martes, 9 de diciembre de 2008

CRÓNICAS JORDANAS: PAISAJES BÍBLICOS.


Idolatrados incondicionales:


Continúo el relato de mi viaje a Jordania, centrándome esta vez en el tercer día, el que les tocó organizar a mis compañeros de fatigas. Hoy había que plegarse a los planes de los demás, pues hay que reconocer que el resto del viaje se planeó según mis recomendaciones.

Primero hubo que dejar claro que la visita a Petra requería un día entero. Una vez aclarado esto nadie discutió dormir en Wadi Moussa la noche antes, que por lógica tenía que ser la primera con el fin de aprovechar para desplazarnos la tarde en que llegamos.

En segundo lugar había que poner a Jerash en un lugar que le asegurase un tiempo mínimo de visita. Se barajó dejar el tercer día para el Mar Muerto y Jerash y el cuarto para Ammán, con el fin de salir hacia el aeropuerto con total tranquilidad, pero esto era arriesgado: si el Mar Muerto se visitaba por la mañana, estaba seguro de que íbamos a llegar tarde a Jerash, pues resulta increíble la capacidad que tiene la gente para perder el tiempo en la playa; por el contrario, si el Mar Muerto se dejaba para la tarde, temía una visita con dos tipos metiéndome prisa para salir antes de comer porque si no el sol se iba a quitar. Decidí entonces dejar Jerash para el último día pues, a no ser que fallásemos a la hora de madrugar, estaban aseguradas cuatro horas o más de visita.

Hoy tocaba por lo tanto viajar hasta el primer tramo del Gran Valle del Rift, que comenzando en el Líbano y acabando en Mozambique acoge en su seno al Mar Muerto y al río Jordán, además del Mar Rojo y los lagos Tanganica y Victoria en su más conocida parte africana. Dentro de unos pocos millones de años el océano índico lo inundará, así que daos prisa en visitarlo porque no queda mucho tiempo.

Este tercer día de viaje es al que más texto le voy a dedicar, pues es el que menos desarrollado está en Picasa. Es por ello que lo repartiré entre esta entrada y la siguiente.

Tercer día, Primera Parte: el Jordán.

Tal y como estaba previsto este tercer día, Sábado, nos levantamos a las siete de la madrugada. Nos encontramos el buffet del desayuno lleno a reventar, pues en nuestro hotel se estaban alojando además de nosotros una horda de jubilados franceses.

Antes de encontrar la autopista hacia el Mar Muerto, durante las inevitables confusiones, quedó confirmado que el tráfico en Ammán es tan infernal como en cualquier otra capital del mundo sin un transporte público eficiente, si bien en Jordania se ven muchísimos más autobuses y taxis que en Qatar; además, hay ferrocarril.

En Jordania la sociedad no es como en Qatar, se parece mucho más a la nuestra: hay jordanos pobres y ricos, hay jordanos empresarios y oficinistas, hay jordanos terratenientes y agricultores. No es una sociedad totalmente artificial como la qatarí, donde los 350.000 ciudadanos del país se dedican a mandar y a ser servidos basando su prosperidad en los cientos de miles de inmigrantes que realizan todos los trabajos. Por lo tanto, hay jordanos que cogen el autobús. No sé cuándo sería la última vez que un qatarí cogió un autobús, pero seguro que hay algún museo donde se detalla este momento histórico. La idea de un qatarí desplazándose en transporte colectivo (más allá del avión) es tan absurda como pensar que el PSOE va a crear impuestos sobre el capital o condonar siquiera parcialmente la deuda con los bancos para salir de la crisis.

El Mar Muerto queda a unos 45 minutos de Ammán cogiendo la ruta que une la capital con la Cisjordania ocupada por Israel, unión que se materializa a través del puente King Abdullah, el cual cruza la frontera natural entre ambos territorios: el río Jordán, tributario fundamental del Mar Muerto. Como Ammán está a unos 750 metros sobre el nivel del mar y el Mar Muerto 420 por debajo (está en la depresión más profunda del planeta), el viaje se convierte en una permanente bajada, como se aprecia a la izquierda. La autopista pasa ante la orilla norte del Mar, donde lógicamente te desvías a la izquierda para bajar por su costa hacia el sur.

El orden del día no estaba del todo claro, ya que mis compañeros pretendían también pasar por el Monte Nebo, el lugar donde según la tradición Moisés rompió las Tablas de la Ley, pero que también ofrece una espléndida vista del valle del Jordán y el Mar Muerto. Sin embargo, cuando ya nos acercábamos al Mar, las indicaciones señalando el lugar del bautismo de Jesucristo llamaron la atención de mis acompañantes, que decidieron pasar antes por ahí,desoyendo mis advertencias sobre la imposibilidad de estirar el tiempo. En todo caso es bien cierto que también yo sentía cierta curiosidad por ver lo que allí estaba montado.

Reconozco por lo tanto que habría entrado a gusto si no fuera por los 8 dinares que costaba la entrada, lo cual me dispuso en contra de la visita porque no tenía ni pajolera idea de a dónde iba a ir a parar mi dinero; quiso sin embargo la mala fortuna que justo faltasen cinco minutos para que saliese el minibús que a las horas en punto lleva a los visitantes al inicio del recorrido, así que hubo que transigir.
Nuestros compañeros de visita eran todos estadounidenses obesos. En primer lugar teníamos una familia de negros gordos con padre, madre y dos hijas veinteañeras, todos ellos vestidos con chándal y ellas con pelo a lo Lucrecia. En segundo lugar estaban dos blancos: un padre gordo y pelirrojo con barba de chivo y pinta de poder sacar una escopeta para cargarse a los negros y su hijo lechoso de unos 10-12 años, también gordo y con una cara de las que justifican la administración gratuita de dos bofetadas y una patada en el culo; iban vestidos ambos con un polo, pantalones cortos y gorra de béisbol. Temía que en algún momento de la visita alguien se pusiera a cantar, pero afortunadamente la familia de blancos no abrió la boca, mientras que la familia de negros se limitó a formularle algunas preguntas al guía, a hacer chistes en el autobús y el padre a decir sonoramente "Aha!" a cada afirmación que hacía el guía.

El minibús debe pasar primero por un pequeño control del ejército jordano, pues el supuesto lugar del bautismo está en la frontera con los territorios ocupados por Israel. Luego te deja en un punto cercano al objetivo y hay que terminar el recorrido a pie. Primero te paras al borde del rio en un balcón algo elevado sin acceso a la orilla. El Jordán es aquí un regato de agua sucia que me recordó muchísimo al Segura cuando estuve por trabajo en las mini-hidráulicas de Ulea, Archena y Abarán. Es aquí donde el guía te explica que el cauce natural del río es muy superior al que se ve, pero que Israel desvía para riego y otros usos el 80% de su caudal, lo que supone el 30% de las aportaciones de agua dulce al estado hebreo. Esto en sí tampoco debería sorprender u ofender mucho, pues después de todo es lo mismo que ocurre con el Segura, los regantes murcianos y las urbanizaciones turísticas costeras. Lo que el guía no dice es que el gobierno jordano aceptó la situación en 1996 cuando firmó el tratado de paz con Israel, vendiéndolo todo a cambio de garantías para la dinastía reinante, actitud que ya había quedado clara en 1970 con el Septiembre Negro y la posición jordana durante la Guerra del Yom Kippur en 1973.
Israel desvía el cauce en el punto donde el Jordán desagua desde el lago Tiberiades. Este lago es un notable ejemplo de los absurdos fronterizos heredados del colonialismo. Durante el dominio inglés (Palestina) y francés (Siria) de la zona se acordó que el lago quedaría totalmente integrado en Palestina. Para ello, la frontera Siria se retranqueó a 10 metros de la orilla del lago. Así, antes de la ocupación de los Altos del Golán por Israel, Siria tenía una frontera de 20 kilómetros que rodeaba el lago por el oeste a 10 metros de su orilla.

Tras la parada a la vera del Jordán se llega al lugar del bautismo propiamente dicho, donde se observan los restos de una iglesia desde la cual bajaban unas escaleras hasta una poza hoy en día cegada que se desviaba del río y cuyos límites quedaban marcados por cuatro pilastras hechas con bloques de piedra. Los que se iban a bautizar bajaban por las escaleras, se metían en el agua, pasaban bajo un pequeño arco y quedaban en medio de las cuatro pilastras, donde se efectuaba el rito. Dicen que Jesús fue bautizado aquí porque por lo visto se han encontrado unas inscripciones que dicen que hacia el siglo I el lugar era regentado por un tal Juan.

Tras la visita a los restos arqueológicos se llega a un lugar donde coexisten una pequeña iglesia ortodoxa griega pagada por un mecenas de la misma nacionalidad, una pila bautismal y un puesto de vigilancia del ejército jordano. En la orilla opuesta del río se observa una instalación similar todavía en construcción sobre la cual ondea la bandera israelí, pues dicha orilla pertenece a la Cisjordania ocupada.

La iglesia ortodoxa es terriblemente pretenciosa, con una cúpula dorada sobre el crucero y frescos chillones en el interior imitando el estilo románico. Quizá habría que explicarle al señor que dibujó eso que si en el siglo XIII pintaban así es porque nadie sabía hacerlo de otra forma, y no porque dicho estilo fuera más bendito o fuese mejor de cara a transmitir las ideas a unos parroquianos mayoritariamente analfabetos; es más, si hubieran podido dibujar como lo hacemos nosotros seguro que lo hubieran hecho, pues habría sido mucho más fácil transmitir el mensaje que se deseaba. Dado que la iglesia fue construida en 2004, no comprendo por qué no se utilizó un estilo más acorde con los tiempos, aunque quizá lo más acorde con los tiempos hubiera sido construir un after-hour, o quizá un búnker para las pobres tropas jordanas que tenían su base en una simple casa.

Por supuesto en la iglesia vendían ampollas con agua del Jordán y otras santidades, ninguna de las cuales encontró sitio en mis bolsillos, aunque sí en los de mis compañeros, que se llevaron algunos frasquitos de recuerdo.

En este área sí había más actividad religiosa. Un grupo de unos 20 jubilados italianos cantaban salmos (o lo que fuera) bajo un cobertizo dispuesto poco antes de la pila bautismal, dirigidos por una pareja de curas con tiara y traje de luces. En la propia pila otro grupo estaba procediendo al bautismo de un niño; los familiares me dieron bastante mal rollo por su forma de vestirse, su comportamiento y sus caras al mismo tiempo de beatos e hijos de puta. Acompañaba al séquito bautismal un cura ortodoxo con barba cuadrada y sayón marrón, y claramente hablaban alguna lengua de Europa del este. Yo para mí que eran polacos. Después de bautizar al niño se pusieron todos a echarse el agua de la pila por la nuca y los brazos con cara de éxtasis y mucho ademán y a sumergir en la misma las grandes cruces de oro que pendían de sus cuellos.

Fue en este momento de mi visita cuando me di cuenta de que el cristianismo ha ganado ya la partida a todas las demás religiones. Me explico.

La pila bautismal está a la vera del Jordán, a cuya orilla hay libre acceso a través de una escalinata y, en teoría, contiene su agua. Sin embargo, aunque el agua del río es de color verde-marrón y prácticamente opaca, la de la pila luce totalmente cristalina. Semejante resultado únicamente se puede conseguir por tres vías:
  1. Destilación
  2. Ósmosis inversa
  3. Milagro.
Marginalmente debe descartarse que todo sea un engaño, ya que sólo una pandilla de bolcheviques resentidos podría dudar de la buena voluntad de la Iglesia o atreverse siquiera a insinuar que lo que se estaba vendiendo en las ampollas del santuario o lo que contenía la pila bautismal fuera en realidad Agua de Borines, y que por ello tanto el apresurado viaje de esa respetable familia polaca como el gasto en botellitas de mis compañeros hubieran sido guiados por un espejismo.

Descartamos asimismo por motivos de logística la ósmosis inversa.

Finalmente, debemos descartar también el milagro porque en ningún lugar se indicaba que aquí se hiciesen ese tipo de cosas. Es evidente que, de hacerse, habrían sido convenientemente publicitados, por lo que habría largas colas de tullidos y enfermos esperando a que las aguas del Jordán les quitasen el cáncer o les hiciesen crecer una pierna, al igual que ocurre en Lourdes todos los días.

Suponemos pues que estamos ante agua destilada, libre de impurezas tras un proceso de evaporación y condensación. Es lógico pensar que tras dichas transformaciones seguirá siendo agua bendita, pues si hubiera dejado de serlo no la habrían puesto en la pila bautismal o los frascos; no tiene sentido en cambio pensar que haya sido bendecida posteriormente, pues entonces estaríamos suponiendo que el agua del Jordán no se diferencia para nada de la del Segura, con lo cual todo sería un timo y esto ya quedó claro que no puede ser. Por lo tanto es evidente que cuando el agua bendita se evapora sigue siendo bendita, convirtiéndose entonces en vapor bendito; asimismo, cuando el vapor bendito se condensa vuelve a producir agua bendita. Esto tiene completa lógica si razonamos que la bendición recae sobre la molécula H2O, o individualmente sobre los átomos de hidrógeno y oxígeno que la componen, no dependiendo por lo tanto el estado de bendición de que su fase sea líquida, gaseosa o sólida, en cuyo último caso tendríamos hielo bendito.

Recapitulando: el vapor bendito que se desprende de las pilas de las iglesias de todo el mundo acabará tarde o temprano condensándose en la atmósfera y cayendo de nuevo en forma de lluvia, pedrisco o nieve benditos; más tarde este agua pasará a formar parte de los ríos y acabará en nuestras duchas, en forma de ducha bendita, con lo cual llegamos a la conclusión de que la totalidad de la humanidad está bautizada, así que el cristianismo ha ganado.

Como el área del santuario era la última estación de la vía-crucis volvimos a continuación al autobús, el cual nos devolvió al parking inicial. Habíamos perdido algo más de hora y media cuando reanudamos nuestra excursión hacia el mar muerto, lugar donde probablemente Jesús caminó sobre las aguas, y no en el lago Tiberiades como se nos quiere hacer creer.

Tercer Día, Segunda Parte: el Mar Muerto.

El Mar Muerto no es más que un lago mediano por su tamaño, pues sólo mide 60x18 kilómetros. Está además en franco retroceso debido a dos razones:
  1. El desvío por parte de Israel del 80% de las aguas del Jordán, ya que este río es con diferencia el principal aporte al lago salado.
  2. Las industrias extractivas, que evaporan su agua para obtener los valiosos minerales que contiene, pues se obtienen nada menos que 280 gramos de sal por cada litro evaporado. Sin embargo su composición es muy diferente de la de los océanos, pues si ésta es en un 95% cloruro sódico, en el Mar Muerto sólo tenemos el 30%, con altas concentraciones sin embargo de sales de potasio, magnesio, calcio y bromo.
Como resultado hoy en día la evaporación supera a los aportes, registrándose una bajada de nivel de 1 metro por año. Desde los años 70 se han perdido 22 metros. Aunque esto no se corrigiese el Mar Muerto no desaparecerá, ya que al final los aportes y la evaporación se igualarán de nuevo por disminución de ésta última, debido a:
  1. Al disminuir la cantidad de agua también disminuye la superficie de evaporación
  2. Al aumentar la concentración de sal en el agua que va quedando, aumentan la densidad y la tensión superficial, lo cual dificulta la evaporación.
Se estima que se alcanzará el nuevo punto de equilibrio cuando la superficie sea la mitad de la actual, la cual ya es tan solo el 60% de la que era en 1945. Afortunadamente el Mar Muerto es muy hondo, siendo la máxima profundidad actual de 396 metros.

Las orillas no son atractivas. En primer lugar no hay ningún tipo de playa natural y, si algún día la hubo, hace mucho tiempo que las aguas la dejaron atrás. En segundo lugar los márgenes son muy pendientes y rocosos, con rocas bastante afiladas, no con cantos rodados como los que podemos encontrar en cualquier playa pedregosa oceánica. Luego, se disponen bastantes industrias alrededor y se encuentra bastante basura en las orillas. Como además si quieres bañarte es imprescindible contar con agua dulce para poder ducharte posteriormente, la única alternativa es pagar la entrada a uno de los resorts vacacionales privados que se disponen en los márgenes. El que nosotros elegimos costaba 12 dinares e incluía piscinas, vestuarios, restaurante, bar, duchas y tienda de cosméticos. El tramo de costa de los resorts está limitado por vallas que se meten en el agua, siendo perfectamente visible que han ido añadiendo tramos conforme el nivel ha ido descendiendo. La zona de playa artificial con arena añadida es muy pendiente, quedando el agua a unos 10 metros por debajo del paseo superior. Dejas de hacer pie a muy poca distancia de la orilla, pero en el Mar Muerto eso carece de importancia.

Cuando te bañas hay que tener sumo cuidado de no tragar una gota de agua (si masticáis un puñado de sal conseguís el mismo efecto) o de que te entre una gota en los ojos, porque pica como el vinagre. El tacto del agua es aceitoso, las manos resbalan sobre la piel mojada. Hundirse completamente es francamente difícil, ni queriendo lo consigues, pero paradójicamente nadar es más lento y difícil que en el mar; únicamente de espaldas se consigue un resultado aceptable.

Existe la opción de que te embadurnen con los lodos bituminosos del fondo del lago, pero no me acogí a ella. Se supone que el efecto combinado de los lodos y las sales del agua es sumamente beneficioso para la piel; por ello se venden cientos de cosméticos basados en dichos lodos y sales.
En cuanto a la fauna que se movía por el resort, estaban gran cantidad de jubilados alemanes, la familia negra que había coincidido con nosotros en el Jordán, un grupo de coreanos, otro de pijillos españoles (no me refiero a nosotros), otros europeos mayoritariamente cuarentones y bastantes árabes con y sin chilaba, incluyendo féminas que no tuvieron ningún problema en ponerse el bañador y otras que mojaron los pies sin quitarse la túnica.

Comimos en el autoservicio del lugar, el cual era un tanto rácano y nos costó 14 dinares, para mí la comida más cara en términos reales de todo el viaje. Después, mis compañeros se gastaron unos 300 euros cada uno (sí, trescientos, valorado por ellos mismos) en cosméticos para regalar en Navidad a toda la familia. Fue divertido cuando más tarde, en Ammán, en una farmacia, encontraron los mismos productos entre un 50% y un 30% más baratos.

En cuanto acabó la compra ya se ponía el sol en la orilla de Cisjordania, así que quedó descartado subir hasta el monte Nebo, dándome por lo tanto el tiempo la razón. Nos dirigimos por lo tanto directamente a Ammán con la intención de visitar el centro de la ciudad, pues sólo eran las cuatro y media, pero esto, ya es otra historia.

Cierre.

Para terminar quisiera comentaros que el pasado 6 de diciembre de 2008 sucedió en Doha algo hermoso: cayó la primera lluvia de la temporada. Fue en forma de tormenta a las dos de la tarde, e incluso estuvo acompañada durante algunos instantes de granizo. La precipitación duró unas dos horas, y como en Doha no hay alcantarillado se llenó todo de agua, dando la sensación de que había caído mucho más que lo que en realidad fue, como demuestra claramente la fotografía que tenéis a vuestra derecha, hecha desde la ventana de mi cocina. El aeropuerto recogió menos de 5 litros por metro cuadrado, si bien por mi zona es seguro que cayó más. Al día siguiente la atmósfera se había limpiado y por primera vez desde principios de la primavera pude ver el cielo de color azul intenso.

En fin, sólo me queda desear que este invierno sea más lluvioso de lo normal por aquí, lo cual equivale a desear que llueva por lo menos diez veces hasta abril.

Patadas cariñosas para todos.
  • Hora local: 19:45.
  • Temperatura: 20ºC.
  • Humedad: 52%.
  • Temperatura máxima: 24ºC.
  • Temperatura mínima: 15ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

CRÓNICAS JORDANAS: PETRA.


Adorados acólitos:

Con un poquito de retraso, debido a que el tratamiento y comentario de las 210 fotos me llevó notablemente más tiempo del esperado, unido ello a una sucesión de fines de semana bastante ajetreados, me complace ofreceros a continuación las líneas generales de mi viaje a Petra.

En este texto hablaré de generalidades, tiempos, precios y todo aquello que no se ve en las fotografías que podéis disfrutar en Picasa. Dejo para los comentarios al pié de dichas fotografías la descripción detallada de los lugares en ellas retratados y su historia.

Planificación.

Mi estancia en Jordania duró sólo 3 días efectivos: de las 14:30 del 6 a las 16:30 del 9 de noviembre. El viaje en avión desde Doha fueron 2 horas y media y costó unos 550 euros, que no es barato, pero era lo que había.

El plan fundamental era visitar Petra y Jerash, esta última impuesta por mi. Los objetivos secundarios eran el Mar Muerto y Ammán. Para desplazarnos por Jordania alquilamos un coche, cosa que mereció la pena sin lugar a dudas, pues los tres días salieron por sólo 54 euros por cabeza y nos permitió planificarnos a placer.

El primer día lo dedicamos a llegar hasta Petra, el segundo a visitarla y subir de nuevo hasta Ammán, el tercero al Mar Muerto y la propia Ammán y el cuarto lo reservamos para Jerash.

Todas las reservas (vuelo, coche y hoteles) las hicimos por Internet con tres semanas de antelación. Sin embargo, en contra de lo que pensábamos esta antelación no fue suficiente, pues estuvimos a punto de tener que retrasarlo todo una semana porque no encontrábamos plazas en Petra. Al final lo conseguimos rebajando la categoría del hotel.

Primer día. Viaje a Petra.

Para entrar en Jordania de turista hay que pagar una multa de 10 dinares. En el momento de nuestro viaje por 100 euros te daban 88 dinares, así que hay que tener cuidado con los precios porque un dinar vale más que un euro. La centésima parte de un dinar es la piastra, o sea: 100 piastras hacen un dinar. Yo diría aún más: un dinar está compuesto por 100 piastras.

El aeropuerto de Ammán queda al sureste de la ciudad, lo cual es perfecto para nada mas salir del avión coger el coche y tirar directamente hacia Wadi Moussa; ésta es la población que se levanta a las puertas del acceso a Petra, todo sea dicho de paso pequeña y sin ningún interés.

Desde el aeropuerto de Ammán hasta Wadi Moussa hay unas tres horas en coche. Tienes que coger la ruta 15 hacia el sur, la cual es una vía de dos carriles por sentido y con mediana que yo no catalogaría como autopista. De vez en cuando se atraviesan poblaciones; entonces, aparecen badenes en medio de la vía y la limitación de velocidad baja a 60 km/h (la máxima son 110km/h), que más te vale respetar si no quieres llegar a Petra volando debido a los citados badenes.

Una vez recorridos dos tercios del camino hay que abandonar la "autopista" y meterse por una carretera que está bastante bien, similar a cualquier nacional española aunque con pendientes muy pronunciadas, pues la segunda parte del viaje es muy montañosa.

El parque móvil jordano es mucho más normal que el qatarí y parecido al que te puedes encontrar en España, un poco más viejo y con otra predominancia de modelos; en todo caso queda muy alejado de la ridícula procesión de todoterrenos del país donde me ha tocado trabajar; felizmente, además, no se ve ningún autobús amarillo de los Simpson acarreando hindúes.

Con el horario de invierno en Jordania es sólo una hora menos que en España, así que como os podéis imaginar se hace de noche MUY temprano. Así, aunque llegamos hacia las siete de la tarde a Wadi Moussa, ya era de noche cerrada desde hacía un par de horas.

En Wadi Moussa hay dos zonas de hoteles: una en el valle, en las mismísimas narices de la entrada a Petra, y otra en lo más alto del monte. Como no sabíamos dónde estaba nuestro alojamiento subimos hasta el monte, donde las leyes de Murphy fueron implacables y nos señalaron que estaba en el valle. La verdad es que tuvimos bastante suerte con esto, pues si llegamos a ir al valle en primer lugar, nuestro hotel hubiera estado en lo alto del monte, con lo cual al día siguiente habríamos tenido que coger el coche para acercarnos hasta la entrada.

El hotel Petra Inn era de tres estrellas, 40 dinares cada habitación individual con desayuno. Como bien sabéis, en España las condiciones de los hoteles son superiores a las de un hotel de la misma categoría en la mayoría de los países. El Petra Inn en concreto equivaldría a uno de dos estrellas inferior en España. Las habitaciones estaban parcialmente renovadas, pero la parte sin remozar estaba muy deteriorada y daba muy mala impresión. Además, no estaba limpio, las camas eran pequeñas e incómodas y por la mañana no había agua caliente, así que mis compañeros no pudieron ducharse. No fue mi caso porque me ducho antes de acostarme; nunca comprendí el gusto que le tiene la gente que se ducha por la mañana a restregar por la cama toda la mierda que se ha depositado sobre su piel a lo largo del día. Tampoco comprendo por qué si estás durmiendo en una cama limpia tienes que ducharte cuando te levantas, si nada hay en la cama que pueda ensuciarte. Otra cuestión es que ya te hayas metido sucio en ella, claro, con lo cual volvemos al primer punto. Retomando, si alguna vez hacéis este viaje y queréis estar a gusto, os recomiendo un hotel de cuatro estrellas. En nuestro caso no tuvimos más remedio porque, o cogíamos este hotel, o no veníamos, pero no era un sitio cómodo; en todo caso era aceptable. Eso sí: olvidaos de establecimientos de menor categoría, porque os arriesgáis a encontraros con sorpresas desagradables.

Comer en Jordania es muy barato, incluyendo hoteles y zonas turísticas. Este primer día cenamos en un restaurante muy cercano a la puerta de entrada a Petra que estaba especializado en comida árabe y beduina, el típico sitio para turistas donde te pueden sangrar a cambio de bazofia. Para nuestra sorpresa la comida estaba bastante buena y la minuta ascendió sólo a 12 dinares por cabeza. En el Mediterráneo español te habría salido la broma por 20 euros y te habrían puesto una paella “paellador” bañada en colorante alimentario, con el café aparte, por supuesto.

A las 11 ya estaba en la cama, pues al día siguiente había que levantarse a las 06:30. Afortunadamente estos son los mismos horarios que en Qatar, así que ya estaba adaptado.

Segundo día. Petra y vuelta a Ammán.

Nuestro hotel estaba a menos de diez minutos caminando del acceso a Petra, así que por la mañana lo tuvimos bien fácil. La entrada cuesta 32 dinares y es válida para dos días.
Cuando digo el acceso a Petra me refiero al comienzo de la vía de acceso. A partir de la valla de entrada tienes unos 500 metros de camino de grava, tras el cual te metes en un angosto desfiladero con una longitud de 1.600 metros. Sólo tras haber recorrido esos dos kilómetros y pico puedes decir que has llegado a Petra. El tráfico rodado está lógicamente prohibido. Como este camino ya ofrece cosas interesantes se hace a paso lento, así que es de esperar que tardes una hora bastante larga en recorrerlo.

Una vez en Petra la libertad de movimientos es casi total. Puedes acceder a cualquier lugar al que el tiempo no le haya destruido el acceso construido en la roca por los nabateos. No hay restricciones para penetrar en cualquier edificio troglodítico o intentar trepar por cualquier vericueto para llegar a ellos. Esta característica de acceso libre hace muy prestoso en un momento dado olvidarse de los lugares con nombre propio, salirse de los senderos más transitados, acercarse a una de las laderas plagadas de casas excavadas en la roca y comenzar a buscar antiguos accesos y desgastadas escaleras, explorar loa interiores, buscar, descubrir y dar rienda suelta a tu imaginación.

Esta libertad se enmarca en un entorno muy vertical y una total ausencia de protecciones anti-caídas. A este último respecto debo destacar que no hay noticias de que nadie se rompa la crisma. Si Petra estuviese en Europa habría tantas barandillas que no se vería lo que hay detrás, y estarían tantos accesos cerrados por si acaso algún niño se cae y se rompe los morros que no habría manera de visitar la mitad del recinto. Es lógico que se impidan ciertos accesos por motivos de conservación, pero en occidente se cae en la histeria barata. Parece que piensan que los barrancos sin barandillas atraen fatalmente a las personas, quienes como lemings se precipitarían al vacío empujadas por una fuerza misteriosa. Os puedo asegurar que si la mitad de las barreras que se ponen en España hicieran falta, en Petra con los precipicios que hay y la cantidad de gente que la visita tendría que haber decenas de muertos al año. Creo que esto es una consecuencia directa del demencial sistema legal aglosajón, donde cualquier imbécil que se haya roto una pierna cayendo por una cortada tras cometer una imprudencia puede demandar al lugar por 250 millones de dólares con motivo de no tener un cartel avisando de que tirarse por el barranco es malo para la salud.

Por todo lo dicho en el anterior párrafo, si bien a priori ninguna visita de estas características es muy recomendable hacerla con niños, en el caso de Petra resulta totalmente desaconsejable, pues habría que estar encima de ellos permanentemente. Además, en cuanto hubiera que subir 40 escalones pedirían cuello, se echarían a llorar, orinarían en los edificios, grabarían su nombre en las rocas y tirarían piedras a la gente que pasa por debajo. Ya sabéis por lo tanto quienes recientemente habéis adquirido el epíteto de padres: tendréis que aplazar este viaje hasta que tenga 15 años. Gajes del oficio, no todo van a ser alegrías.

La visita mínima a Petra dura un día entero, pero si quieres verlo todo necesitas dos días. Por ejemplo: para subir hasta el Monasterio tienes 860 escalones, mientras que hasta el altar de los sacrificios tienes 1.050, y quedan bastante alejados uno del otro. Es imposible hacer ambas visitas el mismo día. En nuestro caso todas estas cosas que os listo nos quedaron pendientes (las no pendientes ya las tenéis en Picasa):
  1. El altar de los sacrificios.
  2. El triclinium.
  3. La tumba del soldado romano.
  4. La tumba de Sextius Florentinus.
  5. La tumba del frontón partido.
  6. La tumba del jardín.
  7. La tumba turcomana.
  8. La fuente del león.
  9. La iglesia bizantina.
  10. La tumba renacentista.
  11. El templo de los leones alados.
  12. El monumento a la serpiente.
O sea: que puedo volver a Petra y pasar otro día entero sin apenas repetirme.

Algo muy importante a tener en cuenta es que, como ya os dije, el sol se pone muy temprano (durante mi viaje a las cuatro y media de la tarde), y no existe iluminación artificial alguna en toda Petra. En cuanto se hace de noche, te quedas a oscuras, y no es un lugar muy amigable para caminar a ciegas. De aquí la necesidad de levantarse bien temprano.
Precisamente fue cuando caí en la cuenta de la falta de iluminación artificial de Petra cuando descubrí la causa real de la decadencia y ruina de la ciudad: ¡está sin cablear! ¿Cómo iba a sobrevivir una ciudad sin cablear? Pues de ninguna manera, lógicamente. A continuación, un asombroso proyecto comenzó a desfilar por mi mente: el cableado general de Petra. Miles de brillantes luces dotarían a sus cuevas de nueva funcionalidad; pronto nuevos habitantes acudirían en masa, se levantarían nuevos templos y edificios públicos, potentes bombas eléctricas harían circular de nuevo el agua y volverían a regarse exuberantes jardines entre pórticos de columnas nabateas; el mundo entero se maravillaría entonces del renacer de Petra y la ciudad conocería un segundo esplendor impulsada por su electrificación. Estoy empezando a dibujar los primeros planos y pronto presentaré el proyecto a los jordanos. Esto va a ser inconmensurable.

Lógicamente la comida se hace dentro de la ciudad. Puedes comer desde bocadillos hasta un menú en condiciones. En nuestro caso nos decidimos por una combinación entre buffet libre y carnes a la brasa (excepto cerdo, como podréis suponer), lo que nos salió a 14 dinares por persona, de nuevo bastante más barato de lo que hubiera imaginado por la ubicación del restaurante.

Por otro lado, Petra es un lugar estupendo para ligar.

Así, a uno de mis compañeros, una árabe totalmente vestida de negro de las que vendían abalorios en los lados de los caminos principales le espetó “Tú, guapo” [sic].

En mi caso, subiendo hacia el Monasterio, me paré un rato a esperar a los demás cuando de repente me chistaron. A mis espaldas, sentadas en un murete, descansaban varias chicas árabes bastante jóvenes vestidas con un cerrado abrigo hasta los tobillos (un tipo de atuendo muy habitual en Jordania para las mujeres) y pañuelo en la cabeza. Para mi sorpresa la conversación se desarrolló de esta manera (siempre hablaba la misma):
  • Chsss! Chsss! Hello!!
  • Hello!
  • Where are you from?
  • From Spain.
  • Spaaain!!! (risitas) ¿Cómo… es… tú… nombre? [sic].
  • Iván.
  • Iban! (risitas).
  • And where are you from?
  • Me?
  • Yes, you.
  • Here, from Jordan (risitas)… Can I see your eyes?
  • Of course, you can [me quito las gafas].
  • ¡Tú... guapo! [sic].
  • Etcétera…
Si refiero esta pequeña anécdota es porque me hizo mucha ilusión comprobar cómo, ni pañuelos, ni cerrados abrigos, ni estrictas normas morales fueron capaces de contener los más alegres impulsos humanos en cuanto el contexto se alejó del habitual.

En cuanto el sol desapareció por detrás de las montañas emprendimos ligeros el viaje de vuelta, llegando prácticamente de noche a nuestro punto de partida y con los pies molidos. La cámara pesaba en ese momento bastante más que por la mañana, como lógico resultado de las decenas de fotos que ahora contenía.

Ahora era momento de coger el coche y plantarse en Amán, donde teníamos contratado el hotel para la segunda y tercera noches. Encontrarlo fue bastante difícil (el hotel, no el coche). Estaba situado al norte de la ciudad y nosotros llegábamos por el sur.

Tras dar vueltas por las circunvalaciones atestadas de tráfico acabamos no se sabe bien cómo en un lugar que estaba en las proximidades, pero no acabábamos de culminar. El problema es que no éramos capaces de localizar en el plano en qué calle estábamos. Ante esa tesitura nos paramos y entré a preguntar con el plano en una peluquería, donde me enviaron a la floristería de al lado porque allí había gente que hablaba inglés (aquí no es como en Qatar, muchísma gente no habla ni una palabra). Allí comenzaron a buscar en el plano, pero el tipo lo miraba con ceño fruncido y tras rebuscar con el dedo fue incapaz de señalarme dónde estábamos. Llamó a otro y se repitió la escena. No conseguí que me señalaran dónde estábamos; finalmente salimos a la calle y ahí me indicaron por donde había que ir. Luego me di cuenta del porqué de su incapacidad con el plano.
  1. Era de 1996, y os puedo asegurar que Ammán desde entonces ha cambiado mucho.
  2. Estaba escrito en cristiano, así que probablemente le estaba costando identificar los nombres de las calles, pues como ya os he dicho en alguna otra ocasión, las transcripciones son un tanto facultativas.
En fin, lo cierto es que tras más de una hora de revueltas llegamos al Golden Tulip Grand Palace, de pomposo nombre y cuatro estrellas, bastante decente y a 112 dinares con desayuno cada habitación individual. Aquí se confirmó definitivamente que comer en Jordania es barato, pues la cena a la carta se quedó en 16 dinares. A ver en qué hotel de 4 estrellas en España te baja una cena a la carta de 40 euros.
A las once me metí por fin en la cama. ¡Y qué bien dormí esa noche! ¡Las cuatro horas de coche después del maratón de Petra me habían dejado molido! Al día siguiente había que volver a levantarse a las siete, pero eso, ya es otra historia.

Cierre.

Bueno, en breve añadiré más entradas al blog con el relato general de la visita al Mar Muerto, Ammán y Jerash. Mientras tanto tenéis las fotos en Picasa para ir haciendo boca y ampliar información sobre las cuatro generalidades que aquí os he contado.

Que Dushara sea con vosotros.
  • Hora local: 23:26.
  • Temperatura: 18ºC.
  • Humedad: 59%.
  • Temperatura máxima: 24ºC.
  • Temperatura mínima: 15ºc
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Ivan Bin Victor al-Saez.