Respetables visitantes:
Hoy me veo en la necesidad de compartir con todos vosotros una triste historia.
Sí, compañeros de viajes y fatigas, familiares y demás gandaya; el pasado sábado 20 de marzo de 2010 un luctuoso suceso vino a empañar la felicidad de mi hogar y alteró significativamente el normal desarrollo de los acontecimientos en mi pausado retiro.
Eran aproximadamente las cuatro y media horas de la tarde.
El Luctuoso Suceso.
A esa hora me encontraba trabajando duramente ante el ordenador. De repente sonó la esperada alarma que había programado en el móvil: era la hora de retirar del fuego las lentejas que estaba cocinando para llevarlas al trabajo durante la dura semana en ciernes.
Como en este país no hay cerdo y por lo tanto tampoco chorizo, las lentejas las preparo con bastantes aditamentos, a saber: media cebolla grande muy picada, cuatro dientes de ajo muy picados, una cucharada de perejil, una cucharada de pimentón de la Vera, una bolsita de azafrán, tres cucharadas de aceite de oliva, una cucharadina de sal, dos hojas de laurel, un cuarto de pimiento verde muy picado, dos guindillas cayenas secas, una cucharada de salsa de tomate y una pastilla de caldo. Todo ello configura unas lentejas muy sabrosas que no tendría ningún problema en ofrecer a un invitado.
Cuando llegué a la cocina me di cuenta de un hecho que en principio juzgué positivo: las lentejas estaban bien calientes, pero el fuego estaba apagado. Pensé en ese momento: "Aleluya, ha aprendido a apagarse sola a tiempo, se acabó poner la alarma y preocuparse". Sin embargo, en cuanto me acerqué comprobé que el mando del gas seguía en su posición de "abierto", así que tuve que descartar de sopetón mi primera impresión. Desgraciadamente lo que había ocurrido era mucho menos seductor: se había terminado La Bombona del gas, pues como bien recordaréis de publicaciones previas, en el país del gas, bombona de butano, ya que no existe red de gas ciudad en Doha.
¡Adiós, Amiga!
Quienes andéis duchos en esto de las letras habréis observado que en la frase anterior no he escrito “la bombona”, sino “La Bombona”, porque amigos, cuando hablo de ella no hablo de una bombona cualquiera, sino de La Bombona.
Efectivamente: la bombona que el sábado 20 de marzo de 2010 a las 16:30 horas exhaló su último inflamable aliento era la misma que estaba en casa el día que entré en ella, el 23 de febrero de 2008. En resumen: esta maravillosa botella me prestó servicio durante dos años y un mes sin queja alguna ni mostrar signo de agotamiento.
Lo cierto es que esta durabilidad ya me tenía realmente desconcertado, tanto que alguna vez pensé si durante mi estancia en la casa habría activado en la cocina los mandos en un orden determinado que hubiera dado como resultado la activación de un modo “bombona infinita”, algo equivalente a un IDDQD, o quizá más propiamente a un IDKFA.
La verdad es que fue un duro golpe toparme de bruces con que no había sido así. La Bombona era ya tan de la casa que puedo afirmar rotundamente que le tenía más cariño que a algunos compañeros del trabajo, sobre todo al sinvergüenza que tenemos de Director de Proyecto y algunas otras perlas que pueblan la dirección de nuestro emplazamiento, personificaciones del sueño americano, pues demuestran que en estas estructuras absolutamente antidemocráticas que son las empresas privadas cualquiera puede llegar a un puesto de responsabilidad, independientemente de su aptitud o formación para el cargo. Lo único que hace falta es caer en gracia. Sin embargo, muy al contrario que los mencionados mi bombona desempeñó su papel con una profesionalidad intachable durante toda su vida útil. Incluso en sus últimos momentos supo realizar correctamente su papel; podría haberme dejado compuesto y sin gas con una comida a medio hacer, pero aguantó hasta el final para apagarse únicamente en el momento preciso, en el instante adecuado: las lentejas quedaron en su punto.
Misión: Imposible.
Como no tenía ni idea de dónde se cambiaban las bombonas de gas decidí preguntar al día siguiente en el curro. Dado que por la mañana también había cocinado una ensalada campera tenía alimento de sobra para cuatro días de curro (2 de lentejas + 2 de ensalada), así que no estaba ante ninguna emergencia; el quinto día comería en algún restaurante de Mesaieed.
Pudiese ser que a alguien le pareciesen un poco frugales las comidas que refiero en el párrafo anterior, pero si añadimos a lo dicho un excelente yogur y una pieza de fruta fresca cada día y tenemos en cuenta que los tapergüeres equivalen a dos platos soperos, queda claro que estamos ante comidas abundantes y sanas por sus ingredientes.
Aspecto del vetusto sistema de regulación original. La bombona tiene una válvula manual de volante a la que se atornila un manorreductor regulable de 20mBar a 7,5 Bar (un Bar equivale a una atmósfera, o a un kilo por centímetro cuadrado).
Pensé yo que enterarme de cómo cambiar la bombona de gas iba a ser una cosa sencilla, casi automática, pero cuál sería mi sorpresa cuando al preguntar en el trabajo sólo recibo respuestas en el mejor de los casos vagas y vacilantes.
La inmensa mayoría declaró no tener cocina de gas, sino eléctrica por placas e incluso vitrocerámica, lo cual me pilló por sorpresa porque estaba convencido de que todo el mundo cocinaría con gas. Recuerdo perfectamente que cuando estuve buscando piso todas las casas que me enseñaron tenían cocina de gas.
Unos me contaron que una vez por semana debería pasar por mi barrio un camión con bombonas emitiendo una musiquilla como el afilador en España, con el fin de que la gente les avisase para cambiar sus botellas. Yo jamás lo he visto ni oído, pero lógicamente si pasa cualquier día laborable malamente este peculiar sistema me va a servir de algo.
Otro me dijo que en algunas gasolineras, pero inexplicablemente fue incapaz de aclararme en cuáles. A lo largo de la semana lo intenté en tres sin éxito.
Otros me pasaron unos números de teléfono para reparto a domicilio, pero resultaron ser un recurso inútil Como sabéis en esta lamentable ciudad no existen direcciones postales. Como consecuencia tienes que aclarar dónde vives a través de referencias físicas. En mi caso tendría que explicar algo como esto: "Vivo detrás de la librería Yarir. Coja desde Salwa Road la calle que sale a la izquierda de la librería según mira para ella y siga de frente. Ahora coja la primera calle a la derecha y luego la primera a la izquierda, donde se acaban los edificios amarillos, no se confunda con el callejón que da a los garajes. El único portal de esa calle a mano izquierda es el mío."
Ahora ponte a explicar todo lo anterior por teléfono y en inglés a un tipo que tiene el nivel justo para saludarte y decirte el precio. Imposible.
Durante la semana también pregunté al responsable de mantenimiento de mi edificio. Como apenas chapurrea cuatro palabras en inglés no fue posible entenderme con él o no quiso entenderme, así que de nuevo me fui sin sacar nada en claro. Tenía pensado ofrecerle una propina a cambio de que me la consiguiera él (aquí todo funciona así) pero no fue posible.
Así fue que se acabó la semana y no fui capaz de que alguien me señalara un lugar concreto al que acudir a cambiar La Bombona.
Buscando una Quimera.
Ante el fracaso de las medidas habituales durante la segunda semana de mi aventura no tuve más remedio que, por un lado, comer en Mesaieed todos los días y, por el otro, sacar la artillería pesada y acudir al último recurso: Internet.
Introduje en Google el texto "Gas cylinders Doha" y la búsqueda me devolvió abundantes resultados, si bien ninguno se correspondía con una empresa de reparto. Pinchando en los vículos correspondientes comprobé que mi problema no era tan absurdo como yo pensaba: bastantes personas más habían lanzado en foros la misma pregunta "¡Cagunmimantu! ¿Dónde hostias puedo comprar una bombona de gas en Doha?"
Placa de características de las bombonas qataríes. Presión de trabajo: 17,5 atmósferas. Presión de prueba: 35 atmósferas. Capacidad: 26,2 litros. Peso: 16,3 kilos. Para butano o propano (ignoro cual de los dos gases contiene en realidad)
Para mi incredulidad y frustración, todas las respuestas foreras eran igual de inútiles que las que había recibido previamente de mis compañeros de trabajo:
Hoy me veo en la necesidad de compartir con todos vosotros una triste historia.
Sí, compañeros de viajes y fatigas, familiares y demás gandaya; el pasado sábado 20 de marzo de 2010 un luctuoso suceso vino a empañar la felicidad de mi hogar y alteró significativamente el normal desarrollo de los acontecimientos en mi pausado retiro.
Eran aproximadamente las cuatro y media horas de la tarde.
El Luctuoso Suceso.
A esa hora me encontraba trabajando duramente ante el ordenador. De repente sonó la esperada alarma que había programado en el móvil: era la hora de retirar del fuego las lentejas que estaba cocinando para llevarlas al trabajo durante la dura semana en ciernes.
Como en este país no hay cerdo y por lo tanto tampoco chorizo, las lentejas las preparo con bastantes aditamentos, a saber: media cebolla grande muy picada, cuatro dientes de ajo muy picados, una cucharada de perejil, una cucharada de pimentón de la Vera, una bolsita de azafrán, tres cucharadas de aceite de oliva, una cucharadina de sal, dos hojas de laurel, un cuarto de pimiento verde muy picado, dos guindillas cayenas secas, una cucharada de salsa de tomate y una pastilla de caldo. Todo ello configura unas lentejas muy sabrosas que no tendría ningún problema en ofrecer a un invitado.
Cuando llegué a la cocina me di cuenta de un hecho que en principio juzgué positivo: las lentejas estaban bien calientes, pero el fuego estaba apagado. Pensé en ese momento: "Aleluya, ha aprendido a apagarse sola a tiempo, se acabó poner la alarma y preocuparse". Sin embargo, en cuanto me acerqué comprobé que el mando del gas seguía en su posición de "abierto", así que tuve que descartar de sopetón mi primera impresión. Desgraciadamente lo que había ocurrido era mucho menos seductor: se había terminado La Bombona del gas, pues como bien recordaréis de publicaciones previas, en el país del gas, bombona de butano, ya que no existe red de gas ciudad en Doha.
¡Adiós, Amiga!
Quienes andéis duchos en esto de las letras habréis observado que en la frase anterior no he escrito “la bombona”, sino “La Bombona”, porque amigos, cuando hablo de ella no hablo de una bombona cualquiera, sino de La Bombona.
Efectivamente: la bombona que el sábado 20 de marzo de 2010 a las 16:30 horas exhaló su último inflamable aliento era la misma que estaba en casa el día que entré en ella, el 23 de febrero de 2008. En resumen: esta maravillosa botella me prestó servicio durante dos años y un mes sin queja alguna ni mostrar signo de agotamiento.
Lo cierto es que esta durabilidad ya me tenía realmente desconcertado, tanto que alguna vez pensé si durante mi estancia en la casa habría activado en la cocina los mandos en un orden determinado que hubiera dado como resultado la activación de un modo “bombona infinita”, algo equivalente a un IDDQD, o quizá más propiamente a un IDKFA.
La verdad es que fue un duro golpe toparme de bruces con que no había sido así. La Bombona era ya tan de la casa que puedo afirmar rotundamente que le tenía más cariño que a algunos compañeros del trabajo, sobre todo al sinvergüenza que tenemos de Director de Proyecto y algunas otras perlas que pueblan la dirección de nuestro emplazamiento, personificaciones del sueño americano, pues demuestran que en estas estructuras absolutamente antidemocráticas que son las empresas privadas cualquiera puede llegar a un puesto de responsabilidad, independientemente de su aptitud o formación para el cargo. Lo único que hace falta es caer en gracia. Sin embargo, muy al contrario que los mencionados mi bombona desempeñó su papel con una profesionalidad intachable durante toda su vida útil. Incluso en sus últimos momentos supo realizar correctamente su papel; podría haberme dejado compuesto y sin gas con una comida a medio hacer, pero aguantó hasta el final para apagarse únicamente en el momento preciso, en el instante adecuado: las lentejas quedaron en su punto.
Misión: Imposible.
Como no tenía ni idea de dónde se cambiaban las bombonas de gas decidí preguntar al día siguiente en el curro. Dado que por la mañana también había cocinado una ensalada campera tenía alimento de sobra para cuatro días de curro (2 de lentejas + 2 de ensalada), así que no estaba ante ninguna emergencia; el quinto día comería en algún restaurante de Mesaieed.
Pudiese ser que a alguien le pareciesen un poco frugales las comidas que refiero en el párrafo anterior, pero si añadimos a lo dicho un excelente yogur y una pieza de fruta fresca cada día y tenemos en cuenta que los tapergüeres equivalen a dos platos soperos, queda claro que estamos ante comidas abundantes y sanas por sus ingredientes.
Aspecto del vetusto sistema de regulación original. La bombona tiene una válvula manual de volante a la que se atornila un manorreductor regulable de 20mBar a 7,5 Bar (un Bar equivale a una atmósfera, o a un kilo por centímetro cuadrado).Pensé yo que enterarme de cómo cambiar la bombona de gas iba a ser una cosa sencilla, casi automática, pero cuál sería mi sorpresa cuando al preguntar en el trabajo sólo recibo respuestas en el mejor de los casos vagas y vacilantes.
La inmensa mayoría declaró no tener cocina de gas, sino eléctrica por placas e incluso vitrocerámica, lo cual me pilló por sorpresa porque estaba convencido de que todo el mundo cocinaría con gas. Recuerdo perfectamente que cuando estuve buscando piso todas las casas que me enseñaron tenían cocina de gas.
Unos me contaron que una vez por semana debería pasar por mi barrio un camión con bombonas emitiendo una musiquilla como el afilador en España, con el fin de que la gente les avisase para cambiar sus botellas. Yo jamás lo he visto ni oído, pero lógicamente si pasa cualquier día laborable malamente este peculiar sistema me va a servir de algo.
Otro me dijo que en algunas gasolineras, pero inexplicablemente fue incapaz de aclararme en cuáles. A lo largo de la semana lo intenté en tres sin éxito.
Otros me pasaron unos números de teléfono para reparto a domicilio, pero resultaron ser un recurso inútil Como sabéis en esta lamentable ciudad no existen direcciones postales. Como consecuencia tienes que aclarar dónde vives a través de referencias físicas. En mi caso tendría que explicar algo como esto: "Vivo detrás de la librería Yarir. Coja desde Salwa Road la calle que sale a la izquierda de la librería según mira para ella y siga de frente. Ahora coja la primera calle a la derecha y luego la primera a la izquierda, donde se acaban los edificios amarillos, no se confunda con el callejón que da a los garajes. El único portal de esa calle a mano izquierda es el mío."
Ahora ponte a explicar todo lo anterior por teléfono y en inglés a un tipo que tiene el nivel justo para saludarte y decirte el precio. Imposible.
Durante la semana también pregunté al responsable de mantenimiento de mi edificio. Como apenas chapurrea cuatro palabras en inglés no fue posible entenderme con él o no quiso entenderme, así que de nuevo me fui sin sacar nada en claro. Tenía pensado ofrecerle una propina a cambio de que me la consiguiera él (aquí todo funciona así) pero no fue posible.
Así fue que se acabó la semana y no fui capaz de que alguien me señalara un lugar concreto al que acudir a cambiar La Bombona.
Buscando una Quimera.
Ante el fracaso de las medidas habituales durante la segunda semana de mi aventura no tuve más remedio que, por un lado, comer en Mesaieed todos los días y, por el otro, sacar la artillería pesada y acudir al último recurso: Internet.
Introduje en Google el texto "Gas cylinders Doha" y la búsqueda me devolvió abundantes resultados, si bien ninguno se correspondía con una empresa de reparto. Pinchando en los vículos correspondientes comprobé que mi problema no era tan absurdo como yo pensaba: bastantes personas más habían lanzado en foros la misma pregunta "¡Cagunmimantu! ¿Dónde hostias puedo comprar una bombona de gas en Doha?"
Placa de características de las bombonas qataríes. Presión de trabajo: 17,5 atmósferas. Presión de prueba: 35 atmósferas. Capacidad: 26,2 litros. Peso: 16,3 kilos. Para butano o propano (ignoro cual de los dos gases contiene en realidad)Para mi incredulidad y frustración, todas las respuestas foreras eran igual de inútiles que las que había recibido previamente de mis compañeros de trabajo:
- Referencias físicas sólo válidas para iniciados (enfrente de la tienda de Panasonic antes de llegar al Zoco – como si le indico a uno de Cádiz que La Latina está después del Mercado de la Cebada viniendo desde El Rastro).
- Generalidades inservibles (hay dos tiendas en Rawdat al-Khail – como si le indico a alguien que me pregunta por una carnicería que encontrará dos en Vallecas)
- Números de teléfono (ya vimos que no sirve)
- Tonterías del tipo de que busques un camión de reparto y llames al número que exhiben en su costado (como para salir a conducir por Doha hasta que te encuentres un camión de reparto).
- Tipos ofreciéndose a vender una bombona que tienen por casa (aunque me fiara yo quería cambiarla, no comprar una nueva).
Y todo así. Ni una dirección concreta.
En este punto ya empecé a preocuparme. ¿Y si en los centros de reparto de bombonas gas se desarrollaran actividades secretas de las que no debían ser testigos los molestos occidentales? ¿Y si existía toda una red de encubrimiento por parte del Estado qatarí? ¿Y si resulta que todo lo del gas en este país es mentira y forma parte de algún plan inconfesable? Quizá en realidad no haya reserva alguna en el subsuelo y el gas lo obtengan embotellando el ambiente pútrido y asfixiante de los worker camps, o quizá dejando fermentar cadáveres de hindúes, nepalíes y filipinos, o alguna cosa peor.
¡Aleluya!
Ya estaba yo pensando en que mejor dejaba este asunto y me compraba un hornillo eléctrico para no meterme en líos cuando encontré la entrada de un foro donde una chica declaraba estar presa de la misma frustración que a mí me embargaba, pues había preguntado en mil sitios y nadie había sido capaz de darle una respuesta válida. Pues bien, al final de la cadena de respuestas, una dirección concreta: el cruce de Al Mansura con Al Raudjatain. ¡Al Mansura! ¡Es una calle importante! ¡Sabía dónde está! ¡Entre Muntazah y Al Matar, pasando por Najma, justo entre el Anillo C y el Anillo B y paralela a ambos!
Escudriñé en mi plano de Doha toda la longitud de Al Mansura y encontré el referido cruce. En cuanto llegó el sábado conduje hasta allí y en el lugar referido me encontré con un cuchitril consistente en un espacio mugroso de 3x10 metros lleno hasta arriba de bombonas llenas y vacías dispuestas en el suelo y estanterías. Allí me cambiaron la mía por 15 miserables riales. No está mal un precio de 3 euros por cocinar durante dos años. Supongo que cualquiera en España lo firmaría.
También tuve que pagar 50 riales un nuevo regulador con manguera, pues el sistema de enganche ha cambiado en estos dos años a algo más racional.
Antes, la bombona estaba cerrada por una válvula manual de volante; con solo abrirla un poco podías descargar los 17,5 bares de gas a chorro libre. Luego venía un manorreductor graduable entre 20 mBar y 7,5 Bar; como lo tuvieras en el margen superior y abrieras la espita de la cocina, verías salir las tapas de los fuegos volando. Finalmente había que atornillar el regulador a la válvula de la bombona con una llave inglesa, preferentemente previa aplicación de teflón en la rosca. Vamos, todo muy seguro.
Ahora, el sistema es el mismo que tenemos en España: bombonas con espita donde encaja a presión una caperuza manorreductora de relación fija, si bien de un modelo diferente al nuestro.
En fin, que hoy por fin puedo decir que he solucionado el problema más difícil al que me he enfrentado desde que llegué a Doha: he conseguido cambiar mi bombona de gas. Y no sólo eso, sino que además la he modernizado.
¡Qué satisfacción produce que las situaciones difíciles al final salgan bien!
En este punto ya empecé a preocuparme. ¿Y si en los centros de reparto de bombonas gas se desarrollaran actividades secretas de las que no debían ser testigos los molestos occidentales? ¿Y si existía toda una red de encubrimiento por parte del Estado qatarí? ¿Y si resulta que todo lo del gas en este país es mentira y forma parte de algún plan inconfesable? Quizá en realidad no haya reserva alguna en el subsuelo y el gas lo obtengan embotellando el ambiente pútrido y asfixiante de los worker camps, o quizá dejando fermentar cadáveres de hindúes, nepalíes y filipinos, o alguna cosa peor.
¡Aleluya!
Ya estaba yo pensando en que mejor dejaba este asunto y me compraba un hornillo eléctrico para no meterme en líos cuando encontré la entrada de un foro donde una chica declaraba estar presa de la misma frustración que a mí me embargaba, pues había preguntado en mil sitios y nadie había sido capaz de darle una respuesta válida. Pues bien, al final de la cadena de respuestas, una dirección concreta: el cruce de Al Mansura con Al Raudjatain. ¡Al Mansura! ¡Es una calle importante! ¡Sabía dónde está! ¡Entre Muntazah y Al Matar, pasando por Najma, justo entre el Anillo C y el Anillo B y paralela a ambos!
Escudriñé en mi plano de Doha toda la longitud de Al Mansura y encontré el referido cruce. En cuanto llegó el sábado conduje hasta allí y en el lugar referido me encontré con un cuchitril consistente en un espacio mugroso de 3x10 metros lleno hasta arriba de bombonas llenas y vacías dispuestas en el suelo y estanterías. Allí me cambiaron la mía por 15 miserables riales. No está mal un precio de 3 euros por cocinar durante dos años. Supongo que cualquiera en España lo firmaría.
También tuve que pagar 50 riales un nuevo regulador con manguera, pues el sistema de enganche ha cambiado en estos dos años a algo más racional.
Antes, la bombona estaba cerrada por una válvula manual de volante; con solo abrirla un poco podías descargar los 17,5 bares de gas a chorro libre. Luego venía un manorreductor graduable entre 20 mBar y 7,5 Bar; como lo tuvieras en el margen superior y abrieras la espita de la cocina, verías salir las tapas de los fuegos volando. Finalmente había que atornillar el regulador a la válvula de la bombona con una llave inglesa, preferentemente previa aplicación de teflón en la rosca. Vamos, todo muy seguro.
Ahora, el sistema es el mismo que tenemos en España: bombonas con espita donde encaja a presión una caperuza manorreductora de relación fija, si bien de un modelo diferente al nuestro.
En fin, que hoy por fin puedo decir que he solucionado el problema más difícil al que me he enfrentado desde que llegué a Doha: he conseguido cambiar mi bombona de gas. Y no sólo eso, sino que además la he modernizado.
¡Qué satisfacción produce que las situaciones difíciles al final salgan bien!
- Hora local: 16:58.
- Temperatura: 34ºC.
- Humedad: 11%.
- Temperatura máxima: 34ºC.
- Temperatura mínima: 21ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.
Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.


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"Dejad que los perros ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos." [Don Quijote - Orson Welles]