ochenta; digo esto por los trajes, que son bastante retro, tipo gris funcionario, y por la moda ligeramente hortera que llevan los jóvenes, con pelos de punta a la laca o medios tupés, camisas apretadas o camisetas de licra, pantalones vaqueros con grandes hebillas y zapatos de punta o playeros. La única limitación para la moda de hombre parecen ser los pantalones cortos, ya que en Irán están prohibidos. En todo caso, tienen todo mi apoyo para mantener y a ser posible extender a otros países dicha prohibición, pues estaréis todos de acuerdo conmigo en que llevar pantalones cortos por la calle es de un ridículo espantoso y un atentado contra la estética, denotando además una escasa autoestima y falta de respeto hacia los demás. Si os preguntáis donde están las chilabas y los turbantes, son privativas de los clérigos, sólo ellos las llevan.
He aquí Teherán visto desde arriba.

Ninguna mujer lleva velo; no vi ni uno en todo el viaje. Lo que sí llevan es chador, pero entre las más jóvenes es claramente minoritario, las cuales lo que visten son zapatos al gusto (desde zuecos y playeros hasta tacón), pantalones vaqueros, un pañuelo de colores que se colocan por media cabeza y una chaqueta ligera o guardapolvos que llega por la mitad del muslo o por encima de la rodilla y cuya misión principal es tapar el culo. Muchas van maquilladas y llevan peinados que resaltan la parte del pelo que queda fuera del pañuelo, es decir, aquella que va desde la frente hasta la vertical de las orejas. Y ya que hablamos de mujeres, creo que es buen momento para declarar que...

De Entre Todas las Mujeres del Mundo, las Iraníes, son las Más Bellas.

Por supuesto exceptuando las lectoras habituales de este blog.

Esta afirmación no es gratuita. Puedo afirmar con rotundidad que en ningún país de los que hasta ahora he visitado había visto tal cúmulo de hermosura y, aunque la proporción no es tan favorable, también hay hombres muy guapos. ¡Afortunado pueblo el persa con respecto a los cánones actuales de belleza!

Algo que facilita la observación es el pelo recogido en el pañuelo, lo cual les favorece mucho porque descubre a toda la faz del orbe sus hermosos y equilibrados rasgos. Aquellos que me conozcan sabrán además que considero muy buena idea quitar el pelo de la cara.

Ante todo llaman poderosamente la atención sus ojos grandes, profundos, con un ligero toque rasgado, oscuros como el carbón o azules como el azul de metileno y de mirada entre traviesa y curiosa.

El rostro es ovalado, sin que pueda apreciarse un solo rasgo agresivo. Pómulos sobresalientes y carrillos llenos dotan al semblante de una volumetría exquisita donde apenas son visibles cambios bruscos en el trazado de sus líneas.

Peculiar y hermosa también la nariz, ligeramente larga, con un suave cambio de pendiente en su centro, una delicada punta redondeada y ligeramente ancha en su base, características todas ellas que considero muy buenas ideas.

La piel, aunque también hay tonalidades claras, predomina de un tono tostado uniforme que concuerda con la idea comunmente admitida del bronceado ideal.
Otra vista de Teherán. Como podéis comprobar, pequeño no es.

Los labios, carnosos, pero en su justo medio, sin caer en la boca de cerdito y al mismo tiempo muy alejados de la boca de raya. Ambos ligeramente respingones, confiriendo al conjunto un peculiar toque sensual.

Finalmente, de altura media y cuerpo fino. Debo destacar en este punto la casi total ausencia de personas obesas en Irán, tanto hombres como mujeres.

Así pues, podemos afirmar con toda rotundidad que las iraníes son unas mujeres llenas de muy buenas ideas. Además, muy jóvenes de media, pues durante la guerra con Irak, que sabéis duró desde 1980 hasta 1988, se produjo una explosión en la natalidad fomentada desde el gobierno. Como consecuencia hay mucha población joven y se ven por la calle montones de chicos y chicas entre los 20 y los 25 años.

De Compras.

Con el fin de sustituir el horrible fular que mi hermana llevaba en la cabeza nos fuimos a comprar un pañuelo a los montones de tiendas de ropa que salpicaban la Avenida Valiasr a la altura de la plaza del mismo nombre. A la hora de pagarlo, nueva crisis. Me dicen que el precio es 20.000, 10 veces lo que marca la etiqueta. ¿Pretenden timarme de una manera tan burda? Hago la conversión. No puede ser que este pañuelo cueste 15 céntimos de euro, y en cambio euro y medio es razonable y sigue siendo barato, así que no deben estar timándome. Pago, investigo más a lo largo de la tarde y la conclusión es clara: los precios en Irán pueden estar en riales o en tonans. Con el fin de ahorrarse ceros, muchos establecimientos ponen sus precios en tonans, siendo un tonan como podéis suponer 10 riales. En caso de duda no hay más que convertir. Si sale un precio ridículo, la cantidad está en tonans. Las cosas en Irán son baratas, pero no regaladas.

Dado que mi madre y mi hermana no llevaban guardapolvos también tuvimos que comprar unos para no llamar la atención. Para nuestra sorpresa el tendero chapurreaba algo de español. Por supuesto nos cobró de más: 500.000 riales. Más adelante aprendimos que esta compra debería haber salido aproximadamente por 300.000. ¿Debimos regatear? Es posible, pero a mi el asunto del regateo me avaga como no os podéis imaginar; prefiero pagar más.

El infierno comercial aún no había terminado, pues una compra pendiente muy importante aún pesaba como una losa: teníamos que encontrar una tienda abierta donde pudiera comprar los accesorios que faltaban para mi cámara, cuya indisponibilidad evitó que pueda ofreceros fotos de este primer día.

En un momento dado nos desviamos de Valiasr por Imán Jomeini y comenzamos nuestra vuelta subiendo por Hafez. Subíamos por esta última calle a las siete de la tarde cuando de repente sonrió la fortuna. Habíamos estado buscando por Valiasr una tienda de cámaras fotográficas sin mucho éxito; la única que nos habíamos topado estaba cerrada. De repente, al cruzarnos con Jomyuri-e Eslami, no una, ni dos, ni tres… no. Una calle entera llena. Toda una calle llena de tiendas de teléfonos móviles y cámaras digitales, todas abiertas y llenas de gente y donde, para colmo, una marca predominaba sobre todas las demás en todos los escaparates: Canon. Por fin el puzle se había completado. Podría hacer fotos de Irán. Cargador, pilas y tarjeta de memoria me salieron por 715.000 riales. No sé si me cobraron de más, pero tras tan feliz descubrimiento un bledo me importaba, pues ir a topar en una ciudad de doce millones de habitantes con la calle donde venden justo lo que necesitas puede catalogarse de potra.
Una calle de Teherán cualquiera, en este caso cerca del bazar. Todas las calles importantes están arboladas. Demasiado chador en esta foto, normalmente no predominan tanto.

¿Y a qué se debía tal concentración de tiendas todas de lo mismo? Bueno, pues resulta que en Irán las tiendas se agrupan por especialidades. Así, tal y como en Valiasr se han puesto las tiendas de ropa, en Jomyuri-e Eslami se agrupan las de pequeños aparatos electrónicos. A lo largo del día ya habíamos detectado más agrupaciones. Por ejemplo, en la misma Valiasr pero cerca de Imán Jomeini se concentran las tiendas de suministros médicos: montones de establecimientos que venden reclinatorios de dentista, estetoscopios, piernas ortopédicas, microscopios, sillas de ruedas, instrumental… Curioso. En todos los casos, ausencia casi total de grandes comercios, únicamente pequeñas y medianas superficies.

La Transirania Transexual.

Tras nuestro afortunado encuentro nos reincorporamos a Valiasr y subimos hasta el cruce con Enquelab, donde hay un teatro a la derecha y un pequeño parque detrás. Nos desviamos adrede por su interior, donde la sensación de normalidad total se reforzó. Estaba atiborrado de gente sentada en los bancos y paseando, familias, grupos de amigos, jubilados e incluso algunas parejitas cogidas de la mano (morreando no había nadie, no exijáis tanto, que estamos en Irán). Como anécdota, a lo largo de la tarde también vimos algunos hombres de la mano, pero supongo que esto debe ser una cuestión cultural, pues la homosexualidad está duramente penada en Irán desde con azotes hasta con la pena de muerte en el caso de reincidencia continuada, todo lo contario que las operaciones de cambio de sexo.

Sí, habéis leído bien. En Irán el cambio de sexo es perfectamente legal, las operaciones las paga la seguridad social, los transexuales pueden casarse y los ayatolás lo ven estupendo. En 1983, Jomeini aprobó un decreto legalizándolo. Según él, nada en el Corán prohíbe realizar este tipo de intervenciones en las personas que han nacido atrapadas en el cuerpo equivocado. Ignoro cómo se fundamenta teológicamente que puedan nacer mujeres en el cuerpo de hombres y viceversa.
La torre de comunicaciones, o Torre Milad, con las grandes montañas al norte de Teherán al fondo.

Sea como sea, lo cierto es que en una sociedad como la iraní donde hay que casarse por narices incluso siendo cura y la homosexualidad está perseguida, los transexuales tienen su paraíso. Si una pareja gay o lesbiana estuviera dispuesta, uno de los miembros podría cambiar de sexo y entonces podrían casarse sin ningún problema (aunque entiendo que pocos se acogerán a esta drástica solución). Y es que en Irán lo fundamental es que las relaciones sean entre un hombre y una mujer, cómo se haya llegado ahí, es lo de menos.

Tráfico Fluido.

Otra de las cuestiones que nos llamó la atención durante nuestro devenir por las calles de Teherán fue lo fluido del tráfico.

Cuando digo fluido no me refiero a la acepción habitual del término, sino a la de líquido. Imaginaos un cauce agitado de agua. Como bien sabéis, en él las moléculas “resbalan” unas sobre otras, se mezclan y revuelven en un régimen turbulento y ruidoso. Pues una calle de Teherán es casi lo mismo. Un conjunto increíblemente apiñado de coches se mueve lentamente dejando apenas centímetros entre ellos, pero cualquier vehículo en el carril izquierdo puede aparecer milagrosamente segundos después en el derecho y viceversa. Los carriles no existen. La gente circula con las rayas entre las ruedas, porque si hay tres carriles, habrá cuatro filas de coches a todo lo largo de la avenida. El que pasa es el más decidido, nadie se para por cortesía. Todo el mundo se cruza y se pita, pero no pasa nada porque todo el mundo espera que puedas cruzarte o pitar.

Los pasos de peatones son como dos cauces de líquidos inmiscibles que se cruzasen perpendicularmente. Peatones y coches pasan unos delante de los otros con decisión, el más decidido es el que pasa por delante del otro. Ahora pasa un peatón, ahora un coche, logran avanzar otros tres peatones hasta el carril siguiente, pasa un coche, avanzan dos peatones hasta el otro carril, pasan dos coches, llega un peatón a la acera… Cada vez que cruzas una avenida en Teherán se escribe uno de los episodios del día, dotado de historia y personalidad propias. En todo caso, enseguida te acostumbras.
Dos chicos y una chica en un ciclomotor y sin casco, con el del medio enviando un SMS. Esta imagen es muy habitual. Hasta cuatro personas llegamos a ver subidas sin casco en un ciclomotor.

Teherán tiene muchos taxis y autobuses con sus carriles bus, pero para una ciudad de doce millones de habitantes no es suficiente. El metro, aunque hay planes de ampliación, sólo cuenta con tres líneas, y el ferrocarril únicamente pasa por el extremo sur de la ciudad. Al final el tráfico es terrible y el modo de conducir nada tiene que ver con lo que los europeos estamos acostumbrados. A este respecto, Qatar es un remanso de paz comparado con Irán.

Si alguna vez vais a Irán, os recomiendo vivamente no alquilar un coche. Lo mejor es olvidarse de conducir y coger taxis.

Café, Che.

Subiendo por Valiasr, ya cerca de la plaza del mismo nombre y a mano derecha, entramos a descansar de nuestra kilométrica caminata y a tomar un café en un establecimiento que exteriormente nos pareció bastante agradable. En Irán las cafeterías no brillan por su abundancia, así que si encuentras una que responde a tus expectativas hay que lanzarse al interior sin dudarlo.

Cuando ya estábamos dentro caímos en la cuenta de la peculiaridad del lugar. Estábamos en la cafetería Che Guevara, la cual estaba adornada con fotografías de La Habana, retratos del comandante cubano, anuncios de puros y demás parafernalia.

Como no podía ser de otra manera en la carta se incluían diversos combinados tropicales, así que me pedí uno, pues no todo el mundo puede presumir de haberse tomado una piña colada en Teherán (bueno, piña colada no era, pues como podéis suponer no tenía alcohol). Los camareros eran todos iraníes y apenas chapurreaban el inglés imprescindible, así que no pude investigar el porqué de esta curiosidad en el corazón de Persia.

Cierre.

Tras salir del café Che Guevara nos dirigimos al hotel, así que poco más hay que contar, salvo que la oscuridad cayó sobre la ciudad a eso de las ocho y que al cabo de esa hora todavía estaban todas las tiendas abiertas.

Con esto doy por terminado el relato de mi primer día en Irán. Al día siguiente había que madrugar mucho para poder tomar el avión a las 09:00.

Shiraz y Persépolis nos esperaban.
  • Hora local: 20:36.
  • Temperatura: 31ºC.
  • Humedad: 49%.
  • Temperatura máxima: 39ºC.
  • Temperatura mínima: 26ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.

lunes, 18 de mayo de 2009

EPÍSTOLAS PERSAS, JORNADA 0: LLEGADA.

Entrañables compadres:

El pasado mes de abril se rompió un poco la cotidianeidad por Qatar, ya que durante la segunda quincena vinieron a visitarme mi hermana y mi madre. Yo ya les había insistido en que no tenía sentido venir 13 días a este país, pues se iban a aburrir como ostras, pero no me hicieron caso; quizá en sus papeles de madre y hermana despechadas pretendían que todo eso no era más que una excusa vil para no recibirlas. Sin embargo yo no creía que se fueran a aburrir, sino que lo sabía. A esto se unía que si ellas venían a Qatar lógicamente yo tendría que pedir vacaciones, y pensar en días de vacaciones pasados en Doha era pensar en días de vacaciones tirados por el retrete. Es por ello que como salida a esta situación organicé un viaje para los tres y nos fuimos hasta un país que tiene bastante más que ofrecer: Irán.

A la vista de las características inabarcables, amenazantes e ignotas del país de destino, en esta ocasión elegí un paquete vacacional con Qatar Airways. Este paquete incluía los hoteles, guía y chófer durante las visitas y todos los vuelos internos. Nuestro destino fueron tres ciudades: Shiraz, Esfahán y Persépolis. A estos tres objetivos se unió la obligada visita a Teherán, ya que los vuelos desde Doha sólo llegan a esta ciudad.
Billete de 50.000 riales, algo menos de 4 €. Mención aparte merece el detalle del átomo de Litio sobre el mapa de irán, en la mitad inferior.

La verdad es que el país de los persas me sorprendió muy positivamente, hasta el punto que recomiendo a cualquiera emprender la visita. Lo cierto es que la imagen que los medios de comunicación dan de este país está altamente distorsionada a peor, con lo que cuando llegas cualquier elemento positivo te lo parece mucho más. Lógicamente yo ya me lo olía, así que uno de los motivos para emprender este viaje fue poder comprobar por mi mismo la situación interna. En todo caso debe quedar claro que, por supuesto, no es el paraíso y tiene muchas cosas negativas, pero si te pones a comparar con los países que tiene alrededor (Afganistán, Pakistán, Irak, Kuwait, Qatar, Bahreim, Emiratos Árabes Unidos y, sobre todo, la infausta Arabia Saudí) resulta que Irán es sin duda el más moderno, pacífico y tolerante. Por supuesto hay que tener en cuenta que los países escogidos para la comparación ponen el listón muy bajo.

Lógicamente Teherán no resiste una comparación con Madrid o Gijón, pero andará por el estilo respecto a Santander o Valladolid y supera claramente a Doha, y es que Teherán me pareció infinitamente más agradable para vivir que la capital de Qatar.

Nuestra visita duró seis días y siete noches: del 17 al 23 de abril. El motivo de tan extraña duración, pues de todo el mundo es conocido que generalmente los viajes duran “n” días y “n-1” noches y no al revés, hay que buscarlo en el demencial horario de los vuelos de ida y vuelta.

Consideraciones Previas.

Antes de viajar hasta Irán deben tenerse en cuenta tres cuestiones: el dinero, el visado y la clasificación étnica del país.

Asimismo, es necesario no olvidar jamás estos dos objetos: la cámara fotográfica y el pañuelo para la cabeza si eres mujer.

Con las cuestiones a tener en cuenta no hubo problema, pero no podemos decir lo mismo de los objetos a no olvidar.
Plaza Azadi, probablemente el monumento más conocido de Teherán.

En cuanto al dinero, debe saberse que debido a las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos al país persa las tarjetas de crédito no funcionan en Irán, ya que cualquier banco de Estados Unidos o lacayo de Estados Unidos (o sea: todos) tienen prohibido relacionarse con los bancos iraníes. Como consecuencia, tu tarjeta no puede conectarse con tu banco, así que no funciona. Por lo tanto, si vas a viajar a Irán hay que llevar en efectivo todo el dinero que tengas pensado gastar.

En cuanto al visado, según nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores se puede conseguir al llegar al Aeropuerto Internacional Imán Jomeini por un periodo máximo de 7 días pagando 50 dólares, presentando una fotografía de pasaporte, rellenando un formulario y exhibiendo el billete de vuelta confirmado, así que íbamos tranquilos al respecto.

Clasificación Étnica.

Abro un apartado específico para este punto porque es muy importante. Quizá muchos ya lo sepáis, pero si no es así hay que dejar claro de una vez por todas que los iraníes no son árabes. Son persas. Bueno, no todos son persas, pero mientras los persas suponen más del 60% de la población, los árabes se quedan en el 3%.

Ni a un persa debes confundirle con un árabe ni a un árabe debes confundirle con un persa.

Imaginaos que estáis en Gijón en la Cuesta del Cholo tomando unas sidras, se acerca alguien por detrás y exclama: "¡Hey, vosotros también de Santander!, ¿verdad?" O que estáis en Madrid tomando unas cañas en La Latina, llega un desconocido y dice: "¡Hombre, por fin encuentro a alguien de Valladolid!" ¿Cómo os sentiríais? Bueno, pues igual se sienten un árabe o un persa si los confundes con los otros.
El bazar Vakil, en Shiraz. Según mi madre, bastante mejor que el Gran Bazar de Estambul.

A este respecto puedo contar que a mi gran amigo R.M.S.G. se le ocurrió preguntar por Irán durante una visitia que hizo a Irak antes de la Segunda Guerra del Golfo, pregunta realizada con motivo de que dicho país no estaba incluido en un mapamundi que mostraba todas las naciones árabes del mundo. Creo además que se lo preguntó nada menos que a Tarek Aziz. ¡Casi lo echan del país! Menos mal que iba en una delegación oficial, que si no, le toca atravesar a pie el desierto hasta la frontera con Jordania.

Salida.

La primera crisis aconteció en el Aeropuerto de Doha, al caer en la cuenta de que había olvidado la cámara en casa por culpa de mi madre y mi hermana que no me lo recordaron al salir. ¡Imaginaos! ¡Viajar a Irán y no llevar cámara! ¡Inconcebible, como diría Vizzini! Presa del más absoluto pánico le regalé la cámara en ausencia a mi hermana y compré una nueva en el duty free del aeropuerto. Cuando en el avión me puse a revisarla, nueva crisis. Efectivamente, la cámara de las narices venía:
  1. Sin cargador.
  2. Sin baterías.
  3. Sin tarjeta de memoria.
No sé si era un modelo especial para duty free que venden así para que parezca más barato, pero la situación era desesperanzadora: aún estaba muy lejos de poder hacer fotografías. Ante la imposibilidad de arreglarlo en el avión no hubo más remedio que posponer la solución definitiva hasta el día siguiente, con la complicación añadida de que sería viernes y, por lo tanto, festivo.
Palacio de Darío I El Grande, en Persépolis, terminado en 486 AEC por Jerjes I y destruido en 330 AEC por Alejandro III Magno.

El vuelo salió a su intempestiva hora prevista: la 01:00 de la madrugada. Llegamos a Teherán a las también intempestivas 04:30 locales tras adelantar el reloj hora y media y dos horas de vuelo. Que en Teherán sea una hora y media más tarde que en Doha estando prácticamente a la misma longitud nos indica que el país persa tiene que ser más normal que lo que nos cuentan, pues amanecen y anochecen a horas lógicas, no a las 04:30 y a las 18:30 como los imbéciles de Qatar.

Llegada.

La segunda crisis aconteció nada más bajar del avión. Toda mujer debe ponerse un pañuelo en la cabeza nada más pisar suelo iraní. ¿Y dónde estaban los pañuelos de mi madre y mi hermana? En las maletas, por supuesto, y el guardia que había en la puerta del avión les hizo ver que de tamaña guisa no iban a ninguna parte. Afortunadamente la amable tripulación de Qatar Airways prestó a mi madre una manta de viaje que hizo estupendamente las veces de pañuelo, mientras que mi hermana se colocó el horrible fular verde que llevaba al cuello, solucionándose así el problema.

Cuando llegamos a obtener el visado descubrimos que la información en la página del Ministerio del Interior no era del todo correcta, pues:
  1. La fotografía tamaño pasaporte (88x124) no la querían para nada.
  2. No nos cobraron 50$, sino 50€, lo cual es lógico y me parece muy bien, pues nadie quiere inundar de inservibles dólares su país más de lo que ya está.
  3. El visado nos lo concedieron por 15 días, no una semana.
Estas condiciones son por supuesto las que aplican a todo español que vaya a Irán, no es que recibiese un trato especial por ser yo.
Plaza del Imán, en Esfahán. Se ven la mezquita de Seikh Lotfollah, la mezquita del Imán y el Palacio de Alí Gapú.

Una vez pasado el control aduanero sin nada que reseñar fuimos a cambiar dinero, donde descubrimos que 1 euro equivale a 13.000 riales iraníes. Por primera vez en mi vida me convertí en millonario. Dos millones seiscientos mil riales inundaron mis manos. Si mal no recuerdo entre los tres cambiamos entre 600 y 700 euros, los cuales alcanzaron para todo el viaje y todavía nos sobró una pequeña cantidad que volvimos a cambiar a la vuelta.

El resto de este día no tiene mayor historia. El guía nos estaba esperando a la salida y nos llevó al hotel, donde llegamos a las 06:30. El Aeropuerto Internacional Imán Jomeini está bastante lejos de Teherán. Aunque todo es autopista, se tarda 45 minutos sin tráfico en llegar al centro de la ciudad.

Cierre.

El hotel Kowsar, de cuatro estrellas, equivalía a uno de tres viejo en España. Aunque está muy bien situado, en pleno centro de la capital a la vera de una de sus mejores avenidas, la Valiasr, data probablemente de los años 60 y no ha sufrido muchas remodelaciones. En todo caso ofrecía todas las gilipolleces que te suelen poner en un hotel de cuatro estrellas, como las pantuflas, el cepillo de dientes, el kit de costura o el mini bar bien surtido.

Lógicamente lo primero que hicimos fue meternos en la cama, de donde ya no saldríamos hasta las dos de la tarde. El día lo teníamos libre para pasear a gusto por Teherán, pero esta parte ya será objeto de la siguiente epístola.
  • Hora local: 21:18.
  • Temperatura: 32ºC.
  • Humedad: 33%.
  • Temperatura máxima: 38ºC.
  • Temperatura mínima: 28ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.