jueves, 16 de octubre de 2008

COTIDIANÍAS ECONÓMICAS.


Estimados seguidores:


Como corolario a la anterior entrada, me vais a permitir desviarme un poco del tema de Qatar, ya que durante los últimos meses otra cotidianía poco habitual ha llenado mi vida: regodearme contemplando la evolución de la crisis económica en general y de los índices bursátiles en particular.

Sobre la Bolsa y otras Sinvergonzonerías.

Para mi hubiera sido muy fácil jugar en bolsa si hubiera querido, pues en Iberinco nos dan la posibilidad de gastarnos la retribución variable anual (que no es poco, anda alrededor de los 3.000 €) en acciones de Iberdrola, opción elegida por bastante gente. Recuerdo que estando todavía en Castellón les comenté a unos compañeros que iban a comprar acciones que no entendía por qué iban a enterrar su variable ahí con la crisis en ciernes. Curiosamente sólo lo veía yo, lo cual me parece incomprensible, pues hace año y medio ya apuntaba claramente maneras; por supuesto no pensé que sería tan gorda, pero ya estaba claro que la bolsa no iba a subir más. Me respondieron que el tonto era yo, que seguro que iban a subir y que en todo caso cobraría la cantidad íntegra, al contario que si elegía ingresarlo en nómina.

¿Y cómo es eso? Fácil: al usar el dinero para comprar acciones no se te descuenta nada, y al cabo de tres años puedes venderlas sin que el beneficio obtenido esté sujeto a impuestos. En cambio, si recibes esa cantidad en nómina, “pierdes” alrededor del 27% debido a la tributación por Seguridad Social e IRPF. Esto es así porque tanto en España como en el resto de economías neoliberales sólo pagas impuestos si tienes nómina. Si tus ingresos son por rentas del capital, siempre hay alguna forma para quedar exento o pagar cantidades simbólicas respecto del total.

Entrecomillo “pierdes” en el párrafo anterior porque, salvo que seas rico, sólo un análisis simplista te puede llevar a semejante conclusión. Es evidente que cada vez que acudes gratis al médico, llevas gratis a tus hijos al colegio, circulas gratis por una autovía, sacas gratis un libro de la biblioteca o cobras una prestación por desempleo o una pensión, estás recuperando ese dinero que te han deducido de tu nómina. Recibes un “salario diferido” que al menos en la teoría cuanto más pobre eres más debería superar en valor a lo que has aportado. Dado que ninguno de los destinatarios de este correo somos ricos (sólo lo estamos), si nos ingresaran todos los meses nuestra paga bruta pero a cambio nos cobrasen por todo lo citado anteriormente y no tuviéramos prestación por desempleo o pensión, al hacer cuentas saldríamos perdiendo, y mucho. ¿Os imagináis que las rentas del capital también pagasen impuestos? ¡Sería la hostia! ¡La de protección social que podríamos tener! ¡Incluso nos podrían reducir sensiblemente las cantidades que nos retienen en la nómina y aún así tendríamos más cobertura y servicios sociales!
Sepulcros blanqueados en el centro de Doha.

Sin embargo, en el muy regresivo sistema impositivo neoliberal en cuanto superas cierta cantidad de ingresos los impuestos pasan a ser cantidades nimias sobre el total. ¿Y por qué? Primero por el sistema de deducciones, y segundo porque muy probablemente el principal de tus ingresos no sea tu sueldo, sino acciones, bonos, obligaciones y demás productos financieros en la práctica exentos de tributación. Muchos grandes ejecutivos tienen por ello sueldos simbólicos, y su remuneración consiste en opciones sobre acciones y demás activos financieros. De todos los mecanismos que la gente adinerada usa para amasar dinero a espuertas sin pagar impuestos, el cauce fundamental y símbolo por excelencia de nuestro sistema económico es la bolsa, un lugar donde ningún bien tangible se produce pero donde el dinero genera dinero y la inmensa mayoría de las acciones están en manos de una inmensa minoría de la población, que son quienes realmente pierden cuando baja, no la nación entera como nos quieren hacer creer.

Es por todo ello que, aunque a mis compañeros les argumenté la crisis en ciernes, mi decisión de no comprar acciones nada tenía que ver con ella. Aunque me hubieran asegurado gratis un rendimiento del 300%, aún así no hubiera comprado acciones; porque no es una cuestión de beneficio, es una cuestión de ética. Me niego a participar en un reaccionario mecanismo de evasión de impuestos, y me niego a participar en el símbolo por antonomasia de un sistema económico que tiene a dos tercios de la humanidad sumidos en la pobreza y la ignorancia y gracias al cual existen los worker camps.

A la Crisis, Alegría y Buena Cara.


La verdad es que me alegro mucho de que por fin haya llegado esta crisis, aunque parezca absurdo alegrarse por algo inevitable, al igual que es absurdo enojarse porque llueva o porque en Qatar lleguemos a los 45ºC en verano.

Me alegro porque el aciago neoliberalismo impulsado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan ha quedado tocado. Me alegro porque la nefanda Escuela Económica de Chicago (con el nobel Milton Friedman a la cabeza) ha quedado desautorizada; esa Escuela que para estrenar sus políticas económicas necesitó del concurso de una dictadura fascista (el Chile de Pinochet) para que no se generase una revuelta social. Me alegro, en definitiva, porque queda definitivamente demostrada la inviabilidad de un sistema injusto y psicópata. Me alegro, finalmente, porque cualquier ciudadano con dos dedos de frente se habrá dado cuenta de que:
  1. Cuando se gana dinero el Estado tiene prohibido intervenir en la economía (no vaya a ser que haya que repartir las ganancias), pero cuando se pierde los grandes voceros del neoliberalismo piden una intervención a gritos (así pagamos las pérdidas entre todos).
  2. La eficiencia de la gran empresa privada depende de que cada 10 años el Estado acuda a rescatarla.
  3. Cuando conviene, salen decenas de miles de millones de debajo de la alfombra para gastos extraordinarios sin que parezca que se vaya a acabar el mundo por el aumento del déficit o el gasto públicos.
  4. El sistema económico es penalmente irresponsable, pues ni un solo proceso judicial se ha abierto todavía, por ejemplo, por estafa (por vender productos financieros de dudoso cobro totalmente disfrazados) o por conceder préstamos a sabiendas de la insolvencia del tomador.
  5. A los bancos se les proporciona todo tipo de facilidades mientras a la población en general se le regatean las prestaciones sociales, se le congelan los salarios y se promociona su endeudamiento.
Así que cuando cualquier ministro de economía del PP o del PSOE salga diciendo las típicas mentiras que a base de repetirlas se han convertido en verdad:
  1. Que la intervención del Estado en la economía es perniciosa.
  2. Que la empresa privada es más eficiente que la pública.
  3. Que hay que recortar gastos porque no hay dinero suficiente para la Seguridad Social.
  4. Que hay que apretarse el cinturón para contener el déficit público.
  5. Que hacienda somos todos.
Entonces los ciudadanos con dos dedos de frente tendrán claro por fin que es la ideología de derechas del ministro y no la verdad quien guía sus palabras, de lo cual me alegro.

Lo malo es que a nuestro sistema económico se le da especialmente bien retener arriba las ganancias cuando pintan oros y traspasar rápidamente hacia abajo las pérdidas cuando pintan bastos, así que lo notaremos. Desgraciadamente ahora no hay, como había en 1930, un sistema político diametralmente opuesto al otro lado del océano y un movimiento obrero fuerte en casa que les obliguen a aplicar un New Deal para salvar el cuello, así que no podemos asegurar que lo que inventen ahora no sea aún peor.

Pero aún así, me alegro.

Seikh Ivan Bin Victor al-Saez.

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