AUMENTAR LAS COTIZACIONES SOCIALES, LOS SALARIOS O LOS IMPUESTOS PARA FINANCIAR EL SISTEMA PÚBLICO DE PENSIONES… ¿NO ES INDESEABLE Y NEGATIVO PARA EL PROGRESO ECONÓMICO Y EL EMPLEO?
Al leer los apartados anteriores quizás os hayáis sentido un poco confusos al encontrar que las propuestas realizadas entran en directa confrontación con algo que habréis oído miles de veces, una de las mentiras que la ideología neoliberal ha convertido en verdad a base de repetirla insistentemente:
"Aumentar las cotizaciones sociales, los salarios o los impuestos es indeseable y negativo para el progreso económico y el empleo, pues perjudican la competitividad".Y es que, como alguien dijo una vez, “Esto lo he repetido tres veces, luego es verdad”. Vamos a contradecir esta afirmación que por su reiteración bien podría formar parte de un mantra tibetano.
¿QUIÉN TIENE MOTIVOS PARA ODIAR LOS IMPUESTOS?
Se da la circunstancia de que quienes más aportan mediante impuestos a los servicios públicos o la Seguridad Social españolas, las clases adineradas, son quienes menos reciben de ellos. No necesitan sanidad o educación públicas, pues tienen sus clínicas y colegios privados; tienen asegurados tanto el presente como el futuro, así que poco les importa la cuantía o extensión del seguro por desempleo o las pensiones; capean las crisis sin mayores dificultades, incluso pescando en río revuelto; etc.
Por el contrario, un mileurista con contrato basura habrá recibido al cabo de su vida en prestaciones por desempleo, pensiones, sanidad y educación públicas, etc. mucho más dinero que el que habrá aportado a través de las retenciones en sus cutre-nóminas por los conceptos de Seguridad Social e IRPF; habrá recibido parte del exceso pagado por las clases adineradas a través de los impuestos distributivos y las cotizaciones sociales, ya sea en persona o a través de sus empresas.
Evolución de la convergencia de los PIBs de España (azul) y la UE-15 (verde) en valores per cápita a precios de mercado (izquierda) y en valor relativo (derecha, UE-27 = 100%).Las clases altas rara vez se destacan por su filantropía y luchan por dejar de tener que compartir su riqueza para aumentar el bienestar de los demás, los cuales, para más INRI, probablemente sean pobres debido a las características del sistema productivo que las clases altas dirigen. De ahí el discurso repetido hasta la saciedad de que los impuestos y las cotizaciones sociales son malos para la economía. Efectivamente, ambos son malos para SU economía, pero muy beneficiosos para la de un mileurista intermitentemente en paro por culpa de las políticas económicas que favorecen a las empresas que dirige, sin que nadie le haya votado, quien lucha por reducirle las prestaciones sociales.
De este razonamiento se extrae fácilmente que, a igualdad de modelos productivos, un país con impuestos redistributivos y cotizaciones sociales altos será más justo e igualitario que otro donde estos sean reducidos. La razón es evidente: en el primero se produce una transferencia mucho más elevada de riqueza desde las clases adineradas a las menos favorecidas. Debe quedar en todo caso claro que la redistribución a través de impuestos se realiza una vez que el sistema productivo ha distribuido, así que para atajar de raíz el problema de la distribución desigual no queda otra solución que cambiar el sistema productivo en sí, lo cual quizá podría hacer innecesaria la necesidad de una redistribución.
IMPUESTOS, SALARIOS Y DEMANDA INTERNA.
Dado que los impuestos, las cotizaciones sociales y los salarios elevados son tan negativos para la economía y el empleo, habrá que pensar que donde estos son más altos que en España en relación a la riqueza (o sea: la práctica totalidad de la Europa de los quince), las economías serán más débiles y las tasas de desempleo más altas. La realidad, tozuda ella, demuestra que esto es al contrario: de las tasas de desempleo creo que no hace falta ni hablar; en cuanto a la economía, parece ser precisamente donde la presión fiscal es menor, el mercado de trabajo está más desregulado y los costes laborales son inferiores, como Irlanda, Grecia o España, donde la crisis se ha cebado con más dureza.
Como habíamos razonado anteriormente las prestaciones sociales y los impuestos redistributivos son una suerte de salario diferido, salario que percibe el ciudadano cuando hace uso de los servicios y prestaciones públicos. Es evidente que cada vez que un trabajador deja a sus hijos en el colegio y no le cobran por ello, va al médico y no le cobran por ello, acude a una biblioteca y no le cobran por ello, circula por una autopista y no le cobran por ello, etc. el dinero que no ha pagado permanece en su bolsillo, dinero que queda disponible para utilizar en otras necesidades. En otras ocasiones, como cuando se cobran la pensión o el paro, el trabajador recibe directamente dinero del Estado.
Es por todo lo dicho que una economía cuyas prestaciones sociales y servicios públicos sean abundantes y generosos, lo cual implica una carga fiscal mayor, tendrá una demanda interna más sólida que una donde predomine la desprotección social. Si esto se complementa con unos salarios dignos, ambas variables se apoyarán sinérgicamente.
La forma más fácil de ver esto es si suponemos que llega una crisis a un país con alta cobertura social, buenos salarios y un fuerte sector público:
- Al tener las empresas menos facilidades para despedir trabajadores, no haber contratos basura y existir un sector público muy fuerte que garantiza el empleo, el paro subirá más lentamente y en menor cuantía.
- Al haber una cobertura por desempleo excelente, los trabajadores que han perdido su trabajo afrontarán el futuro con unos ingresos dignos, seguridad y confianza.
- Como los salarios son elevados, quienes se quedan en el paro tienen en su mayor parte algunos ahorros, lo cual refuerza el punto anterior.
- Los amplios y magníficos servicios públicos permiten al trabajador cubrir necesidades básicas como educación, sanidad, transporte, vivienda, etcétera sin tener que pagar un duro o pagando cantidades simbólicas, lo cual es un nuevo refuerzo de cara al futuro.
- Por todo ello, el moderado aumento del paro tiene un efecto sobre la demanda interna reducido: la economía de las familias y los individuos se mantiene en niveles aceptables, al igual que la confianza, con lo cual el consumo no se derrumba.
- Las empresas tanto públicas como privadas siguen vendiendo productos y prestando servicios, pues la gente puede comprarlos, así que la actividad económica se resiente poco.
- La economía se hunde mucho menos y sale con facilidad del atolladero.
- Al tener las empresas facilidades para despedir trabajadores, existir contratos basura y ser el sector público muy débil, el paro subirá de forma rápida y contundente.
- Al ser la cobertura por desempleo deficiente, los trabajadores que han perdido su trabajo afrontarán el futuro con pocos ingresos y temor ante la próxima caducidad de la prestación por desempleo. Otros, ni siquiera tendrán derecho a dicha prestación.
- Como los salarios son reducidos, quienes se quedan en el paro tienen muy pocos ahorros en que apoyarse.
- Para colmo, como los servicios y prestaciones públicos son deficientes, el trabajador tendrá que seguir pagando por necesidades básicas como el transporte, la vivienda, el dentista, la guardería de los niños, la matrícula de la Universidad, etc.
- Por todo ello, el fuerte aumento del paro tiene un fuerte efecto negativo sobre la demanda interna: la economía de las familias y los individuos se desploma, al igual que la confianza, con lo cual el consumo se derrumba.
- Las empresas privadas, que son la inmensa mayoría, venden cada vez menos, así que para arreglar sus balances despiden a más trabajadores, pues es fácil. Volvemos al punto 1.
- La economía entra en un círculo vicioso que la hunde en un pozo del que es difícil salir.
IMPUESTOS, SALARIOS Y COMPETITIVIDAD.
Echar la culpa a los salarios, los impuestos o las cotizaciones sociales de la baja competitividad de los productos españoles es de un cinismo absoluto, pues es precisamente en salarios, impuestos y costes laborales en lo único en que somos realmente competitivos en la Europa de los quince. España tiene uno de los costes laborales más bajos de la UE-15 y una carga fiscal bastante inferior a la media. Esto queda meridianamente claro en la siguiente tabla, donde he escogido parámetros correspondientes a 2006 porque es el último año para el cual la media de la UE-15 está disponible para hacer la comparación:
| Parámetros 2006 | UE-15 | España | Diferencia |
| Carga fiscal (en % del PIB) | 13,6% | 11,7% | -14,0% |
| Carga fiscal sobre los costes laborales | 41,1% | 35,9% | -12,7% |
| Salario bruto medio en la industria y servicios | 36.123€ | 21.402 € | -40,8% |
| Costes laborales por hora | 25,79€ | 15,77€ | -40,8% |
| Costes laborales por mes | 3.496 € | 2.203 € | -37,0% |
| PIB per cápita en poder de compra | 100% | 93,1% | -6,9% |
Las cifras hablan por sí solas y como vemos las diferencias porcentuales no están justificadas por la divergencia de nuestro PIB per cápita respecto de la UE-15, que era menos del 7% en el año analizado. Como podéis suponer no ha habido en los últimos tres años ningún suceso significativo que nos lleve a pensar que las variables han variado significativamente.
Por otra parte, si bien los salarios son una componente de la competitividad, ésta no es ni la única ni la más importante, como nos quieren hacer creer. Si así fuese acabamos de ver que seríamos tremendamente competitivos. Entre otros parámetros que influyen podemos citar:
- Tipo de cambio.
- Tipos de interés.
- Ayudas públicas.
- Rendimientos de la tierra.
- Infraestructuras y servicios públicos.
- Comunicaciones y telecomunicaciones.
- Formación profesional.
- Capacidad y formación del empresariado.
- Organización y estructura de las empresas.
- Tecnología.
- Investigación y desarrollo.
- Diseño y calidad de los productos.
- Redes comerciales y de distribución.
Izquierda: Salario bruto medio anual en la industria y servicios en los países de la UE-15 en 2006. Derecha: evolución temporal en la UE-15 (verde) y España (azul). Como vemos, la convergencia del PIB per cápita no se ha trasladado a este parámetro, que es incluso divergente.Un país puede intentar competir en calidad e innovación, como Alemania, o en precios, como Corea del Sur. Es evidente que los empresarios y el gobierno españoles han decidido tomar la segunda senda.
Intentar competir a base de moderar o bajar los salarios, los impuestos y las cotizaciones sociales es la peor solución posible: se empobrecen los trabajadores, se empobrece la sociedad, se empobrece el país y se debilita la economía, la demanda interna será débil y el edificio entero mucho más sensible a las recurrentes crisis cíclicas. Pero al disminuir la redistribución de riqueza, unos pocos se hacen ricos, muy ricos.
Una vez vistas las inmensas posibilidades que tenemos para equilibrar el sistema de pensiones desde la óptica del aumento de los ingresos y una vez refutados los argumentos que para no aplicar estas medidas se vierten desde la ideología hegemónica, vamos a analizar brevemente la némesis de lo que hasta ahora hemos estado viendo: las medidas a tomar desde la óptica de la reducción de gastos, las medidas que están proponiendo el Gobierno y la entidades financieras.
- Hora local: 21:09.
- Temperatura: 19ºC.
- Humedad: 52%.
- Temperatura máxima: 24ºC.
- Temperatura mínima: 17ºC.
Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.


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