Idolatrados incondicionales:
Continúo el relato de mi viaje a Jordania, centrándome esta vez en el tercer día, el que les tocó organizar a mis compañeros de fatigas. Hoy había que plegarse a los planes de los demás, pues hay que reconocer que el resto del viaje se planeó según mis recomendaciones.
Primero hubo que dejar claro que la visita a Petra requería un día entero. Una vez aclarado esto nadie discutió dormir en Wadi Moussa la noche antes, que por lógica tenía que ser la primera con el fin de aprovechar para desplazarnos la tarde en que llegamos.
En segundo lugar había que poner a Jerash en un lugar que le asegurase un tiempo mínimo de visita. Se barajó dejar el tercer día para el Mar Muerto y Jerash y el cuarto para Ammán, con el fin de salir hacia el aeropuerto con total tranquilidad, pero esto era arriesgado: si el Mar Muerto se visitaba por la mañana, estaba seguro de que íbamos a llegar tarde a Jerash, pues resulta increíble la capacidad que tiene la gente para perder el tiempo en la playa; por el contrario, si el Mar Muerto se dejaba para la tarde, temía una visita con dos tipos metiéndome prisa para salir antes de comer porque si no el sol se iba a quitar. Decidí entonces dejar Jerash para el último día pues, a no ser que fallásemos a la hora de madrugar, estaban aseguradas cuatro horas o más de visita.
Hoy tocaba por lo tanto viajar hasta el primer tramo del Gran Valle del Rift, que comenzando en el Líbano y acabando en Mozambique acoge en su seno al Mar Muerto y al río Jordán, además del Mar Rojo y los lagos Tanganica y Victoria en su más conocida parte africana. Dentro de unos pocos millones de años el océano índico lo inundará, así que daos prisa en visitarlo porque no queda mucho tiempo.
Este tercer día de viaje es al que más texto le voy a dedicar, pues es el que menos desarrollado está en Picasa. Es por ello que lo repartiré entre esta entrada y la siguiente.
Tercer día, Primera Parte: el Jordán.
Tal y como estaba previsto este tercer día, Sábado, nos levantamos a las siete de la madrugada. Nos encontramos el buffet del desayuno lleno a reventar, pues en nuestro hotel se estaban alojando además de nosotros una horda de jubilados franceses.
Antes de encontrar la autopista hacia el Mar Muerto, durante las inevitables confusiones, quedó confirmado que el tráfico en Ammán es tan infernal como en cualquier otra capital del mundo sin un transporte público eficiente, si bien en Jordania se ven muchísimos más autobuses y taxis que en Qatar; además, hay ferrocarril.
En Jordania la sociedad no es como en Qatar, se parece mucho más a la nuestra: hay jordanos pobres y ricos, hay jordanos empresarios y oficinistas, hay jordanos terratenientes y agricultores. No es una sociedad totalmente artificial como la qatarí, donde los 350.000 ciudadanos del país se dedican a mandar y a ser servidos basando su prosperidad en los cientos de miles de inmigrantes que realizan todos los trabajos. Por lo tanto, hay jordanos que cogen el autobús. No sé cuándo sería la última vez que un qatarí cogió un autobús, pero seguro que hay algún museo donde se detalla este momento histórico. La idea de un qatarí desplazándose en transporte colectivo (más allá del avión) es tan absurda como pensar que el PSOE va a crear impuestos sobre el capital o condonar siquiera parcialmente la deuda con los bancos para salir de la crisis.
El Mar Muerto queda a unos 45 minutos de Ammán cogiendo la ruta que une la capital con la Cisjordania ocupada por Israel, unión que se materializa a través del puente King Abdullah, el cual cruza la frontera natural entre ambos territorios: el río Jordán, tributario fundamental del Mar Muerto. Como Ammán está a unos 750 metros sobre el nivel del mar y el Mar Muerto 420 por debajo (está en la depresión más profunda del planeta), el viaje se convierte en una permanente bajada, como se aprecia a la izquierda. La autopista pasa ante la orilla norte del Mar, donde lógicamente te desvías a la izquierda para bajar por su costa hacia el sur.
El orden del día no estaba del todo claro, ya que mis compañeros pretendían también pasar por el Monte Nebo, el lugar donde según la tradición Moisés rompió las Tablas de la Ley, pero que también ofrece una espléndida vista del valle del Jordán y el Mar Muerto. Sin embargo, cuando ya nos acercábamos al Mar, las indicaciones señalando el lugar del bautismo de Jesucristo llamaron la atención de mis acompañantes, que decidieron pasar antes por ahí,desoyendo mis advertencias sobre la imposibilidad de estirar el tiempo. En todo caso es bien cierto que también yo sentía cierta curiosidad por ver lo que allí estaba montado.
Reconozco por lo tanto que habría entrado a gusto si no fuera por los 8 dinares que costaba la entrada, lo cual me dispuso en contra de la visita porque no tenía ni pajolera idea de a dónde iba a ir a parar mi dinero; quiso sin embargo la mala fortuna que justo faltasen cinco minutos para que saliese el minibús que a las horas en punto lleva a los visitantes al inicio del recorrido, así que hubo que transigir.
Nuestros compañeros de visita eran todos estadounidenses obesos. En primer lugar teníamos una familia de negros gordos con padre, madre y dos hijas veinteañeras, todos ellos vestidos con chándal y ellas con pelo a lo Lucrecia. En segundo lugar estaban dos blancos: un padre gordo y pelirrojo con barba de chivo y pinta de poder sacar una escopeta para cargarse a los negros y su hijo lechoso de unos 10-12 años, también gordo y con una cara de las que justifican la administración gratuita de dos bofetadas y una patada en el culo; iban vestidos ambos con un polo, pantalones cortos y gorra de béisbol. Temía que en algún momento de la visita alguien se pusiera a cantar, pero afortunadamente la familia de blancos no abrió la boca, mientras que la familia de negros se limitó a formularle algunas preguntas al guía, a hacer chistes en el autobús y el padre a decir sonoramente "Aha!" a cada afirmación que hacía el guía.
El minibús debe pasar primero por un pequeño control del ejército jordano, pues el supuesto lugar del bautismo está en la frontera con los territorios ocupados por Israel. Luego te deja en un punto cercano al objetivo y hay que terminar el recorrido a pie. Primero te paras al borde del rio en un balcón algo elevado sin acceso a la orilla. El Jordán es aquí un regato de agua sucia que me recordó muchísimo al Segura cuando estuve por trabajo en las mini-hidráulicas de Ulea, Archena y Abarán. Es aquí donde el guía te explica que el cauce natural del río es muy superior al que se ve, pero que Israel desvía para riego y otros usos el 80% de su caudal, lo que supone el 30% de las aportaciones de agua dulce al estado hebreo. Esto en sí tampoco debería sorprender u ofender mucho, pues después de todo es lo mismo que ocurre con el Segura, los regantes murcianos y las urbanizaciones turísticas costeras. Lo que el guía no dice es que el gobierno jordano aceptó la situación en 1996 cuando firmó el tratado de paz con Israel, vendiéndolo todo a cambio de garantías para la dinastía reinante, actitud que ya había quedado clara en 1970 con el Septiembre Negro y la posición jordana durante la Guerra del Yom Kippur en 1973.
Israel desvía el cauce en el punto donde el Jordán desagua desde el lago Tiberiades. Este lago es un notable ejemplo de los absurdos fronterizos heredados del colonialismo. Durante el dominio inglés (Palestina) y francés (Siria) de la zona se acordó que el lago quedaría totalmente integrado en Palestina. Para ello, la frontera Siria se retranqueó a 10 metros de la orilla del lago. Así, antes de la ocupación de los Altos del Golán por Israel, Siria tenía una frontera de 20 kilómetros que rodeaba el lago por el oeste a 10 metros de su orilla.
Tras la parada a la vera del Jordán se llega al lugar del bautismo propiamente dicho, donde se observan los restos de una iglesia desde la cual bajaban unas escaleras hasta una poza hoy en día cegada que se desviaba del río y cuyos límites quedaban marcados por cuatro pilastras hechas con bloques de piedra. Los que se iban a bautizar bajaban por las escaleras, se metían en el agua, pasaban bajo un pequeño arco y quedaban en medio de las cuatro pilastras, donde se efectuaba el rito. Dicen que Jesús fue bautizado aquí porque por lo visto se han encontrado unas inscripciones que dicen que hacia el siglo I el lugar era regentado por un tal Juan.
Tras la visita a los restos arqueológicos se llega a un lugar donde coexisten una pequeña iglesia ortodoxa griega pagada por un mecenas de la misma nacionalidad, una pila bautismal y un puesto de vigilancia del ejército jordano. En la orilla opuesta del río se observa una instalación similar todavía en construcción sobre la cual ondea la bandera israelí, pues dicha orilla pertenece a la Cisjordania ocupada.
La iglesia ortodoxa es terriblemente pretenciosa, con una cúpula dorada sobre el crucero y frescos chillones en el interior imitando el estilo románico. Quizá habría que explicarle al señor que dibujó eso que si en el siglo XIII pintaban así es porque nadie sabía hacerlo de otra forma, y no porque dicho estilo fuera más bendito o fuese mejor de cara a transmitir las ideas a unos parroquianos mayoritariamente analfabetos; es más, si hubieran podido dibujar como lo hacemos nosotros seguro que lo hubieran hecho, pues habría sido mucho más fácil transmitir el mensaje que se deseaba. Dado que la iglesia fue construida en 2004, no comprendo por qué no se utilizó un estilo más acorde con los tiempos, aunque quizá lo más acorde con los tiempos hubiera sido construir un after-hour, o quizá un búnker para las pobres tropas jordanas que tenían su base en una simple casa.
Por supuesto en la iglesia vendían ampollas con agua del Jordán y otras santidades, ninguna de las cuales encontró sitio en mis bolsillos, aunque sí en los de mis compañeros, que se llevaron algunos frasquitos de recuerdo.
En este área sí había más actividad religiosa. Un grupo de unos 20 jubilados italianos cantaban salmos (o lo que fuera) bajo un cobertizo dispuesto poco antes de la pila bautismal, dirigidos por una pareja de curas con tiara y traje de luces. En la propia pila otro grupo estaba procediendo al bautismo de un niño; los familiares me dieron bastante mal rollo por su forma de vestirse, su comportamiento y sus caras al mismo tiempo de beatos e hijos de puta. Acompañaba al séquito bautismal un cura ortodoxo con barba cuadrada y sayón marrón, y claramente hablaban alguna lengua de Europa del este. Yo para mí que eran polacos. Después de bautizar al niño se pusieron todos a echarse el agua de la pila por la nuca y los brazos con cara de éxtasis y mucho ademán y a sumergir en la misma las grandes cruces de oro que pendían de sus cuellos.
Fue en este momento de mi visita cuando me di cuenta de que el cristianismo ha ganado ya la partida a todas las demás religiones. Me explico.
La pila bautismal está a la vera del Jordán, a cuya orilla hay libre acceso a través de una escalinata y, en teoría, contiene su agua. Sin embargo, aunque el agua del río es de color verde-marrón y prácticamente opaca, la de la pila luce totalmente cristalina. Semejante resultado únicamente se puede conseguir por tres vías:
En segundo lugar había que poner a Jerash en un lugar que le asegurase un tiempo mínimo de visita. Se barajó dejar el tercer día para el Mar Muerto y Jerash y el cuarto para Ammán, con el fin de salir hacia el aeropuerto con total tranquilidad, pero esto era arriesgado: si el Mar Muerto se visitaba por la mañana, estaba seguro de que íbamos a llegar tarde a Jerash, pues resulta increíble la capacidad que tiene la gente para perder el tiempo en la playa; por el contrario, si el Mar Muerto se dejaba para la tarde, temía una visita con dos tipos metiéndome prisa para salir antes de comer porque si no el sol se iba a quitar. Decidí entonces dejar Jerash para el último día pues, a no ser que fallásemos a la hora de madrugar, estaban aseguradas cuatro horas o más de visita.
Hoy tocaba por lo tanto viajar hasta el primer tramo del Gran Valle del Rift, que comenzando en el Líbano y acabando en Mozambique acoge en su seno al Mar Muerto y al río Jordán, además del Mar Rojo y los lagos Tanganica y Victoria en su más conocida parte africana. Dentro de unos pocos millones de años el océano índico lo inundará, así que daos prisa en visitarlo porque no queda mucho tiempo.
Este tercer día de viaje es al que más texto le voy a dedicar, pues es el que menos desarrollado está en Picasa. Es por ello que lo repartiré entre esta entrada y la siguiente.
Tercer día, Primera Parte: el Jordán.
Tal y como estaba previsto este tercer día, Sábado, nos levantamos a las siete de la madrugada. Nos encontramos el buffet del desayuno lleno a reventar, pues en nuestro hotel se estaban alojando además de nosotros una horda de jubilados franceses.
Antes de encontrar la autopista hacia el Mar Muerto, durante las inevitables confusiones, quedó confirmado que el tráfico en Ammán es tan infernal como en cualquier otra capital del mundo sin un transporte público eficiente, si bien en Jordania se ven muchísimos más autobuses y taxis que en Qatar; además, hay ferrocarril.
En Jordania la sociedad no es como en Qatar, se parece mucho más a la nuestra: hay jordanos pobres y ricos, hay jordanos empresarios y oficinistas, hay jordanos terratenientes y agricultores. No es una sociedad totalmente artificial como la qatarí, donde los 350.000 ciudadanos del país se dedican a mandar y a ser servidos basando su prosperidad en los cientos de miles de inmigrantes que realizan todos los trabajos. Por lo tanto, hay jordanos que cogen el autobús. No sé cuándo sería la última vez que un qatarí cogió un autobús, pero seguro que hay algún museo donde se detalla este momento histórico. La idea de un qatarí desplazándose en transporte colectivo (más allá del avión) es tan absurda como pensar que el PSOE va a crear impuestos sobre el capital o condonar siquiera parcialmente la deuda con los bancos para salir de la crisis.
El orden del día no estaba del todo claro, ya que mis compañeros pretendían también pasar por el Monte Nebo, el lugar donde según la tradición Moisés rompió las Tablas de la Ley, pero que también ofrece una espléndida vista del valle del Jordán y el Mar Muerto. Sin embargo, cuando ya nos acercábamos al Mar, las indicaciones señalando el lugar del bautismo de Jesucristo llamaron la atención de mis acompañantes, que decidieron pasar antes por ahí,desoyendo mis advertencias sobre la imposibilidad de estirar el tiempo. En todo caso es bien cierto que también yo sentía cierta curiosidad por ver lo que allí estaba montado.
Reconozco por lo tanto que habría entrado a gusto si no fuera por los 8 dinares que costaba la entrada, lo cual me dispuso en contra de la visita porque no tenía ni pajolera idea de a dónde iba a ir a parar mi dinero; quiso sin embargo la mala fortuna que justo faltasen cinco minutos para que saliese el minibús que a las horas en punto lleva a los visitantes al inicio del recorrido, así que hubo que transigir.
El minibús debe pasar primero por un pequeño control del ejército jordano, pues el supuesto lugar del bautismo está en la frontera con los territorios ocupados por Israel. Luego te deja en un punto cercano al objetivo y hay que terminar el recorrido a pie. Primero te paras al borde del rio en un balcón algo elevado sin acceso a la orilla. El Jordán es aquí un regato de agua sucia que me recordó muchísimo al Segura cuando estuve por trabajo en las mini-hidráulicas de Ulea, Archena y Abarán. Es aquí donde el guía te explica que el cauce natural del río es muy superior al que se ve, pero que Israel desvía para riego y otros usos el 80% de su caudal, lo que supone el 30% de las aportaciones de agua dulce al estado hebreo. Esto en sí tampoco debería sorprender u ofender mucho, pues después de todo es lo mismo que ocurre con el Segura, los regantes murcianos y las urbanizaciones turísticas costeras. Lo que el guía no dice es que el gobierno jordano aceptó la situación en 1996 cuando firmó el tratado de paz con Israel, vendiéndolo todo a cambio de garantías para la dinastía reinante, actitud que ya había quedado clara en 1970 con el Septiembre Negro y la posición jordana durante la Guerra del Yom Kippur en 1973.
Tras la parada a la vera del Jordán se llega al lugar del bautismo propiamente dicho, donde se observan los restos de una iglesia desde la cual bajaban unas escaleras hasta una poza hoy en día cegada que se desviaba del río y cuyos límites quedaban marcados por cuatro pilastras hechas con bloques de piedra. Los que se iban a bautizar bajaban por las escaleras, se metían en el agua, pasaban bajo un pequeño arco y quedaban en medio de las cuatro pilastras, donde se efectuaba el rito. Dicen que Jesús fue bautizado aquí porque por lo visto se han encontrado unas inscripciones que dicen que hacia el siglo I el lugar era regentado por un tal Juan.
Tras la visita a los restos arqueológicos se llega a un lugar donde coexisten una pequeña iglesia ortodoxa griega pagada por un mecenas de la misma nacionalidad, una pila bautismal y un puesto de vigilancia del ejército jordano. En la orilla opuesta del río se observa una instalación similar todavía en construcción sobre la cual ondea la bandera israelí, pues dicha orilla pertenece a la Cisjordania ocupada.
Por supuesto en la iglesia vendían ampollas con agua del Jordán y otras santidades, ninguna de las cuales encontró sitio en mis bolsillos, aunque sí en los de mis compañeros, que se llevaron algunos frasquitos de recuerdo.
En este área sí había más actividad religiosa. Un grupo de unos 20 jubilados italianos cantaban salmos (o lo que fuera) bajo un cobertizo dispuesto poco antes de la pila bautismal, dirigidos por una pareja de curas con tiara y traje de luces. En la propia pila otro grupo estaba procediendo al bautismo de un niño; los familiares me dieron bastante mal rollo por su forma de vestirse, su comportamiento y sus caras al mismo tiempo de beatos e hijos de puta. Acompañaba al séquito bautismal un cura ortodoxo con barba cuadrada y sayón marrón, y claramente hablaban alguna lengua de Europa del este. Yo para mí que eran polacos. Después de bautizar al niño se pusieron todos a echarse el agua de la pila por la nuca y los brazos con cara de éxtasis y mucho ademán y a sumergir en la misma las grandes cruces de oro que pendían de sus cuellos.
Fue en este momento de mi visita cuando me di cuenta de que el cristianismo ha ganado ya la partida a todas las demás religiones. Me explico.
La pila bautismal está a la vera del Jordán, a cuya orilla hay libre acceso a través de una escalinata y, en teoría, contiene su agua. Sin embargo, aunque el agua del río es de color verde-marrón y prácticamente opaca, la de la pila luce totalmente cristalina. Semejante resultado únicamente se puede conseguir por tres vías:
- Destilación
- Ósmosis inversa
- Milagro.
Descartamos asimismo por motivos de logística la ósmosis inversa.
Finalmente, debemos descartar también el milagro porque en ningún lugar se indicaba que aquí se hiciesen ese tipo de cosas. Es evidente que, de hacerse, habrían sido convenientemente publicitados, por lo que habría largas colas de tullidos y enfermos esperando a que las aguas del Jordán les quitasen el cáncer o les hiciesen crecer una pierna, al igual que ocurre en Lourdes todos los días.
Suponemos pues que estamos ante agua destilada, libre de impurezas tras un proceso de evaporación y condensación. Es lógico pensar que tras dichas transformaciones seguirá siendo agua bendita, pues si hubiera dejado de serlo no la habrían puesto en la pila bautismal o los frascos; no tiene sentido en cambio pensar que haya sido bendecida posteriormente, pues entonces estaríamos suponiendo que el agua del Jordán no se diferencia para nada de la del Segura, con lo cual todo sería un timo y esto ya quedó claro que no puede ser. Por lo tanto es evidente que cuando el agua bendita se evapora sigue siendo bendita, convirtiéndose entonces en vapor bendito; asimismo, cuando el vapor bendito se condensa vuelve a producir agua bendita. Esto tiene completa lógica si razonamos que la bendición recae sobre la molécula H2O, o individualmente sobre los átomos de hidrógeno y oxígeno que la componen, no dependiendo por lo tanto el estado de bendición de que su fase sea líquida, gaseosa o sólida, en cuyo último caso tendríamos hielo bendito.
Recapitulando: el vapor bendito que se desprende de las pilas de las iglesias de todo el mundo acabará tarde o temprano condensándose en la atmósfera y cayendo de nuevo en forma de lluvia, pedrisco o nieve benditos; más tarde este agua pasará a formar parte de los ríos y acabará en nuestras duchas, en forma de ducha bendita, con lo cual llegamos a la conclusión de que la totalidad de la humanidad está bautizada, así que el cristianismo ha ganado.
Como el área del santuario era la última estación de la vía-crucis volvimos a continuación al autobús, el cual nos devolvió al parking inicial. Habíamos perdido algo más de hora y media cuando reanudamos nuestra excursión hacia el mar muerto, lugar donde probablemente Jesús caminó sobre las aguas, y no en el lago Tiberiades como se nos quiere hacer creer.
Tercer Día, Segunda Parte: el Mar Muerto.
El Mar Muerto no es más que un lago mediano por su tamaño, pues sólo mide 60x18 kilómetros. Está además en franco retroceso debido a dos razones:
- El desvío por parte de Israel del 80% de las aguas del Jordán, ya que este río es con diferencia el principal aporte al lago salado.
- Las industrias extractivas, que evaporan su agua para obtener los valiosos minerales que contiene, pues se obtienen nada menos que 280 gramos de sal por cada litro evaporado. Sin embargo su composición es muy diferente de la de los océanos, pues si ésta es en un 95% cloruro sódico, en el Mar Muerto sólo tenemos el 30%, con altas concentraciones sin embargo de sales de potasio, magnesio, calcio y bromo.
Como resultado hoy en día la evaporación supera a los aportes, registrándose una bajada de nivel de 1 metro por año. Desde los años 70 se han perdido 22 metros. Aunque esto no se corrigiese el Mar Muerto no desaparecerá, ya que al final los aportes y la evaporación se igualarán de nuevo por disminución de ésta última, debido a:
Las orillas no son atractivas. En primer lugar no hay ningún tipo de playa natural y, si algún día la hubo, hace mucho tiempo que las aguas la dejaron atrás. En segundo lugar los márgenes son muy pendientes y rocosos, con rocas bastante afiladas, no con cantos rodados como los que podemos encontrar en cualquier playa pedregosa oceánica. Luego, se disponen bastantes industrias alrededor y se encuentra bastante basura en las orillas. Como además si quieres bañarte es imprescindible contar con agua dulce para poder ducharte posteriormente, la única alternativa es pagar la entrada a uno de los resorts vacacionales privados que se disponen en los márgenes. El que nosotros elegimos costaba 12 dinares e incluía piscinas, vestuarios, restaurante, bar, duchas y tienda de cosméticos. El tramo de costa de los resorts está limitado por vallas que se meten en el agua, siendo perfectamente visible que han ido añadiendo tramos conforme el nivel ha ido descendiendo. La zona de playa artificial con arena añadida es muy pendiente, quedando el agua a unos 10 metros por debajo del paseo superior. Dejas de hacer pie a muy poca distancia de la orilla, pero en el Mar Muerto eso carece de importancia.
Cuando te bañas hay que tener sumo cuidado de no tragar una gota de agua (si masticáis un puñado de sal conseguís el mismo efecto) o de que te entre una gota en los ojos, porque pica como el vinagre. El tacto del agua es aceitoso, las manos resbalan sobre la piel mojada. Hundirse completamente es francamente difícil, ni queriendo lo consigues, pero paradójicamente nadar es más lento y difícil que en el mar; únicamente de espaldas se consigue un resultado aceptable.
Existe la opción de que te embadurnen con los lodos bituminosos del fondo del lago, pero no me acogí a ella. Se supone que el efecto combinado de los lodos y las sales del agua es sumamente beneficioso para la piel; por ello se venden cientos de cosméticos basados en dichos lodos y sales.
En cuanto a la fauna que se movía por el resort, estaban gran cantidad de jubilados alemanes, la familia negra que había coincidido con nosotros en el Jordán, un grupo de coreanos, otro de pijillos españoles (no me refiero a nosotros), otros europeos mayoritariamente cuarentones y bastantes árabes con y sin chilaba, incluyendo féminas que no tuvieron ningún problema en ponerse el bañador y otras que mojaron los pies sin quitarse la túnica.
Comimos en el autoservicio del lugar, el cual era un tanto rácano y nos costó 14 dinares, para mí la comida más cara en términos reales de todo el viaje. Después, mis compañeros se gastaron unos 300 euros cada uno (sí, trescientos, valorado por ellos mismos) en cosméticos para regalar en Navidad a toda la familia. Fue divertido cuando más tarde, en Ammán, en una farmacia, encontraron los mismos productos entre un 50% y un 30% más baratos.
En cuanto acabó la compra ya se ponía el sol en la orilla de Cisjordania, así que quedó descartado subir hasta el monte Nebo, dándome por lo tanto el tiempo la razón. Nos dirigimos por lo tanto directamente a Ammán con la intención de visitar el centro de la ciudad, pues sólo eran las cuatro y media, pero esto, ya es otra historia.
Cierre.
Para terminar quisiera comentaros que el pasado 6 de diciembre de 2008 sucedió en Doha algo hermoso: cayó la primera lluvia de la temporada. Fue en forma de tormenta a las dos de la tarde, e incluso estuvo acompañada durante algunos instantes de granizo. La precipitación duró unas dos horas, y como en Doha no hay alcantarillado se llenó todo de agua, dando la sensación de que había caído mucho más que lo que en realidad fue, como demuestra claramente la fotografía que tenéis a vuestra derecha, hecha desde la ventana de mi cocina. El aeropuerto recogió menos de 5 litros por metro cuadrado, si bien por mi zona es seguro que cayó más. Al día siguiente la atmósfera se había limpiado y por primera vez desde principios de la primavera pude ver el cielo de color azul intenso.
En fin, sólo me queda desear que este invierno sea más lluvioso de lo normal por aquí, lo cual equivale a desear que llueva por lo menos diez veces hasta abril.
- Al disminuir la cantidad de agua también disminuye la superficie de evaporación
- Al aumentar la concentración de sal en el agua que va quedando, aumentan la densidad y la tensión superficial, lo cual dificulta la evaporación.
Cuando te bañas hay que tener sumo cuidado de no tragar una gota de agua (si masticáis un puñado de sal conseguís el mismo efecto) o de que te entre una gota en los ojos, porque pica como el vinagre. El tacto del agua es aceitoso, las manos resbalan sobre la piel mojada. Hundirse completamente es francamente difícil, ni queriendo lo consigues, pero paradójicamente nadar es más lento y difícil que en el mar; únicamente de espaldas se consigue un resultado aceptable.
Existe la opción de que te embadurnen con los lodos bituminosos del fondo del lago, pero no me acogí a ella. Se supone que el efecto combinado de los lodos y las sales del agua es sumamente beneficioso para la piel; por ello se venden cientos de cosméticos basados en dichos lodos y sales.
Comimos en el autoservicio del lugar, el cual era un tanto rácano y nos costó 14 dinares, para mí la comida más cara en términos reales de todo el viaje. Después, mis compañeros se gastaron unos 300 euros cada uno (sí, trescientos, valorado por ellos mismos) en cosméticos para regalar en Navidad a toda la familia. Fue divertido cuando más tarde, en Ammán, en una farmacia, encontraron los mismos productos entre un 50% y un 30% más baratos.
En cuanto acabó la compra ya se ponía el sol en la orilla de Cisjordania, así que quedó descartado subir hasta el monte Nebo, dándome por lo tanto el tiempo la razón. Nos dirigimos por lo tanto directamente a Ammán con la intención de visitar el centro de la ciudad, pues sólo eran las cuatro y media, pero esto, ya es otra historia.
Cierre.
En fin, sólo me queda desear que este invierno sea más lluvioso de lo normal por aquí, lo cual equivale a desear que llueva por lo menos diez veces hasta abril.
Patadas cariñosas para todos.
- Hora local: 19:45.
- Temperatura: 20ºC.
- Humedad: 52%.
- Temperatura máxima: 24ºC.
- Temperatura mínima: 15ºC.
Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.
La verdad es que no se cuantos leemos tu blog, pero tengo la sensación de ser la única que publica comentarios.
ResponderEliminar¿Tus compañeros de trabajo son conscientes de lo mucho que los odias?
Besos
Cristina