Devotos aduladores:
Uno de los elementos positivos de mi estancia en Qatar es sin duda el poder departir con personas de muy diversas culturas y nacionalidades. En nuestra obra tenemos libaneses, egipcios, jordanos, sirios, nigerianos, etíopes, brasileños, mejicanos, hindúes, nepalíes, pakistaníes, filipinos, alemanes, escoceses, estadounidenses, franceses y supongo que alguno más que se me habrá olvidado. Sin embargo no es tan bonito como parece, pues la relación siempre se da en el seno del trabajo, lo cual le resta la mayor parte del interés que pudiera tener; es evidente que por su propia naturaleza la relación laboral es siempre la más impersonal e inadecuada para intercambiar impresiones o recabar información sobre los usos, costumbres y visión cosmológica de quien tienes enfrente.
Desgraciadamente la interacción entre los diversos grupos étnicos es casi nula fuera del trabajo. La única relación se produce en el seno de fiestas organizadas por la empresa en junio y diciembre. Sí se produce alguna entre nacionalidades homoparlantes (por ejemplo mejicanos con españoles o árabes entre sí) pero la socialización es escasísima entre comunidades de lengua materna diferente o culturas dispares.
Como sabéis el que no haya mencionado hasta ahora a los qataríes no se debe a un olvido, sino a que la única relación que hasta ahora he tenido con ellos han sido un par de conversaciones con el dueño de mi edificio más otro par con otros tantos funcionarios con el fin de resolver algún papeleo. No hay ni un solo aborigen en toda la obra a pesar de que somos 3.800 personas. Y cuando digo ni uno, es ni uno.

Sin embargo ha habido dos ocasiones en las que sí he podido departir a gusto con gentes provenientes de desiertos muy lejanos y montañas muy remotas. En ambas ocasiones se ha debido a lo mismo: he tenido que llevarles del trabajo a Doha porque por alguna causa se habían quedado sin medio de locomoción.
Como ambas conversaciones aportaron algunos elementos interesantes las relato a continuacón.
Míster Mark Santos.
Entre nuestros supervisores eléctricos se encontraba hace algún tiempo el señor Mark Santos Ofuokwo, natural de Nigeria y negro como el betún.
Uno de los temas que surgieron durante el trayecto desde la obra a Doha fue el asunto del Movimiento de Liberación del Delta del Níger. Preguntado acerca de lo que ocurría, su respuesta fue clara y contundente. Por lo visto la zona carece de agua corriente, electricidad, educación y los servicios más básicos. La población de la zona convive desde hace decenios con los ingenios extractivos de las compañías petrolíferas occidentales sin que un ápice de la riqueza que se extrae del subsuelo haya ido a para a la población local; antes al contrario: la contaminación que dichas instalaciones producen y las condiciones de trabajo miserables han deteriorado las condiciones de vida, introduciéndo nuevas enfermedades y deteriorando las cosechas. Tras años y años reivindicando sin conseguir nada a cambio, la población de la zona acabó por darse cuenta de que los representantes del gobierno nigeriano y de las multinacionales no hablaban su mismo idioma, así que comenzaron a dirigirse a ellos utilizando el único sonido que parecían comprender: el tableteo del AK-47. En última instancia, aunque no se atrevió a decírmelo abiertamente, el gesto y el tono del señor Santos vinieron a decir: “Lógico, ¿qué otra cosa podrían hacer?”. Así se expresó Mark Santos y no pude evitar sentirme totalmente identificado con el tono de su exposición. Desgraciadamente este señor tras pasar su mes de vacaciones bianual en su tierra natal decidió no volver, así que no podré ahondar más en el asunto. ¿Empuñará ahora un AK-47 en el Delta del Níger?
Una cuestión que me descolocó fue cuando también salió a colación el tema de la policía que los viernes se pone en el Zoco, a la entrada de los grandes centros comerciales y en el Corniche con el fin de darles la vuelta a negros e hindúes. Cuando le pregunté por el tema el exclamó “¡Yes, it is true!” ¡mientras soltaba una sonora carcajada! Ni rastro de indignación o protesta en su respuesta. Supongo que será la reacción de alguien acostumbrado durante toda la vida a comprobar cómo le dan la vuelta o no le toman en serio por el mero hecho de ser negro. Quizá había llegado a la conclusión de que, para no vivir amargado, no le quedaba otra salida que tomárselo a risa.
El racismo y la diferenciación racial son evidentes en la obra; en algunas ocasiones ha habido incidentes relacionados con nuestros supervisores negros o hindúes. Tenemos como sabéis tanto empresas hindúes como árabes en la obra. Tanto para un árabe como para un hindú que venga a darle órdenes un español es admisible, pero que venga un etíope más negro que los teléfonos antiguos… ¡cuidadito! Lo mismo es aplicable si a un árabe le viene a dar órdenes un hindú. En todo caso, esto ya es tema para otra entrada.
Míster Srinivasan Patil.
En otra ocasión quien se montó en mi coche de camino para Doha fue uno de los supervisores hindúes de una empresa a la que le compramos unos transformadores. Éste durante el trayecto se interesó por mi familia, cosa por cierto bastante común entre los constratistas hindúes en el buen sentido de la palabra, no como los contratistas españoles.
A lo largo de la conversación salieros diversos temas a relucir y quedó de manifiesto lo radicalmente diferentes que son su concepto de familia y el nuestro. Lo cierto es que este señor se extrañaba enormemente de la noción europea de independencia familiar. Efectivamente, según la percepción existente en su lugar de procedencia la familia es la única garantía de protección y sostén del individuo hasta la edad en la que se puede poner a trabajar, momento en que dicho individuo está en disposición de devolver la deuda que ha acumulado y hacerse merecedor de un nuevo sostén en la vejez. Es en ese momento cuando debe comenzar a aportar recursos al núcleo familiar con el fin de ayudar a mantener a quienes son demasiado jóvenes, demasiado viejos o están impedidos por cualquier causa. Si en dicho lugar de la India a alguien se le ocurriese marchar de casa en cuanto encontrara su primer trabajo sería tachado de sinvergüenza por toda la familia, repudiado y merecedor del rechazo de toda la comunidad. Así, las familias se convierten en clanes y conviven bajo el mismo techo padres, hijos, nietos y bisnietos. Cosas de cuando el Estado no existe.
Atardece sobre los sepulcros blanqueados de Doha. A la izquierda, el Ritz. A la derecha, las torres torcidas que marcan el inicio de "The Qatar Pearl".
Otra cosa que le costaba mucho comprender a Mr. Patil es que a mi edad todavía estuviera soltero y sin hijos. Me preguntó si mientras yo estaba en Qatar mis padres estaban buscándome alguna novia. Le expliqué que las cosas en España ya no funcionaban así, lo cual escuchó con gran interés pero al mismo tiempo incredulidad, ya que era evidente que no podía comprender que el asunto pudiera funcionar bien de otra manera que no fuera la suya. Como corolario a este tema os puedo comentar que posteriormente esta misma pregunta me la han repetido otros dos hindúes.
Bueno, pues nada más por hoy. Tras los enormes informes sobre mi viaje a Irán creo que ya tocaban un par de textos más ligeros.
Desgraciadamente la interacción entre los diversos grupos étnicos es casi nula fuera del trabajo. La única relación se produce en el seno de fiestas organizadas por la empresa en junio y diciembre. Sí se produce alguna entre nacionalidades homoparlantes (por ejemplo mejicanos con españoles o árabes entre sí) pero la socialización es escasísima entre comunidades de lengua materna diferente o culturas dispares.
Como sabéis el que no haya mencionado hasta ahora a los qataríes no se debe a un olvido, sino a que la única relación que hasta ahora he tenido con ellos han sido un par de conversaciones con el dueño de mi edificio más otro par con otros tantos funcionarios con el fin de resolver algún papeleo. No hay ni un solo aborigen en toda la obra a pesar de que somos 3.800 personas. Y cuando digo ni uno, es ni uno.
Analogía de la sociedad qatarí donde podemos contemplar la Ciencia, la Razón y el Progreso.
Sin embargo ha habido dos ocasiones en las que sí he podido departir a gusto con gentes provenientes de desiertos muy lejanos y montañas muy remotas. En ambas ocasiones se ha debido a lo mismo: he tenido que llevarles del trabajo a Doha porque por alguna causa se habían quedado sin medio de locomoción.
Como ambas conversaciones aportaron algunos elementos interesantes las relato a continuacón.
Míster Mark Santos.
Entre nuestros supervisores eléctricos se encontraba hace algún tiempo el señor Mark Santos Ofuokwo, natural de Nigeria y negro como el betún.
Uno de los temas que surgieron durante el trayecto desde la obra a Doha fue el asunto del Movimiento de Liberación del Delta del Níger. Preguntado acerca de lo que ocurría, su respuesta fue clara y contundente. Por lo visto la zona carece de agua corriente, electricidad, educación y los servicios más básicos. La población de la zona convive desde hace decenios con los ingenios extractivos de las compañías petrolíferas occidentales sin que un ápice de la riqueza que se extrae del subsuelo haya ido a para a la población local; antes al contrario: la contaminación que dichas instalaciones producen y las condiciones de trabajo miserables han deteriorado las condiciones de vida, introduciéndo nuevas enfermedades y deteriorando las cosechas. Tras años y años reivindicando sin conseguir nada a cambio, la población de la zona acabó por darse cuenta de que los representantes del gobierno nigeriano y de las multinacionales no hablaban su mismo idioma, así que comenzaron a dirigirse a ellos utilizando el único sonido que parecían comprender: el tableteo del AK-47. En última instancia, aunque no se atrevió a decírmelo abiertamente, el gesto y el tono del señor Santos vinieron a decir: “Lógico, ¿qué otra cosa podrían hacer?”. Así se expresó Mark Santos y no pude evitar sentirme totalmente identificado con el tono de su exposición. Desgraciadamente este señor tras pasar su mes de vacaciones bianual en su tierra natal decidió no volver, así que no podré ahondar más en el asunto. ¿Empuñará ahora un AK-47 en el Delta del Níger?
Una cuestión que me descolocó fue cuando también salió a colación el tema de la policía que los viernes se pone en el Zoco, a la entrada de los grandes centros comerciales y en el Corniche con el fin de darles la vuelta a negros e hindúes. Cuando le pregunté por el tema el exclamó “¡Yes, it is true!” ¡mientras soltaba una sonora carcajada! Ni rastro de indignación o protesta en su respuesta. Supongo que será la reacción de alguien acostumbrado durante toda la vida a comprobar cómo le dan la vuelta o no le toman en serio por el mero hecho de ser negro. Quizá había llegado a la conclusión de que, para no vivir amargado, no le quedaba otra salida que tomárselo a risa.
El racismo y la diferenciación racial son evidentes en la obra; en algunas ocasiones ha habido incidentes relacionados con nuestros supervisores negros o hindúes. Tenemos como sabéis tanto empresas hindúes como árabes en la obra. Tanto para un árabe como para un hindú que venga a darle órdenes un español es admisible, pero que venga un etíope más negro que los teléfonos antiguos… ¡cuidadito! Lo mismo es aplicable si a un árabe le viene a dar órdenes un hindú. En todo caso, esto ya es tema para otra entrada.
Míster Srinivasan Patil.
En otra ocasión quien se montó en mi coche de camino para Doha fue uno de los supervisores hindúes de una empresa a la que le compramos unos transformadores. Éste durante el trayecto se interesó por mi familia, cosa por cierto bastante común entre los constratistas hindúes en el buen sentido de la palabra, no como los contratistas españoles.
A lo largo de la conversación salieros diversos temas a relucir y quedó de manifiesto lo radicalmente diferentes que son su concepto de familia y el nuestro. Lo cierto es que este señor se extrañaba enormemente de la noción europea de independencia familiar. Efectivamente, según la percepción existente en su lugar de procedencia la familia es la única garantía de protección y sostén del individuo hasta la edad en la que se puede poner a trabajar, momento en que dicho individuo está en disposición de devolver la deuda que ha acumulado y hacerse merecedor de un nuevo sostén en la vejez. Es en ese momento cuando debe comenzar a aportar recursos al núcleo familiar con el fin de ayudar a mantener a quienes son demasiado jóvenes, demasiado viejos o están impedidos por cualquier causa. Si en dicho lugar de la India a alguien se le ocurriese marchar de casa en cuanto encontrara su primer trabajo sería tachado de sinvergüenza por toda la familia, repudiado y merecedor del rechazo de toda la comunidad. Así, las familias se convierten en clanes y conviven bajo el mismo techo padres, hijos, nietos y bisnietos. Cosas de cuando el Estado no existe.
Otra cosa que le costaba mucho comprender a Mr. Patil es que a mi edad todavía estuviera soltero y sin hijos. Me preguntó si mientras yo estaba en Qatar mis padres estaban buscándome alguna novia. Le expliqué que las cosas en España ya no funcionaban así, lo cual escuchó con gran interés pero al mismo tiempo incredulidad, ya que era evidente que no podía comprender que el asunto pudiera funcionar bien de otra manera que no fuera la suya. Como corolario a este tema os puedo comentar que posteriormente esta misma pregunta me la han repetido otros dos hindúes.
Bueno, pues nada más por hoy. Tras los enormes informes sobre mi viaje a Irán creo que ya tocaban un par de textos más ligeros.
- Hora local: : 17:22.
- Temperatura: 33ºC.
- Humedad: 63%.
- Temperatura máxima: 39ºC.
- Temperatura mínima: 27ºC.
Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Dejad que los perros ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos." [Don Quijote - Orson Welles]