viernes, 11 de diciembre de 2009

MANTRAS TAILANDESES, ROLLO 2º: BUSCAVIDAS Y PALACIOS.


Lisonjeros pelotas:

Bienvenidos de nuevo. Amanece un nuevo día sobre Bangkok, igual que lo lleva haciendo desde la noche de los tiempos, cuando por ser noche no había amanecido hasta entonces. Nuestros objetivos para este primer día son: el Gran Palacio, Wat Pho y no ser timados.

Si bien los dos primeros objetivos son fácilmente entendibles, quizá haga falta ampliar un poco de información sobre el tercero.

Objetivo: el Turista.

En Bangkok existe cierta mafia alrededor del turista. Es de hecho después de La Habana el lugar donde más me han dado la lata, si bien hay que aclarar que no estuve en Marruecos, Egipto, Turquía u otros lugares cuya fama de acoso al turista me disuade visitar. Debo aclarar que no hay nada que más me moleste que la gente que intenta venderme algo sin habérselo pedido, con el agravante de que tengo como norma no comprar suvenires durante mis viajes, así que los pelmazos nunca me van a ser de utilidad alguna.
Aspecto desde el exterior del área sacra de nuestro primer objetivo: el Gran Palacio.

El "acoso" en Bangkok es sin embargo más sibilino que en los lugares citados. No viene gente a venderte cosas directamente, sino que tratan de que tú mismo te metas en la boca del lobo. El truco estándar consiste en lo siguiente: un tailandés de cualquier edad o condición se acerca a ti y te pregunta la nacionalidad, tras lo cual afirmará que estuvo en Barcelona, o que es del Barcelona, o que tiene amigos en Barcelona. Tras eso te pregunta cuánto tiempo llevas en Bangkok y a dónde vas (cabe recalcar que ante estas dos preguntas encadenadas cualquiera que esté de viaje por un lugar turístico debe salir corriendo con independencia de todo lo demás). Cuando estúpidamente le dices que has llegado ayer y que vas a ver tal o cual sitio (en vez de contestarle como la lógica pide que llevas en el país dos meses, que ya lo has visto todo y que sólo estás paseando), él te dice que esta mañana, o esta tarde, el lugar a donde vas está cerrado al público porque hay una fiesta budista, o por cualquier otro pretexto. A continuación te señalará alternativas para tu visita, adornando todo ello con consejos sobre cómo moverse por Bangkok, los precios que debes aceptar, etc. Finalmente te consigue un tuk-tuk para asegurarse de que te diriges inmediatamente a los lugares que te ha recomendado. El truco está en que esos lugares son secundarios, de dudoso interés, y probablemente entre ellos habrá una tienda o una agencia de viajes donde se lleva comisión. El asunto no tiene por qué resultar gravoso a no ser que te pongas a comprar como un imbécil, pero el tiempo que te han hecho perder será tiempo perdido para siempre.

Los Buscavidas.

Dado que el Gran Palacio está muy cerca de Khaosan Road decidimos ir caminando desde el hotel. Afortunadamente estábamos avisados de lo descrito más arriba gracias a las notas al respecto que contenía la guía y a los avisos que estaban pegados en las paredes del hotel.

No habíamos recorrido un tercio del camino cuando nos abordó un tailandés de mediana edad interesándose por nuestro viaje; cuando en vez de contestarle como la lógica pide que llevábamos en el país dos meses, que ya lo habíamos visto todo y que sólo estábamos paseando, le dijimos que éramos nuevos e íbamos al Gran Palacio ¡oh coincidencia! nos contó que esta mañana era mal momento para visitarlo porque había una fiesta budista y estaba todo lleno de tailandeses rezando. A continuación desarrolló todo el proceso anteriormente descrito, a saber: el Gran Palacio estaba cerrado hasta las dos y media, pero a cambio podíamos visitar dos templos muy interesantes, uno de los cuales únicamente abría una semana al año al público con motivo de la misma fiesta por la cual estaba cerrado el Palacio; el primero era gratis y tenía un buda gigante, mientras que en el segundo cobraban 40 Bath por entrar y allí no podíamos dejar de dar de comer a los peces porque daba muy buena suerte. También nos contó que no aceptásemos más de 50 Bath por un viaje en Tuk-Tuk, que si queríamos dar un paseo en barca debíamos coger un thai boat, que si necesitábamos una agencia de viajes nos saldría más barato acudir a la T.A.T (Tourism Authority of Thailand), etc. A punto estuvo de conseguir montarnos en un tuk-tuk, pero logramos resistirnos a sus cantos de sirena.
Aspecto del área sacra del Gran Palacio una vez dentro.

Tras deshacernos del pícaro cruzamos por terrenos de la universidad, donde pudimos disfrutar de la interesante belleza de las veinteañeras tailandesas cuando llevan su uniforme universitario minifaldero con prieta camisita blanca. Este recorrido había sido consejo del buscavidas y demostró ser cierto que por ahí se ahorra tiempo, como quedaba claro sobre el plano una vez que sabes que la manzana que ocupa la universidad puede cruzarse.

Habíamos recién salido del campus universitario cuando nos abordó un joven tailandés, supuesto estudiante de económicas, interesándose por nuestro viaje; cuando en vez de contestarle como la lógica pide que llevábamos en el país dos meses, que ya lo habíamos visto todo y que sólo estábamos paseando, le dijimos que éramos nuevos e íbamos al Grand Palace ¡oh coincidencia! nos contó que esta mañana era mal momento para visitarlo porque había una fiesta budista y estaba todo lleno de tailandeses rezando. A continuación nos relató exactamente la misma historia y nos recomendó exactamente los mismos lugares que el anterior buscavidas. ¡Y caímos! En aquel momento pensamos que nos estábamos pasando de desconfiados, pues dos personas que no tenían nada que ver habían venido con la misma historia, así que… ¡caímos!

Que ambos buscavidas contaran exactamente lo mismo fue determinante. Quizá en Tailandia exista un gremio de buscavidas, o tal vez el tiempo haya popularizado unas historias estándar, o simplemente los sitios donde se llevan comisión les instruyen sobre qué decir. Lo que me resisto a creer es que el primer buscavidas hubiera sacado una emisora en cuanto nos fuimos y hubiera lanzado una llamada general de emergencia en términos parecidos a: "¡No han caído! Repito: ¡no han caído! Van en dirección a la universidad. Seguimos con el plan. ¡Interceptadlos a la salida!".

El Tour Sobrevenido.

Total: que avisados y todo consentimos en que nos apartaran de nuestro camino. El pícaro nos pactó un buen precio con un tuk-tuk (50 Bath) y justo antes de que partiéramos añadió una tercera recomendación: un centro comercial donde podríamos encontrar Armani muy rebajado. Los templos no estaban muy lejos, aunque sí al otro lado de Khaosan. El primero fue el del buda grandón, mientras que el segundo fue el de dar de comer a los peces. En ambos casos el conductor esperó en el exterior a que acabásemos la visita.

El templo del buda grandón era gratis (si bien no faltaban urnas de donativos y gente vendiendo cosas), pero para entrar en el de dar de comer a los peces había que pagar 40 Bath, tal y como nos habían avisado. En el transcurso de nuestra visita fuimos bendecidos por un monje que nos derramó por encima agua bendita recogida con un manojo de varas de incienso, tras lo cual nos intentó vender un medallón-amuleto muy feo, aunque sin insistencia. Luego tocó dar de comer a los peces. Esperábamos un estanque con bellos pececitos de colores en el interior del templo, pero resulta que el dar de comer a los peces ni siquiera era dentro del templo, sino que había que salir e ir hasta la orilla del río, a unos 100 metros, comprar por 20 Bath un pequeño cubo lleno de bolitas alimenticias y echarlas al agua, momento en el cual una marabunta, un enjambre, una muchedumbre de peces grises y grandes con aspecto de siluro surgió las profundidades y comenzaron a retorcerse los unos sobre los otros para conseguir el alimento, de forma que la superficie del agua se transformó en una viscosa y excitada masa que se revolvía compulsivamente. En la foto queda bastante claro. Se supone que alimentar a dichos peces trae suerte, así que entre eso y la bendición del monje salimos de allí con un escudo de protección impenetrable que como veremos se demostró muy útil.

Cuando llegué por la noche al hotel consulté acerca de ambos templos y lo que me temía se confirmó: uno de ellos aparecía como un destino secundario y el otro ni se mencionaba. Sin embargo salimos de ambos lugares contentos, pues los templos budistas con todos sus dorados y su recargamiento son tan novedosos a tus ojos que no estás capacitado para distinguir si tienen algo especial o no, así que cualquier cosa te parece bien. Esto me lleva a una reflexión: ¿cómo apreciar si algo totalmente nuevo para ti merece la pena cuando no tienes ninguna referencia que te permita contraponerlo a lo vulgar? Sencillamente no puedes, pues adquiere la condición de extraordinario. Debe ser lo mismo que les pasa a los japoneses cuando los encuentras fotografiando el retablo de una iglesia construida por el franquismo. En la foto que acompaña a este párrafo podéis contemplar el "altar mayor" del templo del buda grandón, que data de mediados del Siglo XX. ¿A que no parece mal?

Hay otras preguntas que asaltaron mi mente, como: ¿Recibirán los buscavidas algún tipo de incentivo de dichos templos para que desvíen turistas hacia ellos? ¿Serán feligreses de los mismos? Misterio.

Agencias y Sastrerías.

Al tercer lugar yo no quería ir (tengo una testigo), pero Patri declaró que igual aprovechaba para comprar una camisa de flores y paramecios para vete a saber tú quien, así que al final le dijimos al conductor que nos llevase. Sin embargo lo que nos encontramos no fue un centro comercial como suponíamos, sino una gran sastrería. Bangkok está lleno de sastres y sastrerías; se supone que si necesitas un buen traje te puedes hacer aquí uno a medida por, relativamente, poco dinero; además, Armani tiene sus fábricas en Tailandia con el fin de poder sacar una plusvalía usurera de sus productos, así que también se pueden adquirir trajes de dicha marca muy baratos. Como no estábamos interesados en nada de lo referido salimos del lugar deprisa y sin gastar un duro, a pesar de los numerosos anzuelos que un dependiente nos lanzó nada más abrir la puerta.

Como teníamos aún que arreglar los billetes hasta Chiang Mai pedimos al conductor que nos llevase hasta la supuesta T.A.T. que nos habían señalado en el mapa los buscavidas. La visita fue un fracaso. En primer lugar, aparte del vuelo nos querían vender también el alojamiento y una excursión a la selva. En segundo lugar, el vuelo a Chiang-Mai nos costaba creo recordar unos 100 euros al cambio cuando Patri había visto por Internet que Air Asia los vendía a 30. Cuando le hicimos al dependiente esta observación empezó a justificarse diciendo que había que reservar con dos semanas de antelación para conseguir ese precio. Como no nos lo tragamos, nos fuimos.
El Gran Palacio incluye además de los templos diversos pabellones reales todavía en uso, como los de la foto.

A continuación el conductor del tuk-tuk tuvo su propia iniciativa y nos llevó sin pedírselo a otra T.A.T., supongo que a la que a él le daba comisión, pues la otra era la que les daba comisión a los buscavidas. Fue entonces cuando me cosqué de que ni esta ni la anterior eran propiamente la T.A.T., sino agencias privadas bajo licencia de la T.A.T., que es muy diferente.

Como la anterior visita había sido un fiasco entramos de nuevo, pero esta vez por lo que preguntamos fue por el viaje de Bangkok a Koh-Tao, pues estaba decidido que el viaje a Chiang Mai lo íbamos a sacar por Internet. Tras mucho insistir logramos que cejase en su empeño de vendernos también el alojamiento y un cursillo de buceo, pero sí contratamos el autobús + ferry de Bangkok a Koh-Tao. De esto luego Patri se arrepentiría amargamente convencida de haber pagado un monstruoso sobreprecio por no haber hecho lo que cualquier tailandés habría hecho: sacar el billete en la estación de autobuses. Bueno, en todo caso hay que valorar también el tiempo adicional que habríamos perdido yendo, haciendo cola y viniendo.

Una vez que acabamos de hacer el primo en la segunda agencia de viajes le dijimos a nuestro conductor que nos llevase al Gran Palacio. No hubo más trampa, allí nos llevó directamente e intentó cobrarnos lo que habíamos pactado: 50 Bath. Me pareció poquísimo, pues el tipo había estado más de dos horas con nosotros, así que consideré justo pagarle 100 Bath a pesar de la comisión que se iba a llevar en la segunda agencia. Y es que 50 Bath es lo que te cobran tras regatear por llevarte a un sitio que no está a más de 15 minutos.

El Gran Palacio.

Al llegar a las puertas del Gran Palacio se acabaron de confirmar mis sospechas: aunque todavía quedaba algo más de una hora para el momento en que según nuestros buscavidas terminarían los actos festivos, el flujo de turistas entrando y saliendo era normal y no se advertía ninguna excepcionalidad.

Antes de entrar comimos en las inmediaciones, comida que de nuevo volvió a estar buena y ser barata. Curiosamente no advertimos durante nuestro viaje a Tailandia una diferencia apreciable en calidad o precio entre los establecimientos situados justo frente a las principales atracciones turísticas y los que están más allá. No tiene mucho sentido por lo tanto perder el tiempo en huir de las zonas más turísticas para comer. Ahora bien, también es cierto que no llegamos a entrar en ningún sitio 100% popular.

Para acceder al Gran Palacio Patri tuvo que adecentarse un poco, pues su vaporoso vestido no era considerado adecuado para tan santo lugar. Están prohibidos pantalones cortos y minifaldas, mallas y leotardos, camisetas sin mangas y ombligos u hombros al aire. Como lo llevan a rajatabla y todos los turistas van bastante destapados, en cualquier templo o palacio que se precie hay un guardarropa bien montado a la entrada donde a cambio de una fianza te entregan pantalones y camisas para que tapes tus vergüenzas; y es que si no fuera así se quedarían sin entrar la mitad de los visitantes. Para disgusto de Patri no consideraron que su vestido fuese lo suficientemente corto, así que únicamente le hicieron entrega de una bonita camisa verde que no hubiera desmerecido que aquella que tenía intención de comprar por la mañana, por lo que estuvimos pensando en pasar de la fianza y llevárnosla; en la foto que ilustra este apartado podemos contemplarla mientras la luce en el pórtico de acceso al Templo del Buda Esmeralda. En mi caso no hizo falta ningún aditamento, pues ya sabéis que opino que los pantalones cortos son un engendro estético intolerable y que a todos los que los llevan y no están haciendo deporte habría que cortarles las piernas a la altura del pantalón.

No voy a hablar del Gran Palacio, ya que para eso ya están las fotos de mi álbum web y sus comentarios.

El Barrio Chino.

Tras la visita al Gran Palacio descartamos seguir a Wat Poh porque ya eran cerca de las cinco, que es la hora a la que se corta la admisión de nuevos turistas en los monumentos de Bangkok; además, la luz comienza a declinar y se hace difícil sacar fotografías. Aquí es cuando realmente nos jodió el habernos dejado engatusar por la mañana. Aprovechamos en cambio para dar un paseín hasta las primeras calles del barrio chino, pues apenas estábamos a 10 minutos. Allí nos encontramos con un animado mercado callejero y gente con pinta de chinos.

Encontrarnos con un animado mercado callejero tampoco se puede decir que nos sorprendiese, de hecho quizá nos hubiera sorprendido más no encontrarlo. Bangkok está atestado de mercados callejeros allá por donde vayas. Puede haber mercados formados únicamente por puestos ambulantes o mercados que en realidad son una extensión de las tiendas que flanquean la vía pública, como es el caso de la primera foto que acompaña a este texto. En este segundo caso como vemos montan un expositor exterior a caballo entre la acera y el primer carril de la calzada y cubren el pasillo que queda con una lona o parasol, de modo que la acera se convierte en una suerte de túnel flanqueado a ambos lados por la mercancía que se vende, sea ropa, objetos, esclavos, comida o, como en el caso del mercado que nos ocupa, vegetales, frutas y flores, zona esta última que vemos en la foto de la izquierda. Como el espacio es estrecho a poca gente que haya da sensación de abigarramiento. Si a esto le sumamos peatones caminando por la carretera para poder ir más rápido y cruzando de un lado a otro por cualquier lugar, coches y taxis parándose a los lados para dejar o coger gente, camionetas cargando o descargando sus mercancías y un tráfico infernal en el espacio que queda, tenemos el ambiente que se vive en dichos mercados. No es apto para claustrofóbicos o sociofóbicos.

Retirada Segunda.

Dado que ya era casi de noche y apetecía una ducha tocó retirada. Como estábamos relativamente cerca decidimos volver en tuk-tuk. Todos debéis saber en este punto que Patri es buena regateadora, mientras que a mí por el contrario el asunto del regateo me avaga profundamente; es por ello que dejé en sus manos la discusión que se avecinaba. El primer ofrecimiento fueron 80 Bath y el precio final quedó en 40, así que la negociación estuvo bien llevada. Como sabéis el tuk-tuk es el equivalente del coco-taxi de La Habana, es decir, un triciclo con capota. En realidad no existe razón alguna que aconseje coger un tuk-tuk, a no ser por probar y por que el aire te de en la cara. Un taxi siempre te va a salir más barato (la bajada de bandera son 35 Bath) y resultará más cómodo, sobre todo porque buena parte de los tuk-tuk adolecen de un muy escaso mantenimiento.
Este es el aspecto del Templo del Buda Esmeralda, una de las atracciones estrella del Gran Palacio.

Cuando llegamos al hotel nos conectamos a Internet en su cibercafé (10 minutos = 10 Bath), entramos en la página de Air Asia y sacamos nuestros billetes a Chiang Mai, los cuales muy amablemente nos imprimió el recepcionista travesti tras consignar su e-mail en los datos del billete. Luego me pregunté si haciendo esto no le habríamos condenado a recibir publicidad de Air Asia por lo que le queda vida. Como sospechábamos, lo que nos habían dicho por la mañana en la agencia de viajes era mentira; con solo dos días de antelación conseguimos nuestros billetes a 40 euros ida y vuelta, tasas y demás zarrias incluidas.

Tras una fantástica ducha al lado del váter tocó arreglarse un poco, pues hoy íbamos a conocer Bangkok la nuit más allá de Khaosan Road. Ataviados con nuestras mejores galas salimos a rendir la capital de Tailandia a nuestros pies.

Pero esto, ya es otro mantra.
  • Hora local: 17:33.
  • Temperatura: 19ºC.
  • Humedad: 88%.
  • Temperatura máxima: 20ºC.
  • Temperatura mínima: 17ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.

sábado, 5 de diciembre de 2009

MANTRAS TAILANDESES, ROLLO 1º: LLEGADA Y KHAOSAN ROAD.


Respetados colegas:


Ha llegado el momento de relataros, en pocos y someros textos, todo lo que no se ve en las fotos de mi álbum web sobre mi apasionante viaje a Tailandia.

Eran muchas las voces críticas que afirmaban en diversos medios de comunicación que este viaje no podía salir bien, que estaba condenado al fracaso, que yo no debería estar allí, que nos iba a llover todo el rato, que hacía demasiado tiempo que Qatar Airways no tenía un accidente, etcétera. Sin embargo, yo estaba decidido a demostrar a esos agoreros cuan equivocados estaban y hacerles tragar su veneno al servicio de los oscuros intereses que guían sus plataformas de expresión. Es por ello que, en esta ocasión, no tuve más remedio que echar el resto y dejar de lado mis comportamientos habituales, renunciando por ende a todo tipo de escándalos, robos con violencia, malas palabras, pollos, extorsiones, deterioros y extravagancias. O sea: tuve que portarme bien y ser agradable.

De mi cuidado y artificial comportamiento, madurado durante meses en la barrica qatarí, salió un viaje equilibrado, con cuerpo, recio al paladar, que enardeció nuestros sentidos con una sucesión infinita de aromas y colores que ahora debo compartir con todos vosotros.

Por supuesto las voces críticas enseguida regresaron al lugar de donde nunca deberían haber salido: al barro.

Vamos pues sin más preámbulo al relato de este maravilloso ejemplo de buen rollo y sana convivencia que, en resonancia con el sinérgico ambiente del budismo, nos permitió a Patri y al que escribe conocer Bangkok y Chiang Mai.

Armas y Bagaje.

Debo reconocer que, a pesar de todos los preparativos previos, nuestro bagaje para enfrentar un viaje tan peligroso y cargado de misterios no era el más adecuado. Nuestra arma más poderosa era una guía de Lonely Planet fechada en 2006 y aportada por Patri, amén de algunos textos impresos desde Internet que no iban más allá de unas pocas páginas.
Aspecto en plena acción de los playeros con raya azul que me permitieron afrontar este viaje con confianza. Las sandalias de Patri también rindieron de una forma excelente.

La guía de Lonely Planet, en concreto, no me merecía la más mínima confianza, pues no se me olvidaba que en su día juré que jamás compraría una. Eso fue durante mi viaje a Berlín, cuando descubrí que la que nos había prestado Miguel hacía juicios de valor explícitos sobre la extinta RDA, por supuesto en el sentido de desprestigiar a aquel gran país. Evidentemente una guía turística jamás es neutral, ya que con sus recomendaciones exalta unas u otras características, pero nunca antes había tenido en mis manos una que se hubiera atrevido a desprestigiar expresamente con frases negativas a un Estado (por supuesto socialista). Es por ello que desde entonces renuncié a Lonely Planet como fuente válida de información. Sin embargo, dado que en esta ocasión la guía provenía de la Biblioteca Pública de Gijón, hice la vista gorda, sin bien al final como era de esperar nos dio más problemas que otra cosa.

Otras armas imprescindibles para afrontar una travesía por Tailandia son:
  1. Protector solar absurdo.
  2. Repelente para insectos.
  3. Matamosquitos eléctrico.
Algunas fuentes añaden a la lista anterior unas pastillas para las revolturas de barriga pero, si bien estaban entre nuestro equipaje, no nos hicieron falta.

En todo caso yo había añadido un arma secreta que me hacía afrontar el viaje con mucha más confianza: unos playeros blancos con una raya azul eléctrica en el medio, de esos que se ponen los pandilleros para jugar al fútbol, comprados en el Carrefour de Doha por solo 15 euros la semana anterior. Por fuerza tendrían que aguantar lo que les echases, como así fue.

Aterrizaje.

Para un español la visa de entrada a Tailandia por turismo se consigue a la llegada en el aeropuerto de Suvarnabhumi y es gratis, pudiendo extenderse la visita por el plazo de un mes.

La moneda tailandesa es el Bath, y por lo que pudimos ver no hay mucha diferencia entre cambiar en una oficina bancaria de la ciudad y el aeropuerto, siendo la relación entre monedas muy sencilla: 1 euro = 50 Bath.

Nuestra llegada se produjo a las seis de la tarde, hora a la cual anochece en Bangkok. Como corresponde a una ciudad situada entre el Trópico de Cáncer y el Ecuador, la hora del crepúsculo es muy parecida durante todo el año y los tiempos de penumbra son de corta duración, así que en cuanto el sol se pone enseguida se cierra la noche.

Para moverse hasta el hotel el taxi es casi la única opción, ya que no hay metro o tren que lleguen al aeropuerto. A la salida se distribuyen unos mostradores de las diversas compañías y algunas afanosas azafatas te asaltarán tratando de que contrates con su empresa. Hay que dirigirse al mostrador del "public taxi", pues el resto son compañías privadas con coches muy lujosos pero que intentarán cobrarte entre 1.000 y 1.500 Bath. Con el "public taxi" hay que pagar 50 Bath en concepto de tasa de salida del aeropuerto más lo que marque el taxímetro y los peajes de la autopista. Al final nos salió por uno 400 Bath.

Durante nuestro desplazamiento por la autopista observamos un centro de Bangkok abundante en rascacielos, aunque no plagado. Si bien había algunos que sobresalían especialmente, la mayoría alcanzaban una altura moderada.
Así se ve el centro de Bangkok desde el río Chao Phraya.

También nos cruzamos con el interminable viaducto del sky train, una línea de ferrocarril que recorre Bangkok a bastantes metros sobre el suelo. El sky train se complementa con una única línea de metro a la hora de trasladar viajeros de un lado a otro de la capital tailandesa, cruzándose ambas líneas en un único punto. Como podéis imaginar dos únicas líneas de ferrocarril para una ciudad con más de 8.000.000 de habitantes resulta insuficiente; como además no pasan por las zonas turísticas es improbable que resulten útiles al visitante vacacional. Sin embargo, si tienes tiempo suficiente es recomendable montarse en el sky train en un viaje de ida y vuelta hacia cualquier destino con el fin de poder sumergirse en el ambiente rutinario de los tailandeses y contemplar la ciudad desde la altura. A mí no me dio tiempo.

Nuestro Hotel.

Nuestro alojamiento estaba situado en una calle paralela a Khaosan Road, uno de los centros neurálgicos del turismo en Bangkok y de la cual hablaré enseguida.

Como anécdota puedo comentar que una de las recepcionistas nocturnas era en realidad un travesti. En Tailandia existe gran permisividad con el travestismo y la homosexualidad.

La habitación era estupenda. Incluía baño completo, televisión, una cama de 1,50 y aire acondicionado. La verdad es que si además hubiera tenido ventana hubiera sido la hostia. Es más: si la ducha no hubiera sido modelo Irán, con el agua cayendo directamente en el suelo al lado de la taza del váter, habría sido la repera. Y hombre, ya puestos a pedir, si hubiera tenido un armario suficientemente grande como para meter algo dentro, un poco de espacio en el baño para colocar algún frasco, un aparato de aire acondicionado que no pareciese una moto de cross y unas chancletas con borlas de pelo de conejo para calzar los pies ya hubiese sido el colmo. Pero bueno, no habíamos venido a Bangkok para participar en un concurso de remilgos, así que como ya dije, el lugar estaba estupendamente.

El precio por noche era ridículo: 300 Bath. Además, nos regalaron 15 minutos de masaje en el spa del establecimiento.

Sin perder más tiempo que el necesario para abrir las maletas salimos a inspeccionar los alrededores.

Khaosan Road.

Básicamente el área de Khaosan comprende la calle del mismo nombre y algunas aledañas hacia el río, más las callejuelas laterales que de ellas salen o las comunican entre sí. Algunas son peatonales o semi-peatonales. En esta área se concentran montones de restaurantes, bares y pubs alternados con tiendas y puestos de ropa, de souvenirs, de música y de todo tipo de productos atractivos para el turista.

La verdad es que Khaosan misma me recordó La Rambla, ya que los únicos nativos que te encuentras son los que aquí trabajan. No exagero nada si digo que el 85% de los clientes son turistas, siendo el 15% restante tailandeses integrados en grupos de turistas. Buena parte de estos turistas responden a la tipología del jipi de postal, ataviados con las marcas jipis más cool y más caras del momento recién compradas en las galerías Lafayette o Harrod's. Mientras paseas por la calle hay presión de relaciones públicas ofertándote descuentos y chupitos gratis en sus locales. A todo lo largo de la calle se distribuyen puestos móviles y tenderetes de ropa y comida, incluyendo larvas y saltamontes fritos. Los que más celebramos fueron los de fruta; te meten un gran pedazo de piña, mango o lo que sea dentro de una bolsita transparente, lo cortan ahí dentro usando una paleta de bordes romos y vas comiendo los pedazos desde la bolsa utilizando una banderilla. Riquísima la piña.
Aspecto estándar de una calle de Bangkok fuera del área de rascacielos.

Tras la exploración tocó nuestra primera comida tailandesa, en concreto en un local situado en la paralela a Khaosan, mucho menos congestionada, menos tomada por el turista y con locales con mejor pinta. Sorprendentemente la comida estaba bastante buena y el precio resultó muy barato, así que en este aspecto el área de Khaosan dista mucho de La Rambla. Fue aquí donde disfruté de mi primera cerveza en una terraza desde junio.

En Tailandia la comida sigue el mismo patrón que en el resto de países del sudeste asiático: mucha soja, pasta (nudels), arroz, revueltos de verduras con carnes diversas cortadas en pequeños trozos… en general es picante (no siempre), pero si evitas los platos que en su definición llevan implícito que son rabiosos, se tolera perfectamente. Lo más original son las sopas, muy populares. Están hechas con leche de coco y en ellas flotan grandes pedazos de carne y verduras. Algunas son bastante picantes, así que hay que tener cuidado, pero en general nada que no puedas comer. Aunque hay que considerar que nunca nos salimos de las zonas más turísticas, no hay problema alguno en encontrar establecimientos con la carta en inglés o con fotografías de los platos, si bien es muy probable que el camarero no hable más que cuatro palabras indispensables de la cacofonía anglosajona.

Muchos de los locales estaban muy bien montados, con mucho diseñý, y algunos ofrecían buena música a quien quisiera sentarse en sus terrazas o en el interior, si bien ésta era muy variable y podía estropearse en cualquier momento. Muy a menudo no existe una fachada propiamente dicha y el interior del local está totalmente abierto a la calle, como continuación de la terraza. Está configuración no es arriesgada porque la temperatura por la noche en Bangkok ronda los 25º, si bien la humedad es tan intensa que siempre estás en el límite del sudor; no llegas a mojar la ropa, pero no puede decirse en ningún momento que tu piel esté seca. La variación anual de las temperaturas es muy pequeña; el periodo más "fresco" es diciembre – enero (máximas de 31 y mínimas de 21), mientras que el más caluroso es, curiosamente, abril – mayo (máximas de 35 y mínimas de 26).

Primera Retirada.

El cansancio del viaje hacía mella, así que el día no dio para más. En todo caso el tiempo se nos había echado encima y ya era medianoche.

Al llegar al hotel nos quedamos sin embargo un ratín viendo la tele, ya que estaban echando El Laberinto del Fauno en versión original subtitulada. La verdad es que me quedé sorprendido de lo bien que entendía a los actores. Se ve que mi estancia en Doha ha desarrollado mi oído para los idiomas más de lo esperado.

A pesar de los intentos del ruidoso aire acondicionado por sabotearme pronto quedé profundamente dormido. Desconectar el aparato estaba fuera de toda discusión, pues al no haber ventana en la habitación la humedad en el interior podía olerse al entrar y hacía mucho calor.

¡Hala! Hasta el próximo mantra.
  • Hora local: 16:46.
  • Temperatura: 23ºC.
  • Humedad: 65%.
  • Temperatura máxima: 25ºC.
  • Temperatura mínima: 19ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.