viernes, 7 de agosto de 2009

EPÍSTOLAS PERSAS, JORNADA 3: PERSÉPOLIS.


Amados golfos:


Tercer día en la República Islámica de Irán. El plan de hoy es excitante: visitaremos las ruinas de la antaño grandiosa Persépolis, que comenzara a construir en el Siglo VI AEC Darío I el Grande, continuaran Jerjes I, Artajerjes I Longímano y Artajerjes III Oco y destruyera en el 330 AEC Alejandro III Magno. Todo un desfile de personalidades históricas.

Debido a los problemas que habían retrasado el día anterior nuestra llegada a Shiraz nos habían trasladado a hoy las visitas que habían quedado pendientes del día anterior, así que después de Persépolis íbamos a volver para dar cuenta de ellas.

De Camino hacia la Historia.

Quedamos en que nos vendrían a buscar a las ocho de la mañana, así que hubo que madrugar un poquito. Nada comparable en todo caso a los madrugones que te tienes que pegar para aprovechar el día en los países del Golfo Pérsico o Jordania, pues como ya he comentado los horarios en Irán son normales; en primavera amanecen a las seis y anochecen a las ocho, no a las cuatro y a las seis como los otros imbéciles.

Sin más preludio que el buffet libre del hotel nos subimos a nuestro taxi-furgoneta y nos pusimos en marcha. Persépolis está desde hace tiempo a unos 55 kilómetros al norte de Shiraz. Se tarda poco porque la carretera es autopista durante el 90% del recorrido.

La provincia de Fars es montañosa, pero los valles por donde pasa la autopista son muy amplios y de fondo llano, así que se circula sin dificultad. Todas las montañas están completamente peladas, como corresponde a un lugar con una precipitación anual que ronda los 150 litros por metro cuadrado. Sin embargo, en el fondo de los valles se encuentran gran cantidad de cultivos (trigo, cebada, algodón…) e incluso algunos bosques de pinos y frutales. A la derecha tenéis una vista de todo ello.

Durante el viaje Samane nos contó un poco de su vida, cuyos detalles desgraciadamente he olvidado en su mayoría. La chica acababa de terminar sus estudios universitarios (en Irán las mujeres pueden ir a la Universidad, al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, en Arabia Saudí). No recuerdo qué carrera había hecho, pero tenía que ver con el arte. En el momento de mi viaje se hallaba en un intermedio antes de iniciar un posgrado (tampoco me acuerdo de qué) y se estaba dedicando a llevar turistas por ahí con el fin de sacar algún dinerillo. También estaba estudiando alemán para un propósito concreto que tampoco recuerdo, lo cual quedó de manifiesto porque se había llevado los apuntes para ojearlos durante los desplazamientos.

Destino: La Meca.

Una de las cosas que pregunté a Samane fue si había salido de Irán en alguna ocasión, a lo cual respondió que únicamente para realizar la peregrinación a La Meca, que por lo visto le había subvencionado algún organismo público o semi-público.

Los chiíes observan al igual que los suníes los cinco pilares del Islam (la declaración de fe, los cinco rezos al día, la caridad, el ayuno en Ramadán y la peregrinación a La Meca), así que los iraníes creyentes se ven en la desagradable obligación de viajar a Arabia Saudí al menos una vez en vida. Aunque el Corán exime de esta obligación a todo aquel que no pueda pagársela, raro es el musulmán practicante que no viaja, ya que muchas de las organizaciones caritativas islámicas se dedican precisamente a pagar el viaje a aquellos que no pueden costeárselo.

Como anécdota a este respecto puedo citar la experiencia de un compañero de trabajo que estuvo destinado en una refinería en Arabia Saudí, el cual por cierto me ha confirmado con creces todos los horrores que pueda contar sobre ese país en este blog, a donde no volvería ni jarto de drogas. Por la causa que fuera acabó en una ocasión en un avión que transportaba varias decenas de peregrinos pakistaníes en dirección a La Meca. Muy probablemente esas personas no pertenecían a las élites educadas del centro de las ciudades. En primer lugar, olían todos como si así esperasen ahuyentar a los malos espíritus, algo bastante molesto si te toca al lado en un avión. Iban vestidos con túnicas sucias y desgastadas y con sandalias que dejaban ver unos pies totalmente negros. A la hora de comer lo hicieron con las manos y esparciendo a su alrededor la mitad del contenido de las bandejas. Finalmente, cuando llegaban ya a Yeddah se vieron en la obligación de rellenar un formulario de inmigración, donde quedó patente que apenas sabían escribir. Entonces, a mi compañero no se le ocurrió otra cosa que ayudar a uno de ellos, tras lo cual todos los demás (la mitad del avión) hicieron cola para que rellenase él sus formularios sin posibilidad de negarse. En fin, mientras los estados gasten dinero y esfuerzos en costear viajes a La Meca o a Lourdes y no a sacar a sus pueblos de la pobreza y la ignorancia, en Estados Unidos están tranquilos. ¡Bendito sea el integrismo religioso, que vacuna a los pueblos contra el virus del socialismo!

Persépolis Per Sé.

Con estas reflexiones estaba cuando por fin, tras unos escasos 50 minutos, llegamos a Persépolis. Las ruinas de la ciudad se hallan al fondo de una larga recta que corta un bosque de pinos. El lugar está bien preparado de cara al turismo; en las inmediaciones de las ruinas existe un complejo que incluye restaurantes, una cafetería con terraza, váteres y tiendas de recuerdos.
Uno de los Lamassu que flanquean la Puerta de Todas las Naciones.

Allí Samane nos compró un zumo de piña, ya que el paquete incluía refrescos durante las visitas. La marca de zumos que nos proporcionó tenía la peculiaridad de incluir grandes tropezones de piña en su interior. Nunca lo había visto, así que cuando me topé con el primer pedazo me llevé un buen susto pensando que me había tocado esa lata de cada 250.000 en la que cae en la embotelladora una cucaracha dentro.

Persépolis estaba siendo visitada por turistas tanto extranjeros como iraníes, en una relación del 50% aproximadamente. Los iraníes venían principalmente insertados en visitas escolares; nos cruzamos con una de niños rayando la adolescencia y otra de chicas. La educación en Irán sí segrega entre sexos. Los niños rayando la adolescencia son en Persia tan maleducados e insoportables como en cualquier otro país del orbe, dedicándose a gritar e importunar a los demás seres humanos como si hubieran venido a este mundo con ese solo propósito.

El desarrollo vertical de las ruinas de Persépolis es escaso porque sus palacios estaban construidos principalmente con madera y adobe, columnas incluidas, así que hace ya tiempo que las paredes se han deshecho y los techos se han podrido. Por otra parte su fin fue catastrófico como bien sabéis, quemada y saqueada por Alejandro Magno. También hay que considerar que las ruinas son como mínimo un par de siglos más viejas que las ciudades romanas a las que estamos acostumbrados. En todo caso me impresionó conocer que las columnas de la Apadana, erigidas en piedra por su tamaño, no han sido reconstruidas, sino que llevan en pie 2.500 años. De las 16 columnas que hoy en día se pueden contemplar, sólo 3 han sido rehechas.
Las columnas de la Apadana, 2.500 años en pie.

Parece ser que antes del Siglo XVI quedaban erguidas 40 columnas; de hecho a las ruinas de Persépolis se las conocía como “Chejel Minar”, que quiere decir “Las Cuarenta Columnas”. Ignoro por qué desde entonces se han derrumbado 24 cuando en los 2.000 años restantes sólo se habían caído 32.

No voy a describir aquí la ciudad porque para eso ya está mi álbum web de Picasa. Únicamente comentaré que el explorador británico Stanley pasó por aquí en 1870, un año antes de encontrarse con Livingstone en medio del África tenebrosa; de ello dejó constancia grabando su nombre y el año en una de las piedras que flanquean la Puerta de Todas las Naciones.

Para disfrutar de las ruinas con calma y en toda su extensión y poder hacer cuantas fotos quieras tienes que echar unas cuatro horas dentro del recinto. Desgraciadamente en nuestro caso tuvimos menos tiempo, poco más de dos horas. Esto lo he notado en la calidad de las fotografías, ya que en muchos casos no han recogido todo lo que habrían tenido que recoger o bien no están correctamente encuadradas por causa de las prisas. Además, diversos rincones de Persépolis se quedaron sin visitar, como por ejemplo la terraza de las piedras cornudas o la tumba de Artajerjes III, desde donde podría haber tomado unas hermosas fotos panorámicas de la ciudad a mis pies.

Por causa de lo mencionado en el párrafo anterior no estoy especialmente satisfecho con mi colección fotográfica sobre Persépolis pues, si bien las zonas visitadas quedan bien reflejadas, fracasan a la hora de trasmitir una visión de conjunto como sí hacen las que en su día tomé de Jerash.

Viandas Persas.

Tras la visita a Persépolis comimos en un restaurante muy bien puesto que se hallaba al lado del complejo turístico, en el interior de una casona que supongo querría imitar una mansión rural de la zona. La verdad es que el sitio tenía apariencia lujosa por su ambientación y el número de cubiertos y copas dispuestos sobre las mesas; Samane nos había advertido que era un poco caro y que si queríamos podíamos ir a otro menos fino; dado que estábamos de vacaciones decidí que no nos íbamos a privar e hice bien porque finalmente el precio fue realmente sorprendente: 12 euros por cabeza.

Comer en Irán es realmente barato. Para un iraní pagar 12 euros por comer es caro sin paliativos. Durante nuestro viaje almorzamos en sitios muy diversos: restaurantes de todas las apariencias, locales de comida rápida y hoteles. Ninguna de las comidas igualó el precio por cabeza de ésta. En los locales de comida rápida podías salir a gusto por entre dos y tres euros por cabeza.

El menú consistió en ensalada, arroz y diversos kebab, de los cuales había para elegir una amplia variedad de tipos porque es la comida estándar iraní. A la izquierda veis a familia, guía y conductor degustando las viandas.

Los kebab iraníes están más cercanos a un filete ruso que a lo que nosotros entendemos por kebab (la masa esa de carne que despide grasa mientras gira frente a un horno para pollos). Son en realidad pequeños filetes de carne de cordero, pollo o ternera picada y aderezada con especias. Las combinaciones de unas y otras más la forma que le quieran dar generan muchos tipos de kebab. Los filetitos pueden ser en forma de tiras, parecidos a una hamburguesa o incluso albondigomorfos, en cuyo caso ya no estaríamos ante un filete, sino ante una proto-albóndiga.

En Irán el arroz normal te lo sirven en una montaña en plato aparte y viene teñido por azafrán en su parte superior, como si el amarillo fuera la nieve de su cumbre. Una vez que te han servido tienes que derretir y remover entre el arroz caliente una pastilla de mantequilla. Tras eso, coges el tomate cocido que te habrán puesto con el kebab, lo machacas y también lo mezclas, añadiendo además las verduras que quieras de entre las que asimismo te habrán puesto con el kebab. Como en tantos otros países de la zona, el arroz sustituye al pan.

Naqs-i Nayab.

Tras nuestra opípara comida, a la cual por primera y última vez durante el viaje se sumó el conductor, nos pusimos en marcha hasta Naqs-i Nayab. Este lugar está como mucho a dos kilómetros al norte de Persépolis y hay que pagar una pequeña entrada para acceder. Es un sitio pequeño, consiste sólo en tres grandes altorrelieves tallados en un abrigo entre las rocas en época del Imperio Sasánida, 500 años después de la caída del Imperio Aqueménida. Es suficiente dedicar unos veinte minutos a esta visita.
Naqs-i Nayab. Se aprecian dos de los relieves a la izquierda y al frente.

La intención de estos relieves propagandísticos era poner de manifiesto el origen divino del reinado de los soberanos Sasánidas, los cuales se muestran recibiendo el círculo del poder de manos de Ahuramazda, ya que fue durante este imperio cuando más vigorosamente se aplicaron las enseñanzas de Zaratustra como religión oficial de Persia, incluyendo periodos de persecución contra los practicantes de otros credos.

Naqs-i Rustam.

Tras admirar los relieves sasánidas nos movimos hasta Naqs-i Rustam, el lugar donde en su día fueron enterrados cuatro de los reyes de reyes del primer Imperio Persa, probablemente: Darío I, Jerjes I, Artajerjes I y Darío II (digo probablemente porque únicamente la tumba de Darío I está identificada inequívocamente). En el lugar también se puede encontrar el “Cubo de Zaratustra”, una torre de la misma época en pasmoso estado de conservación; también se disponen sobre la roca diversos relieves muy posteriores tallados en época del Imperio Sasánida, en los cuales se muestran entre otras escenas diversas victorias contra el Imperio Romano.

La visita a Naqs-i Rustam puede librarse en tres cuartos de hora y también hay que pagar entrada. El rosario de entradas no supone mucho inconveniente porque son bastante económicas, si bien no recuerdo los precios exactos porque las teníamos incluidas en el paquete y por lo tanto las pagaban los guías.
Tres de las tumbas reales y el Cubo de Zaratustra.

La razón por la cual los reyes sasánidas añadieron relieves imitando el estilo aqueménida aquí y en Naqs-i Nayab está claro: pretendían erigirse en continuadores y herederos del primer imperio persa. Esta manía de instituirse en herederos de algo con lo que no se tiene nada que ver es una falsificación histórica recurrente.

Como ejemplo paradigmático, en la historia de la Península Ibérica podemos citar la ridícula pretensión de que los reinos cristianos protagonistas de la mal llamada “reconquista” eran herederos y continuadores de los reyes godos, relegando así al territorio musulmán a la condición de grano en el costado de un reino ibérico católico e intemporal que finalmente pudo ser extirpado.

Tras Naqs-i Rustam nos dirigimos de nuevo hacia Shiraz, donde aún visitaríamos algunos lugares pendientes del día anterior.

Es la Música Infinita...

Fue de vuelta hacia Shiraz cuando Samane nos pidió que le nombrásemos cantantes españoles conocidos, pues por lo visto había uno que estaba triunfando en Irán y no recordaba cómo se llamaba. Atacado por mis peores presentimientos comencé a nombrar a los más impresentables poetastros convencido de que sería un aupado por las discográficas quien estaría triunfando: David Bisbal… no ¡buf!; Enrique Iglesias… no ¡buf!; que toca la guitarra… Joaquín Sabina… no ¡buf! Nombré a unos cuantos, pero no hubo manera, hasta que por fin no sé de qué forma mi madre llegó a la solución: El Cigala. Pues sí, resulta que El Cigala está de moda en Irán, vende muchos discos y gusta. No acaba ahí sin embargo el éxito de la música española, pues en dos ocasiones escuché el inconfundible sonido de Paco de Lucía.

Por lo demás, tanto durante el viaje de ida como el de vuelta lo que sonaba en la furgoneta–taxi era un CD del cual Samane se apresuró a indicar orgullosa que era todo música iraní; consistía básicamente en electrónica sencillota, cantadita (en farsi, por supuesto) y a ratos algo trallera. Así pues, aunque la escena nocturna o discotequera en Irán es inexistente, extremo confirmado por los guías, la electrónica también ha encontrado su hueco en este país, si bien es verdad que lo que Samane ponía en la furgoneta no pasaba de ser una versión local del eurobeat, persiabeat en este caso.

A las Puertas de Shiraz.

La primera visita fue a la Puerta del Corán, la cual queda justo en la salida de Shiraz hacia la autopista que lleva a Persépolis, así que ya habíamos pasado por delante por la mañana. La primera versión de esta puerta fue erigida en el Siglo XI, pero la que se ve hoy en día es una reconstrucción porque la original ha tenido el mal gusto de derrumbarse en varias ocasiones, así que ni siquiera es la segunda versión.
La Puerta del Corán.

Como podéis comprobar por la foto no es muy espectacular, pero hay que tener en cuenta que el asunto de las puertas grandiosas es una especialidad mucho más europea que persa, así que a este respecto estamos bastante refalfiados.

Adhan al Asr.

A continuación hicimos un intermedio y nos dirigimos a que Samane y nuestro conductor fueran a rezar a una mezquita. En todo el viaje fue la única vez en que nuestros acompañantes nos pidieron un alto para cumplir con sus obligaciones religiosas. Por la hora que era atendieron el tercer rezo del día, el de media tarde, que tiene bastante tiempo para celebrarse, ya que entre la llamada (adhan al asr) y la hora límite pasan varias horas.

Debido a los tópicos que habitan nuestras mentes no pude menos que sonreirme ante la idea de una chica que vuelve en Irán del rezo de la tarde, pone persiabeat en la furgoneta y se pone a repasar unos apuntes de alemán.

Cuando Samane regresó apenas un cuarto de hora después llevaba una bandeja con un zumo, un bollo pastelero y un plátano. Por lo visto en la mezquita se celebraba ese día una ceremonia en honor a un hombre que había muerto hacía un par de semanas. Por lo visto en Irán es costumbre convocar rezos comunitarios en honor a un fallecido algunos días después del deceso. Ponen carteles en la calle convocando al evento con fotos del finado y a la gente que acude a lo largo del día se la agasaja con una bandeja con comida, cuyo contenido está relacionado con las posibilidades económicas de los convocantes. Esa bandeja era la que traía Samane. En todo caso parece descartado que hubieran seleccionado ese rezo para llevarse la bandeja, ya que la compartió enteramente con nosotros.

Tumbas de Sa’adi y Jafez.

Nuestra visita siguiente fue al mausoleo de Sa’adi, uno de los mejores poetas persas de todos los tiempos que, al igual que Jafez (otro), está enterrado en Shiraz. La visita a la tumba de Jafez, que está situada al lado de la Puerta del Corán, también estaba en el programa, pero hubo que sacrificarla por falta de tiempo.

El lugar no tiene mucho interés histórico-artístico, ya que el mausoleo actual corresponde a una reconstrucción de los años 60 situada en medio del cuidado, relajante y florido jardín que veis a la derecha. En el caso de la Jafez al parecer tienes el incentivo de unas buenas vistas de Shiraz, pero la tumba en sí es también una reconstrucción reciente. Las originales datan ambas del Siglo XIV. La visita está bien para descubrir que todos los países tienen su Cervantes o su Shakespeare; no dudo que puede haber gente que se emocione ante el mausoleo de Sa’adi, al igual que la hay que se emociona ante la tumba de Goya o la de Mozart.

Fuerte de Karim Khan.

Finalmente llegó el momento de rendir nuestra última visita: el fuerte de Karim Khan Zand, el gobernante que en el siglo XVIII declaró a Shiraz capital de Persia, propiciando la edad de oro de esta ciudad. Si recordáis de la epístola anterior, también son obra de este soberano el Bazar, la mezquita y los baños Vakil.
El fuerte de Karim Khan visto desde el Parque Sohada.

Antes de entrar Samane nos invitó a un helado comprado en una heladería que queda justo enfrente de la fachada norte del fuerte, la cual al parecer es famosa en todo Shiraz por la calidad de sus productos. El interior no daba muy buena sensación, ya que el local era muy viejo. La parte abierta al público se limitaba a un espacio de un metro de anchura dispuesto a modo de pasillo entre la fachada acristalada del local y un largo mostrador, tras el cual me llamó la atención un barreño a rebosar de zanahoria picada. Se entraba por el extremo derecho de la fachada, hacías cola, se pagaba, te ponían el helado y se salía por el extremo izquierdo. Me recordó a algunos locales de La Habana; además, que únicamente ofrecieran un sabor que cambiaba cada día trajo a mi mente la Heladería Copelia. Ese día en concreto tocaba helado de leche merengada, que efectivamente estaba bastante bueno. Al día siguiente supongo que tocaría de zanahoria.

Una vez dentro de la fortaleza me sorprendió encontrar un jardín repleto de árboles con un estanque dispuesto a todo lo largo del patio, tal y como veis en la foto. En este aspecto me recordó a la Alhambra, y es que el jardín es un elemento muy importante en la cultura persa desde hace muchos siglos; es de hecho de influencias persas de donde procede el jardín árabe, el cual tan buenos frutos dio en Granada.

Este comentario sobre la Alhambra se lo hice a Samane pero, para mi sorpresa, no había oído hablar de ella, cuestión especialmente extraña en el caso de esta chica habida cuenta de que sus estudios tenían que ver con el arte. Descarto una sobrevaloración por mi parte, pues no creáis que los países musulmanes rebosan de lugares como la Alhambra. Le escribí el nombre en un papel y me prometió buscar información en Internet.

Durante nuestra estancia en el fuerte apareció de repente una masiva visita organizada por un ministerio de Teherán. Los funcionarios iraníes transmitían una imagen bastante más tétrica que el resto del país, pues las mujeres iban todas con chador y los hombres todos con unos trajes grises de corte muy antiguo, como sacados de una película española de principios de los 70. Además, todos ellos estarían entre la cuarentena y la cincuentena. Por culpa de la citada marabunta no pudimos disfrutar adecuadamente de los baños privados de Kharim Khan, la parte más interesante de la fortaleza y basados en el modelo clásico de los baños caliente, templado y frío.

En el Bazar Moderno.

A la salida del fuerte la visita guiada llegó a su fin. Tocó repartir propinas (20 euros para la chica y 10 para el conductor) y nos dejaron en lo que Samane llamó el bazar moderno para que diésemos un paseo. Esperábamos algo parecido a un mercadillo al aire libre o algo así, pero para nuestra decepción lo que nos encontramos fue un centro comercial vulgar y corriente.
Una calle de la parte moderna de Shiraz. Más al gusto europeo imposible. En toda Doha no hay una sola calle que se parezca a esto.

En su interior pude comprobar que Irán no se ha librado del todo de la contaminación. Aquí sí pude encontrar algunas franquicias occidentales y, entre ellas, como no, Zara. El tipo de ropa que vendían en las diversas tiendas me permitió confirmar por completo las tendencias de la moda tanto para chicos como para chicas en este país, de las cuales ya he hablado en epístolas anteriores. El 70% del público eran veinteañeros.

La verdad es que nos dio rabia que habiendo tenido tan poco tiempo para visitar la ciudad acabáramos perdiendo las dos horas que faltaban hasta tener que salir para el aeropuerto en un centro comercial. Lógicamente ahí no nos quedamos y nos pusimos a pasear por las calles aledañas.

Por suerte había un local bastante chulo cerca del centro comercial donde servían batidos y tomé la foto de la derecha. La parroquia estaba fundamentalmente compuesta por chicas jóvenes, pero también alguna pareja. Una vez más no encontré que hubiera problema alguno en que chica y chico tomasen algo juntos en un bar, cosa que no es posible encontrar entre los enchilabados de la otra orilla del Golfo Pérsico a no ser que sean marido y mujer o hermanos.

Desde el local pude estudiar el continuo goteo de veinteañeros dirigiéndose hacia los centros comerciales, estudio que me sirvió para confirmar ya sin ningún género de dudas la moda predominante tanto en ellas como en ellos en las franjas de edad jóvenes de las grandes ciudades iraníes, ellos con ese estilo hortera y ellas con esos pañuelos y guardapolvos desenfadados.

Fin de Trayecto.

Ya eran las ocho de la tarde cuando el conductor nos recogió y nos dejó en el aeropuerto en tres cuartos de hora. Allí un reactor de menor tamaño que el del viaje desde Teherán nos esperaba para continuar nuestro periplo.

Ya eran las doce de la noche cuando aterrizamos en Isfahán, tras un vuelo de hora y cuarto durante el cual nos dieron de cenar. En todo caso, el asunto de Isfahán ya es material para otra epístola.
  • Hora local: 13:38.
  • Temperatura: 43ºC.
  • Humedad: 22%.
  • Temperatura máxima: 44ºC.
  • Temperatura mínima: 34ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.

martes, 9 de junio de 2009

EPÍSTOLAS PERSAS, JORNADA 2: SHIRAZ.


Hello, kitties:


Bueno, pues tal y como recordaréis de la anterior epístola, aquí estamos, en Teherán, a las seis de la madrugada, hora a la que nos hemos tenido que levantar para poder tomar un taxi y llegar al aeropuerto a tiempo para coger nuestro vuelo, el cual en teoría sale a las 09:00 de la mañana.

Debacle Matutina.

En los bajos del hotel había una empresa de taxis, así que no tuvimos ningún problema. Desde luego el vehículo no era una limusina, más bien una especie de R5 o de Seat 127 de color negro, pero más o menos todas las alternativas eran iguales. En esto de los taxis Teherán es como La Habana: hay un montón de empresas, cada una de las cuales pinta sus coches de distinta manera. Sin embargo, al contrario que en La Habana donde según la empresa puedes elegir un cacharro o un coche decente, en Teherán casi todos los taxis son cacharros.

Nos montamos y nos pusimos en marcha. Todo parecía ir bien cuando, de repente y a mitad de trayecto, al taxista le vino súbitamente a la memoria que era el día de las fuerzas armadas y que el aeropuerto de Mehrabad quizá estuviese cerrado debido a que los cazas de la exhibición aérea iban a despegar de allí. Comenzaba a tomar cuerpo que el guía tuviera razón. Como a esas horas de la madrugada no había todavía tráfico llegamos a Mehrabad en sólo 40 minutos. Una vez en el aeropuerto el taxista me alienta a ir a preguntar mientras me espera con mi madre y mi hermana. Me voy a Información, exhibo mi billete y la respuesta no puede ser más descorazonadora: el vuelo se retrasa, pero no hasta las 10:30 como yo ya creía inevitable, sino hasta las 13:00.
Plano de Shiraz para que busquéis los sitios.

No siendo todavía las 08:00 decidimos volver al hotel, pues íbamos a regresar a tiempo para encontrarnos con el guía que llegaría a y media. A la vuelta ya había movimiento y pudimos experimentar por primera vez el tráfico fluido iraní desde el otro punto de vista. La doble carrera nos salió por 180.000 riales. Nada más volver al hotel me dice la guapísima recepcionista que el guía había llamado a recepción media hora antes para asegurarse de que estuviésemos preparados y, como le había dicho que ya nos habíamos marchado, no se iba a pasar. Además, me confirma que el viaje de ida y vuelta a Mehrabad cuesta unos 120.000 riales, pero teniendo en cuenta que eso mismo en Madrid no hubiera bajado de 40 euros no consideré razonable alterarme lo más mínimo. De lo que sí me quejé fue de que nadie hubiera sido capaz de avisarnos del asunto del Día de las Fuerzas Armadas. La guapísima recepcionista era evidente que no tenía ni idea y los taxistas son iguales en todos los páises, pero lo del guía no tiene perdón.

Al poco rato consigo por fin hablar con la agencia, donde me informan que al ser un vuelo interno aunque el billete marca una hora tienes reserva para todos los vuelos posteriores hacia el mismo destino que salen ese día ¡at good hours, green sleeves! Nos damos otro paseíto por Valiasr y a las 11:00 pasa puntualmente a buscarnos un microbús de la agencia.

El conductor resultó ser un afable señor mayor que no hablaba una palabra de inglés y que conducía de la misma forma no afable que el resto de los teheraníes. No se limitó a dejarnos en el parking de Mehrabad, sino que nos bajó las maletas y nos acompañó hasta el mismo mostrador de facturación. Aquí comenzó el festival de propinas con 50.000 dinares. De la necesidad de este estipendio ya venía mentalizado, pues en las condiciones del viaje ponía bien claro que el precio no incluía las propinas a guías y conductores. Prueba de que la están esperando es que todo el mundo te la coge con gran naturalidad y sin la falsa resistencia inicial de rigor.

Mehrabad.

Mehrabab era el aeropuerto internacional de Teherán hasta la inauguración de Imán Khomeini, pero tras la puesta en marcha hace cinco años de éste último se ha convertido en la terminal para los vuelos domésticos con excepción de algunos que salen hacia Arabia Saudí (¡brrrrr, que miedo!).

La seguridad en los aeropuertos iraníes es un poco más pejiguera que en los europeos. En primer lugar hay un control previo antes de los mostradores de facturación, donde hay que vaciar los bolsillos y te escanean la maleta. Después, para entrar en la zona de embarque hay primero que pasar por un control de billete y pasaportes, como cuando coges un vuelo internacional en España. Después ya viene el control habitual que todos conocemos, con su escáner, sus bandejitas y sus simpatiquísimos policías. Los controles siempre son de dos vías: una para hombres y otra para mujeres. Debo decir que los policías son un poquito más agradables en Irán que en España, a veces incluso te sonríen y a mí uno no me dejó marchar hasta que no le enseñé a pronunciar España correctamente.
Yo con Semane, nuestra guía en Shiraz.

Fue mientras esperábamos en la zona de embarque de este aeropuerto cuando vi el único velo de todo mi viaje a irán; lo llevaba puesto una mujer tapada de arriba abajo, pero por el tipo de chador que llevaba no parecía local. Realmente era algo peor que un velo, ya que no dejaba libres los ojos, sino que consistía en una tela traslúcida que cubría toda la cara. Quizá fuera para Arabia Saudí.

Por lo demás Mehrabad es como cualquier otro aeropuerto del mundo, con la salvedad de que comer en él no es caro (unos tres euros por cabeza al cambio), si bien la comida es, como en todos los aeropuertos del mundo, en plan de sándwiches y bocadillos.

Debido a que tenían que salir todos los aviones que no habían podido partir por la mañana nuestro vuelo despegó con casi una hora de retraso. Para mi sorpresa el avión resultó ser un reactor del mismo tamaño que el que hace el viaje Doha - Madrid, con fila de cuatro asientos centrales incluida. ¡Y yo que había temido que alguno de los vuelos internos fuera en turbohélice! El viaje duró algo más de hora y media y nos dieron de comer durante el trayecto, todo un detalle en estos tiempos en que viajar en avión se está pareciendo cada vez más a ir en autobús en lo que se refiere a los servicios prestados, el espacio entre asientos, etc.

Bienvenidos a la Ciudad del Vino y las Rosas.

Finalmente pusimos pie en Shiraz algo antes de las cuatro de la tarde, con cierto cabreo por todo el cúmulo de catastróficas desdichas que habían retrasado cinco horas nuestra llegada y condicionado seriamente nuestra visita. Lo más incomprensible de todo era que no hubieran planificado el vuelo para el viernes por la tarde, pues los había.
Palacete de Naranjestán e-Ghavam, nuestra primera visita en Shiraz.

Shiraz tiene como sobrenombre "ciudad de la poesía, las luciérnagas, el vino y las rosas", porque de todo ello hay o hubo aquí. Aquí están enterrados dos de los más grandes poetas persas de todos los tiempos (Hafez y Saadi), mientras que la uva tipo Shiraz es una variedad conocida por vitivinicultores del mundo enero. Las luciérnagas no las vi, pero tendrá que haberlas en los numerosos jardines que tiene la ciudad. La verdad es que todas nuestras ciudades deberían tener sobrenombres parecidos. Imaginaos: "Gijón, ciudad de los cagamentos, los muiles, la puxarra y las ortigas" ¿no suena bonito?

Con sus alrededor de 1.400.000 habitantes es una gran ciudad. Su historia, al igual que la de todo Irán, es riquísima: en Fars, la provincia de la que es capital, tuvieron sus centros de gobierno los imperios Aqueménida y Sasánida y la misma Shiraz fue capital del actual Irán durante el breve periodo de 44 años que duró la Dinastía Zand. Hoy en día es una ciudad en crecimiento y su economía descansa por igual en la industria y la agricultura.

La edificación es de baja altura, generalmente no se pasa de tres pisos. Las calles son arboladas en su inmensa mayoría y existen numerosos parques y pequeños jardines públicos y particulares. La ciudad se ve limpia y está bien urbanizada. Ya quisiera Doha estar la mitad de articulada que Shiraz o ser la cuarta parte de agradable.

Quien nos esperaba en el aeropuerto era para mi sorpresa una chica de 28 años: Semane, la cual nos avisó de que podíamos llamarla Sami. Evidentemente que me hayan puesto a una chica joven de guía es muestra más que suficiente de que las mujeres en Irán están mejor de lo que nos dicen. Desde luego están lejos de reflejar nuestros ideales, Semane no dejaba de llevar un pañuelo negro por encima de la cabeza y la religión dentro de ella, pero están mucho mejor que en las monarquías absolutas de la otra orilla del Golfo Pérsico con las cuales todo el mundo está tan contento, sobre todo esa a la cual Obama corre a darse la mano con el déspota que la rige, un país donde la mujer ha sido reducida a la condición de animal u objeto y que probablemente sea el régimen político más opresivo sobre el planeta: Arabia Saudí.

¡Empieza la Visita!

Nuestro vehículo era un taxi-furgoneta de ocho plazas. Tras un paso por el hotel a dejar las cosas nos dirigimos a nuestra primera parada: el palacete de Naranjestán e-Ghavam, mansión típica de la burguesía feudal iraní de finales del Siglo XIX. No voy a pararme a describir el lugar porque para eso ya están mis fotos comentadas de Picasa.

Estando en el salón principal del palacete Semane nos contó cómo antiguamente en Irán las mujeres que asistían a las fiestas que allí se celebraban debían llevar velo y permanecer aparte y de pie en un balcón construido a tal efecto, el cual veis en la foto de la derecha. Por la forma en que lo contó fue evidente que para Semane el velo es algo del pasado y las mujeres han avanzado mucho. lo cual contradice el supuesto inmovilismo monolítico de este país. En todo caso, a ver si algún día piensa lo mismo al respecto del pañuelo y el guardapolvos.

Visita al Santuario.

Tras la visita al Naranjestán e-Ghavam nos tocó conocer un santuario Chií: el de Shah-e-Cherag, o Señor de las Luces, hijo de Imán Reza, séptimo Imán del chiismo. Como sabéis el chiismo defiende que únicamente los descendientes de Mahoma están capacitados para ser los líderes supremos de la comunidad islámica, o califas. Por esta causa son objeto de gran veneración los doce imanes (en su acepción religiosa, no la de dipolo magnético), desde Ali ibn Abi Tálib, primo y yerno de Mahoma y primer Imán, hasta Muhammad al-Mahdi, duodécimo y último Imán, que habría desaparecido tras el martirio de su padre y que viviría oculto desde entonces para manifestarse sólo el día de la redención. Los imanes chiíes son los guías supremos de la comunidad y, al igual que nuestro papa, se les considera infalibles. Por lo tanto, el término Imán para un chií tiene dos acepciones: el cura que dirige los rezos en la mezquita y el líder supremo del Islam.

Por todo lo dicho el derecho de sangre es bastante fuerte en el chiísmo, así que no es de extrañar que aparte de al Séptimo Imán también se reverencie a todos sus hijos.

Es muy sencillo distinguir si un clérigo desciende de Mahoma o no: si lleva turbante blanco, es un común de los mortales; si por el contrario lleva turbante negro, desciende de Mahoma. Así, a la vista de la fotografía que tenéis a la derecha de los Gran Ayatolá Rujolá Jomeini y Alí Jamenei, actual líder del país, resulta evidente que ambos descienden de Mahoma.

Para entrar en los santuarios las mujeres que no llevan chador deben cubrirse con una sábana que les entregan en la puerta. Literalmente es una sábana blanca acrílica decorada con algunas flores. No se puede acceder con cámara fotográfica al recinto y a la entrada unos policías te cachean con pocas ganas, si bien en mi caso como no traía ropa suelta ni se molestaron.

No accedimos al santuario en sí, que únicamente pudimos ver desde el patio interior. Aunque los edificios originales datan del Siglo XIV desde entonces se han realizado incontables reformas y reconstrucciones. La cúpula por ejemplo tuvo que reconstruirse en 1948 porque se había agrietado.

En el patio Semane nos reveló la historia del hombre que estaba enterrado allí y la anécdota de por qué le llaman el Señor de las Luces, una historia cuyas similitudes con la de Santiago Matamoros son evidentes. También nos explicó para qué valían las galletas de barro cocido que se apilaban en un recipiente en el patio: son una medida higiénica. Como sabéis los musulmanes tocan el suelo con la frente al rezar y, aunque todo el mundo se descalza, por las alfombras no dejan de pasar cientos de pies al día que pueden estar sucios o enfermos, así que las galletas de barro cocido se ponen en el suelo ante uno mismo con el fin de tocar con la frente en ellas.
Aspecto de la cúpula y el iwan de entrada al santuario de Shah-e-Cherag.

La guía también nos explicó algunas cosas sobre el Islam, sobre los doce imanes, nos enseñó un Corán, etc. En un momento dado hizo una reflexión sobre la importancia de que los gobernantes fueran hombres virtuosos, sacando a relucir a George Bush y sus crímenes en Irak y Afganistán, los cuales no se habrían producido según ella de haber sido un hombre recto de intachable virtud, supongo que a ser posible descendiente de Mahoma. Esta enorme ingenuidad histórica de considerar las políticas de un país regidas por la bondad o maldad de su máximo gobernante era una constante en esta chica. En más de una y de dos ocasiones asoció periodos esplendorosos de la historia de su ciudad o de Irán con la integridad del soberano de turno y viceversa. Es lo que tiene el haber recibido una educación confesional. Evidentemente cualquier análisis histórico tergiversado por un credo religioso tenderá sin excepción a introducir estas deformaciones en el análisis, las cuales impedirán llegar al verdadero trasfondo de los hechos.

La cosa no dio para más, así que mi madre, mi hermana y Semane volvieron a dejar las sábanas en el guardarropa y nos dirigimos a nuestro próximo destino: el Bazar Vakil.

Bazares de Oriente.

Entre el bullicio de este bazar donde hombres y mujeres se mezclan sin ningún problema pudimos confirmar que los patrones observados en Teherán sobre el modo de vestir se repetían en Shiraz, así que no había sido un espejismo de la capital; en Shiraz el chador es también minoritario, mientras que la belleza sigue siendo mayoritaria.
Una calle cualquiera del Bazar Vakil.

El bazar fue construido a mediados del Siglo XVIII por Kharim Khan Zand y todas sus bóvedas de ladrillo son originales de la época. Es muy bonito y a mi madre le gustó más que el Gran Bazar de Estambul, donde también ha estado Desgraciadamente estoy seguro de que las particularidades que hacen de este bazar un sitio agradable de visitar tienen que ver con la escasez de turistas, así que daos prisa en visitarlo antes de que, o bien los yanquis inhabiliten a este país como destino turístico por decenios al igual que hicieron con Irak, o bien un turismo creciente comience a estropearlo.

Lo importante es que en el Bazar Vakil los vendedores van a sus asuntos, así que no hay nadie asaltándote cada cinco pasos para intentar que entres en su tienda; todo lo contario que en otros lugares de similares características en Turquía o, sobre todo, en Egipto, algo especialmente molesto para una persona de mi madera, que tengo como regla durante los viajes no comprar absolutamente nada, ya que mis recuerdos son las fotografías que tomo y punto. Éstas tienen características que las hacen inigualables: no pesan, no cogen polvo, no ocupan espacio, remueven la memoria como pocas otras cosas, son replicables y salen gratis. Comparadlo ahora con algunos de los típicos objetos que acaban cogiendo polvo dentro de un armario.

Semane no es una guía profesional pero suplía esta carencia poniendo bastante interés. En varias ocasiones durante el viaje demostró ser bastante echada para delante, como cuando hizo sacar a un tendero del bazar un traje de novia para que viésemos en qué consistían. Los trajes de novia iraníes pueden ser de colores vivos y tienen muchos volantes y lentejuelas; son una especie de híbrido entre trajes de luces y faralaes, tres puntos por encima de chic y uno por debajo de horteras, y tan caros en proporción como los españoles.

Un vendedor de collares y baratijas que tenía su tienda en la plazuela que veis en la foto nos sorprendió hablando un español más que decente; a mi me costó dejar de hablarle en inglés porque no me acababa de creer que me estuviera entendiendo. Según él contaba debía su conocimiento de nuestra lengua a unas amigas españolas que se había echado durante un viaje de éstas a Irán, así como a su afición a la televisión española por satélite. Incluso nos refirió un par de series que seguía habitualmente, de las cuales no me acuerdo pero cuyo interés yo no compartía.

Pasadas las siete Semane nos anunció el fin de la visita guiada y nos trasladaron de nuevo al hotel.

Pistachos y Pastillas.

Durante nuestro último traslado comprobamos que estábamos sólo a 10 minutos caminando del bazar. Todos los hoteles de este viaje estaban impresionantemente bien situados, si bien a cambio de la localización tuvimos que sufrir alguna incomodidad derivada de la antigüedad de las instalaciones, dado que al estar en pleno centro de las ciudades eran establecimientos con solera. En todo caso el hotel de Shiraz fue el mejor porque estaba renovado.

Semane nos había recomendado para cenar un local de la calle Anvari, así que allí nos dirigimos a pie. Sin embargo, como aún era pronto, antes volvimos caminando al bazar. A mí me pareció sencillísimo deshacer el camino que había seguido nuestra furgoneta anteriormente, pero como tantas otras veces constaté que mis acompañantes no hubieran sido capaces de hacer lo mismo. Tengo la suerte de poder orientarme perfectamente en ciudades, incluso no tengo ningún problema en volver por un camino diferente al de ida en una población desconocida sin perderme, lo cual es evidente que no tiene ningún mérito si el trazado es cuadriculado. Sin embargo, me encuentro constantemente con gente que no es capaz de hacerlo. Esta inhabilidad ajena siempre me ha resultado incomprensible, aunque supongo que lo mismo opinarán respecto de mi las personas depositarias de virtudes por mi desconocidas, como por ejemplo… esto… a ver, sí, que… bueno… sí, que eso, que lo que dije antes.
Un parque de Shiraz. Justo al final comienza el Bulevar de Kharim Khan.

Cuando de nuevo llegamos al Bazar Vakil ya eran las ocho y media y estaban empezando a cerrar. No nos quedamos mucho por lo tanto y enseguida enfilamos hacia Anvari para cenar, si bien antes me dio tiempo a romper mi costumbre y comprar algo: un cuarto de kilo de excelentes pistachos iraníes, los mejores del mundo como bien sabréis.

Sobre el plano Anvari quedaba al lado, pero tardamos unos veinticinco minutos en hacer el recorrido hasta alli, durante el cual hay que reconocer que si no fuera por los pañuelos en la cabeza de las mujeres y porque no se ve por la calle una sola franquicia o multinacional occidental podríamos haber pensado que estábamos en una ciudad cualquiera del sur de Europa. En el Bulevar de Kharim Khan, una rambla con numeroso arbolado, estaban poniendo un mercadillo a la hora en que nos dirigíamos a cenar.

En Shiraz, al igual que en Teherán, las tiendas se agrupan por calles y especialidades y, he aquí tú, que en Anvari dimos con una zona realmente curiosa: la de complementos dietéticos para deportistas. Al final de la calle, cerca del cruce con Lotfalikhan, se disponía una plétora de pequeños locales que exhibían en los escaparates centenares de botes de pastillas de todos los tamaños, algunos realmente gigantescos, junto a fotos grimosas de hombres-músculo y demás parafernalia culturista. Había visto algo parecido dentro de un gimnasio en Chamartín al cual iba a tomar el menú del día cuando trabajaba en Madrid (no vayáis a pensar que me metía ahí a sudar y oler mal), pero semejante despliegue en plena calle me sorprendió. No creo que en España sea muy legal. Desgraciadamente no hay fotos porque había dejado la cámara en el hotel.

Cena Rápida.

Finalmente encontramos el local, que no dejaba de ser de comida rápida como la inmensa mayoría de los locales de restauración en Irán, si bien en este caso era bastante acogedor. La filosofía de estos restaurantes es la habitual: primero pagas en caja, luego vas a pedir a una barra desde la que se ve la cocina y que es también expositor de ensaladas y similares, te lo ponen todo, lo coges y vas a sentarte a la mesa de tu elección. La diferencia principal estriba en que todo son empresas iraníes, no hay Mc Donalds, ni Burguer King, ni Kentucky Fried Chicken ni ninguna de esas mierdas, lo cual sin duda es un gran punto positivo para este país. Espero que sepan mantener alejadas a esas empresas todo el tiempo que puedan, pues cuando empiecen a aparecer a los problemas derivados de una sociedad confesional se unirán los del liberalismo económico, con lo cual aumentarán las desigualdades y la pobreza, la gente se hará desagradable , individualista y egoísta, los valores se pervertirán, etc.

En Irán los productos estrella son las ensaladas, el pollo a la brasa, el arroz y los kebabs. El concepto de kebab es más amplio que en España pues, aunque también tienen la masa esa que gira delante del horno, generalmente consiste en unas tiras alargadas hechas de carne picada adobada con diversas especias, habiendo bastantes tipologías. al respecto Desgraciadamente tuvimos que renunciar a cenar en el local recomendado porque:
  1. Las cartas estaban exclusivamente en farsi y no tenían ilustraciones.
  2. Desde la caja no había visual del lugar donde te servían la comida.
  3. La cajera no sabía decir ni “yes”.
Debido a ello no había forma de comunicarle lo que queríamos a no ser corriendo por la sala gritando "kikirikí" o algo parecido, lo cual no estaba dentro de mis planes.

Al lado había otro local donde sí era posible señalar lo que querías, así que entramos ahí, si bien en este caso el cajero hablaba algo de inglés con lo que fue aún más fácil. Este lugar sí tenía toda la estética de un local de comida rápida, aunque me recordó al mismo tiempo un bar de casta madrileño por el barullo, el olor a fritanga y el ruido del kebab y el pollo haciéndose sobre las planchas. Curiosamente el local con las sillas y las mesas para sentarse estaba al otro lado de la calle, la cual debías cruzar con tu bolsita de comida. Allí el ambiente era de lo más normal. Cualquiera que hubiera llegado en ese momento habría encontrado mesas con familias, grupos de amigos, parejitas e incluso tres turistas españoles. De nuevo, salvo por el atuendo de las mujeres, todo asquerosamente normal.

La comida estaba rica para ser rápida.

Retirada.

El día no dio para más y tampoco había ánimos para que diera. Nos habíamos levantado a las seis de la mañana y la mañana había sido dura, así que los párpados pesaban mucho. Al volver hacia el hotel el mercadillo del Bulevar de Kharim Khan estaba empezando a recoger, pero todavía había que abrirse paso entre la gente a pesar de ser ya las diez y media de la noche de un sábado, lo cual tiene mérito porque en Irán el domingo es día hábil y todo el mundo trabaja.

Por el contrario el resto de zonas por donde pasamos ya estaban muy despejadas a esa hora. El tráfico intenso había desaparecido y se podían cruzar las calles sin mayor problema.

Había que descansar bien porque al día siguiente nos esperaba la antaño gloriosa Persépolis.
  • Hora local: 23:03.
  • Temperatura: 32ºC.
  • Humedad: 70%.
  • Temperatura máxima: 45ºC.
  • Temperatura mínima: 31ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.