Lisonjeros pelotas:
Bienvenidos de nuevo. Amanece un nuevo día sobre Bangkok, igual que lo lleva haciendo desde la noche de los tiempos, cuando por ser noche no había amanecido hasta entonces. Nuestros objetivos para este primer día son: el Gran Palacio, Wat Pho y no ser timados.
Si bien los dos primeros objetivos son fácilmente entendibles, quizá haga falta ampliar un poco de información sobre el tercero.
Objetivo: el Turista.
En Bangkok existe cierta mafia alrededor del turista. Es de hecho después de La Habana el lugar donde más me han dado la lata, si bien hay que aclarar que no estuve en Marruecos, Egipto, Turquía u otros lugares cuya fama de acoso al turista me disuade visitar. Debo aclarar que no hay nada que más me moleste que la gente que intenta venderme algo sin habérselo pedido, con el agravante de que tengo como norma no comprar suvenires durante mis viajes, así que los pelmazos nunca me van a ser de utilidad alguna.
El "acoso" en Bangkok es sin embargo más sibilino que en los lugares citados. No viene gente a venderte cosas directamente, sino que tratan de que tú mismo te metas en la boca del lobo. El truco estándar consiste en lo siguiente: un tailandés de cualquier edad o condición se acerca a ti y te pregunta la nacionalidad, tras lo cual afirmará que estuvo en Barcelona, o que es del Barcelona, o que tiene amigos en Barcelona. Tras eso te pregunta cuánto tiempo llevas en Bangkok y a dónde vas (cabe recalcar que ante estas dos preguntas encadenadas cualquiera que esté de viaje por un lugar turístico debe salir corriendo con independencia de todo lo demás). Cuando estúpidamente le dices que has llegado ayer y que vas a ver tal o cual sitio (en vez de contestarle como la lógica pide que llevas en el país dos meses, que ya lo has visto todo y que sólo estás paseando), él te dice que esta mañana, o esta tarde, el lugar a donde vas está cerrado al público porque hay una fiesta budista, o por cualquier otro pretexto. A continuación te señalará alternativas para tu visita, adornando todo ello con consejos sobre cómo moverse por Bangkok, los precios que debes aceptar, etc. Finalmente te consigue un tuk-tuk para asegurarse de que te diriges inmediatamente a los lugares que te ha recomendado. El truco está en que esos lugares son secundarios, de dudoso interés, y probablemente entre ellos habrá una tienda o una agencia de viajes donde se lleva comisión. El asunto no tiene por qué resultar gravoso a no ser que te pongas a comprar como un imbécil, pero el tiempo que te han hecho perder será tiempo perdido para siempre.
Los Buscavidas.
Dado que el Gran Palacio está muy cerca de Khaosan Road decidimos ir caminando desde el hotel. Afortunadamente estábamos avisados de lo descrito más arriba gracias a las notas al respecto que contenía la guía y a los avisos que estaban pegados en las paredes del hotel.
No habíamos recorrido un tercio del camino cuando nos abordó un tailandés de mediana edad interesándose por nuestro viaje; cuando en vez de contestarle como la lógica pide que llevábamos en el país dos meses, que ya lo habíamos visto todo y que sólo estábamos paseando, le dijimos que éramos nuevos e íbamos al Gran Palacio ¡oh coincidencia! nos contó que esta mañana era mal momento para visitarlo porque había una fiesta budista y estaba todo lleno de tailandeses rezando. A continuación desarrolló todo el proceso anteriormente descrito, a saber: el Gran Palacio estaba cerrado hasta las dos y media, pero a cambio podíamos visitar dos templos muy interesantes, uno de los cuales únicamente abría una semana al año al público con motivo de la misma fiesta por la cual estaba cerrado el Palacio; el primero era gratis y tenía un buda gigante, mientras que en el segundo cobraban 40 Bath por entrar y allí no podíamos dejar de dar de comer a los peces porque daba muy buena suerte. También nos contó que no aceptásemos más de 50 Bath por un viaje en Tuk-Tuk, que si queríamos dar un paseo en barca debíamos coger un thai boat, que si necesitábamos una agencia de viajes nos saldría más barato acudir a la T.A.T (Tourism Authority of Thailand), etc. A punto estuvo de conseguir montarnos en un tuk-tuk, pero logramos resistirnos a sus cantos de sirena.
Tras deshacernos del pícaro cruzamos por terrenos de la universidad, donde pudimos disfrutar de la interesante belleza de las veinteañeras tailandesas cuando llevan su uniforme universitario minifaldero con prieta camisita blanca. Este recorrido había sido consejo del buscavidas y demostró ser cierto que por ahí se ahorra tiempo, como quedaba claro sobre el plano una vez que sabes que la manzana que ocupa la universidad puede cruzarse.
Habíamos recién salido del campus universitario cuando nos abordó un joven tailandés, supuesto estudiante de económicas, interesándose por nuestro viaje; cuando en vez de contestarle como la lógica pide que llevábamos en el país dos meses, que ya lo habíamos visto todo y que sólo estábamos paseando, le dijimos que éramos nuevos e íbamos al Grand Palace ¡oh coincidencia! nos contó que esta mañana era mal momento para visitarlo porque había una fiesta budista y estaba todo lleno de tailandeses rezando. A continuación nos relató exactamente la misma historia y nos recomendó exactamente los mismos lugares que el anterior buscavidas. ¡Y caímos! En aquel momento pensamos que nos estábamos pasando de desconfiados, pues dos personas que no tenían nada que ver habían venido con la misma historia, así que… ¡caímos!
Que ambos buscavidas contaran exactamente lo mismo fue determinante. Quizá en Tailandia exista un gremio de buscavidas, o tal vez el tiempo haya popularizado unas historias estándar, o simplemente los sitios donde se llevan comisión les instruyen sobre qué decir. Lo que me resisto a creer es que el primer buscavidas hubiera sacado una emisora en cuanto nos fuimos y hubiera lanzado una llamada general de emergencia en términos parecidos a: "¡No han caído! Repito: ¡no han caído! Van en dirección a la universidad. Seguimos con el plan. ¡Interceptadlos a la salida!".
El Tour Sobrevenido.
Total: que avisados y todo consentimos en que nos apartaran de nuestro camino. El pícaro nos pactó un buen precio con un tuk-tuk (50 Bath) y justo antes de que partiéramos añadió una tercera recomendación: un centro comercial donde podríamos encontrar Armani muy rebajado. Los templos no estaban muy lejos, aunque sí al otro lado de Khaosan. El primero fue el del buda grandón, mientras que el segundo fue el de dar de comer a los peces. En ambos casos el conductor esperó en el exterior a que acabásemos la visita.
El templo del buda grandón era gratis (si bien no faltaban urnas de donativos y gente vendiendo cosas), pero para entrar en el de dar de comer a los peces había que pagar 40 Bath, tal y como nos habían avisado. En el transcurso de nuestra visita fuimos bendecidos por un monje que nos derramó por encima agua bendita recogida con un manojo de varas de incienso, tras lo cual nos intentó vender un medallón-amuleto muy feo, aunque sin insistencia. Luego tocó dar de comer a los peces. Esperábamos un estanque con bellos pececitos de colores en el interior del templo, pero resulta que el dar de comer a los peces ni siquiera era dentro del templo, sino que había que salir e ir hasta la orilla del río, a unos 100 metros, comprar por 20 Bath un pequeño cubo lleno de bolitas alimenticias y echarlas al agua, momento en el cual una marabunta, un enjambre, una muchedumbre de peces grises y grandes con aspecto de siluro surgió las profundidades y comenzaron a retorcerse los unos sobre los otros para conseguir el alimento, de forma que la superficie del agua se transformó en una viscosa y excitada masa que se revolvía compulsivamente. En la foto queda bastante claro. Se supone que alimentar a dichos peces trae suerte, así que entre eso y la bendición del monje salimos de allí con un escudo de protección impenetrable que como veremos se demostró muy útil.
Cuando llegué por la noche al hotel consulté acerca de ambos templos y lo que me temía se confirmó: uno de ellos aparecía como un destino secundario y el otro ni se mencionaba. Sin embargo salimos de ambos lugares contentos, pues los templos budistas con todos sus dorados y su recargamiento son tan novedosos a tus ojos que no estás capacitado para distinguir si tienen algo especial o no, así que cualquier cosa te parece bien. Esto me lleva a una reflexión: ¿cómo apreciar si algo totalmente nuevo para ti merece la pena cuando no tienes ninguna referencia que te permita contraponerlo a lo vulgar? Sencillamente no puedes, pues adquiere la condición de extraordinario. Debe ser lo mismo que les pasa a los japoneses cuando los encuentras fotografiando el retablo de una iglesia construida por el franquismo. En la foto que acompaña a este párrafo podéis contemplar el "altar mayor" del templo del buda grandón, que data de mediados del Siglo XX. ¿A que no parece mal?
Hay otras preguntas que asaltaron mi mente, como: ¿Recibirán los buscavidas algún tipo de incentivo de dichos templos para que desvíen turistas hacia ellos? ¿Serán feligreses de los mismos? Misterio.
Agencias y Sastrerías.
Al tercer lugar yo no quería ir (tengo una testigo), pero Patri declaró que igual aprovechaba para comprar una camisa de flores y paramecios para vete a saber tú quien, así que al final le dijimos al conductor que nos llevase. Sin embargo lo que nos encontramos no fue un centro comercial como suponíamos, sino una gran sastrería. Bangkok está lleno de sastres y sastrerías; se supone que si necesitas un buen traje te puedes hacer aquí uno a medida por, relativamente, poco dinero; además, Armani tiene sus fábricas en Tailandia con el fin de poder sacar una plusvalía usurera de sus productos, así que también se pueden adquirir trajes de dicha marca muy baratos. Como no estábamos interesados en nada de lo referido salimos del lugar deprisa y sin gastar un duro, a pesar de los numerosos anzuelos que un dependiente nos lanzó nada más abrir la puerta.
Como teníamos aún que arreglar los billetes hasta Chiang Mai pedimos al conductor que nos llevase hasta la supuesta T.A.T. que nos habían señalado en el mapa los buscavidas. La visita fue un fracaso. En primer lugar, aparte del vuelo nos querían vender también el alojamiento y una excursión a la selva. En segundo lugar, el vuelo a Chiang-Mai nos costaba creo recordar unos 100 euros al cambio cuando Patri había visto por Internet que Air Asia los vendía a 30. Cuando le hicimos al dependiente esta observación empezó a justificarse diciendo que había que reservar con dos semanas de antelación para conseguir ese precio. Como no nos lo tragamos, nos fuimos.
El Gran Palacio incluye además de los templos diversos pabellones reales todavía en uso, como los de la foto.
A continuación el conductor del tuk-tuk tuvo su propia iniciativa y nos llevó sin pedírselo a otra T.A.T., supongo que a la que a él le daba comisión, pues la otra era la que les daba comisión a los buscavidas. Fue entonces cuando me cosqué de que ni esta ni la anterior eran propiamente la T.A.T., sino agencias privadas bajo licencia de la T.A.T., que es muy diferente.
Como la anterior visita había sido un fiasco entramos de nuevo, pero esta vez por lo que preguntamos fue por el viaje de Bangkok a Koh-Tao, pues estaba decidido que el viaje a Chiang Mai lo íbamos a sacar por Internet. Tras mucho insistir logramos que cejase en su empeño de vendernos también el alojamiento y un cursillo de buceo, pero sí contratamos el autobús + ferry de Bangkok a Koh-Tao. De esto luego Patri se arrepentiría amargamente convencida de haber pagado un monstruoso sobreprecio por no haber hecho lo que cualquier tailandés habría hecho: sacar el billete en la estación de autobuses. Bueno, en todo caso hay que valorar también el tiempo adicional que habríamos perdido yendo, haciendo cola y viniendo.
Una vez que acabamos de hacer el primo en la segunda agencia de viajes le dijimos a nuestro conductor que nos llevase al Gran Palacio. No hubo más trampa, allí nos llevó directamente e intentó cobrarnos lo que habíamos pactado: 50 Bath. Me pareció poquísimo, pues el tipo había estado más de dos horas con nosotros, así que consideré justo pagarle 100 Bath a pesar de la comisión que se iba a llevar en la segunda agencia. Y es que 50 Bath es lo que te cobran tras regatear por llevarte a un sitio que no está a más de 15 minutos.
El Gran Palacio.
Al llegar a las puertas del Gran Palacio se acabaron de confirmar mis sospechas: aunque todavía quedaba algo más de una hora para el momento en que según nuestros buscavidas terminarían los actos festivos, el flujo de turistas entrando y saliendo era normal y no se advertía ninguna excepcionalidad.
Antes de entrar comimos en las inmediaciones, comida que de nuevo volvió a estar buena y ser barata. Curiosamente no advertimos durante nuestro viaje a Tailandia una diferencia apreciable en calidad o precio entre los establecimientos situados justo frente a las principales atracciones turísticas y los que están más allá. No tiene mucho sentido por lo tanto perder el tiempo en huir de las zonas más turísticas para comer. Ahora bien, también es cierto que no llegamos a entrar en ningún sitio 100% popular.
Para acceder al Gran Palacio Patri tuvo que adecentarse un poco, pues su vaporoso vestido no era considerado adecuado para tan santo lugar. Están prohibidos pantalones cortos y minifaldas, mallas y leotardos, camisetas sin mangas y ombligos u hombros al aire. Como lo llevan a rajatabla y todos los turistas van bastante destapados, en cualquier templo o palacio que se precie hay un guardarropa bien montado a la entrada donde a cambio de una fianza te entregan pantalones y camisas para que tapes tus vergüenzas; y es que si no fuera así se quedarían sin entrar la mitad de los visitantes. Para disgusto de Patri no consideraron que su vestido fuese lo suficientemente corto, así que únicamente le hicieron entrega de una bonita camisa verde que no hubiera desmerecido que aquella que tenía intención de comprar por la mañana, por lo que estuvimos pensando en pasar de la fianza y llevárnosla; en la foto que ilustra este apartado podemos contemplarla mientras la luce en el pórtico de acceso al Templo del Buda Esmeralda. En mi caso no hizo falta ningún aditamento, pues ya sabéis que opino que los pantalones cortos son un engendro estético intolerable y que a todos los que los llevan y no están haciendo deporte habría que cortarles las piernas a la altura del pantalón.
No voy a hablar del Gran Palacio, ya que para eso ya están las fotos de mi álbum web y sus comentarios.
El Barrio Chino.
Tras la visita al Gran Palacio descartamos seguir a Wat Poh porque ya eran cerca de las cinco, que es la hora a la que se corta la admisión de nuevos turistas en los monumentos de Bangkok; además, la luz comienza a declinar y se hace difícil sacar fotografías. Aquí es cuando realmente nos jodió el habernos dejado engatusar por la mañana. Aprovechamos en cambio para dar un paseín hasta las primeras calles del barrio chino, pues apenas estábamos a 10 minutos. Allí nos encontramos con un animado mercado callejero y gente con pinta de chinos.
Encontrarnos con un animado mercado callejero tampoco se puede decir que nos sorprendiese, de hecho quizá nos hubiera sorprendido más no encontrarlo. Bangkok está atestado de mercados callejeros allá por donde vayas. Puede haber mercados formados únicamente por puestos ambulantes o mercados que en realidad son una extensión de las tiendas que flanquean la vía pública, como es el caso de la primera foto que acompaña a este texto.
En este segundo caso como vemos montan un expositor exterior a caballo entre la acera y el primer carril de la calzada y cubren el pasillo que queda con una lona o parasol, de modo que la acera se convierte en una suerte de túnel flanqueado a ambos lados por la mercancía que se vende, sea ropa, objetos, esclavos, comida o, como en el caso del mercado que nos ocupa, vegetales, frutas y flores, zona esta última que vemos en la foto de la izquierda. Como el espacio es estrecho a poca gente que haya da sensación de abigarramiento. Si a esto le sumamos peatones caminando por la carretera para poder ir más rápido y cruzando de un lado a otro por cualquier lugar, coches y taxis parándose a los lados para dejar o coger gente, camionetas cargando o descargando sus mercancías y un tráfico infernal en el espacio que queda, tenemos el ambiente que se vive en dichos mercados. No es apto para claustrofóbicos o sociofóbicos.
Retirada Segunda.
Dado que ya era casi de noche y apetecía una ducha tocó retirada. Como estábamos relativamente cerca decidimos volver en tuk-tuk. Todos debéis saber en este punto que Patri es buena regateadora, mientras que a mí por el contrario el asunto del regateo me avaga profundamente; es por ello que dejé en sus manos la discusión que se avecinaba. El primer ofrecimiento fueron 80 Bath y el precio final quedó en 40, así que la negociación estuvo bien llevada. Como sabéis el tuk-tuk es el equivalente del coco-taxi de La Habana, es decir, un triciclo con capota. En realidad no existe razón alguna que aconseje coger un tuk-tuk, a no ser por probar y por que el aire te de en la cara. Un taxi siempre te va a salir más barato (la bajada de bandera son 35 Bath) y resultará más cómodo, sobre todo porque buena parte de los tuk-tuk adolecen de un muy escaso mantenimiento.
Cuando llegamos al hotel nos conectamos a Internet en su cibercafé (10 minutos = 10 Bath), entramos en la página de Air Asia y sacamos nuestros billetes a Chiang Mai, los cuales muy amablemente nos imprimió el recepcionista travesti tras consignar su e-mail en los datos del billete. Luego me pregunté si haciendo esto no le habríamos condenado a recibir publicidad de Air Asia por lo que le queda vida. Como sospechábamos, lo que nos habían dicho por la mañana en la agencia de viajes era mentira; con solo dos días de antelación conseguimos nuestros billetes a 40 euros ida y vuelta, tasas y demás zarrias incluidas.
Tras una fantástica ducha al lado del váter tocó arreglarse un poco, pues hoy íbamos a conocer Bangkok la nuit más allá de Khaosan Road. Ataviados con nuestras mejores galas salimos a rendir la capital de Tailandia a nuestros pies.
Pero esto, ya es otro mantra.
Bienvenidos de nuevo. Amanece un nuevo día sobre Bangkok, igual que lo lleva haciendo desde la noche de los tiempos, cuando por ser noche no había amanecido hasta entonces. Nuestros objetivos para este primer día son: el Gran Palacio, Wat Pho y no ser timados.
Si bien los dos primeros objetivos son fácilmente entendibles, quizá haga falta ampliar un poco de información sobre el tercero.
Objetivo: el Turista.
En Bangkok existe cierta mafia alrededor del turista. Es de hecho después de La Habana el lugar donde más me han dado la lata, si bien hay que aclarar que no estuve en Marruecos, Egipto, Turquía u otros lugares cuya fama de acoso al turista me disuade visitar. Debo aclarar que no hay nada que más me moleste que la gente que intenta venderme algo sin habérselo pedido, con el agravante de que tengo como norma no comprar suvenires durante mis viajes, así que los pelmazos nunca me van a ser de utilidad alguna.
El "acoso" en Bangkok es sin embargo más sibilino que en los lugares citados. No viene gente a venderte cosas directamente, sino que tratan de que tú mismo te metas en la boca del lobo. El truco estándar consiste en lo siguiente: un tailandés de cualquier edad o condición se acerca a ti y te pregunta la nacionalidad, tras lo cual afirmará que estuvo en Barcelona, o que es del Barcelona, o que tiene amigos en Barcelona. Tras eso te pregunta cuánto tiempo llevas en Bangkok y a dónde vas (cabe recalcar que ante estas dos preguntas encadenadas cualquiera que esté de viaje por un lugar turístico debe salir corriendo con independencia de todo lo demás). Cuando estúpidamente le dices que has llegado ayer y que vas a ver tal o cual sitio (en vez de contestarle como la lógica pide que llevas en el país dos meses, que ya lo has visto todo y que sólo estás paseando), él te dice que esta mañana, o esta tarde, el lugar a donde vas está cerrado al público porque hay una fiesta budista, o por cualquier otro pretexto. A continuación te señalará alternativas para tu visita, adornando todo ello con consejos sobre cómo moverse por Bangkok, los precios que debes aceptar, etc. Finalmente te consigue un tuk-tuk para asegurarse de que te diriges inmediatamente a los lugares que te ha recomendado. El truco está en que esos lugares son secundarios, de dudoso interés, y probablemente entre ellos habrá una tienda o una agencia de viajes donde se lleva comisión. El asunto no tiene por qué resultar gravoso a no ser que te pongas a comprar como un imbécil, pero el tiempo que te han hecho perder será tiempo perdido para siempre.
Los Buscavidas.
Dado que el Gran Palacio está muy cerca de Khaosan Road decidimos ir caminando desde el hotel. Afortunadamente estábamos avisados de lo descrito más arriba gracias a las notas al respecto que contenía la guía y a los avisos que estaban pegados en las paredes del hotel.
No habíamos recorrido un tercio del camino cuando nos abordó un tailandés de mediana edad interesándose por nuestro viaje; cuando en vez de contestarle como la lógica pide que llevábamos en el país dos meses, que ya lo habíamos visto todo y que sólo estábamos paseando, le dijimos que éramos nuevos e íbamos al Gran Palacio ¡oh coincidencia! nos contó que esta mañana era mal momento para visitarlo porque había una fiesta budista y estaba todo lleno de tailandeses rezando. A continuación desarrolló todo el proceso anteriormente descrito, a saber: el Gran Palacio estaba cerrado hasta las dos y media, pero a cambio podíamos visitar dos templos muy interesantes, uno de los cuales únicamente abría una semana al año al público con motivo de la misma fiesta por la cual estaba cerrado el Palacio; el primero era gratis y tenía un buda gigante, mientras que en el segundo cobraban 40 Bath por entrar y allí no podíamos dejar de dar de comer a los peces porque daba muy buena suerte. También nos contó que no aceptásemos más de 50 Bath por un viaje en Tuk-Tuk, que si queríamos dar un paseo en barca debíamos coger un thai boat, que si necesitábamos una agencia de viajes nos saldría más barato acudir a la T.A.T (Tourism Authority of Thailand), etc. A punto estuvo de conseguir montarnos en un tuk-tuk, pero logramos resistirnos a sus cantos de sirena.
Tras deshacernos del pícaro cruzamos por terrenos de la universidad, donde pudimos disfrutar de la interesante belleza de las veinteañeras tailandesas cuando llevan su uniforme universitario minifaldero con prieta camisita blanca. Este recorrido había sido consejo del buscavidas y demostró ser cierto que por ahí se ahorra tiempo, como quedaba claro sobre el plano una vez que sabes que la manzana que ocupa la universidad puede cruzarse.
Habíamos recién salido del campus universitario cuando nos abordó un joven tailandés, supuesto estudiante de económicas, interesándose por nuestro viaje; cuando en vez de contestarle como la lógica pide que llevábamos en el país dos meses, que ya lo habíamos visto todo y que sólo estábamos paseando, le dijimos que éramos nuevos e íbamos al Grand Palace ¡oh coincidencia! nos contó que esta mañana era mal momento para visitarlo porque había una fiesta budista y estaba todo lleno de tailandeses rezando. A continuación nos relató exactamente la misma historia y nos recomendó exactamente los mismos lugares que el anterior buscavidas. ¡Y caímos! En aquel momento pensamos que nos estábamos pasando de desconfiados, pues dos personas que no tenían nada que ver habían venido con la misma historia, así que… ¡caímos!
Que ambos buscavidas contaran exactamente lo mismo fue determinante. Quizá en Tailandia exista un gremio de buscavidas, o tal vez el tiempo haya popularizado unas historias estándar, o simplemente los sitios donde se llevan comisión les instruyen sobre qué decir. Lo que me resisto a creer es que el primer buscavidas hubiera sacado una emisora en cuanto nos fuimos y hubiera lanzado una llamada general de emergencia en términos parecidos a: "¡No han caído! Repito: ¡no han caído! Van en dirección a la universidad. Seguimos con el plan. ¡Interceptadlos a la salida!".
El Tour Sobrevenido.
Total: que avisados y todo consentimos en que nos apartaran de nuestro camino. El pícaro nos pactó un buen precio con un tuk-tuk (50 Bath) y justo antes de que partiéramos añadió una tercera recomendación: un centro comercial donde podríamos encontrar Armani muy rebajado. Los templos no estaban muy lejos, aunque sí al otro lado de Khaosan. El primero fue el del buda grandón, mientras que el segundo fue el de dar de comer a los peces. En ambos casos el conductor esperó en el exterior a que acabásemos la visita.
Hay otras preguntas que asaltaron mi mente, como: ¿Recibirán los buscavidas algún tipo de incentivo de dichos templos para que desvíen turistas hacia ellos? ¿Serán feligreses de los mismos? Misterio.
Agencias y Sastrerías.
Al tercer lugar yo no quería ir (tengo una testigo), pero Patri declaró que igual aprovechaba para comprar una camisa de flores y paramecios para vete a saber tú quien, así que al final le dijimos al conductor que nos llevase. Sin embargo lo que nos encontramos no fue un centro comercial como suponíamos, sino una gran sastrería. Bangkok está lleno de sastres y sastrerías; se supone que si necesitas un buen traje te puedes hacer aquí uno a medida por, relativamente, poco dinero; además, Armani tiene sus fábricas en Tailandia con el fin de poder sacar una plusvalía usurera de sus productos, así que también se pueden adquirir trajes de dicha marca muy baratos. Como no estábamos interesados en nada de lo referido salimos del lugar deprisa y sin gastar un duro, a pesar de los numerosos anzuelos que un dependiente nos lanzó nada más abrir la puerta.
Como teníamos aún que arreglar los billetes hasta Chiang Mai pedimos al conductor que nos llevase hasta la supuesta T.A.T. que nos habían señalado en el mapa los buscavidas. La visita fue un fracaso. En primer lugar, aparte del vuelo nos querían vender también el alojamiento y una excursión a la selva. En segundo lugar, el vuelo a Chiang-Mai nos costaba creo recordar unos 100 euros al cambio cuando Patri había visto por Internet que Air Asia los vendía a 30. Cuando le hicimos al dependiente esta observación empezó a justificarse diciendo que había que reservar con dos semanas de antelación para conseguir ese precio. Como no nos lo tragamos, nos fuimos.
A continuación el conductor del tuk-tuk tuvo su propia iniciativa y nos llevó sin pedírselo a otra T.A.T., supongo que a la que a él le daba comisión, pues la otra era la que les daba comisión a los buscavidas. Fue entonces cuando me cosqué de que ni esta ni la anterior eran propiamente la T.A.T., sino agencias privadas bajo licencia de la T.A.T., que es muy diferente.
Como la anterior visita había sido un fiasco entramos de nuevo, pero esta vez por lo que preguntamos fue por el viaje de Bangkok a Koh-Tao, pues estaba decidido que el viaje a Chiang Mai lo íbamos a sacar por Internet. Tras mucho insistir logramos que cejase en su empeño de vendernos también el alojamiento y un cursillo de buceo, pero sí contratamos el autobús + ferry de Bangkok a Koh-Tao. De esto luego Patri se arrepentiría amargamente convencida de haber pagado un monstruoso sobreprecio por no haber hecho lo que cualquier tailandés habría hecho: sacar el billete en la estación de autobuses. Bueno, en todo caso hay que valorar también el tiempo adicional que habríamos perdido yendo, haciendo cola y viniendo.
Una vez que acabamos de hacer el primo en la segunda agencia de viajes le dijimos a nuestro conductor que nos llevase al Gran Palacio. No hubo más trampa, allí nos llevó directamente e intentó cobrarnos lo que habíamos pactado: 50 Bath. Me pareció poquísimo, pues el tipo había estado más de dos horas con nosotros, así que consideré justo pagarle 100 Bath a pesar de la comisión que se iba a llevar en la segunda agencia. Y es que 50 Bath es lo que te cobran tras regatear por llevarte a un sitio que no está a más de 15 minutos.
El Gran Palacio.
Al llegar a las puertas del Gran Palacio se acabaron de confirmar mis sospechas: aunque todavía quedaba algo más de una hora para el momento en que según nuestros buscavidas terminarían los actos festivos, el flujo de turistas entrando y saliendo era normal y no se advertía ninguna excepcionalidad.
Para acceder al Gran Palacio Patri tuvo que adecentarse un poco, pues su vaporoso vestido no era considerado adecuado para tan santo lugar. Están prohibidos pantalones cortos y minifaldas, mallas y leotardos, camisetas sin mangas y ombligos u hombros al aire. Como lo llevan a rajatabla y todos los turistas van bastante destapados, en cualquier templo o palacio que se precie hay un guardarropa bien montado a la entrada donde a cambio de una fianza te entregan pantalones y camisas para que tapes tus vergüenzas; y es que si no fuera así se quedarían sin entrar la mitad de los visitantes. Para disgusto de Patri no consideraron que su vestido fuese lo suficientemente corto, así que únicamente le hicieron entrega de una bonita camisa verde que no hubiera desmerecido que aquella que tenía intención de comprar por la mañana, por lo que estuvimos pensando en pasar de la fianza y llevárnosla; en la foto que ilustra este apartado podemos contemplarla mientras la luce en el pórtico de acceso al Templo del Buda Esmeralda. En mi caso no hizo falta ningún aditamento, pues ya sabéis que opino que los pantalones cortos son un engendro estético intolerable y que a todos los que los llevan y no están haciendo deporte habría que cortarles las piernas a la altura del pantalón.
No voy a hablar del Gran Palacio, ya que para eso ya están las fotos de mi álbum web y sus comentarios.
El Barrio Chino.
Encontrarnos con un animado mercado callejero tampoco se puede decir que nos sorprendiese, de hecho quizá nos hubiera sorprendido más no encontrarlo. Bangkok está atestado de mercados callejeros allá por donde vayas. Puede haber mercados formados únicamente por puestos ambulantes o mercados que en realidad son una extensión de las tiendas que flanquean la vía pública, como es el caso de la primera foto que acompaña a este texto.
Retirada Segunda.
Dado que ya era casi de noche y apetecía una ducha tocó retirada. Como estábamos relativamente cerca decidimos volver en tuk-tuk. Todos debéis saber en este punto que Patri es buena regateadora, mientras que a mí por el contrario el asunto del regateo me avaga profundamente; es por ello que dejé en sus manos la discusión que se avecinaba. El primer ofrecimiento fueron 80 Bath y el precio final quedó en 40, así que la negociación estuvo bien llevada. Como sabéis el tuk-tuk es el equivalente del coco-taxi de La Habana, es decir, un triciclo con capota. En realidad no existe razón alguna que aconseje coger un tuk-tuk, a no ser por probar y por que el aire te de en la cara. Un taxi siempre te va a salir más barato (la bajada de bandera son 35 Bath) y resultará más cómodo, sobre todo porque buena parte de los tuk-tuk adolecen de un muy escaso mantenimiento.
Cuando llegamos al hotel nos conectamos a Internet en su cibercafé (10 minutos = 10 Bath), entramos en la página de Air Asia y sacamos nuestros billetes a Chiang Mai, los cuales muy amablemente nos imprimió el recepcionista travesti tras consignar su e-mail en los datos del billete. Luego me pregunté si haciendo esto no le habríamos condenado a recibir publicidad de Air Asia por lo que le queda vida. Como sospechábamos, lo que nos habían dicho por la mañana en la agencia de viajes era mentira; con solo dos días de antelación conseguimos nuestros billetes a 40 euros ida y vuelta, tasas y demás zarrias incluidas.
Tras una fantástica ducha al lado del váter tocó arreglarse un poco, pues hoy íbamos a conocer Bangkok la nuit más allá de Khaosan Road. Ataviados con nuestras mejores galas salimos a rendir la capital de Tailandia a nuestros pies.
Pero esto, ya es otro mantra.
- Hora local: 17:33.
- Temperatura: 19ºC.
- Humedad: 88%.
- Temperatura máxima: 20ºC.
- Temperatura mínima: 17ºC.
Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.
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"Dejad que los perros ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos." [Don Quijote - Orson Welles]