sábado, 12 de diciembre de 2009

MANTRAS TAILANDESES, ROLLO 3º: SERENATA NOCTURNA.


Ilustres habituales:

Recordaréis del mantra pasado que tras ponernos guapos habíamos salido a la calle decididos a comernos la noche de Bangkok.

Nuestro objetivo una calle que en todas las guías aparecía como muy recomendable para una salida nocturna: Soi 11 de Sukhumvit. "Soi" quiere decir calle en tailandés, y lo que he escrito es una forma muy común para nombrar las vías públicas de este país: a partir de una calle principal van numerando sus bocacalles consecutivamente, de modo que el nombre de cada una de dichas bocacalles se compone con el de la principal (en este caso Sukhumvit) más el número de bocacalle que le corresponde.

Esta calle se halla en la zona moderna de la ciudad, rodeada de rascacielos, flamantes centros comerciales y pasos elevados.

Calentamiento.

El taxi nos dejó en la esquina de Sukhumvit con su Soi 11 en 20 minutos y 80 Bath. Esta bocacalle no es demasiado grande, medirá como mucho unos 500 metros. En ella se concentran locales nocturnos y restaurantes. A medio camino a la izquierda se abre una calle peatonal secundaria en forma de "C" que conecta en sus dos extremos con Soi 11. Dado que parecía muy animada nos metimos por ella y allí encontramos… ¡oh, Buda mío! ¡Un restaurante español llamado "Tapas"! ¡Por fin! ¡Patri ya no podía más! ¡Tres días ya sin chorizo! ¡Tres días ya sin potaje! ¡Tres días ya sin cañas! ¡Tres días sin gente gritando "mierda, joder" a tu lado! ¡Tres días sin paisanos jugando al tute o a las tragaperras! ¡Tres días sin gente fumando puros, leyendo el ABC y bebiendo sol y sombras! ¡Tres días sin televisores teñidos del verde de los campos de fútbol! ¡Tres días sin camareros limpiando tu mesa con una bayeta y preguntándote lo que quieres con evidentes desgana y mal humor! Tan decididos estábamos a pulverizar dicho récord de tres días que conseguimos pasar de largo.
Como de esta noche no hay fotos, os ofrezco a cambio esta bonita estampa de un mercado callejero y otras imágenes no menos interesantes.

La inopinada presencia del restaurante español me trajo a la mente una vez más el aparentemente injustificado fracaso de nuestra comida a la hora de proyectarse hacia el extranjero. Italianos, franceses, mejicanos, chinos, árabes o japoneses han conseguido abrir en el exterior numerosos locales de restauración pero, a pesar de que casi todo el mundo alaba la comida española cuando viene de vacaciones, tan difícil es encontrar un restaurante español en el extranjero como uno inglés, lo cual tiene delito por motivos evidentes.

Nos sentamos a tomar algo en la terraza de un local completamente construido de madera que ocupaba una de las esquinas de la calle. Totalmente abierto al exterior, no consistía más que en la barra dispuesta contra la fachada del edificio más una pequeña terraza con tres o cuatro parasoles de lona; los batientes de madera que servían para cerrar el local se disponían a modo de viseras sobre la barra, ofreciendo una protección adicional. contra lluvias y soles. La parroquia estaba constituida casi exclusivamente por occidentales, en su mayoría angloparlantes, de los cuales por cierto debo decir que ¡no soporto su acento!

Cena Tormentosa.

Tras una agradable cervecita nos movimos a cenar a un local situado en la misma calle secundaria y también construido enteramente con madera, si bien en este caso imitaba el frente de fachadas de un conjunto de casas tradicionales tailandesas. Tenía pinta de ser caro, pero era evidente que esta noche nuestro lado jipi retrocedía a marchas forzadas apabullado por un lado pijo que se abría camino a base de golpes demoledores.

Apenas nos habíamos sentado cuando empezaron a caer los primeros goterones de una tormenta tropical, la primera de mi vida, ya que cuando estuve en La Habana tuve la desgracia de no ver caer una sola gota en toda mi estancia. Durante la cena la tormenta arreció y comenzó a jarrear con ganas. Pasó justo sobre nosotros, pues uno de los relámpagos estuvo seguido por un respetable petardazo casi instantáneamente. La intensidad no fue algo que nunca hubiera vivido antes, si eso la de una tormenta fuerte en España, pero con la diferencia de que mientras en España hubiera durado 10 minutos, ésta estuvo dándole con ganas durante al menos 40. Quedó claro que la red de desagües de Bangkok, al menos en Sukhumvit, está de sobra preparada para estos eventos, pues en ningún momento se inundó la calle. Lo único malo fue que la mesa donde estábamos cenando se hallaba en un porche de madera abierto al exterior, con lo cual el viento nos traía agua pulverizada e incluso gotas sueltas. Quitando este pequeño inconveniente la comida estuvo riquísima, incluyendo pescados y el plato favorito de Patri: rollitos de primavera. El precio llegó a los 1.200 Bath, lo cual para nuestros criterios decadentes occidentales resulta muy barato, pero para Tailandia es carísimo. Excepto en esta ocasión todas nuestras comidas y cenas costaron precios de risa: entre 300 y 500 Bath. En todo caso, la misma cena en España en un local de esas características no nos hubiera bajado ni de broma de 80 euros (4.000 Bath).
En esta escena cargada de dramatismo Patri negocia con un tuk-tukero. Dramatismo para el conductor, claro, pues las habilidades regateadoras de Patri se traduciran en un precio superreducido.

La tormenta tuvo el detalle de cesar diez minutos antes de terminar la cena, durante la cual conversamos con unos alemanes que estaban sentados en la mesa de al lado; habían venido a visitar a un amigo que trabajaba en Tailandia y que se iba a casar con una tailandesa, lo cual por lo visto sucede bastante a menudo. Soi 11 de Sukhumvit es un lugar probablemente más frecuentado por expatriados que por turistas, aunque de estos últimos también se encuentran bastantes.

Bed Superclub.

Terminadas la cena y la tormenta regresamos a Soi 11 y caminamos hacia nuestro próximo objetivo: el Bed Superclub, una discoteca de rabioso diseñý situada en la misma calle y cuya referencia había encontrado Patri en Internet. Tras no mucho caminar la encontramos casi al final de la calle, a la derecha. Fue fácil identificar el local, pues está ubicado en el interior de un cilindro elipsoidal blanco construido ad hoc. El cilindro está tumbado y la que sería la base que mira a la calle está ocupada por una ventana traslúcida que deja escapar las luces de colores que se mueven en el interior. La entrada se encuentra subiendo por una rampa que termina en el centro del cuerpo del cilindro, lugar donde se sitúa la taquilla. Para entrar hay que llevar el pasaporte encima, pues te piden que muestres la documentación. El precio: 600 Bath los hombres y gratis las mujeres. Patri, herida en su orgullo feminista, intentó hacerse pasar por hombre con el fin de poder pagar también. Sin embargo, su vestido rojo de tirantes acabó por delatarla y al final no tuvo más remedio que pasar gratis, al menos en apariencia, pues pagamos con el bote. 600 Bath por entrar en un local son un pastizal para un tailandés medio, así que no podíamos esperar un ambiente popular en el interior, pero esta noche pertenecía al lado pijo.

El interior del local estaba realmente muy bien. Pasada la taquilla puedes tomar un pasillo a la izquierda u otro a la derecha. El de la izquierda acaba en una habitación totalmente blanca distribuida en dos alturas, siendo la segunda un balcón sobre la primera. A lo largo de las paredes del cilindro y en ambos pisos se disponen unos sofás (blancos, por supuesto) de dos metros de fondo, de modo que puedes tirarte cuan largo eres en ellos apoyando tu cabeza en los grandes cojines, pedir algo y que te lo sirvan en una bandeja de estas que se usan para desayunar en la cama. La música en esta sala es electrónica.

Si escoges el pasillo de la derecha acabarás en una habitación totalmente negra distribuida igualmente en dos alturas pero con sofás-cama únicamente en uno de los laterales, disponiéndose sofás normales con mesita en el resto del espacio. Es un poco más grande que la sala blanca y en ella ponían éxitos del pop y del dance de ahora y de siempre, desde Michael Jackson a Lady Gaga, pasando por todos los ídolos de la música anglosajona.
He aquí una imagen del famoso puente sobre el río Chao Phraya.

Aunque al principio había poca gente en una hora se llenó. El porcentaje de sexos no estaba nada mal repartido, quizá un 60-40%, con la particularidad de que mientras el 85% de las chicas eran tailandesas (bastante jóvenes) y el 15% restante occidentales, en el caso de los hombres ocurría exactamente lo contrario: el 85% de los allí presentes eran occidentales (en general algo más viejos que las chicas). Durante cerca de una hora Patri pudo arrogarse el privilegio de ser la única chica exótica del local. La tipología de la clientela masculina era exactamente la que puedes suponer en un local lleno de expatriados que no han pasado el necesario control de calidad antes de salir de su país. La verdad es que este tema ya lo tengo rondando en la cabeza desde hace mucho tiempo; resulta un insulto para el resto de países el tipo de gente que desde occidente enviamos fuera. ¿Por qué tienen que aguantar en Tailandia o Mozambique los mastuerzos que les enviamos? ¿No sería lógico que antes de abandonar tu país fueras sometido a un control psico-estético y que si no lo pasas no se te permitiera salir? Yo creo que esto es especialmente necesario en el caso de los países anglosajones y solucionaría muchos problemas en el mundo. Por ejemplo, 99 de cada 100 soldados yanquis no podrían abandonar Estados Unidos, con lo cual no podrían llevar la guerra a otros países. Asimismo, los británicos lo tendrían también difícil para salir de su isla, con lo cual el mundo tendría que limpiar menos vomitonas y separar menos peleas. El planeta también se libraría de españoles buscando locales de salsa, meando en las esquinas de templos milenarios y afirmando que de eso que están viendo ya lo hay más y mejor en Madrid y que a los maricones habría que matarlos a todos.

Volviendo al Bed Superclub, al final la música dejó bastante que desear. En la sala de electrónica, aunque había empezado bien, degeneró en sonido valencia y la disk-jockey era bastante mala mezclando, si bien le daba mil vueltas al idiota que pinchaba en la otra sala, que más que pinchar ponía un tema detrás de otro sin preocuparse demasiado por la transición. En esta otra sala había además que sufrir a un animador que, vociferando de continuo por un micrófono, no paraba de arengar a las masas.

En resumen: lo que la sala ganaba por el continente, lo perdía por el contenido. En todo caso, en un momento dado me di cuenta de que quizá tampoco se podía exigir demasiado a la sesión, ya que… ¡Por Buda! ¡Estábamos a martes!

Una cosa buena era que las marcas espirituosas a disposición del público cumplían con los estándares mínimos de calidad. Tras pedir un Cutty Shark me comunicaron que de esa marca no tenían y me ofrecieron entre otras que no reconocí Chivas, así que ya puestos no dudé en tomarme dos chupitos con hielo del citado güisqui, primera vez en mi vida que en una discoteca tiro tan alto, pero es que durante este viaje hay muchas cosas que hice por primera vez. No hay que olvidar además que el lado pijo había vencido al jipi esta noche.

En todo caso, como ni el ambiente ni la música nos engancharon mucho, a las dos horas escasas nos cansamos del lugar y decidimos cambiar.

Q-Bar.

Tras nuestro paso por el Bed Superclub nos dirigimos hacia el Q-Bar, otro local referenciado en las guías y que está a cuatro pasos. Sólo hay que llegar al final de Soi 11, que termina en una intersección en "T", coger el brazo izquierdo de dicha T y al cabo de unos pocos metros encuentras el local ocupando la primera esquina en la acera de la derecha. Tras quitarnos de encima a un conductor de Tuk-Tuk al que parecía irle la vida en llevarnos a no se sabe qué lugar, nos encontramos con una discoteca de tamaño discreto y de nuevo distribuida en dos pisos, si bien en esta ocasión el superior no se abría al inferior.
Esta maqueta de Angkor Wat, el edificio religioso más grande del mundo, se puede contemplar en el Gran Palacio.

En el primer piso había una terraza abierta a la calle, pero debido a la humedad tremenda que había esta noche se estaba mejor dentro. La música otra vez era bastante ramplona, mostrando una tendencia excesiva hacia el sonido valencia; en toda la sesión únicamente destacó una mezcla de Billy Jean. El disk-jockey de nuevo era muy malo, siendo deleznables las transiciones entre temas. Os puedo asegurar que Miguel, Chantal, Samuel o Ulrike habrían hecho un papel mucho más virtuoso que cualesquiera de los pinchadiscos que nos tocaron en suerte esta noche, por citar únicamente de entre mis lectores a aquellos que han tenido el placer de pinchar en directo.

Aunque había muy poca gente (recordemos que era martes) se registraban los mismos porcentajes de hombres-mujeres y tailandeses-occidentales que en el Bed Superclub. En una esquina unas cuantas tailandesas y unos cuantos expatriados celebraban el cumpleaños de una de las chicas, sin más diferencia respecto de una celebración similar en España que la actitud manifiestamente babosa de ellos.

Dado que tampoco encontramos en el Q-Bar un ambiente o una música que nos placiesen, decidimos retirarnos.

Tercera Retirada.

Ya pasaba algo de las dos de la mañana cuando nos montamos en uno de los sopotocientos taxis que pasaban por la zona a la caza de gente como nosotros y nos volvimos al hotel circulando por unas calles totalmente vacías.

No habiendo nada más que contar, el día terminó así con un profundo sueño. Mañana será otro mantra.
  • Hora local: 18:57.
  • Temperatura: 20ºC.
  • Humedad: 88%.
  • Temperatura máxima: 24ºC.
  • Temperatura mínima: 19ºC.
  • ¡¡Y lloviendoooooo!!
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.

viernes, 11 de diciembre de 2009

MANTRAS TAILANDESES, ROLLO 2º: BUSCAVIDAS Y PALACIOS.


Lisonjeros pelotas:

Bienvenidos de nuevo. Amanece un nuevo día sobre Bangkok, igual que lo lleva haciendo desde la noche de los tiempos, cuando por ser noche no había amanecido hasta entonces. Nuestros objetivos para este primer día son: el Gran Palacio, Wat Pho y no ser timados.

Si bien los dos primeros objetivos son fácilmente entendibles, quizá haga falta ampliar un poco de información sobre el tercero.

Objetivo: el Turista.

En Bangkok existe cierta mafia alrededor del turista. Es de hecho después de La Habana el lugar donde más me han dado la lata, si bien hay que aclarar que no estuve en Marruecos, Egipto, Turquía u otros lugares cuya fama de acoso al turista me disuade visitar. Debo aclarar que no hay nada que más me moleste que la gente que intenta venderme algo sin habérselo pedido, con el agravante de que tengo como norma no comprar suvenires durante mis viajes, así que los pelmazos nunca me van a ser de utilidad alguna.
Aspecto desde el exterior del área sacra de nuestro primer objetivo: el Gran Palacio.

El "acoso" en Bangkok es sin embargo más sibilino que en los lugares citados. No viene gente a venderte cosas directamente, sino que tratan de que tú mismo te metas en la boca del lobo. El truco estándar consiste en lo siguiente: un tailandés de cualquier edad o condición se acerca a ti y te pregunta la nacionalidad, tras lo cual afirmará que estuvo en Barcelona, o que es del Barcelona, o que tiene amigos en Barcelona. Tras eso te pregunta cuánto tiempo llevas en Bangkok y a dónde vas (cabe recalcar que ante estas dos preguntas encadenadas cualquiera que esté de viaje por un lugar turístico debe salir corriendo con independencia de todo lo demás). Cuando estúpidamente le dices que has llegado ayer y que vas a ver tal o cual sitio (en vez de contestarle como la lógica pide que llevas en el país dos meses, que ya lo has visto todo y que sólo estás paseando), él te dice que esta mañana, o esta tarde, el lugar a donde vas está cerrado al público porque hay una fiesta budista, o por cualquier otro pretexto. A continuación te señalará alternativas para tu visita, adornando todo ello con consejos sobre cómo moverse por Bangkok, los precios que debes aceptar, etc. Finalmente te consigue un tuk-tuk para asegurarse de que te diriges inmediatamente a los lugares que te ha recomendado. El truco está en que esos lugares son secundarios, de dudoso interés, y probablemente entre ellos habrá una tienda o una agencia de viajes donde se lleva comisión. El asunto no tiene por qué resultar gravoso a no ser que te pongas a comprar como un imbécil, pero el tiempo que te han hecho perder será tiempo perdido para siempre.

Los Buscavidas.

Dado que el Gran Palacio está muy cerca de Khaosan Road decidimos ir caminando desde el hotel. Afortunadamente estábamos avisados de lo descrito más arriba gracias a las notas al respecto que contenía la guía y a los avisos que estaban pegados en las paredes del hotel.

No habíamos recorrido un tercio del camino cuando nos abordó un tailandés de mediana edad interesándose por nuestro viaje; cuando en vez de contestarle como la lógica pide que llevábamos en el país dos meses, que ya lo habíamos visto todo y que sólo estábamos paseando, le dijimos que éramos nuevos e íbamos al Gran Palacio ¡oh coincidencia! nos contó que esta mañana era mal momento para visitarlo porque había una fiesta budista y estaba todo lleno de tailandeses rezando. A continuación desarrolló todo el proceso anteriormente descrito, a saber: el Gran Palacio estaba cerrado hasta las dos y media, pero a cambio podíamos visitar dos templos muy interesantes, uno de los cuales únicamente abría una semana al año al público con motivo de la misma fiesta por la cual estaba cerrado el Palacio; el primero era gratis y tenía un buda gigante, mientras que en el segundo cobraban 40 Bath por entrar y allí no podíamos dejar de dar de comer a los peces porque daba muy buena suerte. También nos contó que no aceptásemos más de 50 Bath por un viaje en Tuk-Tuk, que si queríamos dar un paseo en barca debíamos coger un thai boat, que si necesitábamos una agencia de viajes nos saldría más barato acudir a la T.A.T (Tourism Authority of Thailand), etc. A punto estuvo de conseguir montarnos en un tuk-tuk, pero logramos resistirnos a sus cantos de sirena.
Aspecto del área sacra del Gran Palacio una vez dentro.

Tras deshacernos del pícaro cruzamos por terrenos de la universidad, donde pudimos disfrutar de la interesante belleza de las veinteañeras tailandesas cuando llevan su uniforme universitario minifaldero con prieta camisita blanca. Este recorrido había sido consejo del buscavidas y demostró ser cierto que por ahí se ahorra tiempo, como quedaba claro sobre el plano una vez que sabes que la manzana que ocupa la universidad puede cruzarse.

Habíamos recién salido del campus universitario cuando nos abordó un joven tailandés, supuesto estudiante de económicas, interesándose por nuestro viaje; cuando en vez de contestarle como la lógica pide que llevábamos en el país dos meses, que ya lo habíamos visto todo y que sólo estábamos paseando, le dijimos que éramos nuevos e íbamos al Grand Palace ¡oh coincidencia! nos contó que esta mañana era mal momento para visitarlo porque había una fiesta budista y estaba todo lleno de tailandeses rezando. A continuación nos relató exactamente la misma historia y nos recomendó exactamente los mismos lugares que el anterior buscavidas. ¡Y caímos! En aquel momento pensamos que nos estábamos pasando de desconfiados, pues dos personas que no tenían nada que ver habían venido con la misma historia, así que… ¡caímos!

Que ambos buscavidas contaran exactamente lo mismo fue determinante. Quizá en Tailandia exista un gremio de buscavidas, o tal vez el tiempo haya popularizado unas historias estándar, o simplemente los sitios donde se llevan comisión les instruyen sobre qué decir. Lo que me resisto a creer es que el primer buscavidas hubiera sacado una emisora en cuanto nos fuimos y hubiera lanzado una llamada general de emergencia en términos parecidos a: "¡No han caído! Repito: ¡no han caído! Van en dirección a la universidad. Seguimos con el plan. ¡Interceptadlos a la salida!".

El Tour Sobrevenido.

Total: que avisados y todo consentimos en que nos apartaran de nuestro camino. El pícaro nos pactó un buen precio con un tuk-tuk (50 Bath) y justo antes de que partiéramos añadió una tercera recomendación: un centro comercial donde podríamos encontrar Armani muy rebajado. Los templos no estaban muy lejos, aunque sí al otro lado de Khaosan. El primero fue el del buda grandón, mientras que el segundo fue el de dar de comer a los peces. En ambos casos el conductor esperó en el exterior a que acabásemos la visita.

El templo del buda grandón era gratis (si bien no faltaban urnas de donativos y gente vendiendo cosas), pero para entrar en el de dar de comer a los peces había que pagar 40 Bath, tal y como nos habían avisado. En el transcurso de nuestra visita fuimos bendecidos por un monje que nos derramó por encima agua bendita recogida con un manojo de varas de incienso, tras lo cual nos intentó vender un medallón-amuleto muy feo, aunque sin insistencia. Luego tocó dar de comer a los peces. Esperábamos un estanque con bellos pececitos de colores en el interior del templo, pero resulta que el dar de comer a los peces ni siquiera era dentro del templo, sino que había que salir e ir hasta la orilla del río, a unos 100 metros, comprar por 20 Bath un pequeño cubo lleno de bolitas alimenticias y echarlas al agua, momento en el cual una marabunta, un enjambre, una muchedumbre de peces grises y grandes con aspecto de siluro surgió las profundidades y comenzaron a retorcerse los unos sobre los otros para conseguir el alimento, de forma que la superficie del agua se transformó en una viscosa y excitada masa que se revolvía compulsivamente. En la foto queda bastante claro. Se supone que alimentar a dichos peces trae suerte, así que entre eso y la bendición del monje salimos de allí con un escudo de protección impenetrable que como veremos se demostró muy útil.

Cuando llegué por la noche al hotel consulté acerca de ambos templos y lo que me temía se confirmó: uno de ellos aparecía como un destino secundario y el otro ni se mencionaba. Sin embargo salimos de ambos lugares contentos, pues los templos budistas con todos sus dorados y su recargamiento son tan novedosos a tus ojos que no estás capacitado para distinguir si tienen algo especial o no, así que cualquier cosa te parece bien. Esto me lleva a una reflexión: ¿cómo apreciar si algo totalmente nuevo para ti merece la pena cuando no tienes ninguna referencia que te permita contraponerlo a lo vulgar? Sencillamente no puedes, pues adquiere la condición de extraordinario. Debe ser lo mismo que les pasa a los japoneses cuando los encuentras fotografiando el retablo de una iglesia construida por el franquismo. En la foto que acompaña a este párrafo podéis contemplar el "altar mayor" del templo del buda grandón, que data de mediados del Siglo XX. ¿A que no parece mal?

Hay otras preguntas que asaltaron mi mente, como: ¿Recibirán los buscavidas algún tipo de incentivo de dichos templos para que desvíen turistas hacia ellos? ¿Serán feligreses de los mismos? Misterio.

Agencias y Sastrerías.

Al tercer lugar yo no quería ir (tengo una testigo), pero Patri declaró que igual aprovechaba para comprar una camisa de flores y paramecios para vete a saber tú quien, así que al final le dijimos al conductor que nos llevase. Sin embargo lo que nos encontramos no fue un centro comercial como suponíamos, sino una gran sastrería. Bangkok está lleno de sastres y sastrerías; se supone que si necesitas un buen traje te puedes hacer aquí uno a medida por, relativamente, poco dinero; además, Armani tiene sus fábricas en Tailandia con el fin de poder sacar una plusvalía usurera de sus productos, así que también se pueden adquirir trajes de dicha marca muy baratos. Como no estábamos interesados en nada de lo referido salimos del lugar deprisa y sin gastar un duro, a pesar de los numerosos anzuelos que un dependiente nos lanzó nada más abrir la puerta.

Como teníamos aún que arreglar los billetes hasta Chiang Mai pedimos al conductor que nos llevase hasta la supuesta T.A.T. que nos habían señalado en el mapa los buscavidas. La visita fue un fracaso. En primer lugar, aparte del vuelo nos querían vender también el alojamiento y una excursión a la selva. En segundo lugar, el vuelo a Chiang-Mai nos costaba creo recordar unos 100 euros al cambio cuando Patri había visto por Internet que Air Asia los vendía a 30. Cuando le hicimos al dependiente esta observación empezó a justificarse diciendo que había que reservar con dos semanas de antelación para conseguir ese precio. Como no nos lo tragamos, nos fuimos.
El Gran Palacio incluye además de los templos diversos pabellones reales todavía en uso, como los de la foto.

A continuación el conductor del tuk-tuk tuvo su propia iniciativa y nos llevó sin pedírselo a otra T.A.T., supongo que a la que a él le daba comisión, pues la otra era la que les daba comisión a los buscavidas. Fue entonces cuando me cosqué de que ni esta ni la anterior eran propiamente la T.A.T., sino agencias privadas bajo licencia de la T.A.T., que es muy diferente.

Como la anterior visita había sido un fiasco entramos de nuevo, pero esta vez por lo que preguntamos fue por el viaje de Bangkok a Koh-Tao, pues estaba decidido que el viaje a Chiang Mai lo íbamos a sacar por Internet. Tras mucho insistir logramos que cejase en su empeño de vendernos también el alojamiento y un cursillo de buceo, pero sí contratamos el autobús + ferry de Bangkok a Koh-Tao. De esto luego Patri se arrepentiría amargamente convencida de haber pagado un monstruoso sobreprecio por no haber hecho lo que cualquier tailandés habría hecho: sacar el billete en la estación de autobuses. Bueno, en todo caso hay que valorar también el tiempo adicional que habríamos perdido yendo, haciendo cola y viniendo.

Una vez que acabamos de hacer el primo en la segunda agencia de viajes le dijimos a nuestro conductor que nos llevase al Gran Palacio. No hubo más trampa, allí nos llevó directamente e intentó cobrarnos lo que habíamos pactado: 50 Bath. Me pareció poquísimo, pues el tipo había estado más de dos horas con nosotros, así que consideré justo pagarle 100 Bath a pesar de la comisión que se iba a llevar en la segunda agencia. Y es que 50 Bath es lo que te cobran tras regatear por llevarte a un sitio que no está a más de 15 minutos.

El Gran Palacio.

Al llegar a las puertas del Gran Palacio se acabaron de confirmar mis sospechas: aunque todavía quedaba algo más de una hora para el momento en que según nuestros buscavidas terminarían los actos festivos, el flujo de turistas entrando y saliendo era normal y no se advertía ninguna excepcionalidad.

Antes de entrar comimos en las inmediaciones, comida que de nuevo volvió a estar buena y ser barata. Curiosamente no advertimos durante nuestro viaje a Tailandia una diferencia apreciable en calidad o precio entre los establecimientos situados justo frente a las principales atracciones turísticas y los que están más allá. No tiene mucho sentido por lo tanto perder el tiempo en huir de las zonas más turísticas para comer. Ahora bien, también es cierto que no llegamos a entrar en ningún sitio 100% popular.

Para acceder al Gran Palacio Patri tuvo que adecentarse un poco, pues su vaporoso vestido no era considerado adecuado para tan santo lugar. Están prohibidos pantalones cortos y minifaldas, mallas y leotardos, camisetas sin mangas y ombligos u hombros al aire. Como lo llevan a rajatabla y todos los turistas van bastante destapados, en cualquier templo o palacio que se precie hay un guardarropa bien montado a la entrada donde a cambio de una fianza te entregan pantalones y camisas para que tapes tus vergüenzas; y es que si no fuera así se quedarían sin entrar la mitad de los visitantes. Para disgusto de Patri no consideraron que su vestido fuese lo suficientemente corto, así que únicamente le hicieron entrega de una bonita camisa verde que no hubiera desmerecido que aquella que tenía intención de comprar por la mañana, por lo que estuvimos pensando en pasar de la fianza y llevárnosla; en la foto que ilustra este apartado podemos contemplarla mientras la luce en el pórtico de acceso al Templo del Buda Esmeralda. En mi caso no hizo falta ningún aditamento, pues ya sabéis que opino que los pantalones cortos son un engendro estético intolerable y que a todos los que los llevan y no están haciendo deporte habría que cortarles las piernas a la altura del pantalón.

No voy a hablar del Gran Palacio, ya que para eso ya están las fotos de mi álbum web y sus comentarios.

El Barrio Chino.

Tras la visita al Gran Palacio descartamos seguir a Wat Poh porque ya eran cerca de las cinco, que es la hora a la que se corta la admisión de nuevos turistas en los monumentos de Bangkok; además, la luz comienza a declinar y se hace difícil sacar fotografías. Aquí es cuando realmente nos jodió el habernos dejado engatusar por la mañana. Aprovechamos en cambio para dar un paseín hasta las primeras calles del barrio chino, pues apenas estábamos a 10 minutos. Allí nos encontramos con un animado mercado callejero y gente con pinta de chinos.

Encontrarnos con un animado mercado callejero tampoco se puede decir que nos sorprendiese, de hecho quizá nos hubiera sorprendido más no encontrarlo. Bangkok está atestado de mercados callejeros allá por donde vayas. Puede haber mercados formados únicamente por puestos ambulantes o mercados que en realidad son una extensión de las tiendas que flanquean la vía pública, como es el caso de la primera foto que acompaña a este texto. En este segundo caso como vemos montan un expositor exterior a caballo entre la acera y el primer carril de la calzada y cubren el pasillo que queda con una lona o parasol, de modo que la acera se convierte en una suerte de túnel flanqueado a ambos lados por la mercancía que se vende, sea ropa, objetos, esclavos, comida o, como en el caso del mercado que nos ocupa, vegetales, frutas y flores, zona esta última que vemos en la foto de la izquierda. Como el espacio es estrecho a poca gente que haya da sensación de abigarramiento. Si a esto le sumamos peatones caminando por la carretera para poder ir más rápido y cruzando de un lado a otro por cualquier lugar, coches y taxis parándose a los lados para dejar o coger gente, camionetas cargando o descargando sus mercancías y un tráfico infernal en el espacio que queda, tenemos el ambiente que se vive en dichos mercados. No es apto para claustrofóbicos o sociofóbicos.

Retirada Segunda.

Dado que ya era casi de noche y apetecía una ducha tocó retirada. Como estábamos relativamente cerca decidimos volver en tuk-tuk. Todos debéis saber en este punto que Patri es buena regateadora, mientras que a mí por el contrario el asunto del regateo me avaga profundamente; es por ello que dejé en sus manos la discusión que se avecinaba. El primer ofrecimiento fueron 80 Bath y el precio final quedó en 40, así que la negociación estuvo bien llevada. Como sabéis el tuk-tuk es el equivalente del coco-taxi de La Habana, es decir, un triciclo con capota. En realidad no existe razón alguna que aconseje coger un tuk-tuk, a no ser por probar y por que el aire te de en la cara. Un taxi siempre te va a salir más barato (la bajada de bandera son 35 Bath) y resultará más cómodo, sobre todo porque buena parte de los tuk-tuk adolecen de un muy escaso mantenimiento.
Este es el aspecto del Templo del Buda Esmeralda, una de las atracciones estrella del Gran Palacio.

Cuando llegamos al hotel nos conectamos a Internet en su cibercafé (10 minutos = 10 Bath), entramos en la página de Air Asia y sacamos nuestros billetes a Chiang Mai, los cuales muy amablemente nos imprimió el recepcionista travesti tras consignar su e-mail en los datos del billete. Luego me pregunté si haciendo esto no le habríamos condenado a recibir publicidad de Air Asia por lo que le queda vida. Como sospechábamos, lo que nos habían dicho por la mañana en la agencia de viajes era mentira; con solo dos días de antelación conseguimos nuestros billetes a 40 euros ida y vuelta, tasas y demás zarrias incluidas.

Tras una fantástica ducha al lado del váter tocó arreglarse un poco, pues hoy íbamos a conocer Bangkok la nuit más allá de Khaosan Road. Ataviados con nuestras mejores galas salimos a rendir la capital de Tailandia a nuestros pies.

Pero esto, ya es otro mantra.
  • Hora local: 17:33.
  • Temperatura: 19ºC.
  • Humedad: 88%.
  • Temperatura máxima: 20ºC.
  • Temperatura mínima: 17ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.