jueves, 21 de mayo de 2009

EPÍSTOLAS PERSAS, JORNADA 1: TEHERÁN.


Muy sres. míos:

En la epístola anterior me había quedado durmiendo en el Hotel Kowsar, toda vez que no había podido acostarme hasta las siete de la madrugada debido al infernal horario del corto pero agotador viaje de ida. A las dos de la tarde nos pusimos en marcha y es cuando comienza esta epístola.

Este primer día en Irán me pareció un poco tonto. En contra de lo que la lógica dicta, en vez de viajar por la tarde a Shiraz para ya dormir allí y comenzar la visita al día siguiente a una hora razonable, en vez de eso, no teníamos el vuelo hasta el día siguiente a las nueve de la mañana. ¿A las 09:00? ¡Pero si el guía había dicho que a las 10:30…! Miro de nuevo el billete y no hay duda: el vuelo parte a las 09:00. Dado que el guía va a venir a buscarnos a las 08:00, estamos jodidos, no nos da tiempo. Nueva crisis, y encima es viernes. Pido a la guapísima (¡de verdad!) recepcionista del hotel que llame a la agencia, pero como es lógico no hay nadie, es fiesta. Busco entre la documentación del viaje y no hay un solo teléfono donde pueda llamar para desfacer el entuerto. Decidido: habrá que coger un taxi al día siguiente, pues vale más descubrir que el guía tenía razón que perder el vuelo a Shiraz.

Adicionalmente puedo comentar que en la habitación de mi madre y mi hermana al parecer había una máquina que no se podía parar y que hacía mucho ruido (ignoro qué hacía dicha máquina o si era maligna o no), así que pedí a la guapísima recepcionista del hotel que se la cambiaran. Con ello descubrimos que las habitaciones de la primera planta sí estaban reformadas y eran realmente de cuatro estrellas. La próxima vez tendré que llevar conmigo una máquina que haga mucho ruido y no se pueda apagar.
Plano del centro de Teherán, para que os vayáis orientando.

Como teníamos todo el día libre comimos pollo en un restaurante de comida rápida en la misma Avenida Valiasr y nos pusimos a pasear. Durante este kilométrico paseo por Teherán fuimos dándonos cuenta de que las cosas no parecían tan malas.

Valiasr.

La Avenida Valiasr es una de las más largas de la ciudad, la cual recorre de norte a sur. Está limpia y perfectamente urbanizada. Dado que la ciudad va subiendo ininterrumpidamente según te desplazas al norte, hacia las faldas de las montañas, la avenida es un continuo ascenso o descenso según la dirección en que la cojas. Como tantas otras calles de Teherán está flanqueada por grandes árboles de sombra en toda su longitud y, en este caso, por cauces de agua. No pude confirmar si estos cauces eran artificiales o no, pero los árboles de la avenida plantan sus raíces a medio metro por debajo del nivel de acera y calzada. La razón es que entre las aceras y la calzada existen unas trincheras de medio metro de profundidad y dos o tres de anchura perfectamente urbanizadas y pavimentadas con adoquines por donde baja raudo un pequeño río que lame los troncos de los árboles plantados en su fondo. En algunas secciones de la calle incluso se han urbanizado canales secundarios al principal por los que también corre el agua entre una segunda fila de arbolado. Dicen que es la avenida más bonita de la ciudad.

En la sección que nos había tocado Valiasr es una de las zonas comerciales más conocidas de Teherán. Como era viernes estaba inicialmente todo cerrado, pero poco a poco fueron abriendo las tiendas, pues por lo visto los viernes abren a media tarde. Todo era pequeño y mediano comercio. La verdad es que durante nuestro largo paseo apenas vimos un par de establecimientos que pudieran catalogarse como grandes superficies. La ausencia de franquicias o cadenas occidentales es total, lo cual sin duda es un punto positivo para este país. Este mérito es todavía mayor si tenemos en cuenta que las tiendas en esta zona eran en su inmensa mayoría de ropa y que estábamos en un equivalente a Fuencarral en Madrid o Corrida en Gijón.

Prêt-à-Porter.

Según iba bajando por la avenida me iba fijando en la apariencia de la gente, llegando a las conclusiones que siguen.

La ropa de hombre en Teherán me pareció a ratos de los años ochenta; digo esto por los trajes, que son bastante retro, tipo gris funcionario, y por la moda ligeramente hortera que llevan los jóvenes, con pelos de punta a la laca o medios tupés, camisas apretadas o camisetas de licra, pantalones vaqueros con grandes hebillas y zapatos de punta o playeros. La única limitación para la moda de hombre parecen ser los pantalones cortos, ya que en Irán están prohibidos. En todo caso, tienen todo mi apoyo para mantener y a ser posible extender a otros países dicha prohibición, pues estaréis todos de acuerdo conmigo en que llevar pantalones cortos por la calle es de un ridículo espantoso y un atentado contra la estética, denotando además una escasa autoestima y falta de respeto hacia los demás. Si os preguntáis donde están las chilabas y los turbantes, son privativas de los clérigos, sólo ellos las llevan.
He aquí Teherán visto desde arriba.

Ninguna mujer lleva velo; no vi ni uno en todo el viaje. Lo que sí llevan es chador, pero entre las más jóvenes es claramente minoritario, las cuales lo que visten son zapatos al gusto (desde zuecos y playeros hasta tacón), pantalones vaqueros, un pañuelo de colores que se colocan por media cabeza y una chaqueta ligera o guardapolvos que llega por la mitad del muslo o por encima de la rodilla y cuya misión principal es tapar el culo. Muchas van maquilladas y llevan peinados que resaltan la parte del pelo que queda fuera del pañuelo, es decir, aquella que va desde la frente hasta la vertical de las orejas. Y ya que hablamos de mujeres, creo que es buen momento para declarar que...

De Entre Todas las Mujeres del Mundo, las Iraníes, son las Más Bellas.

Por supuesto exceptuando las lectoras habituales de este blog.

Esta afirmación no es gratuita. Puedo afirmar con rotundidad que en ningún país de los que hasta ahora he visitado había visto tal cúmulo de hermosura y, aunque la proporción no es tan favorable, también hay hombres muy guapos. ¡Afortunado pueblo el persa con respecto a los cánones actuales de belleza!

Algo que facilita la observación es el pelo recogido en el pañuelo, lo cual les favorece mucho porque descubre a toda la faz del orbe sus hermosos y equilibrados rasgos. Aquellos que me conozcan sabrán además que considero muy buena idea quitar el pelo de la cara.

Ante todo llaman poderosamente la atención sus ojos grandes, profundos, con un ligero toque rasgado, oscuros como el carbón o azules como el azul de metileno y de mirada entre traviesa y curiosa.

El rostro es ovalado, sin que pueda apreciarse un solo rasgo agresivo. Pómulos sobresalientes y carrillos llenos dotan al semblante de una volumetría exquisita donde apenas son visibles cambios bruscos en el trazado de sus líneas.

Peculiar y hermosa también la nariz, ligeramente larga, con un suave cambio de pendiente en su centro, una delicada punta redondeada y ligeramente ancha en su base, características todas ellas que considero muy buenas ideas.

La piel, aunque también hay tonalidades claras, predomina de un tono tostado uniforme que concuerda con la idea comunmente admitida del bronceado ideal.
Otra vista de Teherán. Como podéis comprobar, pequeño no es.

Los labios, carnosos, pero en su justo medio, sin caer en la boca de cerdito y al mismo tiempo muy alejados de la boca de raya. Ambos ligeramente respingones, confiriendo al conjunto un peculiar toque sensual.

Finalmente, de altura media y cuerpo fino. Debo destacar en este punto la casi total ausencia de personas obesas en Irán, tanto hombres como mujeres.

Así pues, podemos afirmar con toda rotundidad que las iraníes son unas mujeres llenas de muy buenas ideas. Además, muy jóvenes de media, pues durante la guerra con Irak, que sabéis duró desde 1980 hasta 1988, se produjo una explosión en la natalidad fomentada desde el gobierno. Como consecuencia hay mucha población joven y se ven por la calle montones de chicos y chicas entre los 20 y los 25 años.

De Compras.

Con el fin de sustituir el horrible fular que mi hermana llevaba en la cabeza nos fuimos a comprar un pañuelo a los montones de tiendas de ropa que salpicaban la Avenida Valiasr a la altura de la plaza del mismo nombre. A la hora de pagarlo, nueva crisis. Me dicen que el precio es 20.000, 10 veces lo que marca la etiqueta. ¿Pretenden timarme de una manera tan burda? Hago la conversión. No puede ser que este pañuelo cueste 15 céntimos de euro, y en cambio euro y medio es razonable y sigue siendo barato, así que no deben estar timándome. Pago, investigo más a lo largo de la tarde y la conclusión es clara: los precios en Irán pueden estar en riales o en tonans. Con el fin de ahorrarse ceros, muchos establecimientos ponen sus precios en tonans, siendo un tonan como podéis suponer 10 riales. En caso de duda no hay más que convertir. Si sale un precio ridículo, la cantidad está en tonans. Las cosas en Irán son baratas, pero no regaladas.

Dado que mi madre y mi hermana no llevaban guardapolvos también tuvimos que comprar unos para no llamar la atención. Para nuestra sorpresa el tendero chapurreaba algo de español. Por supuesto nos cobró de más: 500.000 riales. Más adelante aprendimos que esta compra debería haber salido aproximadamente por 300.000. ¿Debimos regatear? Es posible, pero a mi el asunto del regateo me avaga como no os podéis imaginar; prefiero pagar más.

El infierno comercial aún no había terminado, pues una compra pendiente muy importante aún pesaba como una losa: teníamos que encontrar una tienda abierta donde pudiera comprar los accesorios que faltaban para mi cámara, cuya indisponibilidad evitó que pueda ofreceros fotos de este primer día.

En un momento dado nos desviamos de Valiasr por Imán Jomeini y comenzamos nuestra vuelta subiendo por Hafez. Subíamos por esta última calle a las siete de la tarde cuando de repente sonrió la fortuna. Habíamos estado buscando por Valiasr una tienda de cámaras fotográficas sin mucho éxito; la única que nos habíamos topado estaba cerrada. De repente, al cruzarnos con Jomyuri-e Eslami, no una, ni dos, ni tres… no. Una calle entera llena. Toda una calle llena de tiendas de teléfonos móviles y cámaras digitales, todas abiertas y llenas de gente y donde, para colmo, una marca predominaba sobre todas las demás en todos los escaparates: Canon. Por fin el puzle se había completado. Podría hacer fotos de Irán. Cargador, pilas y tarjeta de memoria me salieron por 715.000 riales. No sé si me cobraron de más, pero tras tan feliz descubrimiento un bledo me importaba, pues ir a topar en una ciudad de doce millones de habitantes con la calle donde venden justo lo que necesitas puede catalogarse de potra.
Una calle de Teherán cualquiera, en este caso cerca del bazar. Todas las calles importantes están arboladas. Demasiado chador en esta foto, normalmente no predominan tanto.

¿Y a qué se debía tal concentración de tiendas todas de lo mismo? Bueno, pues resulta que en Irán las tiendas se agrupan por especialidades. Así, tal y como en Valiasr se han puesto las tiendas de ropa, en Jomyuri-e Eslami se agrupan las de pequeños aparatos electrónicos. A lo largo del día ya habíamos detectado más agrupaciones. Por ejemplo, en la misma Valiasr pero cerca de Imán Jomeini se concentran las tiendas de suministros médicos: montones de establecimientos que venden reclinatorios de dentista, estetoscopios, piernas ortopédicas, microscopios, sillas de ruedas, instrumental… Curioso. En todos los casos, ausencia casi total de grandes comercios, únicamente pequeñas y medianas superficies.

La Transirania Transexual.

Tras nuestro afortunado encuentro nos reincorporamos a Valiasr y subimos hasta el cruce con Enquelab, donde hay un teatro a la derecha y un pequeño parque detrás. Nos desviamos adrede por su interior, donde la sensación de normalidad total se reforzó. Estaba atiborrado de gente sentada en los bancos y paseando, familias, grupos de amigos, jubilados e incluso algunas parejitas cogidas de la mano (morreando no había nadie, no exijáis tanto, que estamos en Irán). Como anécdota, a lo largo de la tarde también vimos algunos hombres de la mano, pero supongo que esto debe ser una cuestión cultural, pues la homosexualidad está duramente penada en Irán desde con azotes hasta con la pena de muerte en el caso de reincidencia continuada, todo lo contario que las operaciones de cambio de sexo.

Sí, habéis leído bien. En Irán el cambio de sexo es perfectamente legal, las operaciones las paga la seguridad social, los transexuales pueden casarse y los ayatolás lo ven estupendo. En 1983, Jomeini aprobó un decreto legalizándolo. Según él, nada en el Corán prohíbe realizar este tipo de intervenciones en las personas que han nacido atrapadas en el cuerpo equivocado. Ignoro cómo se fundamenta teológicamente que puedan nacer mujeres en el cuerpo de hombres y viceversa.
La torre de comunicaciones, o Torre Milad, con las grandes montañas al norte de Teherán al fondo.

Sea como sea, lo cierto es que en una sociedad como la iraní donde hay que casarse por narices incluso siendo cura y la homosexualidad está perseguida, los transexuales tienen su paraíso. Si una pareja gay o lesbiana estuviera dispuesta, uno de los miembros podría cambiar de sexo y entonces podrían casarse sin ningún problema (aunque entiendo que pocos se acogerán a esta drástica solución). Y es que en Irán lo fundamental es que las relaciones sean entre un hombre y una mujer, cómo se haya llegado ahí, es lo de menos.

Tráfico Fluido.

Otra de las cuestiones que nos llamó la atención durante nuestro devenir por las calles de Teherán fue lo fluido del tráfico.

Cuando digo fluido no me refiero a la acepción habitual del término, sino a la de líquido. Imaginaos un cauce agitado de agua. Como bien sabéis, en él las moléculas “resbalan” unas sobre otras, se mezclan y revuelven en un régimen turbulento y ruidoso. Pues una calle de Teherán es casi lo mismo. Un conjunto increíblemente apiñado de coches se mueve lentamente dejando apenas centímetros entre ellos, pero cualquier vehículo en el carril izquierdo puede aparecer milagrosamente segundos después en el derecho y viceversa. Los carriles no existen. La gente circula con las rayas entre las ruedas, porque si hay tres carriles, habrá cuatro filas de coches a todo lo largo de la avenida. El que pasa es el más decidido, nadie se para por cortesía. Todo el mundo se cruza y se pita, pero no pasa nada porque todo el mundo espera que puedas cruzarte o pitar.

Los pasos de peatones son como dos cauces de líquidos inmiscibles que se cruzasen perpendicularmente. Peatones y coches pasan unos delante de los otros con decisión, el más decidido es el que pasa por delante del otro. Ahora pasa un peatón, ahora un coche, logran avanzar otros tres peatones hasta el carril siguiente, pasa un coche, avanzan dos peatones hasta el otro carril, pasan dos coches, llega un peatón a la acera… Cada vez que cruzas una avenida en Teherán se escribe uno de los episodios del día, dotado de historia y personalidad propias. En todo caso, enseguida te acostumbras.
Dos chicos y una chica en un ciclomotor y sin casco, con el del medio enviando un SMS. Esta imagen es muy habitual. Hasta cuatro personas llegamos a ver subidas sin casco en un ciclomotor.

Teherán tiene muchos taxis y autobuses con sus carriles bus, pero para una ciudad de doce millones de habitantes no es suficiente. El metro, aunque hay planes de ampliación, sólo cuenta con tres líneas, y el ferrocarril únicamente pasa por el extremo sur de la ciudad. Al final el tráfico es terrible y el modo de conducir nada tiene que ver con lo que los europeos estamos acostumbrados. A este respecto, Qatar es un remanso de paz comparado con Irán.

Si alguna vez vais a Irán, os recomiendo vivamente no alquilar un coche. Lo mejor es olvidarse de conducir y coger taxis.

Café, Che.

Subiendo por Valiasr, ya cerca de la plaza del mismo nombre y a mano derecha, entramos a descansar de nuestra kilométrica caminata y a tomar un café en un establecimiento que exteriormente nos pareció bastante agradable. En Irán las cafeterías no brillan por su abundancia, así que si encuentras una que responde a tus expectativas hay que lanzarse al interior sin dudarlo.

Cuando ya estábamos dentro caímos en la cuenta de la peculiaridad del lugar. Estábamos en la cafetería Che Guevara, la cual estaba adornada con fotografías de La Habana, retratos del comandante cubano, anuncios de puros y demás parafernalia.

Como no podía ser de otra manera en la carta se incluían diversos combinados tropicales, así que me pedí uno, pues no todo el mundo puede presumir de haberse tomado una piña colada en Teherán (bueno, piña colada no era, pues como podéis suponer no tenía alcohol). Los camareros eran todos iraníes y apenas chapurreaban el inglés imprescindible, así que no pude investigar el porqué de esta curiosidad en el corazón de Persia.

Cierre.

Tras salir del café Che Guevara nos dirigimos al hotel, así que poco más hay que contar, salvo que la oscuridad cayó sobre la ciudad a eso de las ocho y que al cabo de esa hora todavía estaban todas las tiendas abiertas.

Con esto doy por terminado el relato de mi primer día en Irán. Al día siguiente había que madrugar mucho para poder tomar el avión a las 09:00.

Shiraz y Persépolis nos esperaban.
  • Hora local: 20:36.
  • Temperatura: 31ºC.
  • Humedad: 49%.
  • Temperatura máxima: 39ºC.
  • Temperatura mínima: 26ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.

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