miércoles, 3 de diciembre de 2008

CRÓNICAS JORDANAS: PETRA.


Adorados acólitos:

Con un poquito de retraso, debido a que el tratamiento y comentario de las 210 fotos me llevó notablemente más tiempo del esperado, unido ello a una sucesión de fines de semana bastante ajetreados, me complace ofreceros a continuación las líneas generales de mi viaje a Petra.

En este texto hablaré de generalidades, tiempos, precios y todo aquello que no se ve en las fotografías que podéis disfrutar en Picasa. Dejo para los comentarios al pié de dichas fotografías la descripción detallada de los lugares en ellas retratados y su historia.

Planificación.

Mi estancia en Jordania duró sólo 3 días efectivos: de las 14:30 del 6 a las 16:30 del 9 de noviembre. El viaje en avión desde Doha fueron 2 horas y media y costó unos 550 euros, que no es barato, pero era lo que había.

El plan fundamental era visitar Petra y Jerash, esta última impuesta por mi. Los objetivos secundarios eran el Mar Muerto y Ammán. Para desplazarnos por Jordania alquilamos un coche, cosa que mereció la pena sin lugar a dudas, pues los tres días salieron por sólo 54 euros por cabeza y nos permitió planificarnos a placer.

El primer día lo dedicamos a llegar hasta Petra, el segundo a visitarla y subir de nuevo hasta Ammán, el tercero al Mar Muerto y la propia Ammán y el cuarto lo reservamos para Jerash.

Todas las reservas (vuelo, coche y hoteles) las hicimos por Internet con tres semanas de antelación. Sin embargo, en contra de lo que pensábamos esta antelación no fue suficiente, pues estuvimos a punto de tener que retrasarlo todo una semana porque no encontrábamos plazas en Petra. Al final lo conseguimos rebajando la categoría del hotel.

Primer día. Viaje a Petra.

Para entrar en Jordania de turista hay que pagar una multa de 10 dinares. En el momento de nuestro viaje por 100 euros te daban 88 dinares, así que hay que tener cuidado con los precios porque un dinar vale más que un euro. La centésima parte de un dinar es la piastra, o sea: 100 piastras hacen un dinar. Yo diría aún más: un dinar está compuesto por 100 piastras.

El aeropuerto de Ammán queda al sureste de la ciudad, lo cual es perfecto para nada mas salir del avión coger el coche y tirar directamente hacia Wadi Moussa; ésta es la población que se levanta a las puertas del acceso a Petra, todo sea dicho de paso pequeña y sin ningún interés.

Desde el aeropuerto de Ammán hasta Wadi Moussa hay unas tres horas en coche. Tienes que coger la ruta 15 hacia el sur, la cual es una vía de dos carriles por sentido y con mediana que yo no catalogaría como autopista. De vez en cuando se atraviesan poblaciones; entonces, aparecen badenes en medio de la vía y la limitación de velocidad baja a 60 km/h (la máxima son 110km/h), que más te vale respetar si no quieres llegar a Petra volando debido a los citados badenes.

Una vez recorridos dos tercios del camino hay que abandonar la "autopista" y meterse por una carretera que está bastante bien, similar a cualquier nacional española aunque con pendientes muy pronunciadas, pues la segunda parte del viaje es muy montañosa.

El parque móvil jordano es mucho más normal que el qatarí y parecido al que te puedes encontrar en España, un poco más viejo y con otra predominancia de modelos; en todo caso queda muy alejado de la ridícula procesión de todoterrenos del país donde me ha tocado trabajar; felizmente, además, no se ve ningún autobús amarillo de los Simpson acarreando hindúes.

Con el horario de invierno en Jordania es sólo una hora menos que en España, así que como os podéis imaginar se hace de noche MUY temprano. Así, aunque llegamos hacia las siete de la tarde a Wadi Moussa, ya era de noche cerrada desde hacía un par de horas.

En Wadi Moussa hay dos zonas de hoteles: una en el valle, en las mismísimas narices de la entrada a Petra, y otra en lo más alto del monte. Como no sabíamos dónde estaba nuestro alojamiento subimos hasta el monte, donde las leyes de Murphy fueron implacables y nos señalaron que estaba en el valle. La verdad es que tuvimos bastante suerte con esto, pues si llegamos a ir al valle en primer lugar, nuestro hotel hubiera estado en lo alto del monte, con lo cual al día siguiente habríamos tenido que coger el coche para acercarnos hasta la entrada.

El hotel Petra Inn era de tres estrellas, 40 dinares cada habitación individual con desayuno. Como bien sabéis, en España las condiciones de los hoteles son superiores a las de un hotel de la misma categoría en la mayoría de los países. El Petra Inn en concreto equivaldría a uno de dos estrellas inferior en España. Las habitaciones estaban parcialmente renovadas, pero la parte sin remozar estaba muy deteriorada y daba muy mala impresión. Además, no estaba limpio, las camas eran pequeñas e incómodas y por la mañana no había agua caliente, así que mis compañeros no pudieron ducharse. No fue mi caso porque me ducho antes de acostarme; nunca comprendí el gusto que le tiene la gente que se ducha por la mañana a restregar por la cama toda la mierda que se ha depositado sobre su piel a lo largo del día. Tampoco comprendo por qué si estás durmiendo en una cama limpia tienes que ducharte cuando te levantas, si nada hay en la cama que pueda ensuciarte. Otra cuestión es que ya te hayas metido sucio en ella, claro, con lo cual volvemos al primer punto. Retomando, si alguna vez hacéis este viaje y queréis estar a gusto, os recomiendo un hotel de cuatro estrellas. En nuestro caso no tuvimos más remedio porque, o cogíamos este hotel, o no veníamos, pero no era un sitio cómodo; en todo caso era aceptable. Eso sí: olvidaos de establecimientos de menor categoría, porque os arriesgáis a encontraros con sorpresas desagradables.

Comer en Jordania es muy barato, incluyendo hoteles y zonas turísticas. Este primer día cenamos en un restaurante muy cercano a la puerta de entrada a Petra que estaba especializado en comida árabe y beduina, el típico sitio para turistas donde te pueden sangrar a cambio de bazofia. Para nuestra sorpresa la comida estaba bastante buena y la minuta ascendió sólo a 12 dinares por cabeza. En el Mediterráneo español te habría salido la broma por 20 euros y te habrían puesto una paella “paellador” bañada en colorante alimentario, con el café aparte, por supuesto.

A las 11 ya estaba en la cama, pues al día siguiente había que levantarse a las 06:30. Afortunadamente estos son los mismos horarios que en Qatar, así que ya estaba adaptado.

Segundo día. Petra y vuelta a Ammán.

Nuestro hotel estaba a menos de diez minutos caminando del acceso a Petra, así que por la mañana lo tuvimos bien fácil. La entrada cuesta 32 dinares y es válida para dos días.
Cuando digo el acceso a Petra me refiero al comienzo de la vía de acceso. A partir de la valla de entrada tienes unos 500 metros de camino de grava, tras el cual te metes en un angosto desfiladero con una longitud de 1.600 metros. Sólo tras haber recorrido esos dos kilómetros y pico puedes decir que has llegado a Petra. El tráfico rodado está lógicamente prohibido. Como este camino ya ofrece cosas interesantes se hace a paso lento, así que es de esperar que tardes una hora bastante larga en recorrerlo.

Una vez en Petra la libertad de movimientos es casi total. Puedes acceder a cualquier lugar al que el tiempo no le haya destruido el acceso construido en la roca por los nabateos. No hay restricciones para penetrar en cualquier edificio troglodítico o intentar trepar por cualquier vericueto para llegar a ellos. Esta característica de acceso libre hace muy prestoso en un momento dado olvidarse de los lugares con nombre propio, salirse de los senderos más transitados, acercarse a una de las laderas plagadas de casas excavadas en la roca y comenzar a buscar antiguos accesos y desgastadas escaleras, explorar loa interiores, buscar, descubrir y dar rienda suelta a tu imaginación.

Esta libertad se enmarca en un entorno muy vertical y una total ausencia de protecciones anti-caídas. A este último respecto debo destacar que no hay noticias de que nadie se rompa la crisma. Si Petra estuviese en Europa habría tantas barandillas que no se vería lo que hay detrás, y estarían tantos accesos cerrados por si acaso algún niño se cae y se rompe los morros que no habría manera de visitar la mitad del recinto. Es lógico que se impidan ciertos accesos por motivos de conservación, pero en occidente se cae en la histeria barata. Parece que piensan que los barrancos sin barandillas atraen fatalmente a las personas, quienes como lemings se precipitarían al vacío empujadas por una fuerza misteriosa. Os puedo asegurar que si la mitad de las barreras que se ponen en España hicieran falta, en Petra con los precipicios que hay y la cantidad de gente que la visita tendría que haber decenas de muertos al año. Creo que esto es una consecuencia directa del demencial sistema legal aglosajón, donde cualquier imbécil que se haya roto una pierna cayendo por una cortada tras cometer una imprudencia puede demandar al lugar por 250 millones de dólares con motivo de no tener un cartel avisando de que tirarse por el barranco es malo para la salud.

Por todo lo dicho en el anterior párrafo, si bien a priori ninguna visita de estas características es muy recomendable hacerla con niños, en el caso de Petra resulta totalmente desaconsejable, pues habría que estar encima de ellos permanentemente. Además, en cuanto hubiera que subir 40 escalones pedirían cuello, se echarían a llorar, orinarían en los edificios, grabarían su nombre en las rocas y tirarían piedras a la gente que pasa por debajo. Ya sabéis por lo tanto quienes recientemente habéis adquirido el epíteto de padres: tendréis que aplazar este viaje hasta que tenga 15 años. Gajes del oficio, no todo van a ser alegrías.

La visita mínima a Petra dura un día entero, pero si quieres verlo todo necesitas dos días. Por ejemplo: para subir hasta el Monasterio tienes 860 escalones, mientras que hasta el altar de los sacrificios tienes 1.050, y quedan bastante alejados uno del otro. Es imposible hacer ambas visitas el mismo día. En nuestro caso todas estas cosas que os listo nos quedaron pendientes (las no pendientes ya las tenéis en Picasa):
  1. El altar de los sacrificios.
  2. El triclinium.
  3. La tumba del soldado romano.
  4. La tumba de Sextius Florentinus.
  5. La tumba del frontón partido.
  6. La tumba del jardín.
  7. La tumba turcomana.
  8. La fuente del león.
  9. La iglesia bizantina.
  10. La tumba renacentista.
  11. El templo de los leones alados.
  12. El monumento a la serpiente.
O sea: que puedo volver a Petra y pasar otro día entero sin apenas repetirme.

Algo muy importante a tener en cuenta es que, como ya os dije, el sol se pone muy temprano (durante mi viaje a las cuatro y media de la tarde), y no existe iluminación artificial alguna en toda Petra. En cuanto se hace de noche, te quedas a oscuras, y no es un lugar muy amigable para caminar a ciegas. De aquí la necesidad de levantarse bien temprano.
Precisamente fue cuando caí en la cuenta de la falta de iluminación artificial de Petra cuando descubrí la causa real de la decadencia y ruina de la ciudad: ¡está sin cablear! ¿Cómo iba a sobrevivir una ciudad sin cablear? Pues de ninguna manera, lógicamente. A continuación, un asombroso proyecto comenzó a desfilar por mi mente: el cableado general de Petra. Miles de brillantes luces dotarían a sus cuevas de nueva funcionalidad; pronto nuevos habitantes acudirían en masa, se levantarían nuevos templos y edificios públicos, potentes bombas eléctricas harían circular de nuevo el agua y volverían a regarse exuberantes jardines entre pórticos de columnas nabateas; el mundo entero se maravillaría entonces del renacer de Petra y la ciudad conocería un segundo esplendor impulsada por su electrificación. Estoy empezando a dibujar los primeros planos y pronto presentaré el proyecto a los jordanos. Esto va a ser inconmensurable.

Lógicamente la comida se hace dentro de la ciudad. Puedes comer desde bocadillos hasta un menú en condiciones. En nuestro caso nos decidimos por una combinación entre buffet libre y carnes a la brasa (excepto cerdo, como podréis suponer), lo que nos salió a 14 dinares por persona, de nuevo bastante más barato de lo que hubiera imaginado por la ubicación del restaurante.

Por otro lado, Petra es un lugar estupendo para ligar.

Así, a uno de mis compañeros, una árabe totalmente vestida de negro de las que vendían abalorios en los lados de los caminos principales le espetó “Tú, guapo” [sic].

En mi caso, subiendo hacia el Monasterio, me paré un rato a esperar a los demás cuando de repente me chistaron. A mis espaldas, sentadas en un murete, descansaban varias chicas árabes bastante jóvenes vestidas con un cerrado abrigo hasta los tobillos (un tipo de atuendo muy habitual en Jordania para las mujeres) y pañuelo en la cabeza. Para mi sorpresa la conversación se desarrolló de esta manera (siempre hablaba la misma):
  • Chsss! Chsss! Hello!!
  • Hello!
  • Where are you from?
  • From Spain.
  • Spaaain!!! (risitas) ¿Cómo… es… tú… nombre? [sic].
  • Iván.
  • Iban! (risitas).
  • And where are you from?
  • Me?
  • Yes, you.
  • Here, from Jordan (risitas)… Can I see your eyes?
  • Of course, you can [me quito las gafas].
  • ¡Tú... guapo! [sic].
  • Etcétera…
Si refiero esta pequeña anécdota es porque me hizo mucha ilusión comprobar cómo, ni pañuelos, ni cerrados abrigos, ni estrictas normas morales fueron capaces de contener los más alegres impulsos humanos en cuanto el contexto se alejó del habitual.

En cuanto el sol desapareció por detrás de las montañas emprendimos ligeros el viaje de vuelta, llegando prácticamente de noche a nuestro punto de partida y con los pies molidos. La cámara pesaba en ese momento bastante más que por la mañana, como lógico resultado de las decenas de fotos que ahora contenía.

Ahora era momento de coger el coche y plantarse en Amán, donde teníamos contratado el hotel para la segunda y tercera noches. Encontrarlo fue bastante difícil (el hotel, no el coche). Estaba situado al norte de la ciudad y nosotros llegábamos por el sur.

Tras dar vueltas por las circunvalaciones atestadas de tráfico acabamos no se sabe bien cómo en un lugar que estaba en las proximidades, pero no acabábamos de culminar. El problema es que no éramos capaces de localizar en el plano en qué calle estábamos. Ante esa tesitura nos paramos y entré a preguntar con el plano en una peluquería, donde me enviaron a la floristería de al lado porque allí había gente que hablaba inglés (aquí no es como en Qatar, muchísma gente no habla ni una palabra). Allí comenzaron a buscar en el plano, pero el tipo lo miraba con ceño fruncido y tras rebuscar con el dedo fue incapaz de señalarme dónde estábamos. Llamó a otro y se repitió la escena. No conseguí que me señalaran dónde estábamos; finalmente salimos a la calle y ahí me indicaron por donde había que ir. Luego me di cuenta del porqué de su incapacidad con el plano.
  1. Era de 1996, y os puedo asegurar que Ammán desde entonces ha cambiado mucho.
  2. Estaba escrito en cristiano, así que probablemente le estaba costando identificar los nombres de las calles, pues como ya os he dicho en alguna otra ocasión, las transcripciones son un tanto facultativas.
En fin, lo cierto es que tras más de una hora de revueltas llegamos al Golden Tulip Grand Palace, de pomposo nombre y cuatro estrellas, bastante decente y a 112 dinares con desayuno cada habitación individual. Aquí se confirmó definitivamente que comer en Jordania es barato, pues la cena a la carta se quedó en 16 dinares. A ver en qué hotel de 4 estrellas en España te baja una cena a la carta de 40 euros.
A las once me metí por fin en la cama. ¡Y qué bien dormí esa noche! ¡Las cuatro horas de coche después del maratón de Petra me habían dejado molido! Al día siguiente había que volver a levantarse a las siete, pero eso, ya es otra historia.

Cierre.

Bueno, en breve añadiré más entradas al blog con el relato general de la visita al Mar Muerto, Ammán y Jerash. Mientras tanto tenéis las fotos en Picasa para ir haciendo boca y ampliar información sobre las cuatro generalidades que aquí os he contado.

Que Dushara sea con vosotros.
  • Hora local: 23:26.
  • Temperatura: 18ºC.
  • Humedad: 59%.
  • Temperatura máxima: 24ºC.
  • Temperatura mínima: 15ºc
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Ivan Bin Victor al-Saez.

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"Dejad que los perros ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos." [Don Quijote - Orson Welles]