viernes, 27 de febrero de 2009

SOBRE EL DÍA EN QUE ESTUVE A PUNTO DE MORIR - CAPÍTULO II.


Apreciados compinches:


Debo en primer lugar tranquilizaros, esto no es la saga de la Guerra de las Galaxias. Con dos episodios va que chuta, así que éste es conclusivo.

Como bien recordaréis, el capítulo primero había concluido con una afirmación por mi parte:
“Hombre, bastante más peligroso es venir a trabajar”.
Para demostrar mi afirmación voy a prescindir del hecho de que para ir al curro deba conducir todos los días durante hora y media larga por las carreteras de Qatar, porque los riesgos asociados a tal práctica son comprendidos por todos y ya han sido objeto de numerosas líneas en este blog. Me centraré por lo tanto en el trabajo en sí.

Desde que comencé a trabajar como ingeniero eléctrico me llamó poderosamente la atención que no existe un solo Jefe de Equipo veterano que no haya visto morir a alguien en el trabajo o no estuviese a cuatro pasos de donde murió alguien en el trabajo. Es muy posible que algunas veces sean historias que han oído a otros y que repiten como suyas, pero lo cierto es que comentar accidentes graves es parte del acervo cultural de una obra.

Así, durante todo este tiempo me he ido enterando de maravillosas historias a este respecto, algunas de las cuales han resistido en mi memoria el pasar del tiempo y paso a relataros a continuación. Hay más, pero desgraciadamente han caído en el olvido o no las recuerdo con la suficiente coherencia como para plasmarlas aquí.

Alta Tensión.

Así, hubo una vez un supervisor que pidió a un ayudante de la contrata que comprobara el voltaje en unas barras de media tensión, a 6.300 voltios. El supervisor no dijo más, dio por supuesto que el ayudante, con su polímetro, comprobaría dicha tensión en los bornes auxiliares que para tal cometido existen, entre los cuales se mide una magnitud reducida y proporcional a la real. Desgraciadamente debía estar el ayudante un poco bajo de formación, así que cuando acercó los terminales de su polímetro directamente a las barras, los 6.300 V no dudaron en atravesar el patético aislamiento para 1.000 V del aparato y cerrarse de brazo a brazo del infortunado trabajador, cuya muerte al menos debió ser instantánea. Al supervisor se lo tuvieron que llevar presa de un ataque de nervios, y nunca pudo quitarse de encima la sensación de haber enviado a aquel hombre a la muerte. Para los más mal pensados, debo aclarar que ese supervisor NO era yo.


Cortocircuito a 6.300 voltios.

Para ilustrar el tema de los chispazos en alta tensión he subido el simpático vídeo que veis sobre estas líneas, donde podréis apreciar que si el cortocircuito en vez de en el interruptor de casa ocurre en un interruptor industrial como el que estos dos hombres están armando la cosa es más espectacular. Lo mismo que ellos están haciendo lo he hecho yo varias veces, aunque con resultados más felices. Él, lo más lógico es que haya fallecido.

Como no quiero cargar mucho mi cuenta, os pongo a continuación los enlaces a otros dos vídeos muy bonitos sobre electricidad:
  1. Equivalente en alta tensión a la chispa que salta en el enchufe de casa cuando tiramos de él sin desconectar antes el aparato.
  2. Cómo estalla un transformador de potencia ante un cortocircuito recurrente.

Caída Cómica.


Algunas veces los accidentes adquieren tintes cómicos. Así, iba Alfonso caminando por la obra cuando oyó que le decían desde lo alto de un andamio: “¡Alfonso, sube aquí a ayudarnos, anda!” Fue hace bastantes años, cuando los andamios todavía consistían en piezas laterales amarillas unidas con unas crucetas negras que les daban rigidez, consistiendo el piso en tablones de madera apoyados sin más en ambos extremos sobre las piezas amarillas (seguro que os acordáis de ellos), andamios afortunadamente hoy en día prohibidos por Ley en España. Los tres compañeros de Alfonso estaban intentando encajar a fuerza viva sobre un soporte un tubo muy pesado que se hallaba sujeto con trácteles por encima de sus cabezas. Alfonso, como buen compañero, subió y se puso a ayudar.

Ahora imaginaos la estampa: cuatro tipos fuertotes, hombres duros del montaje, haciendo fuerza sobre sus cabezas para colocar un pesado tubo en su sitio mientras los cuatro permanecen de pie en el centro del vano que formaban un par de tablones de madera a tres metros de altura. Entonces se oyó: “¡Venga, vamos, a la de una, a la de dos, y a la de traaaaack!... ¡plof! ¡ay! ¡plof! ¡ay! ¡plof! ¡ay! ¡plof! ¡ay!” Y desde tres metros cayeron los cuatro, recibiendo como propina algún que otro pedazo de tablón sobre sus cabezas. La suerte sonrió esta vez y todo se salvó con una fractura, un esguince y algunas contusiones. Bien es cierto que hubiera tenido mucha más gracia si también les hubiera caído el tubo encima, pero dado que estaba bien agarrados con los trácteles no tenía razón de ser. Muchos otros murieron por caer desde menor altura.

Accidente Nuclear.

Esto me recuerda otro accidente que también tiene tintes cómicos, si bien un poquito más escatológicos.

Una vez, en una nuclear, estaba “El Bierzo” en un equipo de mantenimiento currando durante la parada anual, esa donde se recarga un tercio de las barras de combustible atómico. El trabajo del día debían realizarlo en un lugar controlado, donde sólo se puede permanecer un tiempo reducido debido a la radiación. Las personas que trabajan en estos lugares llevan un dosímetro encima para controlar que no reciben más radioactividad que la permitida. Si dicho dosímetro comienza a pitar es que se ha superado la dosis y hay que salir del lugar. Este lugar en concreto era complicado, pues la estancia máxima estaba establecida en un par de horas y era un sitio además donde hacía bastante calor. No llevaban “El Bierzo” y su compañero media hora en el lugar, cuando el aparato comenzó a sonar. Salieron de allí por patas y tras las comprobaciones pertinentes se descubrió que ambos estaban contaminados por la espalda y que ya habían recibido la dosis máxima permitida, así que no podían seguir trabajando durante esa parada (en estos casos te envían para casa y ya no puedes entrar en una nuclear en un tiempo determinado marcado por la dosis recibida, si bien para la parada en concreto donde tuviste el percance percibes el sueldo en su totalidad, como si hubieses trabajado durante toda ella). Tras lavarles adecuadamente se les pudo descontaminar por completo. ¿Por completo? No. Un pequeño lugar en el físico de “El Bierzo” seguía conteniendo radiactividad: su culo.

Plano del fisionador de neutrones del generador de chorro de quarks de mi central. La radiactividad es tan alta que la operación tiene que realizarse con androides como el que veis dibujado.

¿Qué había ocurrido? Bueno, pues resulta que por el sitio donde estaban pasaba una tubería que con la planta en marcha lleva el agua de refrigeración del núcleo, muy radioactiva; esta tubería tendría que haber estado totalmente vacía, pero algo había fallado y únicamente se había vaciado hasta la mitad. El Bierzo y su compañero habían pasado cerca y se habían chupado desde atrás la intensa radiación que emitía el agua que quedaba dentro. Como eran radiaciones tipo alfa y beta se quedaron en la capa externa de la piel y fueron absorbidas por el sudor, ero dicho sudor resbaló por la espalda, cuando ésta acabó se canalizó por un surco, luego encontró un sumidero y, claro, en cuanto el sudor se metió por ahí halló un medio más permeable que la piel, así que la contaminación ya no era meramente superficial en ese punto. Para descontaminar a “El Bierzo” hubo que someterle a un lavado abrasivo realizado por el médico con el dedo corazón y guantes de látex, proceso que consiguió totalmente su objetivo al precio impedir a “El Bierzo” sentarse a gusto durante una temporada.

Trabajo bajo Presión.

Una fuente de accidentes muy habitual son las pruebas de presión, las cuales son muy corrientes, pues se hacen decenas de ellas en todas las obras para probar que los embridamientos y soldaduras de los sistemas de tuberías aguantan sin inmutarse una fuerza por centímetro cuadrado superior a la de trabajo. Estas pruebas se hacen siempre a vez y media la presión nominal del sistema.

A este respecto estaba una vez Vaquero participando en una prueba de presión neumática a un pequeño tanque (en su acepción de contenedor de gases o líquidos, no de máquina de guerra). Alguien estableció que la presión de prueba debían ser 150 bares (no en su acepción de lugar para tomar copas, sino en la de atmósferas de presión). Para profanos aclararé que semejante presión para una prueba neumática es una barbaridad, pero como debió ordenarlo alguien con mando tuvo que llevarse a cabo. No estaban ni a la mitad de la prueba cuando alguien dijo “¿no se está deformando eso?” y todos vieron entonces como la pintura se levantaba en un lado del tanque alrededor de un abombamiento mientras se oía un sospechoso crujido metálico. Evidentemente ni Vaquero ni el resto se quedaron allí a ver qué pasaba; cuando ya estaban fuera de la caseta batiendo seguramente algún récord mundial de velocidad se oyó un “plof”, nada estridente ni ensordecedor, un ruido sordo, como el de una roca muy pesada al caer sobre arena; a dicho ruido siguió un estruendo de escombros. Cuando se atrevieron a volver encontraron que una de las caperuzas que cierra el tanque por los extremos (lo que sería el culo de los camiones cisterna) se había desprendido de sus soldaduras, había atravesado la pared y se encontraba a 20m de distancia. La presión nominal del tanque resultó ser al final de 10 bares, con lo cual la presión de prueba debían haber sido 15. Ignoro si alguien dimitió.

En otra ocasión, estaba alguien cuyo nombre nunca supe atendiendo la prueba hidráulica de un circuito de alta presión; entonces un tapón roscado falló y salió disparado con tan mala fortuna que encontró por el camino la rodilla de un montador que caminaba por allí; y cuando digo encontró por el camino me refiero a que el tapón no se detuvo ahí, sino que la atravesó como si le hubieran disparado con un rifle, dejándolo cojo para toda la vida. Yo he pasado al lado de decenas de pruebas de estas y nunca pasa nada… hasta que pasa.

Muerte en las Profundidades.

Yo mismo ya he estado en una obra donde murió una persona. Fue en Castellón. Allí uno de los buzos que participaban en las obras de construcción de la toma de agua cometió una fatal equivocación. No me digáis cómo lo hizo, pero en vez de entrar en el canal de la central en construcción entró en la de la central ya construida, donde fue succionado y murió asfixiado al quedar atrapado por la corriente contra las rejas de protección del conducto de entrada del agua de refrigeración. Al ser una profesión tan peculiar y desarrollarse el incidente en la toma, lejos del tumulto principal de la obra, tuvo poca repercusión, pero para el buzo resultó ser lo mismo.

Debo decir que en mi actual destino aún no se ha producido ningún fallecimiento, hecho que, sinceramente, me sorprende. Me he llegado a preguntar si no será que a los hindúes que se mueren los hormigonan por la noche con las cimentaciones.

Una Serie de Catastróficas Desdichas.

No hace falta recurrir a profesiones lejanas, como la de un buzo, para encontrar historias cercanas. Podemos hallar ejemplos dentro de las mismas tareas que estuve ejecutando durante los dos años que anduve viajando por toda España (las únicas comunidades autónomas peninsulares donde no trabajé son Andalucía, Aragón y La Rioja). Esto ocurrió en la presa de Alcántara (Extremadura) sólo unos meses antes de que me incorporara a Iberdrola Ingeniería. Quien fuera que estaba encargado de aquella pequeña obra no realizó bien todas las comprobaciones necesarias y quedaron cruzados dos cables cuya misión era enviar dos lecturas de tensión; sólo eso, dos cables de varias decenas. Como consecuencia, el sincronizador automático comenzó a ver datos de tensión con signo contrario a los reales y mandó acoplar el generador de 240MVA con un desfase de 180º (como la mayoría no sabréis de qué estoy hablando, simplemente quedaros con que esto es algo muy malo). Juntándose el hambre con las ganas de comer, alguna protección no funcionó debidamente y el interruptor de excitación tardó en abrir, dando como resultado que la excitatriz del generador quedó echando humo (todavía de aquella tenían excitatriz, se cambió hace tres años por un sistema de excitación estático). Se movilizó entonces apresuradamente el retén de mantenimiento, pero la precipitación es mala consejera en estos casos, y tras cortar tensión en el grupo 3, entraron precipitadamente… en el 4. Resultado: tres personas acabaron en el hospital por una descarga eléctrica en cadena, dos de ellas con quemaduras graves. ¡Y todo por dos cables cruzados!

Péndulo Mortal.


La siguiente que os cuento fue sin embargo mucho menos rebuscada, aunque más trágica. Los problemas con eslingas no son privativos de los viajes al desierto, como conté en la primera entrega. Lo cierto es que en un lugar de cuyo nombre el testigo no quiere acordarse, estaban elevando una pieza grande y pesada. Cuando la pieza ya estaba bien alta, uno de los estrobos se rompió. La pieza entonces, libre en uno de sus extremos, se comportó como un enorme péndulo y barrió todo el área bajo ella y sus proximidades, encontrando en su recorrido a dos infortunados trabajadores que lanzó como peleles por encima de la barandilla a 15 metros de altura como si se tratase de una locomotora. Todo parece indicar que cuando llegaron al suelo ya estaban muertos.

Cuando Estuve a Punto de Morir.

Y llegó el momento. Después de tanta introducción os voy a contar por fin como fue la vez en que estuve a punto de morir ¿o pensabais que era broma? Pero debo decepcionaros: no fue en Qatar. Siento no haberlo dicho hasta ahora, pero sé que esto podría haberos quitado la ilusión y corría el riesgo de que no llegarais hasta aquí para leerlo.

Fue en la Central Térmica de Santurce (Bilbao).

Estábamos mejorando puntos de medida un compañero y yo (o más bien dirigiendo al contratista que lo hacía) cuando comprobando un circuito éste nos devolvió lecturas extrañas. Así no podíamos poner en servicio el sistema, con lo cual tras descartar que pudieran ser fantasmas empezamos a recorrerlo haciendo uso de los planos para localizar el fallo. Había que arreglarlo en el día, pues sin ese circuito el generador de 265 megavatios no podía arrancar y, aunque no estaba previsto ponerlo en marcha, un generador cobra aún estando parado siempre que pueda arrancar si se le pide, lo que se llama “disponibilidad”. En una de estas estaba yo hablando con el Jefe de Equipo del contratista mientras mi compañero hacia comprobaciones en un armario, queriendo La Desgracia que el destornillador lo tuviera yo en la mano; entonces mi compañero dijo: “Iván, vamos a abrir este borne por favor”. Fui para allá, metí el destornillador, desenrosqué el tornillo fijador, tiré del borne con fuerza y… ¡zas! Sólo sentí dos cosas: primero como si me acabasen de hacer una foto con flash a un metro de la cara, y segundo un puño invisible saliendo de aquel puto armario pegándome un puñetazo directo al esternón; esa fue exactamente la sensación. Cuando me quise dar cuenta estaba de pie a un metro del lugar que ocupaba hace sólo un segundo y con el brazo y la pierna izquierdos doloridos.
Haced caso a lo que dice este letrero. Os lo dice el tío Iván.

¿Qué pasó? Pues resulta que los planos estaban mal (cosa que sucede con más frecuencia de la que podéis suponer) y el borne no correspondía al circuito que pensábamos, así que no estaba fuera de servicio, con tan mala suerte que era lo que se llama un “circuito de intensidades”, una de cuyas características es que si los abres mientras funcionan se generan fuertes sobretensiones. Teniendo en cuenta que el destornillador era de tipo aislado, que estaba calzado con mis botas de seguridad y que aún así el puto circuito hizo tierra a través de mi pierna izquierda, es muy probable que me chupase más de 1.000 voltios. No se me quitó el dolor de cabeza hasta el día siguiente. Fue por cierto a partir de ese día cuando comencé a escuchar conversaciones a más de 1.000 metros, a ver a la gente desnuda bajo demanda, a mover objetos a distancia aún sin pretenderlo, a oir los pensamientos de los demás como si me estuvieran hablando y todas esas cosas tan molestas, pero esto, ya es otra historia.

¿Y de verdad estuve a punto de morir? Bueno, siento decepcionaros, pero aunque podría haber sucedido las posibilidades eran escasas, pues un circuito de intensidades no es un circuito de potencia, sino de medida, y como bien sabéis aunque lo peligroso es la tensión, lo que mata es la corriente. En fin, que si bien podría haberla palmado, lo más probable era que, tal y como ocurrió, todo hubiera quedado en un buen susto. Otro cantar hubiera sido si en vez de estar en paralelo con el circuito hubiera estado en serie... en fin, que en todo caso yo ya he recibido una descarga de 1.000 voltios y vosotros no. ¡Moriros de envidia!

Recapitulando: yo creo que está bien claro. ¡Qué dunas ni qué carajos! ¡Lo realmente peligroso en esta vida es ir a trabajar!

Cierre.

Una noticia publicada el año pasado acabó por convencerme de que mi última afirmación es radicalmente cierta.

Dicha noticia rezaba que en España habían muerto por causas directamente achacables al trabajo durante 2007, incluyendo accidentes laborales (826), in itínere (341) y enfermedades profesionales (16.115), un total de 17.282 personas. No está mal. Al parecer entre los muertos había muy pocos banqueros, terratenientes y grandes empresarios [nota: el número de muertos por enfermedades profesionales es una estimación de los sindicatos, pues las estadísticas oficiales son muy parciales]. Luego por supuesto están todo tipo de minusvalías asociadas a los accidentes graves y muy graves que suman muchos miles de personas más a esta tétrica estadística.

Bueno, espero que mañana por la mañana no os quedéis en casa por culpa de este texto. Muchos consuelos para todos.
  • Hora local: 17:47.
  • Temperatura: 25ºC.
  • Humedad: 43%.
  • Temperatura máxima: 33ºC.
  • Temperatura mínima: 21ºC
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.

jueves, 12 de febrero de 2009

COTIDIANÍAS QATARÍES, VOLUMEN III - ROAD MOVIE


Queridos fans:

Debo lamentar ante todo la tardanza en volver a publicar en este blog, pero cuando llegué a casa después de vacaciones me encontré con la desagradable sorpresa de mi conexión a Internet difunta, y en este país la velocidad únicamente aplica a los viajes por carretera. A partir de ahora, y salvo nuevos imprevistos, se recuperará la cadencia habitual de publicación.

Ya que he citado los viajes por carretera, en esta nueva entrega sobre las cotidianías que me acosan en Qatar me voy a centrar en el siempre apasionante mundo de la automoción, que como todo en este país tiene sus peculiaridades.

Me voy a montar por lo tanto en mi coche de prestado; giro la llave de contacto, pongo la directa, piso el acelerador, me olvido del embrague y nos movemos en dirección a cualquier parte. Sin embargo, una vez más, esa molesta lucecita del salpicadero se ha encendido: toca repostar. Me dirijo raudo hacia una gasolinera.

Las Gasolineras.

Las gasolineras qataríes son cómodas, ya que no te bajas del coche. Dado que hay un hindú por cada dos surtidores, simplemente bajas la ventanilla, le dices lo que quieres, le pagas desde dentro, pides la factura para que amablemente la empresa te la reembolse y a volar.

A la hora de pagar hay que tener en cuenta que muchos sitios no aceptan tarjetas; como no lleves metálico no te queda otra que dejar una identificación en prenda y volver más tarde con el dinero, lo cual es un coñazo porque en este país hay pocas oficinas bancarias por la calle.

Antes he hablado de salir volando de la gasolinera, y debo aclarar que no es descartable que alguna vez pueda ocurrir en su acepción más literal. ¿Acaso creéis que los qataríes van a apagar el aire acondicionado de su vehículo sólo porque tienen que repostar? Por supuesto que no. Dado que si apagas el motor no hay aire acondicionado, dejan el coche arrancado mientras el hindú rellena el depósito; total, los vapores que salen se los traga el otro. Si dejan el motor encendido os podéis suponer lo que ocurre con el móvil, las luces, la radio, etc. Si a esto le unimos que todos los coches son de gasolina (sólo 1 de cada 8 surtidores en diesel y es para los camiones) y unos 45ºC de temperatura a mediodía en verano, parece que estamos ante un cóctel explosivo. Menos mal que la gasolina es de menor octanaje que en España, pues sólo la hay de 90 y de 97.

Sin embargo, a pesar de lo dicho en el párrafo anterior que yo sepa nunca pasa nada. ¿Y si resulta que la peligrosidad de los móviles, la radio, las luces y todas esas zarandajas fuera una leyenda urbana? ¿Y si toda la parafernalia que rodea a las gasolineras en España fuera un engaño consciente para hacernos creer que vivimos en continuo peligro y así justificar la política antiterrorista, los recortes presupuestarios en Educación, la Ley de Huelga y la Monarquía? ¿Y si estamos siendo engañados? Pues esta vez no lo van a conseguir, pues pienso tomar medidas.

Por lo tanto está decidido; la próxima vez que reposte en España lo voy a hacer:
  1. Con el motor encendido y acelerado.
  2. Con las luces largas, las antiniebla y las de emergencia puestas.
  3. Con la radio a todo volumen y todas las ventanillas bajadas.
  4. Fumando un Farias.
  5. Hablando por un móvil y escuchando por otro.
  6. Restregándome contra los asientos como un gato en celo.
  7. Presionando el encendedor eléctrico.
  8. Con mi amigo el tragafuegos, para que ensaye con el surtidor.
Así demostraré la falsedad de la propaganda gubernamental y sembraré la semilla de la rebelíon. Ojalá Lenin lo hubiera tenido tan fácil.

Consumo Disgusto.

¿Y cuánto se gasta aquí en gasolina? pensaréis. Pues cada repostaje me sale casi siempre por 50 QAR o poco más, sin llegar a 55, así que puedo considerar que gasto de media 52 QAR. Dado que el litro de gasolina súper cuesta 80 dírhams, es evidente que cada vez que reposto echo unos 52/0,8 = 65 litros. ¿Y qué distancia recorro con esos 65 litros? Aproximadamente lleno el depósito una vez por semana, y esto sucede con bastante exactitud, así que puedo aproximar que con cada repostaje cubro los diez viajes semanales del trabajo a casa o viceversa más lo poco que uso el coche viernes y sábados. Dado que desde mi casa al trabajo hay 44 kilómetros y un fin de semana normal hago como mucho 10, en total con los 65 litros recorro 44x10+10 = 450 km. Por lo tanto, mi coche consume (65/450)*100 = 14,44 litros cada 100 km, que no está nada mal.

Si queréis hacer el mismo cálculo aproximado para vuestro automóvil es evidente que la fórmula es:


Siendo:
  • €t = Euros que acabáis de pringar en la gasolinera.
  • €1 = Precio del carburante por litro en dicha gasolinera.
  • L = Distancia que habéis recorrido desde el anterior repostaje.
Fórmula también conocida como “Ecuación fundamental de Holstein-Jonhson”.

Motores Qataríes.

La explicación de tan elevado consumo no hay que buscarla únicamente en que conduzca un 4x4 de gasolina cuyo aire acondicionado está permanentemente activado salvo unas pocas semanas en invierno. Hay motivos más profundos.

Resulta que en Qatar los coches son muy baratos. Esto es interesante porque si llevas más de un año residiendo en el país y más de seis meses en posesión del vehículo puedes meterlo en la Unión Europea sin impuestos. Si compras un coche de gama media-alta para arriba el ahorro es tanto que merece la pena pagar el transporte y rematricularlo en España, pues salvas miles de euros. O al menos eso parece.

Un ex-compañero que no soportó la presión se despidió y volvió para España con su flamante todoterreno comprado en Qatar. Cuando fue a poner en regla los papeles le dijeron que ese coche no podía circular por la Unión Europea. El motivo: su consumo y emisiones. Efectivamente: el mismo modelo de coche no se equipa con el mismo motor en Qatar y en España.
Típica autopista qatarí y típico paisaje qatarí.

En Qatar no hay ninguna regulación sobre consumo o emisiones, al contrario que en Europa. Los fabricantes de coches producirán motores caros y eficientes únicamente si les obliga la legislación, ya que vendiendo motores baratos y contaminantes ganarán más dinero al venderse más unidades, e incluso podrán ampliar los márgenes; no hay que olvidar que el objetivo de toda empresa privada es hacer dinero a corto plazo, no la conservación del medioambiente o los recursos [Aprovecho la oportunidad para publicar la respuesta del presidente de la farmacéutica Roche en Corea del Sur a las protestas por la negativa de la empresa a vender con descuento al gobierno el medicamento contra el sida Furzeon - “No estamos en este negocio para salvar vidas, sino para hacer dinero. Salvar vidas no es nuestro negocio.”] Así, cualquier marca fabricará varios tipos de motores para según qué países; en lugares como Qatar venderán motores contaminantes y de alto consumo, mientras que en España obligados por la legislación sólo podrán vender motores relativamente eficientes y de menor consumo. Estados Unidos se situaría a este respecto más cerca de Qatar que de España. En Qatar, por supuesto, los coches serán más baratos que en España a igualdad de impuestos. Si a esto le sumamos que en Qatar hay muchos menos impuestos, pues al final parece que sale a cuenta. Parece.

En todo caso para mi ex-compañero no todo está perdido, pues para casos como estos por lo visto se pueden hacer determinados papeleos que declaran el coche como excepción con el fin de que pueda circular.

En fin, una vez hecha publicidad por mi causa caigo en la cuenta de que tengo el coche hecho una mierda, así que aprovechando que salgo de los surtidores voy a ver si me lo lavan.

Lavar el Coche.

Si repostar el coche en Qatar es cómodo (y no me refiero al sucesor de Marco Aurelio), todo lo contrario puede decirse de lavarlo, que más bien es un puto coñazo y lo pongo sin dudar en primera posición dentro del ranquin de fastidios que tengo que afrontar periódicamente, máxime cuando para mí el coche no es más que una herramienta necesaria para desplazarme, pero incapaz de proporcionarme por sí mismo ningún tipo de satisfacción abstracta. Es por ello que cualquier tiempo o dinero que tenga que emplear en él me fastidian.

El problema en este país es que entre el abundante polvo y la frecuente humedad nocturna que lo pega al coche al cabo de dos semanas si no lo lavas se pone como para escribir tus memorias en el capó y comienza a ser penoso mirar a través de las ventanillas laterales y los retrovisores exteriores.

En España en semejantes condiciones me metería en un box con lanza a presión y en 10 minutos y 3,00€ estaría el asunto arreglado. El problema es que aquí no hay máquinas de lavar el coche automáticamente, sino hindúes de lavar el coche a mano; es verdad que te lo dejan mejor que yo lo dejo en España, pero yo lo que quiero es acabar pronto, no que el coche brille durante tres horas.

Dichos hindúes tienen lanzas para aclarar, pero el enjabonado lo hacen con esponja y detergente y sin guantes. Como tardan unos 15-20 minutos por coche y siempre hay alguien delante de ti, nadie te quita 35-40 minutitos en la puta gasolinera. Como afuera puede haber 40ºC con un 60% de humedad, esperar no resulta agradable. El lavado incluye el interior del vehículo, de lo cual se encargan otros dos hindúes, si bien la inmensa mayoría de las veces con que me lo limpien por fuera me conformo, pues la limpieza interior supone una nueva cola y otros 35 -40 minutos de espera. Precio total: 30 riales.

Pues nada, ahora que tenemos el coche limpio y repostado como en los más dulces sueños de un bufalín que no ve más allá de su capó, nos lanzamos a las autopistas qataríes sin rumbo alguno.

Autopistas.

Las autopistas qataríes están limitadas a 120 km/h (afortunadamente en este país han sabido sacudirse del sistema imperial de medidas y no quieren saber nada de la milla). Debe sin embargo circularse con más cuidado que en España debido a tres factores.
  1. En primer lugar está todo lleno de radares que como bien sabéis por otras entradas saltan a 121 km/h, no a 134 como en España.
  2. En segundo lugar la densidad de hijos de puta al volante por kilómetro lineal es muy superior a la de España.
  3. En tercer lugar los cruces en las autopistas antiguas son al mismo nivel.
Típico carril de cambio de sentido de las autopistas qataríes.

Pues sí, aunque en este momento lo están arreglando y añadiendo los correspondientes puentes (todos a la vez, por supuesto), las autopistas qataríes de cierta edad no poseen pasos a distinto nivel. Lo que tienen son unos carriles de deceleración en la mediana con forma de alcayata que acaban perpendiculares a la calzada contraria. Así, si por ejemplo tienes que tomar una desviación a la izquierda, te metes en el carril izquierdo de tu calzada, deceleras significativamente esperando que no venga por detrás nadie a 180 km/h y te introduces en el carril especial. Ahora estás perpendicular a la calzada contraria frente a un stop; cuando no viene nadie aceleras y cruzas ambos carriles perpendicularmente hasta un arcén ensanchado que tienes enfrente, donde girarás a la izquierda y te incorporarás en el carril derecho de tu nueva calzada. Ahora tu desviación estará a la derecha y podrás cogerla sin problemas. Esta maniobra con variaciones será obligatoria también si quieres dar la vuelta, si te incorporas a la autopista y tu dirección está en la otra calzada o si simplemente quieres cruzarla y seguir por tu carretera. Así pues, no debes asustarte si conduciendo de repente te sorprende un camión cruzando perpendicularmente tu carril. Es normal.

El Coche Local de los Hijos de Puta.

Una gran amiga pronunció solemnemente en una ocasión una gran frase que describe una gran verdad, la cual estoy seguro que todos conoceréis y transcribo a continuación:
“Los Audi son los coches de los hijos de puta.”
[L.N., Segovia, 01-04-2006].
Suscribo esta afirmación rotundamente, al menos en España. Con esto no defiendo que todos los que conducen un Audi sean unos hijos de puta, ni que todos los hijos de puta lleven un Audi, sino únicamente que si te cruzas con un Audi es muy posible que el conductor sea un hijo de puta, pues es claro y meridiano que con los Audis y los hijos de puta se registra una evidente anomalía estadística. Efectivamente: cada vez que te cruzas con alguien en la carretera que conduce peligrosamente con claro desprecio hacia los demás conductores y exhibiendo una actitud violenta e irrespetuosa, en la mitad de las ocasiones lleva un Audi; teniendo en cuenta que el porcentaje de Audis sobre el total del parque móvil es muy inferior al 50%, la conclusión es clara: a los hijos de puta les gustan los Audi. El grupo mayoritario dentro de la mitad que queda de hijos de puta al volante se compone curiosamente de coches de gama media, tipo Renault Megane o Seat Ibiza, normalmente conducidos por macarras y bufalinos. Completan el cupo los Mercedes, BMW y todoterrenos.

Realmente que los hijos de puta lleven un Audi puede explicarse fácilmente. Supongamos ahora que estamos ante un individuo que es mala persona, acomplejado y engreído al mismo tiempo, para el cual destacar sobre los demás y llamar la atención son necesidades vitales; dado que es mala persona no le importará perjudicar a otras si es así como consigue hacerse notar. Un hijo de puta, vamos. Sin embargo, resulta que él mismo como individuo no tiene nada que ofrecer que no sea vulgaridad y malas maneras, con lo cual muy probablemente recurra a la violencia para conseguir el ansiado protagonismo; es firme candidato por lo tanto a ser de los que pegan a su mujer o a su novia. Además, dado que precisa proyectar valor pero él mismo es un cero a la izquierda, no tendrá más remedio que hacerlo desde más allá de su persona, a través de accesorios externos, adquiridos; ¿y qué mejor que un coche? Por supuesto tendrá que ser un coche de gama alta para poder cubrir su necesidad compulsiva de hacerse notar, pero como el horno no está para bollos, tendrá que ser el más bajo de la gama alta. ¿Y cuál es la marca más baja de la gama alta? Pues Audi. Probablemente si es un hijo de puta con alto poder adquisitivo (valga la redundancia) podrá comprarse un Mercedes, un BMW o un todoterreno, pero de éstos por motivos sociológicos hay menos; si por el contrario todavía está empezando tendrá que conformarse con determinados modelos de gama media populares entre los de su clase, como el Seat Ibiza o el Renault Megane. Al final el resultado es que en la carretera se juntan un montón de Audis con un montón personas violentas con ganas de llamar la atención, dando como resultado a un hijo de puta conduciendo un Audi con claro desprecio hacia los demás conductores.

Así pues, ya sabéis quién conduce cuando un coche os adelanta a toda leche por la autopista haciendo eses entre los demás vehículos. ¿Alguien por ahí tiene un Audi?

Ahora bien, en Qatar hay muchos hijos de puta, pero apenas hay Audis. ¿Cómo se las arreglan entonces? Pues fácil: cambiando a un modelo que responda mejor a la idiosincrasia del país. En Qatar, el coche de los hijos de puta es el Toyota Land Cruiser. Cada vez que llega alguien por detrás a 180 km/h dándote las luces largas para que te apartes, o alguien adelanta en “S” por la autopista incluyendo como carril el arcén, no falla, lleva un Toyota Land Cruiser. Que quede constancia no obstante de que no sólo tipos con chilaba blanca conducen dichos vehículos. Alguna vez me adelantó algún occidental blanquito, blanquito, aunque realmente sean muy mayoritarios los rasgos árabes con y sin chilaba.

Accidentes y Controles.

Como ya sabéis de anteriores informes el número de accidentes en Qatar es muy elevado en términos relativos. ¿Y qué ocurre si tienes un accidente? En primer lugar has de saber que no debes mover el coche (salvo casos de poca importancia), ya que tiene que venir la policía a levantar un atestado. A través de testimonios de terceras personas, ya que afortunadamente nunca me he visto involucrado en un accidente, os puedo contar que cuando llega la policía sucede lo siguiente:
  1. Si uno de los involucrados es qatarí y el otro no, la culpa es del otro, aun en los casos donde la evidencia atestigüe flagrantemente lo contrario.
  2. Si uno de los involucrados es árabe u occidental y el otro surasiático o africano, la culpa suele decantarse del lado del surasiático o africano.
  3. Si ambos involucrados pertenecen al mismo estamento, se aplica la legislación vigente, a no ser que el accidente sea ente qataríes y uno sea mucho más influyente que el otro, en cuyo caso la culpa es del menos influyente.
Al parecer esto es igualmente aplicable a los controles de carretera, que todo sea dicho de paso son excepcionales pues únicamente me he cruzado con dos en todo el tiempo que llevo aquí. Así:
  1. Si un qatarí pasa delante del control sin cinturón, le hacen un pequeño gesto para que se lo ponga.
  2. Si un árabe extranjero u occidental pasa delante del control sin cinturón, le anotan la matrícula y le multan.
  3. Si un hindú o africano pasa delante del control sin cinturón, le paran, le multan, le hacen bajarse del coche, le registran y le meten un tolete por el culo. Asimismo, si pasa delante del control con cinturón, le multan por llevarlo demasiado apretado.
Con esto espero que haya quedado muy claro cómo funcionan las cosas por aquí.

Cierre.

Con esto concluyo este aterrador relato donde pongo de manifiesto mi sacrificio diario exponiendo mi vida en las carreteras de Qatar con el único objetivo de que vosotros y vuestros hijos podáis disfrutar del calor en vuestras casas en las frías noches de helada invernales (¡qué maravilla de invierno por cierto me estoy perdiendo!).

Acordaos de mí cada vez que encendáis la luz y honrad mi memoria, a no ser que queráis que la próxima vez haya un cortocircuito. Por cierto ¿no seréis de los gañanes que todavía tienen en casa bombillas de filamento, verdad? Porque si es así, merecéis de verdad un cortocircuito.

¡¡Zas!!
  • Hora local: 12:55.
  • Temperatura: 20ºC.
  • Humedad: 60%.
  • Temperatura máxima: 20ºC.
  • Temperatura mínima: 12ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.