jueves, 21 de agosto de 2008

LAS MIL Y UNA NOCHES QATARÍES.


Salud:


Aquí tienes, como prometí, el informe sobre Doha La Nuit. Probablemente pensabas que ibas a recibir el segundo capítulo de “Cotidianías Qataríes”, pero el que dicha serie conste de varias partes no quiere decir que tengan que ser consecutivas, como lo demuestra eso en que estás pensando y que tú y yo sabemos.

He decidido escribir esta entrada en segunda persona del singular porque son tan desgarradoras las experiencias aquí relatadas y tan excesivo su desarrollo que de esta forma consigo controlar de un modo más directo tus emociones, al dirigirme a ti de una forma más directa, íntima y humana.

Por último debo rebajar tus expectativas y alertarte de que buena parte de las anécdotas que aquí cuento únicamente tienen relevancia por cuanto en dónde se producen (Doha), y que estas mismas situaciones por ser cotidianas no hubieran merecido un miserable comentario en España.

Repaso.

Como bien sabes por informes previos, el ocio nocturno se enmarca en 4 escenarios principales en Doha:
  1. El Zoco.
  2. Los compound de los compaundñeros de trabajo.
  3. Los establecimientos hosteleros de algunos hoteles.
  4. Tu dormitorio.
Y cuando digo Doha digo Qatar, porque Qatar es Doha, y el resto de poblaciones no tienen más relevancia que la que Colloto tiene en Oviedo, Serín en Gijón, La Canonja en Tarragona, Sanchinarro en Madrid, Solana de los Barros en Almendralejo, La Virgen de la Calzada en León, Archena en Murcia o Guardo en Palencia, por citar sólo parejas de lugares donde he puesto el pie y que son al mismo tiempo conocidos por mis destinatarios habituales. Es evidente que a la hora de salir por la noche nadie admitirá que se puede hallar en las segundas poblaciones algo que no se haya encontrado en las primeras, a no ser balnearios.

Como tengo muy claro que tus inquietudes no van dirigidas a conocer los detalles del sabor de las carnes y pescados que se sirvieron en la última barbacoa a la cual asistí, ni a saber sobre los matices de los zumos que pude degustar la última vez que visité el Zoco, pasaré directamente a los establecimientos hosteleros de los hoteles.

Hoteles.

La mayor parte de estos lugares no tienen el menor interés en lo que a salir por la noche se refiere. Consisten básicamente en cafeterías con vistas, cafeterías sin vistas, cervecerías con pantalla gigante, cervecerías sin pantalla gigante, cafeterías con vistas y pantalla gigante, cervecerías sin pantalla gigante y con vistas y así hasta cubrir todas las combinaciones posibles. Todo lo más podemos encontrar algunos sitios adecuados para tomar unas copas de champán mientras te repantigas en un butacón rojo frente a una mesa baja, un lugar que estimo correcto para ponerse a charlar animadamente mientras consumes la botella, pero todavía no he encontrado quien se merezca tomar ese champán conmigo. Por supuesto tú te lo merecerías, pero me quedas un poco lejos.

Como apunte de interés no puedo dejar de comentarte que a todos esos establecimientos acuden habitualmente bastantes qataríes (todos hombres) con el traje de los viernes a consumir vino o cerveza en pequeñas o grandes cantidades, según el gusto, y sin mostrar problema alguno por ello. Debo también apuntar que dichos qataríes tienen una tendencia clara a descalzarse y subir los pies a los sillones, actitud que también les he sorprendido en salas de espera y restaurantes.

Es un poco triste el caso de un local llamado شهرزاد (Sherezade, literalmente Shahrazad, ya que en árabe no existe la “e”) ¿Qué te sugiere este nombre? Quizá esperes encontrar un lugar plagado de pufs y almohadones para echarte a lo largo mientras admiras las bellas alfombras y tapices que ocultan suelo y paredes, fumas aromáticos tabacos en lujosos narguilés y disfrutas de los más delicados perfumes de oriente que impregnan la atmósfera, mientras sugerentes odaliscas y esculturales eunucos te sirven sabrosos manjares y excitantes bebidas al tiempo que te refrescan con un gran abanico de plumas de avestruz. Pues no. Te encuentras con una cervecería con estética de sala de billar llena de blancos y qataríes bebidos viendo fútbol en una pantalla gigante, gritando, eructando y tirándose pedos. ¡Por favor! ¡Pobre شهرزاد! ¡Dudo que las ألف ليلة و ليلة que ella protagonizó fuesen así!

Pero bueno, concretando; hasta la fecha únicamente he conocido dos locales aptos para salir de noche: The Irish Pub y Qube. Al parecer existe un tercero en el Hotel Marriott, llamado لوءلوء (La Perla) pero está lejos y es más pejiguera. Para entrar tienes que ser socio. ¿Y cómo te haces socio? Pagando 2.000 riales. ¿Y qué te ofrecen a cambio? El carné de socio más unos vales que caducan a los seis meses y con los que puedes adquirir bebidas por el valor que pagaste (promoviendo la abstinencia). En todo caso, con lo poco que bebo ni de coña me gasto 2.000 riales en 6 meses.

The Irish Pub.

The Irish Pub está en el hotel Sheraton (el edificio piramidal a vuestra derecha) y, como su nombre indica, imita un bar irlandés, con mesas y barandillas de madera, suelo de parqué y grandes estanterías también de madera tras la barra sosteniendo una enorme cantidad de botellas y otros objetos, aunque la decoración general es más sencilla que en sus homólogos españoles; también es mucho menor la variedad de cañas, que se reducen a Foster, Guinness, Murphy’s y Heineken. Una pinta cuesta unos 25 riales, más o menos lo mismo que te costaría en Madrid en un establecimiento de similares características.

En uno de los extremos hay una pequeña pista de baile con cabina para el disc-jockey y todo.

Sin embargo este lugar no me llena. Debería llamarse más bien The Irish Bluff. En primer lugar porque está lleno de occidentales, y en concreto de anglosajones borrachos comportándose como anglosajones borrachos. En segundo lugar porque la desproporción de sexos es nada menos que de un 85-15, en el sentido que puedes suponer. Además, la música es un tanto insustancial (entre Boney-M y reggaetón), la pista de baile se abarrota y por las características del local (muy largo pero no muy ancho, con la barra ocupando uno de los lados largos) estás continuamente apartándote para que pase gente.

Sobre este lugar únicamente me detendré en la principal diferencia con respecto a un establecimiento español: la limpieza del suelo. No encuentras ni una colilla tirada, pero no porque la gente sea más cívica, sino porque si alguien tira algo inmediatamente aparece un hindú armado con escoba y recogedor y da buena cuenta del indeseable objeto; igualmente, si se derrama una copa el hindú aparece armado ahora con cubo y fregona y tienes que tener cuidado porque si te has salpicado es capaz de llevarse tus pantalones a lavar. Esto evidentemente sólo funciona hasta que la densidad de gente impide al hindú moverse con relativa libertad.

Entrada.

Finalmente llegamos a Qube, la discoteca del hotel Ramada (en la foto). Personalmente es el sitio que más me gusta, para horror de muchos de mis compañeros que incomprensiblemente prefieren The Irish Pub. No obstante, entiendo que determinados colegas del trabajo no lo consideren el lugar más adecuado para venir con la mujer y los niños. Afortunadamente también hay solteros, y estos meses también bastantes casados que aprovechan para salir un poco, pues sus mujeres han huido a España con los hijos durante el verano y se han quedado solos (las reflexiones antropológicas las dejo para otra ocasión).

Como en toda discoteca que se precie cobran entrada, y esta oscila entre los 80 riales de un día normal y los 150 de las fiestas especiales. Si pagas el doble tienes acceso al área VIP. Son bastante tiquismiquis por cierto, ya que el otro día no me dejaron pagar con un billete de 100 porque estaba muy gastado (que era verdad). No hubiera entrado en tan nimio detalle si no fuera porque esto me recordó cuando Xulián y Yo nos presentamos un miércoles después de cenar en la discoteca Watergate, preciosa sala con vistas al Spree y al puente Am Oberbaum (nótese el juego de palabras entre el nombre y las vistas), con una estupenda terraza de verano. Fue aquí donde al ir a pagar nuestras primeras consumiciones, nos dijo la camarera que nuestro único billete, también de 100 y para más inri proporcionado por un amigo, era falso. Pero esto, ya es otra historia.

Como te puedes imaginar estos precios tienen que disuadir a la mayor parte de la mano de obra inmigrante de entrar aquí. Bien es cierto sin embargo que cuando éramos jóvenes nos gastábamos sin rubor buena parte de nuestros ingresos en entradas a discotecas. Recuerdo perfectamente que costando la entrada a La Real (que en paz descanse) 2.000 pesetas perdonaba muy pocos fines de semana, y de aquella 8.000 pesetas al mes suponían el 30% de mis ingresos. Pero claro, eso funciona siempre y cuando tengas techo y comida en casa de tus padres. Si estás en el caso contrario y eres tú quien ayuda a tu familia en Filipinas no te vas a gastar 100 riales en ir a Qube ganando 1.000. Deduzco por lo tanto que aquí sólo entran inmigrantes relativamente afortunados.

Está rigurosamente prohibida la entrada a menores de 21 años, y si hay dudas te piden la identificación en la puerta para verificarlo. Como ya habrás podido suponer a mí me la piden siempre, como consecuencia lógica de mi frescura, lozanía y gallarda pose.

El horario es de 20:00 a 02:30, seis horitas y media, igual que en Madrid. Solo hay que salir un poquito primero.

Si has comprado entrada para la zona VIP te marcan con un sello de color negro, lo cual en principio está muy bien pensado, pero siempre y cuando no vayan negros a la discoteca, claro. La verdad es que resulta un poco cómico ver al portero que guarda la escalera que sube a la zona VIP buscarles a los negros el sello con linterna.

Qube.

Ahora quiero que te imagines Privilege Ibiza, con su piscina ante la cabina del disc-jockey, sus chorros de agua rodeando las plataformas donde se mueven las más estilosas go-gos, su techo con paneles móviles que por la mañana dejan entrar hasta el centro de la pista los rayos del sol, sus luces y juegos entrelazados de rayos láser y sus ajardinadas terrazas exteriores dispuestas en varios niveles como los Jardines Colgantes de Babilonia. ¿Lo estás viendo? Bueno, pues quítatelo de la cabeza, porque cualquier parecido con Qube es pura coincidencia.

La discoteca es básicamente un espacio rectangular diáfano, sólo interrumpido por algunas columnas y el acceso al primer piso, aunque de buen tamaño (superficie algo mayor que la de Ohm Madrid) y techo muy alto. En una de las esquinas de este espacio se localiza un escenario con la cabina del DJ en el fondo, a 45º con la esquina, igual que en Space Madrid. En el lado corto opuesto al DJ se distribuye una amplia zona de mesas como las que se pueden encontrar en un bar cualquiera. El lado largo opuesto al DJ está ocupado por la entrada, los baños, la barra y, dado que la altura del techo lo permite, un primer piso abalconado con su propio bar al cual se accede por una escalera que se encuentra en el centro: la zona VIP, igual que era en La Real, que en paz descanse. Los lados corto y largo aledaños al DJ conforman lógicamente la pista de baile.

Si no te gusta Qube siempre puedes venirte al parque.

Debo destacar que tienen rayo láser, elemento crucial que siempre ha estado muy desaprovechado en Madrid y acerca del cual debo decir que aún no he conocido ningún local donde luciese tanto como en La Real, que en paz descanse, pues las características de la sala ayudaban mucho a dicho lucimiento.

En Qube puedes pedir comida y te la sirven en las mesas, incluyendo costillas y similares. No es sin embargo la primera vez que lo veo, ya que esto me recordó cuando Miguel y Yo entramos en La Habana en una discoteca al aire libre que incluía una cena de pollo y dos consumiciones por 11 pesos convertibles (10 euros). Así que tú entrabas en aquella discoteca y te sentabas a cenar en una mesa puesta junto con aquellas dos chicas que curiosamente estaban intentando entrar sin éxito justo en el momento de llegar nosotros y a las cuales franqueamos la entrada, enviadas probablemente por aquel buscavidas al que habíamos invitado a un mojito en El Malecón, que había sufrido un horrible accidente de tráfico y que estaba vivo según él gracias al sistema sanitario cubano, buscavidas que nos había recomendado aquella discoteca. Pero esto, ya es otra historia.

El horario de cierre se lleva a rajatabla. Diez minutos antes dibujan con el láser una frase en la pared sugiriendo que vayas pidiendo la última porque se va a dejar de servir en breve. Cuando la hora se cumple, unas persianas metálicas caen sobre la barra imposibilitando cualquier excepción. Me pareció ver que se han dispuesto unas cuchillas en su parte inferior con el fin de cortar los miembros superiores o la cabeza de quienes osen acodarse intentando que les sirvan más allá de la hora límite.

Parroquianos.

El grupo étnico más representado en esta discoteca es claramente el filipino, si bien también hay un número importante de árabes y negros, completando otras etnias en menor medida el mosaico cultural; incluso he visto entre los asistentes algún hindú, lo cual me alivia porque es la primera muestra que recibo de que hagan algo más aparte de trabajar. Sin duda la presencia más exótica hasta la fecha corrió a cargo de una hindú tocada con su vestidura tradicional; dado que a las hindúes no se las ve por ningún sitio, a no ser en el supermercado, me sorprendió bastante encontrarme a una en el peor antro de perdición de Qatar (aprovecho para desmentir ciertos malintencionados comentarios: las hindúes NO llevan bigote). En todo caso negras, filipinas y quizá alguna coreana conforman el 90% de la presencia femenina. Afortunadamente hay muy pocos blancos, que ya sabéis me dan muy mal rollo. Con esto no quiero decir que todos los blancos sean unos hijos de puta, de hecho alguno de mis mejores amigos es blanco, pero en general si la historia ha demostrado algo es que los blancos vale más que se queden en su país.

Recorrer los 7km de Al-Corniche es otra alternativa a Qube.

A primera hora está todo el mundo sentado. Un día que llegamos pronto éramos los únicos en pie de toda la discoteca, lo cual me recordó cuando María José y Yo entramos en Lisboa en varios bares muy acogedores donde ponían música electrónica chulísima mientras todo el mundo estaba sentado en mesas o en la barra, nadie de pie. Fue en una de estas barras donde conocimos a un hablante de Portuñol que posteriormente nos volvimos a cruzar en la discoteca Lux, preciosa y enorme sala de tres pisos, cómodos sillones, 50 euros en el suelo y una amplia terraza frente a la cual anclaba en el estuario del Tajo un barco con bandera de Corea del Norte, discoteca a la que llegamos en compañía de aquella chica que viajaba sola con el fin de olvidar un desengaño amoroso. Pero esto, ya es otra historia.

Prostitución.

En una de las ocasiones, cuando todavía había poca gente, me picó por detrás un chaval con claros rasgos árabes y trató de decirme algo en inglés, mas con poco éxito, pues me temo que no hablaba ni papa. Tras intentar establecer comunicación infructuosamente pasé al modo “yo Tarzán, tú Chita” y pude comprender entonces lo que me quería decir gracias al reconocimiento por mi parte de tres palabras y un gesto. Sólo tres palabras y un gesto, pero suficiente:
  • Palabra 1: money.
  • Palabra 2: today.
  • Palabra 3: fuck.
  • Gesto: movimiento de la cabeza señalando con el mentón hacia la barra.
¿Y qué había en la barra? Pues dos negritas de buen ver a la expectativa. Estaba tan claro lo que me estaba diciendo que no pude menos que exclamar: “¡Allah mío, como pude estar tan ciego!” y entonces fui iluminado y pude reconstruir su frase:
“Excuse me, sir. I was wondering if you would like to hire the services of those beautiful girls who, for a meaningless sum of money, will accompany you and your fellow today to your rooms in order to share an amazing and absolutely incredible fuck experience.”
Respondí que agradecía enormemente su amable ofrecimiento, pero que nos dolía la cabeza y no nos apetecía en esos momentos; pronto me arrepentí sin embargo de mi muy poco meditada respuesta, pues me quedé sin saber cuánto pretendían cobrarme, lo cual hubiera sido un dato interesante para exponer aquí.

Otras pruebas de este boyante oficio la ofrecen algunas parejas que se ven subir hasta la zona VIP conformadas por paisanos occidentales que rondarán los 50 años acompañados por jovencísimas filipinas de singular belleza. Algún caso podría justificarse con que el amor es ciego y tonto y una buena dosis de buena voluntad, pero cinco o seis…

Mariconeo.

En otra ocasión, cuando más gente había, se plantó ante mí un tipo recio como con intención de querer pasar, pero antes de que yo pudiera hacerme a un lado, puso una mano en mi cintura, moviéndola hasta mi estómago a continuación y afirmando mientras me miraba con media sonrisa: “You are a very tough man!”, de lo cual mi aguda intuición sacó como conclusión que me estaba tirando los tejos. Yo le agradecí enormemente su amable piropo a la vez que me hacía a un lado para dejarle pasar, con lo cual el tipo se coscó de que no había tema y eso fue todo.

Mi felino instinto de observación me ha informado que esto no es un hecho aislado y que algo se cuece a este respecto por esta discoteca.

Alcoholismo.

En cuanto entras en Qube parece que ya no aplica la Qatari Law. Como en cualquier discoteca, se hace apología del consumo de alcohol. Uno de los productos estrella es un súper-cachi de cerveza que debe contener dos litros como mínimo.

Un personaje particularmente entrañable son las chupiteras. Éstas son unas filipinas que se dedican a recorrer la discoteca con sombrero vaquero, dos pistoleras que en vez de pistolas sostienen dos botellas de un tequila bastante decente y dos cananas cruzadas sobre el pecho en cruz de San Andrés que en vez de balas llevan vasos de chupito. Bien aceptando uno de sus insistentes ofrecimientos, bien haciéndoles una señal, te llenarán diligentemente uno de los vasos y te entregarán sal y limón por el módico precio de 20 riales. Os puedo asegurar que cambian las botellas muy a menudo.

Otra alternativa a Qube es un día de excursión por los bellos parajes qataríes.

Te puedes encontrar con bastante gente con síntomas de haberse pasado con la bebida, árabes incluidos. Si yo fuera ellos tendría luego más cuidado que en España (si es que eso es posible en ese patético estado), pues en cuanto sales de Qube ya no estás en zona franca, vuelves a entrar en Qatar y en este país la embriaguez está penada por Ley, así que si un policía te encuentra borracho te puede detener. Si conduces bajo los efectos del alcohol y tienes la desgracia de un accidente tonto (lo cual como ya sabéis no es muy difícil en este país), la multa está entre 10.000 y 50.000 riales o entre 6 meses y 3 años de prisión, deportación para el caso de expatriados. En principio no hace falta análisis alguno, conque los policías testifiquen que el aliento te olía a alcohol ya tienes un problema. Sin embargo no hay controles de alcoholemia.

En los servicios ya he visto a un par de tipos vomitando sus excesos, ambos con rasgos árabes. En estos mismos servicios, sin embargo, también podemos gozar de la presencia del hindú de las servilletas. Este se sitúa en el baño a un lado del expendedor de pañuelos y cuando has acabado de lavarte las manos saca de dicho expendedor tres o cuatro papeles con un rápido ademán para que te seques. No obstante no es esta su única función, pues también vela porque el lugar no cruce la delgada línea ente baño y pocilga.

A pesar del consumo de alcohol, de momento no he sorprendido peleas ni incidentes violentos, aunque me temo que tarde o temprano llegarán; porque como ya sabes la vinculación del alcohol con la violencia gratuita, así como con otras actitudes lamentables que rebajan al ser humano a la calidad de bestias inmundas, es aún más fuerte que la que existe entre los hindúes y los bigotes.

Para poder comprar en Qatar unas cervezas y llevártelas hasta tu casa tienes que sacar un carné que es solicitado al gobierno por tu empresa a petición tuya. Una vez que tienes el carné puedes ir hasta una tienda especial que es la única que vende alcohol en toda la ciudad, donde te lo despachan a un precio similar al que te cobrarían en un bar en España. El carné no te da derecho a comprar todo lo que quieras, sino únicamente una cantidad máxima mensual que está en proporción a tu sueldo. Yo como jamás bebo en casa no lo he solicitado. Resulta paradójico cómo con todas estas medidas disuasorias luego pagas la entrada a Qube y te ofrecen chupitos de tequila sin moverte de tu sitio, o entras en cualquier hotel y puedes pedir lo que quieras sin enseñar carné alguno.

Del tabaco sólo diré dos cosas: está bastante más barato que en España y aquí fuma muchísima menos gente.

Ligoteo.

¿Se puede ligar en Qube? Desde luego. Si hay un sitio en Qatar donde eso es posible es aquí, pues la desproporción de sexos alcanza porcentajes de tan sólo un 70-30, algo inédito en este país. Por otra parte el contexto en el que te mueves es de leyes morales más relajadas y resulta evidente que mucha gente, tanto ellos como ellas, viene a esto.

¿Cómo me ves con una filipina? Evidentemente tendré que elegir a una que no tenga un apellido raro (ya sabes, por aquello de los hijos), lo cual no es difícil pues por lo que he podido comprobar por las tres que contrataron en el curro hace unos meses muchas tienen nombres españoles, al menos parcialmente. Estarás de acuerdo conmigo en que uno de los criterios fundamentales a la hora de elegir pareja es que tenga un apellido que pegue bien con el tuyo, como por ejemplo Antón con Martín. Por el nombre no hay que preocuparse porque ya lo tengo elegido: Liyaanarachilage, salga lo que salga.

Música.

En cuanto a la música, es del tipo que yo llamo senoidal, es decir, que va cambiando suavemente de estilo con el tiempo para que todo el mundo esté contento por lo menos unos minutos cada hora, de modo que pasamos por los mismos puntos extremos una y otra vez con frecuencia constante. Así, los estilos que puedes escuchar van desde reggaetón, disco, hip-hop, dance o pop hasta electrónica sin concesiones.

El punto álgido de las sesiones a las que asistí se produjo con “Barber’s Adaggio for Strings” [Ferry Corsten & William Orbit], “For An Angel” [Paul Van Dyk], “Elements of Life” [DJ Tïesto] y "Traffic" [DJ Tïesto de nuevo]. Como podréis inducir por los tres primeros temas, cuando se ponen cañeros tiran más bien por el trance melódico, aunque la presencia de Traffic nos informa que el techno también tiene su hueco. En todo caso me prestó cuando los pusieron igual que si estuviese escuchando la más elegante de las sesiones, y los bailé todos con muuuuuchas ganas, con bastantes más ganas que la mayoría de mis compañeros, por cierto. También depende del día, pues al otro empezaron a poner un techno ramplón maquinero asqueroso de ese que escuchan por el Mediterráneo (excepto Ibiza), me agobié y marchamos.

La última sesión corrió a cargo del DJ invitado Paul Méndez, escoltado por los residentes DJ Sam y Master Jay. Para el próximo fin de semana contaremos con la presencia de Eve Carey (¡una chica!) y Who Da Funk (que os juro me suena de algo). Y como queda bien claro en el flyer; dress code: stylish – dress to impress.

Sin embargo, como en la variedad está el gusto, a veces la programación cambia, y esto me dio la oportunidad de poder disfrutar también de una fiesta temática.

Fiesta.

Bueno, pues heme aquí, en Doha, en una fiesta hip-hop. Pero no sólo en una fiesta hip-hop, sino en una fiesta hip-hop llena de negros molones, con sus cadenas de oro, sus pantalones anchos piratas, su gorra patrás, sus playeras, sus chaquetas con capucha y sus gafas de sol puestas. Pero aún hay más, ya que no sólo pude disfrutar de negros molones, sino también de filipinos molones. Lo único que faltaba eran unos cuantos qataríes con sus túnicas blancas echándose unos bailes, para hacer contraste, pero eso hasta ahora no lo he podido ver, ya que aquí nunca entran. Si algún día pasara te prometo volver a por la cámara a casa para inmortalizar ese momento, un momento dulce como un dulce amor.

A mitad de sesión se celebró en el escenario un mini-concurso de baile sólo para chicas. La ganadora fue una negra que consiguió encandilar al público con unos movimientos de culo y cadera estratosféricos (véase a modo de ejemplo cualquier vídeo musical de negros molones cantando hip-hop). En segunda posición quedó una blanca que también lo hacía muy bien, pero que al lado de la otra daba pena. Sin embargo a mí no consiguieron engañarme. Resultaba del todo punto evidente que esa chica era en realidad una cyborg, que en vez de vértebras lumbares tenía rodamientos y trócolas. ¿O pensaban acaso que ese día no había visto que el cielo sobre el puerto tenía el color de la pantalla de un televisor sintonizado en un canal muerto?

Aquí también hay fiestas, cuidadín.

Ahora bien, que en una fiesta hip-hop en Doha esté lleno de filipinos molones y cyborgs es totalmente lógico y no debe sorprender a nadie, pero… ¿de dónde salieron todos esos negros molones? ¡Estamos en Doha! Y es entonces cuando en mi cabeza tomó cuerpo una importante reflexión que paso a exponerte.

Hoy en día todo el mundo da por hecho que los negros molones parieron el rap y el hip-hop, pero…¿y si fueran el rap y el hip-hop quienes parieron a los negros molones? Para comprobarlo he ideado un sencillo experimento que espero me ayudes a llevar a cabo. ¿Qué ocurre si metes un equipo de música en una habitación vacía y herméticamente cerrada y pones varios CD de hip-hop reproduciéndose en bucle durante 24 horas? ¿Podría darse el caso de que al cabo de ese tiempo, al abrir la habitación, estuviese llena de negros molones? Y en caso de que fuera así… ¿es la cantidad de negros molones relación lineal o logarítmica respecto del volumen de la música? ¿Inhiben los temas de Eminem la creación de negros molones o la catalizan? ¡Hay tantas preguntas sin respuesta esperando ahí fuera a que alguien se atreva a responderlas! El problema es que yo no tengo música hip-hop, y ni siquiera rap, así que si por favor tú la tienes, haz por mí el experimento y cuéntame.

Recapitulación.

Bueno, pues al fin resulta que en Doha tenemos un local donde cobran entrada, ponen música electrónica (a veces), hay mariconeo, hay prostitución, hay borracheras, hay filipinos molones, hay cyborgs y se puede ligar. O sea, un lugar como cualquiera en España y alejado de las rígidas normas morales qataríes. No es precisamente un templo de la elegancia, ni un lugar al que iría si estuviese en Berlín, pero estamos donde estamos y no le vamos a pedir peras al olmo; además, he pisado en España sitios bastante peores en Tarragona, en Oviedo, en Gijón, en Madrid, en Castellón o en Almendralejo, como podrán atestiguar los residentes en dichas ciudades.

Finalmente, existe un condicionante positivo adicional que tiene no poco peso. Éste es que, dado que es la discoteca del hotel Ramada, vivo a siete miserables minutos caminando. Así, en cualquier momento puedo calzarme, bajar y plantarme allí a tomar algo y echar unos bailes.

Despedida.

Pues nada, no te mando ningún beso ni ningún abrazo porque tantos te he enviado ya que se me han acabado. Espero rehacer las reservas durante mis 16 días de visita en setiembre, así que ya sabes.
  • Hora local: 00:12.
  • Temperatura: 34ºC.
  • Humedad: 75%.
  • Temperatura máxima del día: 39ºC.
  • Mañana será más corto; 1 min 20 seg en Doha, 2 min 26 seg en Madrid y 2 min 43 seg en Oviedo.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Ivan Bin Victor Al-Saez.

sábado, 2 de agosto de 2008

COTIDIANÍAS QATARÍES, VOLUMEN I - UN DÍA DE COMPRAS


Hola una vez más:


Recuerdo perfectamente (bueno, vale, no lo recuerdo, he tenido que releerlo) cómo en mi último correo os ofrecí seis posibles continuaciones para el presente:
  • La noche qatarí.
  • Reflexiones antropológicas qataríes.
  • El día en que estuve a punto de morir.
  • La radio qatarí.
  • Los productos qataríes.
  • Qatarí que te vi.
Es obvio que todos estaréis esperando que os relate mis andanzas por la discoteca Qube o por The Irish Pub, y es lógico que todos estéis ansiosos por conocer los escabrosos y morbosos detalles del día en que estuve a punto de morir; es sin embargo de buen criterio mantener la emoción hasta el final, así que he creído acertado hurtaros de momento dichas historias y centrarme por el contrario en temas muchos más mundanos. Pasaré a desarrollar por lo tanto en el punto 5, a través de una reflexión sobre las maravillosas mercancías que pueden ser adquiridas en estos lujosos mercados de oriente, aderezando los razonamientos con algunas anécdotas marginales sobre el día a día qatarí, pequeños esbozos cotidianos sobre detalles que ofrecen alguna variación respecto a la norma Española (o UNE).

Evidentemente la rutina ocupa en nuestras vidas un espacio mayor que lo excepcional, y para esto no hay escapatoria, ya que si alguien consiguiera construir su vida a base de excepcionalidades, éstas se convertirían en rutina y la rutina en excepcionalidad, volviéndose al punto de partida. Por todo ello, hablar de rutina ocupa muchas líneas, así que para evitar una extensión excesiva del correo he decidido dividirlo en varios volúmenes. Al principio dudé si llamar a esta serie “Perlas Qataríes”, haciendo un juego de palabras con lo que en su día fue la principal fuente de riqueza del país, pero dado que las situaciones retratadas poco tienen de brillantes, acabé por decidirme por el título que encabeza este correo.

A modo de introducción debo confesaros que buena parte de las vestiduras que me ponía para ir al trabajo comenzaban a mostrar un evidente desgaste tras un uso demasiado dilatado. Este desgaste ya aconsejaba de por sí un cambio, pero lo que sin duda me decidió a acometer esta empresa es que el sol se halla en su mínimo de once años, en la transición entre los ciclos 23 y 24, así que decidí cambiar de ciclo yo también, en este caso para la ropa. Eché pues a la basura tres polos, dos camisas, una camiseta, un pantalón, un cinturón, cinco calzoncillos e igual número de pares de calcetines y me lancé a una aventura que sólo emprendo dos veces al año: comprar ropa.

El arte de aparcar.

Como hoy vamos a comprar ropa, tenemos que ir hasta el Centro Comercial Villagio, ya que donde compro habitualmente sólo venden alimentos, relojes y joyería, sobre todo joyería, ya que el supermercado en sí ocupa menos de la mitad de la superficie útil. El resto, como algunos ya habréis sido capaces de deducir, consiste en joyerías. Por otra parte, las tiendas tradicionales de sastrería que se pueden encontrar por el barrio, como la de la foto, no han sabido responder a mis necesidades e inquietudes estéticas.

Además, vamos a ir a comprar de viernes, ya que me han dicho que si acudes antes del rezo del mediodía el centro comercial está vacío. Por lo tanto, me levanto a las nueve, cojo el coche y voy para allá. ¿Qué hoy es fiesta? No importa. Los supermercados en Qatar abren los 7 días de la semana. No hay descansos. No hay fiestas. Como mucho, algunos cierran el viernes por la mañana hasta justo cuando acaba citado rezo del mediodía

Lógicamente los aparcamientos de los centros comerciales en Qatar están dotados de toldos que dan buena sombra. No obstante, si cometes el error de acudir en hora punta puedes encontrar que sólo quedan libres las plazas al sol. Esto debería ser por sí mismo un elemento disuasorio de suficiente magnitud como para dar la vuelta y venir a comprar otro día, pero afortunadamente ciertas peculiaridades de este país permiten tomar soluciones impensables en España. ¿Qué hace un qatarí si tiene que dejar el coche al sol mientras hace las compras? Pues lógicamente, dejarlo arrancado con el aire acondicionado puesto. Aquí no es de esperar que nadie se lo lleve o se vaya a llevar nada que haya dentro, pero cuando vuelvas de compras dará gusto entrar en él. Así que por lo que a mí respecta, allá donde fueras, haz lo que vieras. Si ellos lo hacen con sus coches, sabrán más que yo, que acabo de llegar.

Reservado el Derecho de Admisión.

Dado que es viernes, al entrar en el Villagio encontraremos a un policía en cada puerta dando la vuelta a hindúes, negros y filipinos. Así era el otro día tanto al entrar como al salir, habiendo utilizado para ambas acciones puertas diferentes. Este escenario me extrañó un tanto, ya que hasta entonces creía que a hindúes, negros y filipinos sólo se les daba la vuelta en el Zoco. Con el fin de descartar cualquier elemento de excepcionalidad en dicho viernes y no sacar conclusiones precipitadas, hice averiguaciones por semana entre mis compañeros de trabajo, entre los cuales se incluye un nigeriano. Estos confirmaron mis sospechas: los viernes en el Villagio sólo pueden entrar árabes y occidentales. Ignoro qué ocurre si eres negro estadounidense, aunque éstos ya están bastante acostumbrados a que les den la vuelta en su propio país.

El problema es que los viernes es el día elegido por los árabes para ir de compras con toda la familia, llevar a los niños a la pista de patinaje o a las salas de juegos y sentarse a tomar algo en las terrazas del centro comercial, al fresquito del aire climatizado. Además, muchos occidentales aprovechan también porque trabajan los sábados. Con esta afluencia el centro comercial se llena. Con el fin de evitar una más que probable saturación se impide el paso a hindúes, filipinos y demás extranjeros de tez excesivamente oscura que, debido a su generalmente mucho menor poder adquisitivo, es de prever que compren poco e incluso que se atrevan a ir sólo para pasear al fresco del aire acondicionado y a sentarse en los bancos, dado que es muy posible que en sus casas no se encuentren muy a gusto, bien por no tener aire acondicionado, bien por estar compartidas con otras diez personas. Si a esto le unimos que el viernes es seguro su único día libre (en el caso de que lo tengan), pues imaginaos como se pondría todo de hindúes y filipinos si los dejasen entrar y, claro, encima los niños por ahí ¡Allah mío, Allah mío!

Los Telares de Oriente.

Buenos, pues como no soy ni negro, ni hindú, ni filipino, ni lo parezco, me han dejado entrar. Compruebo que efectivamente hay muy poca gente y tras descartar una vez más dar un paseo en góndola, vagabundeo por el contrario un poco arriba y abajo en plan de reconocimiento.

¿Un paseíto en góngola entre compra y compra?

¿Y qué tiendas se ofrecen a mis ojos en estos extensos bazares de oriente? ¿Qué extraordinarias y diferentes telas podré adquirir en estos lujosos y abigarrados comercios? Miro a mi alrededor y no veo más que nombres extraños que sugieren por si mismos las maravillosas mercancías que se ocultan tras las cancelas: Zara, Mango, Berskha, H&M, Pull & Bear, Oysho… ¿qué encontraré una vez franquee sus entradas?

Pues lo mismo que en Fuencarral. Una vez finalizado el reconocimiento hice adquisición de cuatro polos, dos camisetas, dos cinturones, dos pantalones, diez pares de calcetines y diez calzoncillos, saliendo todo por… ¡1.400 QAR! O sea, 250 euros justos al cambio actual. Teniendo en cuenta que eso es lo que en España me hubieran constado los dos pantalones y los cuatro polos, y que sólo dos de las cinco tiendas donde entré estaban de rebajas, deduzco que en Qatar la ropa es relativamente barata.

Observemos la rabiosa originalidad de las tiendas.

¿Y qué se lleva en Qatar? Pues depende. Si eres qatarí hacen furor las túnicas, blancas en el caso de ellos y negras en el de ellas, con pañuelos a juego por la cabeza, todo muy hippie y muy new-age como ya os comenté en otra ocasión. Si no eres qatarí se llevan exactamente las mismas cosas que en tu pueblo, pudiendo detectarse diferentes tendencias dentro de cada uno de los grupos étnicos. Por ejemplo, los negros y los filipinos tienden más a la camiseta, el pantalón ancho o tipo pirata y el playero con gorra. Los árabes no qataríes gustan de camisas de corte moderno y manga larga un poco o bastante horteras, pelo engominado peinado hacia atrás y zapatos negros chupamelapunta. Los ingleses también aquí se ponen sandalias con calcetines, así que no creo que tenga que decir más. Los hindúes tienden a las camisas de corte clásico y pantalones chinos, si bien hay un subgrupo importante que opta por la camisa pinturera. Las pocas hindúes que se ven suelen ir con sus trajes tradicionales: falda de tela ligera hasta el suelo y una especie de toga cruzada sobre el pecho, todo de colores múltiples apagados que se entremezclan y confunden entre sí sin dejar un solo espacio al blanco. Probablemente algún lector me acuse de inclinación por los tópicos, pero esto es lo que hay.

¡Más y más marcas inéditas, desconocidas!

Como anécdota debo confesar que en una de las tiendas me despisté y me introduje inadvertidamente en los probadores de señoras, de lo cual vino a alertarme un dependiente con rasgos árabes y la cara desencajada por el terror cuando ya me estaba desvistiendo (los dependientes son casi todos árabes o filipinos). Menos mal que como había poca gente no coincidí con ninguna qatarí probándose algo, porque igual hubiera vuelto a España antes de tiempo y con voz de pito.

Bueno, pues nada, una vez comprada la ropa la dejo en el coche y vuelvo al Carrefour, porque ya que estamos aquí voy a aprovechar para llenar la nevera.

¡Pase y elija Usted, caballero!

Así que entro en el supermercado y ¿qué es lo que aquí puedo encontrar en variedad sin igual? Pues especias y frutos secos.

Lo de las especias es una explosión de color, texturas y esencias, pues se juntan las consumidas en Europa, Asia y Oriente Medio; hojas enteras, hojas molidas, polvos de colores desde el amarillo intenso hasta el negro azabache, granos finos y gruesos, semillas y cortezas, pistilos y pétalos, hongos y raíces… un festival para la vista que se combina con un goce para el olfato cuando dichas especias se ofrecen en sacos abiertos, lo cual no sólo lo puedes encontrar en el Zoco, sino en el mismo Carrefour en una sección especial dedicada sólo a estas mercancías. Apasionante, si bien resulta imposible aprovecharlo ante la falta de información acerca del uso que debe darse a cada uno de tantos condimentos. No debe en todo caso sorprendernos tanta especia. ¿Acaso aquí no vivimos sobre las arenas bajo las que los gusanos tienen su morada? ¿Y si soy el Kwisatz Haderach? ¿No es extraño el azul de mis ojos?

Antes de continuar debo realizar una declaración capital: una vez probados varios tipos de pimentón, os puedo asegurar que con ninguno quedan las lentejas como con el de Jaraíz de La Vera, impresión corroborada por otros compañeros de trabajo.

Los frutos secos también se pueden encontrar en abundancia, desde el dátil hasta el piñón. Se venden en grandes bolsas, con lo que salen más baratos que en España. En concreto me he aficionado a unas que contienen un kilo de piñones importados directamente desde Dinamarca, que consumo como si fueran pipas mientras veo las películas de Xulián. Tienen la ventaja añadida de que no tienes que pelarlos y que la recompensa obtenida es objetivamente mayor y más sabrosa. Pasaos a los piñones, lo de las pipas tiene su sentido en la adolescencia, cuando puedes aprovechar para ensuciar el suelo a pesar de la papelera que hay al lado con el fin de demostrar de esa forma tu rebeldía; seguir comiendo pipas a vuestra edad teniendo piñones es exactamente lo mismo que si el sábado, en vez de acabar a las seis de la mañana en una buena discoteca, os ponéis a jugar al duro al comienzo de la noche y acabáis vomitando en casa a las dos de la mañana una borrachera de 5 litros de cerveza, o calimocho en los casos más desesperados.

Bueno, pues una vez que he cargado en el carro 5 kilos de especias y 10 de piñones, no voy a caer de nuevo en la trampa y no voy a perder el tiempo buscando ciertas cosas.

¿Qué quería Usted Quééééé?

No, no voy a seguir buscándolas porque ya he perdido demasiado tiempo con ello. Existen una serie de productos esenciales que en este país no es posible encontrar (aparte del cerdo y el buen gusto), como por ejemplo:

  • Azafrán.- Mucha especia, sí, pero del azafrán nadie ha oído ni hablar. No me explico por qué, porque si los paquetes que venden en España contienen 0,3 gramos, echad la cuenta de a cuánto sale el kilo. La gente debería llevar collares de azafrán, no de oro. Me han dicho que hay en el Zoco, pero hasta ahora nunca me ha apetecido desplazarme hasta allí sólo para eso. He tenido que traer gramo y medio desde España para darle gusto al arroz.
  • Alcayatas.- No, no me miréis así, no hay alcayatas. De todas las carencias esta es la que me tiene más desconcertado, ya que no encuentro una sola razón lógica para ello. Tan extrañado estaba por esta carestía que tuve que preguntar en el trabajo a un compañero con cara de gustarle el bricolaje, y su reacción fue echarse a llorar encima de mi hombro mientras exclamaba “¡Tú también! ¡Dios mío! ¡Pensé que estaba loco!”. He tenido que suplir su falta con tornillos de cabeza gorda.
  • Salsa boloñesa.- ¿Y por qué no hay salsa boloñesa? Fácil: porque no hay una sola marca en el mercado que no tenga mezclada carne de cerdo. He tenido que reemplazarla con otras salsas, estando muy buena una de parmesano con hierbas.
  • Cafetera italiana.- Esto es completamente desconocido por aquí, lo cual resulta absolutamente incomprensible porque sólo consta de nueve piezas más sus herrajes, a saber: pomo, tapa, cuerpo superior, mango, rejilla, junta de goma, filtro, cuerpo inferior y válvula de seguridad. He tenido que suplir su falta con una eléctrica, pero el otro día me paré a contar las piezas y me cansé antes de llegar a la mitad. Esto no tiene ningún sentido, pues el rendimiento de este sistema de muchas piezas es bajo y no le saca al café todo su jugo. Para compensar la cargo con el más fuerte del mercado, ese que si lo metes en una cafetera italiana puedes sacarlo luego con tenedor.
  • Aceitera.- Otro concepto que en Qatar todavía no ha sido completamente comprendido. Cuando hablo de aceitera me refiero a ese recipiente metálico que se pone al lado de la cocina con el fin de no tener que tirar por el bañal todo el aceite sobrante cuando fríes unas patatas. He tenido que suplir su falta con una jarra cerámica con tapa y un colador sin mango a medida. Para conseguir el colador sin mango tuve que comprar también unas tenazas.
Hoy No Queda, Señor.

Como no he perdido el tiempo buscando ninguno de los productos precedentes, el epígrafe anterior para mí ha pasado en tiempo cero, así que mientras vosotros perdíais el vuestro leyendo a lo largo de sus párrafos yo ya casi he terminado de llenar el carro, incluyendo dos tarras de helado de medio galón cada una que me duran una semana y en las que estoy gastando el dinero que me ha devuelto Hacienda.

Pero no todo es felicidad. ¿Dónde están las galletas rellenas de dátil tan ricas que compro todas las semanas? ¿Y los yogures con mermelada de arándanos? ¿Y el excelente zumo de naranja fresco de la botella de dos litros? ¿Alguien ha visto esa salsa carbonara que deja los espagueti como los de los restaurantes? Alguna de estas preguntas y otras muchas me las tengo que hacer Qatar cada vez que hago la compra semanal. Que hoy haya el producto que buscas, no quiere decir que lo vaya a haber la semana que viene, ni la siguiente, así que siempre conviene contar con una buena provisión en casa. Pero que no cunda el pánico, tarde o temprano volverá a estar en las estanterías, y aunque no haya ese tipo en particular, siempre nos quedará zumo, galletas, París, salsas o yogures de otros fabricantes.

Del Pescado y de la Carne.

Ya estamos llegando al esperado final. Lo único que me queda por comprar es la carne y el pescado, así que cojo unas cuantas bandejas y me marcho para casa. ¿Comprar carne y pescado cogiendo bandejas en un supermercado? ¡Estás loco!, diréis. Pero eso será en España, porque la carne que puedes encontrar en un supermercado en Qatar es de mucha mejor calidad que la que tenéis ahí. Hasta ahora nunca me ha ocurrido que un filete comience a menguar y a deformarse en la sartén como si estuvieras friendo un cacho de plástico, al tiempo que empieza a echar tal cantidad de agua y espuma que termina por cocerse en su propia mierda en vez de freír, quedando encima más duro que la suela de un zapato viejo, lo cual ocurre en España por sistema cada vez que te gastas menos de 20 euros en la bandeja. No obstante aquí los gustos van por otro lado y los filetes finos no son la estrella de las carnicerías ni mucho menos. Aquí se venden trozos de carne con o sin hueso del tamaño de una mano abierta y dos dedos de anchura. Os puedo asegurar que fríes esos tasajos en una sartén untada de ajo sin más aditivo que aceite de oliva virgen, los pones en el plato, añades sal gruesa y unos granos de pimienta negra y te chupas los dedos. Gran parte de esta carne procede de Australia.
¡Qué mejor corolario para un día de compras que un poco de patinaje!

El pescado, al contrario que muchos otros productos frescos, sí es de la zona. Para mí el mejor es el que suelo comprar todas las semanas, el hammour (que al final resulta que es un mero). No obstante, si los huevos vienen de Inglaterra, las verduras de Estados Unidos, la fruta del Líbano, la carne de Australia y los yogures de Alemania ¿por qué no pueden venir bocartes del Cantábrico? ¡Ah, claro, porque se extinguieron hace tres años! Bueno, pues entonces unos muiles, que sí quedan a montones. Otro pescado disponible es el archifamoso haddock, más conocido como liba, merlán, eglefino o abadejo; y hablando del rey de Roma, recuerdo haber enunciado en otro correo una teoría acerca de cómo podía costearse el Palacio de Moulinsart el Capitán Eglefino. A este respecto debemos agradecer a una de las personas receptoras de los presentes correos haber contestado revelando la verdad, la cual expongo a continuación.

La Verdadera Historia del Capitán Eglefino.
“Era descendiente del caballero de Haddoque, capitán de la armada francesa en tiempos de Luis XIV y primer propietario de Moulinsart. El castillo estaba en manos de los malvados hermanos Oiseau, anticuarios. Debelada la banda de los Oiseau, el castillo fue expropiado y sacado a la venta por el Estado [francés], y el capitán quería comprarlo. El dinero iba a salir del tesoro del antepasado, detrás del cual también iban los mencionados hermanos Oiseau; finalmente resultó que el tesoro se lo había llevado el antepasado y estaba dentro del castillo. Esto no lo pudieron averiguar hasta que finalmente lo compraron con dinero del profesor Tornasol, que lo había obtenido vendiendo al gobierno francés un submarino cuyo principal avance respecto al resto de submarinos era que tenía forma de tiburón, y cuyas pruebas se habían realizado durante la búsqueda del tesoro. Es por ello que los tres viven juntos en el castillo, y no porque sean ciertas las malintencionadas insinuaciones sobre su identidad sexual que se exponen con tanta frecuencia.” [JVA, “Re: Guía de los Restaurantes Qataríes”, 16-II-2008].
Quedan claras por lo tanto dos cosas: en primer lugar que no iba yo tan desencaminado, pues el personaje sí tiene que ver con la corte de Luis XIV y sí hay un tesoro de por medio, tal y como expuse en su día. En segundo lugar, resulta evidente que es mucho más verosímil mi teoría que la realidad.

Made in Spain.

Y ya está bien. Marcho. Para que quede bien alto el orgullo patrio que sé inflama vuestros corazones, sobre todo desde la gesta de la Eurocopa, debo anunciaros que llevo en mi carro varios productos hechos en España, como pueden ser alcachofas en lata y garbanzos de Molina de Segura, ropa de cama de Valencia, vajilla de Villarreal, café en polvo de Gerona, aceite de oliva virgen de Córdoba y queso manchego de Villarrobledo.

Sin embargo, el producto que más me ha extrañado encontrar por aquí ha sido el queso de Valdeón, que como todos sabéis es eso que han inventado los castellano-leoneses para imitar al Cabrales.

Thank You, Sir.

Desgraciadamente, al igual que en España, en Qatar cuando sales de un supermercado hay que pasar por caja, donde te cobran por los productos esenciales en razón directa a su calidad; si ganas poco no te mueres de hambre a cambio de comer mierda, pero si ganas mucho se te recompensa con productos sanos y nutritivos. Concretando, las cajas en Qatar son un bello ejemplo de cooperación y entendimiento entre los pueblos, pues mientras todas las cajeras parecen filipinas, todos los bolseros parecen nepalíes. ¿Y por qué sé que son nepalíes? Pues porque los nepalíes no llevan bigote. ¿Y qué son los bolseros? Pues son parte inseparable de cada caja; son los nepalíes que te meten la compra en las bolsas y éstas en el carro. Y no penséis que lo hacen de cualquier manera. La charcutería con la charcutería, las latas con las latas, la fruta y las verduras en un lado, los huevos y el pan en otro… el problema es que con este sistema muchas veces compras cinco cosas y marchas con cinco bolsas semivacías, lo cual me pone enfermo. ¡Tengo en casa un montón de triángulos de plástico y dentro de nada serán dos! ¡Acabarán por invadirlo todo! ¿Y qué hago? ¿Tirarlos?

A la hora de pagar no me tengo que preocupar del monedero, con sacar la cartera es más que suficiente. La razón: no hay monedas. Todo el dinero es en papel, y el billete más pequeño es de 1 rial (18 céntimos al cambio actual). Bueno, oficialmente sí hay monedas de 10, 20 y 50 dirhams, pero en los 6 meses que llevo en el país sólo han llegado a mis manos 4 de 50 dirhams; las otras dos jamás las he visto. Supongo que debido a la alta inflación esas fracciones dejaron de tener sentido y ya no se acuñan. Por lo tanto la fracción monetaria más pequeña de hecho es 1 rial (18 céntimos de euro), lo cual me parece bastante más razonable que nuestras tres patéticas moneditas color cobre, que lo mejor que podrían hacer es retirarlas todas de la circulación, pues debe valer más el metal que la propia moneda. Luego tenemos billetes de 5, 10, 50, 100 y 500 riales (ver foto). El bajo valor de los billetes inferiores provoca que a veces puedas llevar billetadas absurdas en la cartera.

¿Y por cuanto sale la compra semanal? Pues la media está alrededor de los 450 riales. Es evidente que en proporción está mucho más barata la ropa que la comida.

Cierre.

Y sin más marcho para casa, que llevo ya tres horas en este insoportable centro comercial. Tengo un montón de cosas que hacer en casa, libros que leer, películas que ver, correos electrónicos que escribir, luego quedé para ir a Qube... ¡Qué es 3! ¡En este país no da tiempo a nada! ¡Qué mar de posibilidades!

Ya sabéis pues cómo son las epopeyas que protagonizo todas las semanas a la hora de rellenar la nevera. Como podéis ver, aquí la rutina no existe, y cada día es una aventura dispuesta a poner a prueba tus emociones y tus sentidos con una avalancha de potentes impresiones.

Un beso para todos (repartíroslo).
  • Hora local: 17:30.
  • Temperatura: 38ºC.
  • Humedad: 45%.
  • Temperatura máxima del día: 42ºC.
  • Mañana será más corto; 1’ 06” en Doha, 2’ 04” en Madrid y 2’ 20” en Oviedo.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván Bin Víctor Al-Sáez.