jueves, 12 de junio de 2008

REFLEXIONES DE UN PASEO POR DOHA.


Estimados loqueseáis (familiares, amigos…, etc.):


No quisiera dejar pasar la oportunidad que me brinda este correo para compartir hoy, con todos vosotros y vosotras, la multitud de reflexiones y sensaciones que surgieron de mi mente como un furioso torrente salvaje hace unos pocos días, cuando fui invitado por un compañero de trabajo a participar en su casa en una barbacoa-orgía nocturna.

Apertura.

Aunque en Qatar no suelo indagar activamente acerca de los planes de los demás para el fin de semana, hasta ahora nunca he rechazado ninguna de las invitaciones recibidas para participar en todo tipo de eventos, así que para este particular también acepté. Como resulta lógico mi actitud la tarde de autos, según el sol se iba poniendo y la oscuridad ganando terreno sobre Doha, se encaminaba a acicalarme, cambiarme de ropa, ponerme las lentillas... en resumen, como se dice coloquialmente, a ponerme guapo, dentro de las posibilidades que la naturaleza y el saber estar me han concedido. Como parte fundamental de la tarea "ponerme guapo" se incluía ducharme, acción que incluso prioricé temporalmente sobre otras como peinarme o ponerme los zapatos por razones prácticas que en estos momentos resultan demasiado tediosas y complicadas de explicar. Estaba sólo comenzando a mojarme con el telefonillo, cuando tuve que apartarlo de mi con un gesto dos puntos por encima de brusco y uno por debajo de violento. ¡Había abierto demasiado el grifo del agua fría y casi me escaldo! Os explico la aparente contradicción.

Empezaré diciendo que, por primera vez en mi vida, he comenzado a comprar agua mineral, cosa que en España siempre había evitado por su terrible carga anti ecológica y absurdez en un país donde se garantiza la potabilidad del líquido elemento incluso en Castellón, Tarragona u otros lugares del Mediterráneo. Inicialmente el único motivo que pesaba en mi decisión era que, tal y como leí en la Guía sobre Qatar que me entregaron al llegar, la potabilidad del agua sólo se garantiza en el punto de enganche; luego cada edificio tiene unos depósitos cuyo mantenimiento depende de los dueños del mismo y que nadie inspecciona (en la foto de al lado tenéis uno de dichos depóstitos, en uno de los portales del barrio hindú). En resumen: la potabilidad del agua depende en última instancia de la iniciativa privada, lo cual a mis efectos es lo mismo que si me dijeran directamente que no es potable. Un argumento secundario, aunque insuficiente por sí mismo, es que se trata de agua desalada, con un nivel de sales de magnesio y similares bastante alto, lo cual redunda en una mayor precedencia de enfermedades renales en este país con respecto a lo que se considera normal. Sin embargo su sabor no es peor que en cualquier ciudad del mediterráneo español y, además, deja bastante menos cerco al secarse, prueba evidente de que tiene menos residuo seco que el agua de Castellón o Tarragona, que siempre bebí del grifo.

Sin embargo, desde que volví de vacaciones un factor adicional, inicialmente no contemplado, se ha desencadenado para descartar definitivamente el agua del grifo como bien bebible. Aproximadamente hacia el 25 de mayo, el infierno se desencadenó sobre Qatar. The Hell unleashed on Qatar!!!! (suena bien en Inglés, ¿no?). El verano ya está aquí, señores y señoras. Durante los primeros días de junio se registraron las temperaturas más altas para la época de los últimos 15 años (la estación meteorológica del aeropuerto no da para más, sólo ofrece datos desde 1994). El día 1 tuvimos una máxima de 45ºC y una mínima de 31ºC, y el día 3 llegamos a los 47ºC con 32ºC de mínima (>>>Pincha para comprobarlo<<<); afortunadamente era calor seco. Tampoco es que me extrañen mucho estas temperaturas, pues estamos a sólo 500km del trópico y en estos momentos a mediodía el sol está prácticamente encima de tu coronilla. Resulta curioso comprobar cómo la sombra de mi cabeza no se sale de la puntera de mis zapatos (y no calzo un 48). Esto, que hubiera desesperado a más de uno y en otros sembrado la semilla de la confusión y el desánimo, no ha supuesto para mi más que otra de las batallitas con las que tengo que lidiar a diario (es lo que tiene ser un hombre duro de las ásperas tierras del norte), pero con sus efectos colaterales. El principal efecto colateral ha sido sobre el agua que corre por las conducciones y es almacenada en el interior de los depósitos y tuberías de mi edificio, que se ha puesto como podéis imaginar demasiado caliente para beberla... y para ducharse. Sí, queridos, el líquido que sale por el grifo del agua fría quema si intentas ducharte con él. Y claro, cuanto más cerca del atardecer te intentes duchar, peor todavía. Es por ello que aquel viernes, que trataba de ducharme a las siete y pico de la tarde, casi me escaldo. Para sobrellevar este problema la solución es sencilla: apagar el calentador del agua. De esta forma dicho calentador funciona ahora como depósito a la sombra y basta con abrir el grifo del agua caliente para poder ducharse a la temperatura adecuada, sin apenas necesidad de calentar con el agua fría. Por lo tanto, ahora por el grifo del agua fría sale agua caliente, y por el grifo del agua caliente, agua menos caliente, así que en este puto país en estos momentos no es posible pegarse una ducha fría.

Primera Reflexión.

Una vez detallada esta bella anécdota, encontraréis plenamente justificada la primera reflexión que forjé en esta prolífica la jornada: mientras acababa de ducharme acabé por convencerme de una idea que ya había rondado mi cabeza en otras ocasiones. Ya no me queda la menor duda: la Tierra está demasiado cerca del Sol. Si no ¿qué explicación tiene que todas las latitudes por debajo de la línea que forman Madrid y Roma sean inhabitables por el calor entre el 15 de mayo y el 15 de setiembre? (con la excepción que marcan las provincias pertenecientes a la costa mediterránea española, ya que en dichas fechas son inhabitables independientemente de que estén por encima o por debajo de la citada latitud). Es por ello que he añadido el siguiente deber a mis futuras tareas de buen gobierno: alejar la Tierra del Sol. Millones de seres humanos me lo agradecerán cuando dejen de sudar para siempre jamás. Una posición cercana a Marte podría ser suficiente y además quedaría bonito si consiguiésemos que el tamaño aparente de dicho planeta en el cielo coincidiese con el de la Luna en el momento de máximo acercamiento. El método para conseguir esto tendré que estudiarlo. Quizá si todos los chinos saltaran a la vez a mediodía o algo parecido podríamos lograr el efecto deseado. Sería además una técnica con doble efecto: el primero al tomar impulso y el segundo al caer.

Segunda Reflexión.

Era el modo de alejar la Tierra del Sol lo que estaba dando vueltas dentro mi cabeza cuando llegó la hora de salir de casa. Reconocí este hecho de inmediato, así que abrí la puerta acristalada de mi apartamento y entré en la calurosa calle. Da la casualidad que el compañero que me había invitado vive tan solo a unos 15 minutos caminando de mi edificio, así que el desplazamiento lo hice a pie (todo un luho en Doha), si bien no utilicé avenidas principales, sino calles interiores, mucho más estrechas y cuyo trazado parece haber sido ejecutado por una mano temblorosa, enferma de Parkinson. Eran entonces aproximadamente las ocho de la tarde, hora en que ya es de noche cerrada en Doha (actualmente cae la oscuridad poco después de las 18:30). La temperatura sin embargo a esas horas superaba ampliamente los 30º y subía calor a la cara desde el asfalto.
Una vista de un barrio pijo de Doha.

La configuración de las calles de la zona por la que tuve que pasar es bastante común en esta ciudad. Imaginad ahora una carretera asfaltada, sin raya alguna pintada, de la anchura suficiente como para que se crucen dos coches sin problemas. Donde deberían estar las aceras, sin embargo, sólo hay dos franjas de tierra con una capa superficial arenosa cuya cota queda unos dos o tres centímetros por debajo de la del asfalto. Débiles farolas a demasiada distancia unas de otras dejan enormes zonas de penumbra a lo largo del recorrido. A ambos lados, limitando este vial, muros de unos dos metros y medio de alto, quizá lo mismo de anchos, sólo interrumpidos por una sucesión irregular de cancelas y portones metálicos, tras los cuales se encuentran los jardines de las casas unifamiliares y “compound” que guardan. Por encima de estos muros se desparraman las ramas de los diversos tipos de árboles que pueblan los citados jardines, que bajan luego de modo que en algunos tramos para continuar caminando no queda más remedio que agacharse o salirse de la banda terrosa e invadir la carretera. A todo esto hay que unir una peculiar sensación olfativa, ya que las plantas de los jardines desprenden a estas horas un olor penetrante y resinoso, característico de la vegetación de secano. Demos rienda suelta ahora a la imaginación y sustituyamos acacias, palmeras y otros árboles desconocidos para mí por pináceas, e imaginemos que mientras camino por los arcenes arenosos y sube el calor hasta mi cara voy pisando las agujas caídas de dichos árboles, añadiendo a todas las sensaciones anteriores el crujir al quebrarse dichas agujas bajo mis pies. Pero... ¿dónde estoy entonces? ¡Me acabo de transportar a una localidad turística malurbanizada del Levante español! Efectivamente: en ese momento caí en la cuenta de que muchas calles en Doha se parecen a esas tan típicas de las áreas exclusivamente habitadas en verano de los grandes pueblos turísticos mediterráneos, deficientemente urbanizadas y rodeadas de apartamentos con jardín y garajes.

Tercera Reflexión.

Una vez descubierta la anterior analogía no es de extrañar la sensación que a continuación invadió mi mente. En eso me llenó un estado de satisfacción y bienestar y durante un segundo tuve una visión y creí estar caminando desde mi hotel de vacaciones hasta una terracita a la orilla del mar, donde habría quedado con vosotros (que habríais elegido alojaros en un camping de segunda por una cuestión estética) con el ánimo alevoso de comenzar una noche de verano que acabaría en alguna discoteca playera al aire libre, donde disfrutaríamos de la salida del sol, como hicimos tantas otras veces. ¿Como hicimos tantas otras veces? ¿Y cuándo hemos hecho eso, diréis? Pues bien, ahí está lo gracioso del asunto. Soy perfectamente consciente de que hemos estado en festivales veraniegos desde Santander hasta Almería, pasando por Barcelona y Castellón y con el radio de giro en Madrid, pero... ¡nunca hemos estado de veraneo juntos en una localidad turística del mediterráneo! Y sin embargo ¡me vino a la cabeza un recuerdo abstracto en ese sentido, como si en el pasado hubiera sido muy habitual! Estoy convencido que mi cerebro, escogiendo lo mejor de cada situación y borrando por contra lo superfluo, mezcló algunos recuerdos de los festivales veraniegos que pasé con vosotros con otros de los veranos que pasé con Marta en Peñíscola, Salou... e Ibiza.

Fue cuando mis pensamientos habían llegado al punto descrito en la última frase del párrafo anterior, cuando una nueva sensación, pero esta vez de ansiedad y desasosiego, me asaltó a su vez. ¿Iba a permitir acaso que Ibiza se muriese sin haber tenido el honor de ser visitada por mi? De acuerdo que ya he estado, pero... esa primera vez me la tomé más bien como una toma de contacto, una exploración de cara a ulteriores incursiones, un aperitivo de lo que más tarde debería llegar. ¡Esto no puede quedar así! ¡Tenemos que ir una semanita a Ibiza, compañeros! Evidentemente es categóricamente tarde para planificar nada este año, e incluso aunque hubiera algún plan es evidente que yo no podría asistir, pero... ¿no puede acaso convertirse esta bella y sana intención en una de las buenas proposiciones de Año Nuevo para 2009? Sí, ya sé lo que me vais a decir que no habrá escapado a vuestra sólida lógica: Ibiza está situada dentro de las zonas de la Tierra que son inhabitables del 15 de mayo al 15 de setiembre; sin embargo tengo la solución para este problema: se trata de aprovechar al máximo las horas nocturnas. ¡Dejaros de Caños y Coños de Meca y demás perroflauteces! Yendo en verano a sitios como ese no hacéis más que reproducir el principal problema de Qatar: este país está lleno de hippies y perroflautas. Ahí los tienes todos los fines de semana, con sus túnicas y sus pañuelos en la cabeza, tirados en grandes grupos sobre la hierba de Al Corniche, tal y como veis en la foto, abandonados a la molicie mientras comen con las manos. Y cuando llega el verano ¡pues a la Meca, igual que vosotros! ¡Ya es hora de cambiar!

Cuarta y Quinta Reflexiones.

Debo dejar claro que todas las impresiones y cavilaciones a que aludo en los últimos tres párrafos pasaron por mi mente en cuestión de segundos, quizá en el tiempo que se tarda en dar cinco pasos. Rápidamente la sensación inicial desapareció porque evidentemente en Doha el insinuado plan es irrealizable, pero al mismo tiempo que valoraba los aspectos restrictivos de mi estancia aquí, salieron a relucir aspectos positivos. Es entonces cuando me di cuenta que había algo en el paseo que estaba dando que el Mediterráneo no me podía ofrecer, ni Ibiza, ni lugar alguno en España. Eso resultó ser un algo que en este país está mucho más avanzado que en cualquier lugar de Europa. ¿Qué ocurriría si en España me hubiera puesto a caminar sobre un largo arcén arenoso a la vera de un montón de edificios de apartamentos, sin tener el más mínimo cuidado de dónde piso? Efectivamente, probablemente ya lo habéis adivinado: hubiera pisado mierda. Sin embargo, en este país eso es imposible. Sí, amigos: se puede dar un largo paseo sobre una superficie terrosa en medio de la ciudad sin tener que estar todo el tiempo alerta de no pisar una mierda de chucho. Y esto es porque en este país no hay chuchos. ¡Nadie tiene perro! ¡Ni siquiera los perroflautas! Parece ser que los árabes lo tienen claro. Un perro:

  1. Escupe babas.
  2. Excreta heces.
  3. Evacúa orines.
  4. Desprende pelos.
  5. Emite caspa.
  6. Expulsa vómitos.
  7. Profiere sonidos agudos.
  8. Prorrumpe en ruidos ensordecedores.
  9. Sufre encerrado en casa de sus amos, acarreando diariamente el yugo de sus correas y la pena de su encierro, hasta el punto en el que su supremo sufrimiento le lleva a desear día tras día que ese amanecer sea el último, con el fin de que la muerte, aunque sea dolorosa, ponga al fin punto y final a su miserable existencia y termine con su infinito dolor.
Y es en este preciso momento cuando enlazamos con mi siguiente reflexión. Dentro de mis futuras tareas de buen gobierno, aparte de alejar la tierra del sol, debo prohibir los perros. Es necesario por un lado dotar a los ciudadanos de mi país del derecho inalienable de poder pasear sin pisar mierda ni tener que preocuparse por ello, al igual que se puede en Qatar; a los perros debo liberarles del yugo explotador de sus miserables dueños y del peso de sus tristes existencias. Y negar estas verdades es igual que negar las tres Leyes de la Termodinámica, o que todos los hindúes llevan bigote.
Compounds en el centro de Doha.

En estos pensamientos estaba cuando llegué a casa de mi compañero y conversaciones y ocupaciones más triviales dominaron mi mente, así que no pude concretar más los medios para llevar a cabo mis filantrópicos designios.

Recapitulación.

Así pues, como corolario a todo lo dicho quiero llamar la atención de todos vosotros sobre la totalidad de las importantes reflexiones que fui capaz de deshilar de la compleja madeja de la realidad durante un lapso de sólo una hora:

  1. La Tierra está demasiado cerca del Sol.
  2. Muchas calles de Doha se parecen a la zona de apartamentos malurbanizada de un pueblo turístico del Mediterráneo.
  3. Hay que ir a Ibiza el próximo verano.
  4. Deben prohibirse los perros.
  5. Todos los hindúes llevan bigote.
¿A qué puede ser debida esta explosión de creatividad? ¿Será esta ciudad mi musa? ¿Será recordada mi obra aquí cuando se estudie en los colegios como "Los Cuadernos de Doha", "Cartas desde Doha", "Reflexiones Qataríes" o algo de similar porte y grandilocuencia?

Por supuesto estáis invitados a hacerme cualquier proposición que consideréis pueda enriquecer todos mis anteriores pensamientos.

Anécdota.

Antes de pasar al cierre de este correo no quisiera dejar de exponeros que durante mi estancia en casa de mi compañero conocí a una gente de Cuba. Resulta que el ya tantas veces mentado compañero es cubano exiliado, bastante gusano por cierto, ya que afirma que en España si votara lo haría por el Partido Popular. Rechaza a la gandaya de Miami, pero es aún mayor su rechazo hacia el gobierno de la isla. Secretamente albergo la esperanza de que sea un espía castrista, así que en la obra siempre le mantengo puntualmente informado de todas las últimas novedades que comentan los jefes en las reuniones. Sin embargo, tiene compatriotas en Doha, profesionales de la medicina para más señales, que están aquí trabajando en virtud de algún programa tutelado por el Gobierno de Cuba. Estas personas, por cierto, se mostraron en las conversaciones mucho más conciliadoras que mi compañero con su gobierno (tendré que investigar si tengo la oportunidad, no vaya a ser que pertenezcan a algún CDR). ¿Puede ser que la influencia civilizadora de Cuba haya llegado tan lejos?

Cierre.

Para finalizar os voy a responder a una pregunta que seguramente habrá rondado vuestras mentes, intuida pero no formulada, fruto de vuestros instintos de curiosidad y supervivencia, pregunta que probablemente algunos ya temíais que no fuese a contestar.

¿Qué se siente a 47ºC?

Quizá de entre todos los destinatarios y destinatarias de este correo nadie haya experimentado jamás esa sensación, y entre todos sumáis muchos años (788 según mis cálculos, con un mínimo de 25 y un máximo de 64). Algunos pensarán que en cuanto se pronosticó y luego confirmó esa temperatura, corrí a esconderme dentro del congelador con unos cuantos cubitos de hielo en la boca. Pues no. Craso error. ¡Salí a la calle! ¡Quería saber lo que se sentía! Y no creáis que abrí la puerta, salí, y a los 10 segundos volví a entrar gritando “¡cooooo, co, co, co, co!” No. Media hora de paseo me pegué.

El 3 de junio era día de curro (martes) y ya se había previsto que hiciera ese calor, así que estaba sobre aviso. A las 10:30 de la mañana la temperatura era de 46º, así que supe que las predicciones habían sido exactas. No os debe sorprender que a dicha hora ya hubiese tanto calor, porque el mediodía solar en Qatar se produce alrededor de las 11:30 (no como en España, que en verano es algo pasadas las 14:00), así que las máximas temperaturas del día se dan entre las 11:00 y las 13:00. Cuando ya habían pasado de las 11 se marcaron por fin a los 47º, así que me coloqué mis EPIS y salí a dar un paseo por la obra. Para mi sorpresa la sensación que experimenté fue mucho menos agobiante y asfixiante de lo previsto. La clave: la humedad era tan solo del 16%; ni siquiera llegué a mojar la ropa o a sentirme pegajoso. Otra clave: llevar puesto un casco blanco, que impide que los rayos verticales del sol te achicharren la cabeza al mismo tiempo que te da sombra a la cara. Las gafas de sol, imprescindibles, pues la luz al reflejarse sobre la tierra desnuda, que aquí es de un color bastante claro, ciega mires para donde mires. En todo caso parece como si la sensación de calor que percibe el cuerpo humano perdiese la proporcionalidad a muy altas temperaturas, pues el otro día estábamos a 42º con prácticamente la misma humedad y la sensación que percibía era bastante próxima a la del día a 47ºC.

Lo que sí era terrible era la brisa cuando soplaba con cierta fuerza. Imaginaros un mega-secador de pelo con una boca de 3 metros de diámetro, con el ventilador puesto al mínimo y la temperatura al máximo. Y ahora imaginaros que vosotros estáis puestos justo delante. ¿Podéis sentirlo? Esa era la sensación cuando soplaba el viento. También me llamó la atención cómo se calentaban mis ropas o cualquier otro objeto que llevara encima, incluso aunque estuviera dentro de mis bolsillos. Móvil, cartera, hebilla del pantalón… ¡todo ardiendo! Por comparación, mi piel parecía estar fría. En todo caso, ya lo sabéis: si no hay humedad se puede pasear a 47ºC sin morir instantáneamente. Ya veremos cuando finalmente suba dicha humedad, que es lo que realmente temo.

Bueno, pues esto ha sido todo. Una vez realizado este último apunte llegamos al final de este correo; otras empresas requieren ahora mi atención. Me despido de la forma que prometí en la anterior comunicación.
  • Hora local: 10:35.
  • Temperatura: 32ºC.
  • Humedad: 33%.
  • Temperatura máxima del día: 40ºC.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Iván bin Víctor Al-Sáez.

domingo, 25 de mayo de 2008

TODO SOBRE MI CASA.


¡Cuánto tiempo, Allah mío!
:

Bueno, el motivo de este mensaje no es otro que el de responder a una clara demanda social que se ha ido fortaleciendo con el devenir de los tiempos y el correr de los informes sobre Qatar. Gente con mucho peso me ha preguntado cómo es mi casa, y gente muy importante me ha echado en cara que nunca aparezca en mis fotos. Es por ello que he decidido reparar ambas faltas de un golpe y plumazo. ¿Qué solución podría darle a tamaño problema? Tras mucho pensar se me ocurrió una idea genial: "¿Y si hacemos unas fotos de mi casa en las que, además, salga yo?" ¡Pues eso es a lo que me he dedicado este fin de semana que para mi ya acaba!

¡Ay, sí! ¡Ya se acaba! Mientras escribo este correo pienso en que hoy es sábado por la tarde, que trabajo mañana y que me tengo que levantar a las 05:30, y que por el contrario vosotros estaréis de cañas, o tomando un café, o planificando qué hacer esta noche, o si comer fuera el domingo... ¡Qué envidia! Vosotros me podéis responder "que no, que mira, que estoy poniendo la lavadora, luego tengo que lavar los platos y fregar el baño y para acabar de joderla el domingo tengo que comer con mis tíos que vienen de visita". ¡Pero eso también lo tengo que hacer yo aquí! ¡Y en vez de tíos tengo compañeros de trabajo! La verdad es que ha sido bastante más coñazo incorporarse ahora que cuando lo hice en enero, y tengo claro por qué:

  • En enero me encontré con un país totalmente nuevo en el que cada día hacía un nuevo descubrimiento y tenía que estar atento a todo. Salir por la noche, tomar sidras o quedar en una cafetería ya lo tenía tan visto que no lo podía echar de menos.
  • Ahora, en cambio, me he encontrado un país que ya se ha convertido en rutina, mientras que vengo de España con la sensación irreal que dan las vacaciones, cuando te puedes quedar un domingo hasta tarde, como el guiri que piensa que nosotros no trabajamos y todo es sol y fiesta (quisiera verlo yo en Metro Sol a las 07:30 de un lunes), y vuelvo echando de menos el tomar cañas, cenar fuera y salir de sidras porque no me dio tiempo a cansarme de ello y olvidé que en España también se limpia la casa, se hace la comida y se trabaja.
Como sé que muchos sois unos vagos y por lo tanto perfectamente capaces de no mirar estas magníficas fotos a pesar de la expectación que han levantado, en vez de vicularoslas os las pongo aquí mismo, incluyendo los comentarios que añadí en Picasa:

Calle Al Dhiyaa.

Por esta calle salgo con mi coche a trabajar todas las mañanas. Si fuerais caminando hasta el edificio blanco alto, girarais a la derecha, caminarais 50m y mirarais hacia las 10 en punto, veríais el Hotel Ramada más o menos como sale en alguna foto ya publicada en este blog, aunque al otro lado del cruce. Bajo el edificio azul hay terrazas para tomar algo, todo un lujo en Doha, y si nos vamos hasta enfrente del Ramada encontraremos centros comerciales, cafeterías y restaurantes. Tras de mi está mi edificio.

Mi Edificio.

He aquí el edificio donde vivo, llamado Mazda II. Como podéis ver en la fachada tenemos un total de 78 columnas de estilo corintio que sujetan dos a dos arcos trilobulados adornados con relieves florales y geométricos al más puro estilo árabe. Entre cada dos columnas hay asimismo un par de paneles tallados que reproducen los mismos motivos. El aparcamiento es sólo para los inquilinos del edificio y el quinto coche empezando por delante, de color gris, es el mio. La calle Al Dhiyaa sale a la izquierda.

Mi Portal.

He aquí el portal, que como podéis ver nada tiene que envidiar al de vuestras casas, ya estén en Desengaño, Dindurra, Garcilaso (el mío también está perfumado, pero mejor), Francos Rodríguez, Santa Juliana, Pedro Masaveu, Ave María o la Avenida de la Costa. Tras el mostrador suele haber una recepcionista con su típico traje qatarí, pero por culpa de la columna no se ve. También por aquí rondan los hindúes de mantenimiento.

Mi Habitación.

He aquí mi habitación con cama para 2. Los muebles ya estaban en la casa, a excepción de la silla y la mesa para el ordenador, que los compré. Me podéis ver escribiendo un correo electrónico. Las cortinas las dejo así porque dejan entrar la suficiente luz al tiempo que mitigan bastante el calor por radiación. La lamparita de noche también es mía. En la casa había unas imitando jarrones chinos con asas y tulipa con flores en relieve, que tiré al día siguiente de llegar. A la izquierda, hay un gran armario.

Mi Baño.

Esto es el baño de mi habitación. Es más grande de lo que parece, pero es que hay poco ángulo para sacar la foto. He comprado a juego las cortinas, la alfombrilla, la toalla y el after-shave (sobre el lavabo). También podéis observar que salgo yo desnudo, y es que estas asistentas filipinas son bastante indiscretas. ¡Si os cuento lo que hizo luego! Observad el telefonillo a la izquierda del WC. Esto es el equivalente al bidé en este país. Se encuentra en cualquier váter, ya sea privado o público.

Habitación de los Invitados.

Quien quiera venir a visitarme y no tenga el rango suficiente para compartir la cama para 2, tiene para elegir una de éstas. No les he puesto ropa para que no coja polvo, pero disponen de ella. Actualmente a esta habitación le doy usos auxiliares. Los muebles ya estaban, a excepción de la lamparilla, que la puse yo al igual que en mi habitación. Hay un gran armario espejado a la derecha de la foto.

Salón desde la Entrada.

Aquí me podéis ver disfrutando de una película de las que me dejó Xulián, en concreto "Once Upon a Time in América" (muy buena). Todo lo que veis venía con la casa, excepto el DVD, que no venía con la casa pero no lo veis. Para cualquier comentario sobre las cortinas me remito a lo dicho para mi habitación. Por cierto, ¿sabéis que TODAS las paredes interiores de mi casa miden 22cm de ancho?

Salón desde la Ventana.

Esto es el salón visto desde el ángulo contrario. La puerta que veis es la de la calle. Resulta cuanto menos chocante que todas las puertas de la calle del edificio sean acristaladas, mientras que las de dentro de la casa son completamente macizas. A la izquierda podéis ver un plano de Qatar, y a la derecha hay uno de Doha que apenas se ve. Detrás de esta pared estaría el segundo baño, el de la habitación de los invitados, que no saco porque como es pequeño no hay ángulo para la foto.

La Cocina.

En el momento de tomar la foto estaba lavando los cacharros que había ensuciado para hacer las lentejas que veis en el fuego, que por cierto me salieron riquííííííísimas. Aunque no se ven en la foto, hay también cafetera, microondas y frigorífico combi. Lo que no hay es campana extractora, como podéis comprobar, un fallo bastante grande cuando en la calle puede haber 45º y bastante polvo. El mandil lo compré para que pegara con la alfombrilla del baño, eso es muy importante.

El Nexus.

Para terminar mi casa os muestro cómo se articula todo. Como referencia fundamental en la pared tenéis un trocito del plano de Doha que apenas se veía en la foto del salón donde salgo escribiendo. A espaldas de la foto está la entrada a la cocina. La puerta a la izquierda es el baño de invitados. La puerta a la derecha la habitación de invitados. Enfrente mi habitación, y antes del cesto de mimbre está la entrada al baño de mi habitación. Sí, amigos, estáis viendo una foto del pasillo.

Aproximadamente en estos momentos en España ya pasan de las seis de la tarde. Vamos, que unos estaréis tomando cañas en La Latina, otros tomando sidras en La Cuesta'l Cholo, otros haciendo la digestión tras una opípara comida y alguno, seguro, estará durmiendo todavía la resaca del día de ayer. ¿Lo habréis pasado bien por lo menos, no? Menos mal que todavía quedamos hombres hechos y derechos para levantar este planeta y proporcionaros la energía que necesitáis para vuestros actos de molicie y abandono y que puedan de esta forma encenderse los fogones de los bares y las luces de las discotecas.

A partir de hoy os voy a indicar al final de todos los mensajes la temperatura y la humedad en el momento de publicar, más la temperatura máxima del día. Así veréis lo calentito que se está por aquí y os animáis a venir a verme.
  • Hora local: 18:50.
  • Temperatura: 34,0ºC.
  • Humedad: 52%.
  • Temperatura máxima del día: 40,6ºC.
¡Vamos, que como podéis ver en este momento se está de lujo! Un poquito que pegó el sol a mediodía, pero nada. ¡Qué yo he estado en Almedralejo la primera quincena de agosto y en Navalmoral de la Mata julio y agosto enteros, no os vayáis a creer!

Que todos los Dioses sean misericordiosos con vosotros.

Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Seikh Ivan Bin Victor Al-Saez.